"Hace unos años, el Abad de la colegiata de Gandía se presentó en mi despacho para invitarme a que realizara el pregón de Semana Santa. Le confesé que no conocía bien la vida de las cofradías y que mi reflexión se centraría en el valor de la experiencia religiosa en sociedades secularizadas donde los cristianos andan culturalmente desorientados. Me sugirió que buscaban ese planteamiento porque habían comprobado cambios profundos en la vida cotidiana de unos cofrades que no se implicaban como esperaban en la vida de la Iglesia.No sé si las cofradías entendieron bien mi reflexión pero les puedo asegurar que el interés que mantuvieron los cofrades, la sensibilidad con la que se aproximan a los misterios de la Pasión y la solidaridad con la que se trabaja diariamente en las hermandades cambiaron los prejuicios que tenía ante estas formas barrocas de religiosidad popular. Y es bueno que cuestionemos públicamente la imagen que tenemos de estas cofradías y hermandades porque gran parte de la opinión pública tiene una imagen distorsionada de ellas.
Una distorsión a la que han contribuido decisivamente las televisiones y los medios de comunicación que siempre tienen especialistas para las cuestiones económicas, deportivas o parlamentarias, pero pocas veces cuentan con especialistas para cuestiones teológicas o de religiosidad popular. Algunos guionistas, productores y realizadores han transmitido una imagen esperpéntica, ridícula y hasta frívola de los penitentes, de los pasos y de la vida de las cofradías. Por eso no nos deberían extrañar las declaraciones de la Ministra de Igualdad cuando pide a las cofradías que no mezclen la religión con la política, pertenece a una generación de esonautas cuya alfabetización religiosa, cultural y política ha sido más mediática que humanística.
La historia de las cofradías y hermandades tiene una dimensión social, cultural, pública y política que sólo pueden negar quienes desconocen la historia. Ante la posibilidad de que las cofradías luzcan en sus estandartes un lazo blanco en señal de solidaridad con la campaña en defensa de la vida lanzada por los obispos, los cofrades se están enfrentando a un curioso dilema: ¿mostramos nuestra sintonía con la campaña del lazo blanco o mantenemos nuestra neutralidad política diciendo que estos signos son “ajenos a la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor”?
El mismo analfabetismo de la ministra demuestran los responsables de las cofradías que entienden así la neutralidad política. Pero el problema no está en la ignorancia, vencible claro está, de la ministra; sino en la falta de formación teológica de los responsables de las cofradías y hermandades. No es que desconozcan la historia más reciente de la Iglesia española sino que muestran escasa voluntad para que los cofrades la aprendan, se formen y tengan conciencia de lo que significa vestirse una túnica, cargar con paso o mostrar en público la condición de bautizado, pecador y de arrepentido.
No estoy afirmando que las cofradías tengan que identificarse con unos presupuestos partidistas, sindicales o electorales. Estoy afirmando que las cofradías tienen que tomarse muy en serio la neutralidad política para no ser instrumentalizadas por los partidos, los sindicatos o las periódicas campañas electorales. Estoy afirmando que las cofradías tienen que tomarse más en serio su dimensión eclesial para contribuir a los procesos de discernimiento y formación en la fe, porque no son simples agrupaciones cívicas, culturales o recreativas.
Ciertamente, la vida cotidiana de las cofradías tiene una dimensión cívica y cultural que nadie pone en duda. Aunque tenga un valor desigual, es una forma incuestionable de generar capital social, es decir, de mantener vínculos formales prepolíticos o comunitarios en una sociedad desgarradora y despiadadamente individualista. ¿Y qué papel juega la iglesia?, ¿qué pintan los párrocos, los obispos o las conferencias episcopales?. Si hay tantos para procesionar, ¿porque hay tan pocos para identificarse como católicos en el trabajo, las escuelas, el sindicato, el parlamento o el partido?
El problema no está en la negativa a mostrar el lazo blanco o en cualquier otra forma de expresar la resistencia ante leyes que minusvaloran la dignidad de la vida y banalizan la fecundación humana. El problema está en la vinculación de estos grupos con la vida real de la iglesia. Algunos tienen una vinculación fuerte y se hallan identificados plenamente con los proyectos de evangelización, otros tienen una vinculación débil y se hallan identificados con la cosmética o pragmática procesional, sin querer saber nada de la semántica eclesial o de la sintaxis evangélica.
La mayoría de las cofradías están dando muestras de una vinculación eclesial problemática. En un contexto político adverso fueron capaces de mantener la autenticidad de la experiencia religiosa, en un contexto político favorable a la libertad religiosa sufrieron una profunda crisis porque no sabían cómo armonizar la teología intelectual del Concilio con una religiosidad emocional barroca que entra por todos los sentidos. Es difícil saber si nos encontramos ante disciplinados actores que contribuyen a la animación turística de los pueblos o ante convencidos católicos dispuestos a ser crucificados por expresar públicamente su fe. Ante este desconcierto, algún portavoz de las cofradías pedirá que no se confundan los pasos procesionales con las cuestiones eclesiales." Podéis ver el artículo en: http://www.lasprovincias.es/valencia/prensa/20090329/valenciana/neutralidad-politica-cofradias-20090329.html


