viernes, 27 de marzo de 2009

La neutralidad política de las cofradías

"Hace unos años, el Abad de la colegiata de Gandía se presentó en mi despacho para invitarme a que realizara el pregón de Semana Santa. Le confesé que no conocía bien la vida de las cofradías y que mi reflexión se centraría en el valor de la experiencia religiosa en sociedades secularizadas donde los cristianos andan culturalmente desorientados. Me sugirió que buscaban ese planteamiento porque habían comprobado cambios profundos en la vida cotidiana de unos cofrades que no se implicaban como esperaban en la vida de la Iglesia.

No sé si las cofradías entendieron bien mi reflexión pero les puedo asegurar que el interés que mantuvieron los cofrades, la sensibilidad con la que se aproximan a los misterios de la Pasión y la solidaridad con la que se trabaja diariamente en las hermandades cambiaron los prejuicios que tenía ante estas formas barrocas de religiosidad popular. Y es bueno que cuestionemos públicamente la imagen que tenemos de estas cofradías y hermandades porque gran parte de la opinión pública tiene una imagen distorsionada de ellas.

Una distorsión a la que han contribuido decisivamente las televisiones y los medios de comunicación que siempre tienen especialistas para las cuestiones económicas, deportivas o parlamentarias, pero pocas veces cuentan con especialistas para cuestiones teológicas o de religiosidad popular. Algunos guionistas, productores y realizadores han transmitido una imagen esperpéntica, ridícula y hasta frívola de los penitentes, de los pasos y de la vida de las cofradías. Por eso no nos deberían extrañar las declaraciones de la Ministra de Igualdad cuando pide a las cofradías que no mezclen la religión con la política, pertenece a una generación de esonautas cuya alfabetización religiosa, cultural y política ha sido más mediática que humanística.

La historia de las cofradías y hermandades tiene una dimensión social, cultural, pública y política que sólo pueden negar quienes desconocen la historia. Ante la posibilidad de que las cofradías luzcan en sus estandartes un lazo blanco en señal de solidaridad con la campaña en defensa de la vida lanzada por los obispos, los cofrades se están enfrentando a un curioso dilema: ¿mostramos nuestra sintonía con la campaña del lazo blanco o mantenemos nuestra neutralidad política diciendo que estos signos son “ajenos a la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor”?

El mismo analfabetismo de la ministra demuestran los responsables de las cofradías que entienden así la neutralidad política. Pero el problema no está en la ignorancia, vencible claro está, de la ministra; sino en la falta de formación teológica de los responsables de las cofradías y hermandades. No es que desconozcan la historia más reciente de la Iglesia española sino que muestran escasa voluntad para que los cofrades la aprendan, se formen y tengan conciencia de lo que significa vestirse una túnica, cargar con paso o mostrar en público la condición de bautizado, pecador y de arrepentido.

No estoy afirmando que las cofradías tengan que identificarse con unos presupuestos partidistas, sindicales o electorales. Estoy afirmando que las cofradías tienen que tomarse muy en serio la neutralidad política para no ser instrumentalizadas por los partidos, los sindicatos o las periódicas campañas electorales. Estoy afirmando que las cofradías tienen que tomarse más en serio su dimensión eclesial para contribuir a los procesos de discernimiento y formación en la fe, porque no son simples agrupaciones cívicas, culturales o recreativas.

Ciertamente, la vida cotidiana de las cofradías tiene una dimensión cívica y cultural que nadie pone en duda. Aunque tenga un valor desigual, es una forma incuestionable de generar capital social, es decir, de mantener vínculos formales prepolíticos o comunitarios en una sociedad desgarradora y despiadadamente individualista. ¿Y qué papel juega la iglesia?, ¿qué pintan los párrocos, los obispos o las conferencias episcopales?. Si hay tantos para procesionar, ¿porque hay tan pocos para identificarse como católicos en el trabajo, las escuelas, el sindicato, el parlamento o el partido?

