domingo, 28 de julio de 2019

Escuela de cuidadores

"Mientras asistíamos al bochornoso contra-ejemplo de ética política que nos han deparado el dúo Sánchez-Iglesias, la sociedad civil mira de reojo estas urgencias para seguir atendiendo a lo importante. Y algo importante es la gestión y administración de los cuidados. Las vacaciones no llegan para todos porque quienes cuidan a personas dependientes, quienes tienen enfermos crónicos a su cargo, o quienes atienden en casa a personas que están al final de la vida, no se plantean la posibilidad de abandonar o dejar a estas personas porque se sienten obligados a cuidarlos.

Aunque no haya sido un tema prioritario en la agenda política, la gestión de los cuidados se convertirá en el problema principal de la agenda social en los próximos años. No solo por el envejecimiento de la población y la desestructuración de las familias que está desmantelando toda la feminización del cuidado que se ha producido hasta nuestros días. Tampoco por la introducción de nuevas tecnologías. Se convertirá en un grave problema social porque los responsables políticos de estas últimas décadas han sido han improvisado y no han trabajado a largo plazo. La ley de Dependencia que consensuaron en 2006 las fuerzas políticas y las sucesivas leyes de servicios sociales autonómicas son parches administrativos, electoreros y monetaristas a un problema de valores, de capital social y de ética pública con mayúsculas.

Anticipándose a una gestión adecuada del problema, la “Fundación la Caixa” ha hecho balance de una iniciativa que puso en marcha el año pasado y llamó “Escuela de Cuidadores”. Como un grano de arena en el mar de la política social, han creado un espacio de transmisión de los valores esenciales del cuidado que pone a disposición de las personas cuidadoras (no profesionales y voluntarias) una serie de conocimientos técnicos y habilidades para acompañar con calidad de vida a personas en edad avanzada o que están al final de la vida. Es mucho más que un programa de apoyo o respiro porque incide en tres elementos básicos del cuidar: “saber” (dimensión técnica), “ser” (dimensión ética y emocional) y “hacer” (dimensión habilitante o capacitante).

Además de formar y cuidar a quienes cuidan con independencia de su adscripción ideológica, la escuela está realizando una silenciosa labor de pedagogía socio-política. Expresa alguna de las finalidades nucleares y fundacionales de las ancestrales cajas de ahorro: promover el mutualismo, organizar la protección de los más vulnerables y favorecer la cohesión social en sus niveles más básicos. Una lección importante de la que deberían tomar nota ciertos políticos que utilizan la gestión del cuidado para enfrentar a sectores y colectivos, para hacer ingeniería lingüístico-nacionalista y para conseguir un poder administrativo que no procede de su competencia profesional o sensibilidad moral." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/escuela-cuidadores-20190728235900-ntvo.html


sábado, 27 de julio de 2019

"Ciborgizar" la salud

"En algunos contextos sociales y sanitarios se ha planteado la "ciborgización" de la salud. “Cibor” es una palabra nueva que describe una realidad híbrida o mezclada donde hay una parte “cibernética” y otra parte “orgánica”. Se suele aplicar para describir un “hombre-máquina” o una mezcla de persona y tecnología. En el ámbito de la salud en general y de la atención sanitaria en particular, es cada vez más habitual aprovechar los recursos tecnológicos, cibernéticos y algorítmicos para intervenir en prácticas de cuidado y atención a los pacientes.

Hoy no se trata solo de analizar el proceso por el que se utiliza una prótesis, un implante o cualquier otra tecnología para restaurar una función orgánica o fisiológica, como es el caso de la utilización de un implante coclear, un marcapasos o cualquier otro órgano deteriorado o perdido. Aunque en estos casos la salud y la calidad de vida dependerán de unos mecanismos tecnológicos que han dejado de ser artificiales para formar parte de lo que antes se llamaba ingenuamente naturaleza humana y ahora se llamará culturalmente vida personal humana, hoy se está planteando la posibilidad de que lo cibernético sustituya a lo orgánico. En lugar de hablar de hombre-máquina, se está empezando a plantear la posibilidad de aplicar la tecnología cibernética a la salud para que las imperfecciones de la naturaleza orgánica del ser humano puedan ser corregidas, mejoradas o recreadas por una inteligencia artificial aplicada a la salud. Se producirá una inversión del Hombre-máquina o una humanidad mejorada, a una Máquina-hombre o una tecnología humanizada.

Aunque la investigación genómica y la nanotecnología están contribuyendo decisivamente a estos cambios prometeicos del cuidado socio-sanitario del cuerpo, el ámbito donde se plantea de una forma dramática es en el envejecimiento y el final de la vida. De hecho, la simple observación del peso que tiene la tecnología cibernética en la atención domiciliaria o las unidades de intensivos, nos recuerda el progresivo poder que tienen las máquinas en la gestión de los protocolos de cuidado, alimentación, respiración y sedación. Es como si la aplicación de la cibernética al final de la vida anticipara los deseos del Movimiento Cibor, el Transhumanismo y una nueva era donde se ganara la batalla al envejecimiento y la muerte.

