"Estos días, en lugar de lugar de celebrar fiestas artificiales y ajenas a la cultura mediterránea, deberíamos dejarnos de disfraces absurdos y aprovechar la oportunidad que nos ofrece la apertura de las salas de cine para ver el documental ‘España. La primera globalización’. Es difícil que deje indiferente a los espectadores preocupados por las estrechas relaciones entre la vida política y la vida cultural. Despierta una reflexión interesante sobre la Historia que se está transmitiendo en las escuelas y sobre el sendero luminoso que los defensores de la leyenda negra han promovido en aulas, profesores, libros de texto e industrias culturales. Con una visión rigurosa de la Historia, el espectador llega a la conclusión de que, además de hacer un ‘trato’ con los promotores de la leyenda negra, los ciudadanos nos hemos dejado engañar por el ‘truco’ de la izquierda cultural. Una de las conclusiones más sorprendentes del documental es la necesidad de reaccionar ante una hegemonía cultural de la izquierda que lleva varias décadas instalándose en nuestra vida cotidiana.
Una hegemonía aceptada vergonzosa y acomplejadamente por cierta derecha política que, como Sísifo encadenado, se refugiaba en reparar los destrozos económicos de la izquierda y se desentendía olímpicamente de las industrias culturales. Confiaban en la existencia de un espacio público liberado de las contiendas partidistas donde los agentes sociales pudieran nutrirse de una historia común, una literatura, una filosofía respetada y común. Confiaban que existiera un hogar público compartido y protegido del totalitarismo partidista, donde no se simplificara la realidad histórica debatiendo la homofobia de Trajano, Maimónides o Luis Vives, donde no se discutieran las filias o fobias de estos personajes con ‘Podemos’ o ‘Vox’, con los liberales del PP o con los socialdemócratas del PSOE.
Ni siquiera los jueces y tribunales serán ajenos a esta hegemonía porque la batería de cursillos que les espera sobre género y ‘(des-)memoria democrática’ no ha hecho más que comenzar. Los destrozos que este totalitarismo cultural está generando se produce porque se aplica la máxima populista “todo es político”. En realidad quieren decir “todo es partidista” y todo el mundo tiene que comulgar con nuestras ruedas de molino. Si la promoción editorial del sectarismo y el mal gusto ya son habituales, ahora el Ministro de Consumo ha puesto en marcha un totalitarismo alimentario que llegará a los recreos cuando un niño (‘niña’ o ‘niñe’) pueda denunciar a otro porque el Bollycao o la Nocilla no son sanitariamente democráticos." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/truco-trato-20211030000259-ntvo.html



