domingo, 17 de diciembre de 2017

El rastro de la ceniza


"El pasado jueves presentamos la novela “El rastro de la ceniza”, del cirujano y médico del Hospital Clínico Don Pedro Luis Pérez. Me acompañaron en la presentación los profesores José Vicente Laguarda Cebrián y Federico Calabuig Muñiz, dos compañeros del sindicato de la tiza que me acompañaron a poner en circulación este fascinante relato sobre un personaje de la posguerra española que tiene sus raíces en un pueblecito de Cuenca y desarrolla su actividad profesional y sanitaria en diferentes barrios de la ciudad de Valencia.


El salón del Hotel Silken de la calle Cardenal Benlloch en el que tuvimos la presentación estaba hasta la bandera y más de cien personas pudieron adentrarse en la vida de Víctor Zúñiga, en protagonista del libro. El autor de la novela nos advirtió con claridad a sus compañeros de mesa para que no desveláramos detalles o pistas que maltrataran la fuerza narrativa. Aquí está la clave de un libro que sin duda alguna podría servir de guión a una buena película o una seductora serie como las que ahora arrasan en el mercado.

El protagonista de la novela no está movido por la ambición, el poder o el dinero, está movido por la reconciliación y el arrepentimiento consigo mismo, como si fuera culpable por el hecho de haber vivido la vida que le tocó vivir, o de haber existido en las circunstancias en las que consiguió sobrevivir. Con la vida de este personaje nos adentramos en la España rural anterior a la guerra civil, participamos del ambiente de las pensiones valencianas de los años cuarenta, nos adentramos en el empobrecido mundo de la desatención médica y la picaresca sanitaria del barrio del Cabañal antes de la riada de 1957, se nos propone un viaje al Sanatorio psiquiátrico de Moncada de aquellos años, se nos presenta el oscuro mundo del barrio chino de la ciudad y hasta se nos pasea por lo que hasta hace poco tiempo era la cárcel.

A pesar de la descripción de estos ambientes y la posibilidad de conocer algunos barrios de Valencia en su historia más reciente, no estamos ante una novela realista. Más que acercarnos al estilo de una novela de Cela como fue “La familia de Pascual Duarte”, el autor hace un guiño a “Tiempo de Silencio” de Martín Santos porque no sólo estamos ante una narrativa social sino ante una narrativa médica y terapéutica. Su reflexión sobre una salud es social, familiar y existencial, un hilo conductor para reconstruir el peregrinaje existencial del protagonista y el narrador. Con ello, la novela adquiere una dimensión nueva que la aproxima a los mejores textos de la narrativa europea contemporánea como Hesse, Kafka o Kundera. No estamos ante un simple ejercicio de curiosidad narrativa, sino ante una exploración del alma humana y la compleja telaraña de la memoria. Quizá por eso, un buen médico y un buen narrador aproximan el arte de curar al arte de novelar." Podéis ver el artículo completo en: http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/rastro-ceniza-20171217002631-ntvo.html

Envejecimiento y soledad en la cultura digital


"Hace unos días tuvimos un curso en la sede de la UIMP de Valencia para tratar de manera transdisciplinar la soledad en las personas mayores. Formaba parte de un amplio programa de investigación que ha puesto en marcha la Fundación la Caixa junto a la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología. En la Comunidad Valenciana, una de las personas que lidera este programa y que tuvo la habilidad de dirigirlo fue la profesora Sacramento Pinazo, a su vez responsable de la Sociedad de Geriatría y Gerontología en tierras valencianas.


No era la primera vez que este año nos juntábamos para analizar los desafíos que el envejecimiento está suponiendo para la sociedad en general y para las políticas públicas en particular. Ya hemos analizado los desafíos que plantea una atención residencial y una de las técnicas más revolucionarias que los cuidadores están poniendo en marcha: el modelo de una Atención Centrada en la Persona (ACP). Por obvio que pudiera parecer, este modelo no está centrado en el usuario, el consumidor, el cliente, el paciente o el ciudadano. Está centrado en la dignidad de la persona planteada en clave relacional, es decir, cuidando de manera especial la red de relaciones que se transforman en colchón amortiguador ante situaciones de enfermedad, aislamiento, abandono o soledad.

Este último encuentro estuvo dedicado al estudio de la soledad en las personas mayores. No entendida únicamente desde la perspectiva de una soledad buscada y deseada como confortable encuentro con uno mismo, sino desde la perspectiva de una soledad forzada por el cambio de modelo en las relaciones familiares y una estructura social que favorece el aislamiento. En este sentido, la batalla no es contra la soledad, sino contra el aislamiento, maltrato, descuido y abandono progresivo de las personas mayores.

En muy pocas décadas se han incrementado los recursos tecnológicos para evitar el aislamiento y abandono. Basta como ejemplo el impresionante desarrollo de los servicios de teleasistencia que permiten mantener conectado al  mayor con sus familiares y cuidadores. Con solo apretar un botón y desde la misma línea telefónica, los familiares sabemos cómo se encuentran nuestros mayores. También es importante recordar los programas de atención domiciliaria que no sólo evitan el internamiento hospitalario o residencial sino que promueven o estimulan la autonomía personal y el autocuidado en estas situaciones de forzada dependencia.

Hasta ahora, los servicios de teleasistencia, los servicios de comida caliente a domicilio o incluso de limpieza del hogar, estaban pensados para evitar el problema del aislamiento, pero no para fortalecer las redes sociales, familiares y de cuidado que los mayores necesitan. Estar más conectados no quiere decir estar mejor cuidados, y eso lo saben las personas que atienden diariamente a los mayores bien porque son el familiar más implicado, bien porque son los cuidadores más próximos.

Los servicios de atención domiciliaria han sido pensados desde una Ley de Dependencia que se está aplicando mal porque sus gestores sólo evalúan las situaciones para asignar determinados recursos administrativos que eviten el descuido, el maltrato o el abandono de los mayores. Se facilita el acceso a una residencia o la asignación de unos cuidados domiciliarios que por lo general gestionan indirectamente los ayuntamientos o diputaciones. Las autoridades locales se han convertido en gestoras y tramitadoras, sin caer en la cuenta de la responsabilidad que tienen para promover redes sociales, vecinales y comunitarias que faciliten el autocuidado de los mayores y el respiro de los cuidadores.

Si para educar a un niño hace falta una tribu, para cuidar bien a los mayores también hace falta una tribu. De la misma forma que las organizaciones sociales están pasando de un sistema 2.0 basado en la aplicación inmediata de la tecnología, a un sistema 3.0 donde se valoran vínculos humanos, redes de apoyo mutuo y atención personalizada, la nueva política social debería situarse en este “horizonte 3.0”.

Ha llegado el momento no sólo de evaluar con rigor la maltrecha Ley de Dependencia, sino de tomársela en serio y adaptarla al horizonte ético reticular donde nos ha lanzado la cultura digital, lo que significa plantearla en términos de autocuidado prolongado, corresponsabilidad cívica y solidaridad vecinal. Es muy fácil cuantificar recursos y hacer tablas de excell que maximicen, minimicen y optimicen asignaciones, lo realmente difícil es generar redes de confianza básica interpersonal para clarificar deseos, perfeccionar cuidados y atender necesidades. Todo un desafío para una “comunidad 3.0” que aún no hemos conseguido crear porque, sintiéndolo mucho, quizá nos falta el colchón de una alianza de solidaridad vecinal básica. Podéis ver el artículo completo en: http://entreparentesis.org/envejecimiento-soledad-la-cultura-digital/




  





domingo, 10 de diciembre de 2017

Prevenir la corrupción


"Coincidiendo con el aniversario de la Constitución, la Agencia Valenciana Antifraude ha difundido el primer número de una serie de documentos que llevarán por título “Documentos contra la corrupción”. Este texto recoge la Convención de las Naciones Unidas contra la corrupción que se aprobó el 31 de octubre de 2003 y fue ratificada por el gobierno español tres años más tarde.


Con la divulgación de estos documentos, este nuevo órgano administrativo que depende de les Corts intenta hacerse presente en la sociedad y hacer visibles sus funciones. Entre ellas, además de la prevención del fraude y la corrupción, destaca la sensibilización y capacitación de ciudadanos o servidores públicos para que desempeñen un papel activo en la denuncia de casos o situaciones irregulares. Con esta visibilización, la Agencia empieza a justificar no sólo el generoso presupuesto del que se nutre (cerca de 3 millones de euros), sino el considerable número de funcionarios y nuevos trabajadores con los que contará (en torno a 30).

El documento tiene un problema de base, a saber, que en ningún momento define qué se  entiende por “corrupción”. En las 35 páginas escritas a un espacio y en letra pequeña no aparece en ningún momento una definición del término del que se habla. Puede ser normal que en los documentos internacionales se busque cierta ambigüedad o indefinición para generar mayor consenso, incluso puede ser comprensible su carácter enciclopédico para no dejar fuera ningún aspecto del problema. En todo caso, la falta de una definición clara dice poco de la voluntad real para luchar contra la corrupción y el fraude. En lugar de reproducir el documento sin modificar ni una coma, los trabajadores de esta Agencia podrían haber empleado parte su tiempo definiéndonos lo que entienden por “corrupción” y “fraude”. Con tantas personas y tanto presupuesto, lo mínimo que se les puede pedir es que nos ayuden. Un prólogo, un anexo, una página introductoria… Ni una miserable línea para decirnos qué relación tiene ese documento y el trabajo que realizan.

Es probable que se nos quieran presentar como pioneros en una cruzada contra la corrupción y el fraude, pero eso no es cierto. La sociedad valenciana tiene que saber que esta lucha no es nueva, que llevamos más de tres décadas promoviendo como voces en el desierto una Ética de la Administración Pública que los diferentes partidos, sindicatos y organizaciones empresariales han intentado colonizar porque confunden la ética pública con las cuotas de poder. Los valencianos tienen que saber que la corrupción no se combate con más burocracia, más reglamentos, más comisarios y más codificaciones. Se combate generando confianza al resolver los problemas de la ciudadanía, incentivando cierta ejemplaridad moral y promoviendo unas buenas prácticas que, por ahora, brillan por su ausencia." Podéis ver el artículo completo en: http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/prevenir-corrupcion-20171210003620-ntvo.html

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Ni laica ni confesional


"El próximo año celebraremos las cuatro décadas de la Constitución Española de 1978. A medida que pasa el tiempo se incrementa el número de voces que piden una reforma de la Constitución. Se amparan, básicamente, en el acuerdo que establecieron Rajoy y Sánchez para aplicar el artículo 155 ante el desacato soberanista de las autoridades  catalanas. Ese horizonte de modificación ha encendido todas las alarmas entre los partidos y los agentes sociales para clarificar los horizontes de cambio. Aunque los temas estrella serán la distribución de competencias autonómicas y la posibilidad de una España federal, no faltan quienes piensan que ha llegado el momento de modificar el punto 3 del artículo 16 donde se dice expresamente que nuestra carta magna no es ni laica ni confesional.


El citado artículo dice así: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. Es una fórmula original, interesante e ingeniosa con la que los redactores evitaron cualquier tentación de confesionalismo o laicismo. No pisaron el charco del laicismo de combate de una izquierda nostálgica o ancestral ni de una derecha integrista y antiliberal.

Como han podido comprobar los asistentes al homenaje que el Padre Ángel le ha tributado al Cardenal Tarancón en Madrid, a la Iglesia española de aquellos años le costó mantener el tipo y no todos los purpurados vieron con buenos ojos la primera frase del artículo 16 en la que se afirma con rotundidad que ninguna confesión tendrá carácter estatal. Lo que en aquellos años no se entendía bien, ahora se perfila como una fórmula jurídica muy potente a la que todavía no se le ha sacado todo el jugo posible en sociedades atomizadas y plurales. Una fórmula sobre la que se debería reflexionar mucho más porque las tentaciones neoconfesionales o neolaicistas están a la vuelta de la esquina.

Digo que se trata de una fórmula jurídicamente potente y que todavía tiene mucho recorrido porque es la que mejor responde a lo que Benedicto XVI, la Filosofía política y la Teología más potente de nuestros días describe con el nombre de “laicidad positiva” de los poderes públicos ante las confesiones religiosas. El laicismo y el confesionalismo son incapaces de fortalecer el necesario pluralismo que permite la garantía y protección de todas las libertades. Sólo unos poderes públicos comprometidos con el reconocimiento del valor que tienen las confesiones religiosas en los espacios públicos de deliberación nos ayudarán a reconstruir una sociedad abierta donde los ciudadanos pueden respetarse en la coexistencia vecinal (ética mínima) y realizar sus ofertas de vida buena en las prácticas de convivencia (religiones, éticas de máximos).

Si tiene poco sentido apelar a una España confesionalmente católica, menos sentido tiene apelar a una España confesionalmente laicista porque la mayor parte de los ciudadanos se relaciona con los diferentes credos de una manera distinta a como se relacionaban sus abuelos o bisabuelos, esto es, ni muestra una ciega pasión incondicional, ni es beligerante, agresivo o violento con las ofertas religiosas que proliferan en su vecindario. No olvidemos que si los poderes públicos están obligados a practicar una laicidad positiva, los agentes sociales, culturales y religiosos no están obligados a ser axiológicamente neutros, neutrales, insípidos, incoloros o indoloros. Debemos estar atentos porque algunos líderes políticos que tienen prisas en cambiar la constitución, en realidad lo que quieren es utilizar la oportunidad para hacer ingeniería social y conseguir por la fuerza de frágiles negociaciones legales lo que no consiguen en la deliberación pública. Lo más interesante de este debate ya no está en las coordenadas tradicionales con las que habitualmente se planteó, como si la izquierda promoviera una España laica y la derecha una España confesional.

Resultan curiosas dos situaciones. Por un lado comprobar que hay líderes del PNV, del PP o de Ciudadanos a los que les produce cierto sarpullido cívico la presencia de las confesiones religiosas en la vida pública, porque son explícitamente laicistas. Por otro, comprobar que ciertos líderes de PSOE, Podemos y el espectro populista utilizan argumentaciones confesionalistas porque quieren poderes públicos identificados con la beligerancia ante las religiones.

Unos y otros aún no han pensado con suficiente claridad o radicalidad cómo poner en marcha políticas sociales contra la desigualdad, el empobrecimiento, la marginación, la violencia familiar o la exclusión. Deberíamos recordarles que en lugar de querer reformar la constitución por arriba, deberían empezar a sentirla y construirla con los de abajo. ¿Alguien le ha preguntado a los mendigos o parados de su barrio si quiere una España laica o confesional?" Podéis ver el artículo completo en www.entreparentesis.org

domingo, 3 de diciembre de 2017

Universidad relacional

"Con la puesta en marcha del programa Horizon 2020, la Unión Europea empezó a promover el concepto de Investigación e Innovación Responsable (Responsive Research and Innovation, RRI). Con ello los gestores de las políticas de Ciencia y Tecnología de la UE están incentivando la creación de unidades de RRI para que la actividad investigadora sea responsable. No lo han hecho para recordarles a las universidades que deben pensar más en la sociedad que en sí mismas, sino promover un nuevo modelo de universidad.

Hasta ahora, se estaban organizando en términos de responsabilidad social, es decir, orientaban la actividad innovadora y científica al servicio de la sociedad. Para potenciar esta orientación se crearon las unidades de (RSU) con las que se han potenciado las actividades de extensión universitaria que han mejorado la relación entre la academia y los ciudadanos. Estas unidades mostraban que la ciencia y el conocimiento están “en” la sociedad y son “para” la sociedad. Como si hubiera que recordarles a los trabajadores universitarios que no viven en una torre de marfil separados de sus vecinos.

Las unidades de RSU comenzaron reglamentándose, dotándose de técnicos que filtran, inspeccionan y criban lo que se hace en las universidades, para orientar la dinámica investigadora según seis criterios impuestos desde el último programa marco: participación ciudadana, género, gobierno abierto, comunicación científica, ética y gobernanza. No piensen que se tratan de sesudas categorías científicas, sino de las seis oficinas de la correspondiente dirección general. Por eso, otros expertos incluyeron la sostenibilidad y la justicia social, que hasta entonces estaban desamparadas.

La sustitución de la RSU por la RRI ha contribuido a la unificación del trabajo que se hacía en los seis despachos y ha obligado no sólo a repensar los servicios de extensión universitaria sino la naturaleza misma de la universidad. Hay que pensar la innovación científica de forma nueva, no en términos sustantivos o demarcacionistas sino en términos relacionales. Es decir, una actividad que no se realiza solo “en” y “para” la sociedad, sino “con”, “desde” y “junto a”. De esta forma, estamos ante una corresponsabilidad mutua y no una simple responsabilidad social.

Estamos ante un modelo basado en la calidad relacional de dos elementos nuevos: la conectividad (redes de conocimiento) y la robustez sociotécnica. No solo se abren nuevos escenarios para la investigación y la innovación, sino un nuevo modelo de gobernanza. Modelo que exigirá cambiar formas ancestrales de gestión como claustros, facultades y departamentos. Entre la universidad tradicional y la universidad empresarial emerge la  universidad relacional, caracterizada por el cuidado diligente de la sociedad, la conectividad y la corresponsabilidad."Podéis ver el artículo completo en http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/universidad-relacional-20171203000510-ntvo.html