Recordemos que Neil Harbisson ya ha sido reconocido como ciudadano cibor y lidera una campaña de “empoderamiento” tecnológico. En algún momento, los apasionados de esta ciborgización deberían acercarse al Museo del Prado para contemplar el cuadro del flamenco Patinir titulado “El paso de la laguna Estigia”.  Como Caronte en el cuadro, la cibertecnología parece la dueña de una minúscula alma humana a la que puede trasladar, en cualquier momento, del infierno del dolor y la muerte al paraíso de la salud y la vida." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/ciborgizar-salud-20190721005202-ntvo.html


domingo, 14 de julio de 2019

La funesta manía de leer


"Por quinto año consecutivo hemos celebrado las interesantes Jornadas de Animación a la Lectura (JALEO). Con el apoyo del Cefire de Torrent (Consellería de Educación), el Colegio de Bibliotecarios y el tándem que forman Mar Benegas-Jesús González como promotores de la idea, este año hemos vuelto a convocar a casi dos centenares de interesados en “la funesta manía de leer”. Con el aval académico de la UIMP, este grupo de apasionados lectores disfrutamos de una conferencia inaugural que, con el título “Vivir con libros”, impartió el escritor y periodista Jesús Marchamalo,

Afirmó que la mejor manera de conocer a un escritor es fijarse en sus libros. Mostró la fecundidad de esta tesis con fotografías de las bibliotecas de los escritores que había conocido y cuyas bibliotecas había visitado. Nos mostró fotografías muy curiosas de autores tan distintos como Onetti, Savater, Muñoz Molina, Trapiello o el valenciano Francisco Brines. Entrevistó a estos personajes y siempre les preguntaba por el criterio que tenían para organizar los libros que tenían.

Ni él mismo como escritor sostuvo que había un único criterio porque el gran problema de quienes ejercemos la funesta manía de leer es dejarnos atrapar por la lectura y la torre de libros que aguardan ser leídos. Afirmó que la biblioteca de un escritor es como una trinchera desde la que uno se defiende, cobija, vigila y cuida del mundo. Una metáfora fecunda porque en muchas casas el único reducto de resistencia ante la invasión de videojuegos y series son las estanterías de unos libros que están en doble fila, se amontonan en anaqueles, pasillos y sillas. Una metáfora incomprensible para un personaje tan famoso como Marie Kondo preocupado por seducirnos con “la magia del orden”. ¿Cómo se le ha ocurrido a esta señora decir que en una casa no se pueden tener más de 35 libros?¿Sabe esta mujer lo que representan los libros para quienes escribimos?

El problema se agrava cuando el instalador del ADSL ya encontró el cable y antes de entregarnos la factura se le ocurre preguntar: “¿…y usted ha leído todos estos libros?” Pregunta que siempre nos hacía mi padre y mientras yo respondía que nuestros libros son herramientas de nuestro taller, Marchamalo respondía al técnico lo que algunos escritores responden: “no se preocupe por nuestra salud mental, solo los hemos leído una vez”. Comentó las curiosidades que guardamos siempre en los libros, desde fotografías o viejos billetes de metro hasta fichas, postales o cartas de amor. Subrayados y usados, siempre conservan algo de lo que fuimos y de lo que ahora somos. Por increíble que pueda parecer, las torres de libros que nos rodean no sólo nos ayudan a “ver lejos” y tomar distancia de nuestro presente, a “ver más” y zambullirnos en nuestra memoria, sino a “ver mejor” y conocernos un poco más –solo un poco más- a nosotros mismos." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/funesta-mania-leer-20190714001057-ntvo.html


domingo, 7 de julio de 2019

El fin de la clase media

"Esta semana se ha celebrado en Valencia el XIII Congreso Español de Sociología y junto a los habituales cruceristas que surfean el centro, nos hemos encontrado con estudiosos del “hecho” y la “acción social”. Nunca habíamos tenido tanto sociólogo por metro cuadrado y resulta curioso que, en el congreso, de los más de cuarenta comités de trabajo ninguno analizó las clases medias. El tema apareció en algunos grupos pero en lugar de convertirlo en el eje de la reflexión, eligieron un lema liquido como el de “sociedad en la encrucijada”.

Menos mal que Mª Ángeles Durán los despertó del sueño dogmático de las cifras, los datos y las encuestas para situarlos ante el desafío del “cuidatorio”, la nueva clase  emergente en la sociedad de los cuidados. Un tema transversal que nos afecta a todos y que también modificará el concepto de clase media. Una clase a la que deberían prestar más atención estos profesionales porque además de ser un concepto relacionado con la distribución económica de rentas, la geografía del desarrollo, los hábitos de consumo, o la administración púbica, es un concepto preñado de carga moral y cultural. Tanto es así que para los teóricos de la democracia, la carga semántica del término “clase media” está directamente relacionada con la “calidad” de una democracia.

No me quiero detener en discusiones académicas que se fijan en el tipo de actividad, el nivel de renta, de estudios o de vida. Quiero señalar un concepto sorprendente que ha aparecido en los estudios de la Fundación Foessa y que Cáritas presentará dentro de unas semanas: “ascensor social”. Es decir, la realidad de la clase media está relacionada con la existencia de un “ascensor social” por el que pueden disminuir o incrementarse las desigualdades sociales porque la gente no solo tiene rentas o posiciones laborales sino formación, creencias, valores o aspiraciones que vertebran la movilidad en el espacio público. En este sentido tiene una carga moral porque la expresión “el final de la clase media” no anuncia el triunfo de la justicia social sino la resignación ante el menosprecio de la formación no instrumental, la polarización, la desigualdad y la fragmentación.

Este dato es clave porque una economía tecno-globalizada puede generar muchos y nuevos empleos, ocupaciones y puestos de trabajo. Incluso nuevos nichos empresariales que calientan la economía. Sin embargo, corre el riesgo de olvidar que este modelo tecno crematístico “no hace sociedad”. Como dice el geógrafo Christophe Guilluy, un analista de las clases medias y estudioso de los chalecos amarillos en Francia: “puedes tener buenos resultados económicos, pero eso no dice nada de la integración social de las categorías populares”. La gente no protesta porque es pobre sino porque es frágil. La cuestión “social” se ha convertido en un reto “cultural” y “existencial”."Podéis ver el artículo completo en: