"Mientras asistíamos al bochornoso
contra-ejemplo de ética política que nos han deparado el dúo Sánchez-Iglesias,
la sociedad civil mira de reojo estas urgencias para seguir atendiendo a lo
importante. Y algo importante es la gestión y administración de los cuidados.
Las vacaciones no llegan para todos porque quienes cuidan a personas
dependientes, quienes tienen enfermos crónicos a su cargo, o quienes atienden
en casa a personas que están al final de la vida, no se plantean la posibilidad
de abandonar o dejar a estas personas porque se sienten obligados a cuidarlos.
Aunque no haya sido un tema prioritario en la
agenda política, la gestión de los cuidados se convertirá en el problema
principal de la agenda social en los próximos años. No solo por el envejecimiento
de la población y la desestructuración de las familias que está desmantelando
toda la feminización del cuidado que se ha producido hasta nuestros días.
Tampoco por la introducción de nuevas tecnologías. Se convertirá en un grave
problema social porque los responsables políticos de estas últimas décadas han
sido han improvisado y no han trabajado a largo plazo. La ley de Dependencia
que consensuaron en 2006 las fuerzas políticas y las sucesivas leyes de
servicios sociales autonómicas son parches administrativos, electoreros y
monetaristas a un problema de valores, de capital social y de ética pública con
mayúsculas.
Anticipándose a una gestión adecuada del
problema, la “Fundación la Caixa” ha hecho balance de una iniciativa que puso
en marcha el año pasado y llamó “Escuela de Cuidadores”. Como un grano de arena
en el mar de la política social, han creado un espacio de transmisión de los
valores esenciales del cuidado que pone a disposición de las personas
cuidadoras (no profesionales y voluntarias) una serie de conocimientos técnicos
y habilidades para acompañar con calidad de vida a personas en edad avanzada o
que están al final de la vida. Es mucho más que un programa de apoyo o respiro
porque incide en tres elementos básicos del cuidar: “saber” (dimensión
técnica), “ser” (dimensión ética y emocional) y “hacer” (dimensión habilitante
o capacitante).
Además de formar y cuidar a quienes cuidan con
independencia de su adscripción ideológica, la escuela está realizando una
silenciosa labor de pedagogía socio-política. Expresa alguna de las finalidades
nucleares y fundacionales de las ancestrales cajas de ahorro: promover el
mutualismo, organizar la protección de los más vulnerables y favorecer la
cohesión social en sus niveles más básicos. Una lección importante de la que
deberían tomar nota ciertos políticos que utilizan la gestión del cuidado para
enfrentar a sectores y colectivos, para hacer ingeniería
lingüístico-nacionalista y para conseguir un poder administrativo que no
procede de su competencia profesional o sensibilidad moral." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/escuela-cuidadores-20190728235900-ntvo.html