El problema no está en la negativa a mostrar el lazo blanco o en cualquier otra forma de expresar la resistencia ante leyes que minusvaloran la dignidad de la vida y banalizan la fecundación humana. El problema está en la vinculación de estos grupos con la vida real de la iglesia. Algunos tienen una vinculación fuerte y se hallan identificados plenamente con los proyectos de evangelización, otros tienen una vinculación débil y se hallan identificados con la cosmética o pragmática procesional, sin querer saber nada de la semántica eclesial o de la sintaxis evangélica.

La mayoría de las cofradías están dando muestras de una vinculación eclesial problemática. En un contexto político adverso fueron capaces de mantener la autenticidad de la experiencia religiosa, en un contexto político favorable a la libertad religiosa sufrieron una profunda crisis porque no sabían cómo armonizar la teología intelectual del Concilio con una religiosidad emocional barroca que entra por todos los sentidos. Es difícil saber si nos encontramos ante disciplinados actores que contribuyen a la animación turística de los pueblos o ante convencidos católicos dispuestos a ser crucificados por expresar públicamente su fe. Ante este desconcierto, algún portavoz de las cofradías pedirá que no se confundan los pasos procesionales con las cuestiones eclesiales." Podéis ver el artículo en: http://www.lasprovincias.es/valencia/prensa/20090329/valenciana/neutralidad-politica-cofradias-20090329.html

sábado, 21 de marzo de 2009

Defensa de la Vida

Hay que hacer frente a las políticas de especies autóctonas que padecen graves problemas de visión histórica, política y moral. Esta semana os propongo una reflexión sobre los linces que nos gobiernan:

Un lince ibérico con cataratas
"Como ya conocen muchos lectores, la Conferencia Episcopal Española ha puesto en marcha una campaña para sensibilizar a la opinión pública ante la más que previsible nueva ley del aborto, con la que el gobierno quiere terminar esta gloriosa legislatura. En la campaña aparece la imagen de un niño de pocos meses y un felino con una leyenda que dice “lince protegido”.

Esta semana las terminales mediáticas del gobierno han disparado sin demasiada puntería contra la iniciativa. Uno de los disparos más curiosos y sorprendentes ha procedido de la agencia EFE cuando ha difundido la noticia de que el lince del anuncio de los obispos no era un lince ibérico sino un lince euroasiático o boreal. Avalaban esta información con el juicio de expertos del programa para la conservación del lince ibérico.

Los expertos consultados por la agencia han calificado la campaña como “poco ética, de mal gusto y de poca decencia”. Por si alguien tenía alguna duda de cómo hay que entender la ética, ahora resulta que el problema está en la especie de lince del anuncio y no en la protección constitucional del nasciturus. Por si alguien tuviera alguna duda de cómo entender el gusto, ahora resulta que la delicadeza en el trato con especies animales protegidas es una muestra de buen gusto y la preocupación ante la desprotección de la propia especie es signo de mal gusto. Por si alguien tuviera alguna duda, ahora lo decente sólo está en el cuidado y la protección de especies en extinción.

Ni el propio Peter Singer en su famoso libro sobre Liberación animal hubiera llegado tan lejos. Cuando este famoso adalid del proyecto Gran Simio y defensor de los derechos de los animales propuso una nueva ética para nuestro trato con los animales buscaba la igualdad y no la discriminación de la especie humana en detrimento del resto de las especies. No se podía imaginar que sus planteamientos se hubieran llevado tan lejos por los protectores del lince ibérico.

Además de ser expertos en moral o estética, estos linceprotectores son expertos en eclesiología, ahora resulta que la campaña publicitaria no es de la “Iglesia católica” sino de la “jerarquía eclesiástica”. Una idea que aparece bien destacada por la agencia de noticias y con la que se nos recuerda, por si se nos había olvidado, que una cosa es la jerarquía eclesiástica y otra la iglesia católica. Como si hubiera una iglesia políticamente correcta que apoya al gobierno y una jerarquía ultramontana, antidemocrática y neoconservadora contraria al progreso, las luces y lo que con una crueldad refinada llaman “interrupción voluntaria del embarazo”.

Estos expertos en protección de especies animales en peligro de extinción afirman que la campaña supone “un enorme desprecio a los esfuerzos que la sociedad está haciendo para defender la biodiversidad”. Analizados con perspectiva histórica, estos juicios no dejan de resultar sorprendentes, como si el concepto de “biodiversidad” hubiera surgido al margen de investigaciones biológicas promovidas por la propia especie humana. Sin el desarrollo de investigaciones biológicas y genéticas promovidas por la propia especie humana no contaríamos hoy con este concepto. La biodiversidad no tendría valor jurídico alguno si el ser humano y sus instituciones no se lo hubieran reconocido.

Estos expertos se atribuyen una legitimidad que no tienen, hablan en nombre de la sociedad como si la dependencia de una agencia gubernamental les legitimase para hablar en nombre del conjunto de la sociedad. Ni estos expertos ni los ministros tienen autoridad para hablar en nombre de la sociedad. A lo mejor tampoco los obispos, la jerarquía, la iglesia o el señor secretario de la conferencia episcopal. Hoy las sociedades son más plurales y complejas, tanto unos como otros tienen que andarse con cuidado para no hablar en nombre de todos.

Sin comerlo ni beberlo, el lince ibérico está cobrando un protagonismo social que no se esperaba. El pobre animal se está convirtiendo en objeto de disputas genéticas, morales, estéticas y hasta políticas. Cuando la Conferencia Episcopal encargó esta campaña no se imaginaba que algunos expertos se fijarían más en el lince que en el niño. No se imaginaban que los políticos, las agencias y los expertos evitaran entrar en el núcleo del asunto y se fijasen en los tonos de la piel, el tamaño de las orejas o el aspecto de los ojos del lince.

Cuando ví esta noticia me acordé de un excelente artículo que no hace mucho escribió mi amigo José Luis Torró para describir la errática y desnortada política antiterrorista que el gobierno de Rodríguez Zapatero había llevado con ETA. También convertía en protagonista del artículo al lince ibérico. Y se refería al poco olfato, la poca visión y la poca altura de miras que había demostrado el presidente Zapatero. En aquel momento utilizó una lúcida expresión que también podemos aplicar hoy para describir su política proabortista, es la política de un lince ibérico con cataratas. " http://www.lasprovincias.es/valencia/prensa/20090322/valenciana/lince-iberico-cataratas-20090322.html

viernes, 13 de marzo de 2009

Educación y Tradiciones

"Hace unos días, la Unión Social de Empresarios Mexicanos (USEM) me invitó a impartir una conferencia sobre herramientas y competencias de la empresa ciudadana. Además de plantear el tema de la comunicación, la participación, los valores, el liderazgo o la responsabilidad social empresarial, me atreví a preguntar al centenar largo de empresarios si habían analizado la imagen del empresario en los libros de texto que utilizan los escolares. La pregunta no era difícil porque en los libros de textos y materiales educativos la empresa ni está ni se la espera. Les pregunté en voz alta “¿Cómo esperan ustedes promover una empresa ciudadana si en la formación escolar obligatoria no se siente la necesidad de integrar las empresas?,¿cómo van a promover valores y virtudes cívicas si se les excluye de la educación pública?”

Aunque el tema también podría plantearse a los empresarios españoles y valencianos, hoy quiero trasladar estas preguntas a los responsables de las fiestas falleras. La fiesta fallera tiene una dinámica propia donde hay poco tiempo reflexión y no es difícil comprobar que el sistema educativo valenciano las entiende como algo marginal a la transmisión de valores, actitudes y competencias de ciudadanía.

Cuando hablo del sistema educativo no me refiero únicamente a los maestros y profesores de primaria o secundaria que comprueban cómo el ritmo de las programaciones se altera por las “dichosas fallas”. Unas veces por las exigencias de las comisiones falleras en las que participan niños y padres, otras veces porque los esonautas (alumnos de la galaxia ESO) deciden arbitraria y democráticamente no ir a clase porque han quedado para ir a la mascletá, y otras porque las ciudades se convierten en selvas de carpas, chiringuitos, fritorios y vallas que alteran cualquier programación educativa.

Tampoco me refiero a los maestros de infantil que sin convicción alguna juegan con la inocencia de las criaturas a las que piden que, además de venir con blusón y pañoleta, traigan cartones y otros enseres hogareños para montar la tierna y entrañable falla de la guardería.

Quiero referirme al mundo universitario donde el tema de la fiesta fallera es un verdadero tabú. A casi nadie se le ocurre levantar la voz y sacar el tema. Resulta sorprendente comprobar que el éxito con los alumnos, los compañeros del departamento y las autoridades académicas está directamente relacionado con la crítica ilustrada, moderna y progre a la fiesta fallera. El pedigree académico se adquiere a medida que uno minusvalora, desprecia y ridiculiza el mundo fallero. A ningún alumno se le ocurre promover un debate, un coloquio o una jornada de reflexión sobre las fallas porque puede acabar dilapidado por la rancia progresía de la inquisición académica. Incluso corre el riesgo de jugarse una buena calificación, una beca o la entrada en el departamento.

Hay veces en las que de una manera discreta y casi secreta algún miembro de la comunidad universitaria le dice a otro “si quieres pásate por mi falla que mañana tenemos concurso de paellas”. Entonces el otro pregunta, “Ah, ¿pero tu también estás en un falla?... qué callado te lo tenías”. Son conversaciones privadas y medio clandestinas donde el universitario se arriesga a perder el prestigio si, por casualidad, se le asocia con algo que, despectivamente llaman “mundo fallero”.

El colmo de la hipocresía lo tienen cuando en algunas áreas de conocimiento relacionadas con la historia, el lenguaje, los valores, la acción social, la actividad económica, los movimientos sociales, o la cultura en general se construyen grandes teorías supuestamente científicas donde las fallas desempeñan un lugar marginal, folclórico y esperpéntico.

Es curioso comprobar la doble moral de quienes, por un lado, teórica, científica e ilustradamente se desvinculan de las fallas y, por otro, reconocen la falla como espacio de integración, cohesión y solidaridad social. Hay quienes en una tribuna académica ignoran las fallas y horas más tarde acaban de mantenedores del casal fallero donde su hija, hijo o esposa están ilusionados por ir a la ofrenda.

De la misma manera que la empresa es una asignatura pendiente en el sistema educativo, también lo son las fallas en el mundo universitario. Esto no significa que debamos promover un vicerrectorado fallero o que la junta central fallera tenga que montar sus propios grados adaptados al espacio europeo de educación superior. Significa que el mundo universitario tiene que evaluar seriamente sus relaciones con la sociedad en general, y con el mundo fallero en particular.

El tema es viejo y no es el momento de reconstruir ahora los conflictos que ya existían entre los erasmistas promotores de los Estudios Generales y los gremios o comerciantes de los siglos XV y XVI. Los tiempos han cambiado mucho y es importante que la universidad esté al servicio de la sociedad. Esto no significa que las instituciones educativas tengan que organizarse al dictado de las empresas o de las correspondientes juntas falleras. Significa que el sistema educativo en general, y la universidad en particular, también tendrán que aprobar sus asignaturas pendientes. Sólo entonces se podrá decir que Progresan adecuadamente." Podéis ver el artículo completo en http://www.lasprovincias.es/valencia/prensa/20090315/valenciana/fallas-asignatura-pendiente-20090315.html

sábado, 7 de marzo de 2009

Reflexiones sobre la Vacuna del Papiloma

"Aunque nadie duda de que la Vacuna del Papiloma Humano (VPH) es un gran avance científico, la situación actual que están atravesando algunas familias que han vacunado a sus hijas exige una reflexión sobre los programas de vacunación masiva a menores. Las familias que han visto cómo sus hijas han recaído y han tenido que ser ingresadas de nuevo en la UCI del hospital Clínico de Valencia, han dado la voz de alarma porque se sienten profundamente defraudadas. Además de una segunda opinión médica, han llegado a pedir que el Ministro de Sanidad se haga cargo del tema “como máximo responsable de la salud de sus hijas”.

Esta petición que han realizado es lógica porque no quieren escatimar recursos para que sus hijas se recuperen. Están dispuestas a llegar donde sea para que las niñas recuperen una salud que antes de la vacuna tenían y ahora no tienen. Son padres que están dando una lección al resto de padres que tenemos hijas en edad de vacunación y que tendríamos que prestar mucha atención a la historia de este caso para no tener que convertirnos en héroes cívicos frente al sistema sanitario y la industria farmacéutica.

Los máximos responsables de la salud de nuestras hijas no son los Ministros, ni los Conselleres, ni los responsables administrativos de la salud pública. Los máximos responsables de la salud de nuestras hijas somos los padres y, a medida que van creciendo nuestras hijas, compartimos la responsabilidad con ellas. El Ministro de Sanidad al que se le pide auxilio forma parte de un gobierno que tiene previsto dejar a las menores adolescentes en manos de la depredadora industria del aborto y si mostrara sensibilidad por estos casos habría que celebrarlo, aunque sólo fuera por aquella máxima de que algunos políticos sólo aciertan cuando rectifican.

Pero dejemos al ministro de Sanidad que bastante tiene con el hecho de que su colega de Ciencia y Tecnología le esté sustrayendo, gota a gota, sus competencias más apetitosas. Somos los padres quienes deberíamos movilizarnos para no ser simples clientes, usuarios o pacientes de las políticas de salud pública. La campaña de vacunación de la que forman parte estos casos se nos ha presentado con un glamour tecnológico que pocos padres nos hemos sustraído a la vacunación.
Da la casualidad de que los padres han prestado especial atención a ella porque desde los laboratorios que la promocionan, las autoridades públicas y algunos responsables médicos, han sabido venderla como imprescindible y necesaria, cuando en realidad no era ni lo uno ni lo otro. En salud pública todo lo relacionado con el cáncer y el sexo despierta una especial alarma; por eso una vacuna que previene de un determinado cáncer y disminuye los riesgos que, potencialmente, pueden provenir de contactos sexuales, se convierte en un producto atractivo en el suculento mercado de la salud preventiva de niñas adolescentes.

La vacuna se ha presentado como un producto que generaba una sensación de seguridad ante riesgos sexuales de nuestras hijas. Sin embargo, esta seguridad era aparente y falsa porque los datos científicos, el desconocimiento de su efectividad a largo plazo y la falta de consenso en la comunidad de especialistas exigían una mayor prudencia en la vacunación. La infección de VPH es condición necesaria, pero no es condición suficiente para que se desarrolle el cáncer de cervix. Por eso algunos expertos consideran que los programas de inmunización universal son prematuros.

En este tipo de vacunas, los responsables de la salud pública deberían ser más prudentes y menos paternalistas. Estamos ante una vacuna especial, con unas características especiales y que no es comparable con la vacuna de la tos ferina o el sarampión. Hasta ahora, el sistema de vacunación pública de nuestro país era uno de los mejores del mundo y los padres tenemos plena confianza en él. Esta vacuna especial está proyectando unas sospechas de los padres en todo el proceso de vacunación de sus hijos que puede llevar a cuestionar la credibilidad y la confianza básica con la que, hasta ahora, rellenábamos la cartilla de vacunaciones.

Los defensores de esta vacuna especial saben que es la más cara de todo el calendario y tenían que habérselo pensado mejor al aconsejarla. Lo realmente grave no es el desconocimiento de las prioridades propias de los sistemas de salud pública, sino el reconocimiento de la impotencia de los poderes públicos para intervenir en la modificación de los estilos de vida de la población de riesgo. Con la vacuna se ofrecía firme seguridad a padres, políticos y adolescentes, así unos y otros se desentendían del fondo de la cuestión: la incapacidad para promover una educación sexual en el marco de una educación afectiva y emocional madura.
La historia no ha terminado y sería conveniente que la salud pública contara más con los padres. No sólo como usuarios, clientes y pacientes sino como ciudadanos dispuestos a promover una educación afectiva y emocional integral. Lo fácil y urgente siempre es vacunar. Lo difícil e importante siempre es educar." Podéis encontrar el artículo completo en http://www.lasprovincias.es/valencia/prensa/20090308/valenciana/reflexiones-sobre-vacuna-papiloma-20090308.html