domingo, 19 de julio de 2015

Lecturas de Piscina

"La vida de la piscinas está llena de aventuras,  si hablaran nos contarían historias que nos sorprenderían. Basta prestar atención al tipo de actividad que realiza cada uno de los grupos que las colonizan para descubrir que se dan cita infinidad de mundos, experiencias y lecturas. Me referiré a las lecturas porque han cambiado los hábitos de lectura en las piscinas. Si se han atrevido a salir con la silla, la toalla y el periódico para leer la prensa con tranquilidad, levanten la mirada y comprobarán que forman parte de una especie en extinción.

Quien se atreve a leer un periódico en la piscina forma parte de una generación exótica. No por el hecho de que los efectos del cambio climático estén relacionados con la potencial contaminación que todavía producen las pocas linotipias que aún quedan. Me refiero al hecho mismo de leer en soporte de papel, en formato tabloide y disfrutando horizontes refrescantes que podemos encontrar al levantar la vista o fijar las gafas al entrecejo. Esta lectura se ha convertido en una actividad minoritaria, rara y probablemente contracultural.

Aunque todavía encontramos lectores que no se separan de las voluminosas novelas de Follet, Posteguillo o sesudos adolescentes que prefieren las sombras de Grey en papel, lo normal es encontrarse lectores que se han pasado al soporte digital. Aunque algunos dispositivos resisten la inmersión, lo habitual es realizar la lectura fuera del agua, en la sillita, la tumbona, el césped o la mesa del chiringuito. Esta lectura está presidida por una conversación ritual en la que siempre se presume de haber pasado al IBook, manejar como nadie el IPad y usar magistralmente la biblioteca del Kindle.

No está claro si este cambio supone un avance o retroceso. Nadie duda de la comodidad y posibilidades del soporte digital, ahora bien, tendríamos que preguntarnos si el abuso de los dispositivos digitales en playas y piscinas supone un embrutecimiento de la sensibilidad. Lo digo porque cada vez son más habituales escenas de familias y grupos ensimismados en su dispositivo digital. No me refiero solo a los adolescentes que tienen domesticadas las hormonas con el Whatsapp, sino a los nuevos cerebros familiares conectados únicamente por el soporte digital. Hay escenas con fuerza icónica donde el padre está con el IPad, la madre con el IBook y los hijos con el IPhone. 

Sin mediar palabra, cada uno está generando emociones artificiales que impiden el contacto directo con la angustia, el temblor, la alegría o la situación emocional de quien tenemos a nuestro lado. Sin mediar palabra, estas escenas de verano nos anuncian una contaminación digital sin fronteras, el riesgo de un dañino aislamiento sin capacidad para comentar la gama de azules en el agua: esmeralda, metálicos, acuáticos, celestes, grises, marinos o turquesas." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 19 de julio de 2015.

domingo, 12 de julio de 2015

Birgitte Nyborg

"Birgitte Nyborg es el nombre de la protagonista de una de las series de televisión que más éxito han tenido en los últimos años. Aunque la opinión pública recuerda la serie “Juego de Tronos” por los extras que está contratando en Andalucía para la grabación de la nueva temporada, o por haber sido el regalo que Pablo Iglesias hizo al rey Felipe VI en el encuentro que ambos mantuvieron hace unos meses en Bruselas, hay otras series de gran valor político como “House of Cards” o “Borgen”. Precisamente esta última serie está protagonizada por el personaje de Birgitte Nyborg.

“Borgen” es una producción danesa que describe los avatares políticos de la mujer que lidera el Partido de los Moderados, un pequeño partido del sistema danés gobernado por dos grandes grupos mayoritarios: socialistas y liberales. Esta mujer consigue la presidencia del gobierno con ejercicios de pactos permanentes con otras fuerzas políticas. Su vocación, ilusión, habilidad negociadora y capacidad de trabajo transmiten tal energía en su entorno que hacen de ella un ejemplo de líder político del siglo XXI. Es el perfil casi perfecto del liderazgo reformista, del pragmatismo sensato y de una forma de ejercer el poder muy próxima al ciudadano medio. Si a ello añadimos las complicidades con la prensa y, sobre todo, con el mundo de los informativos televisivos, estamos ante el nuevo liderazgo mediático que los partidos están buscando.

La serie nos describe a políticos de carne y hueso, con preocupaciones familiares, que flexibilizan sus convicciones y viajan habitualmente en bicicleta. Esta imagen de proximidad al electorado medio se completa con virtudes tan poco habituales como la humildad, la sinceridad y la autenticidad en el carácter. Aunque se han producido cambios importantes en las diferentes temporadas (hasta la fecha se han emitido 3), el perfil del personaje sigue siendo el de un político centrista, pragmático, moderado, enérgico, prudente y convencido de que algunas ideas pueden cambiar el mundo.

El perfil no sería completo sin la descripción que se hace de la pequeña organización centrista que articula con otros políticos desencantados de sus organizaciones burocratizadas y mastodónticas. Este ejemplo de grupo minoritario, que no se resigna a influir sino que busca gobernar, está alimentando las esperanzas de la nueva militancia en partidos como “Ciudadanos” y “Podemos”. Es más, se trata de un liderazgo político que está reactivando al electorado desencantado y con el que está llegando aire fresco al debate social.

Convencidos de que necesitaban formas, personajes y pedagogías nuevas, los partidos tradicionales están cambiando su estética. En lugar de limitarse a cambiar escenografías y coreógrafos deberían analizar con detalle el atractivo, aunque discutible, reformismo moral de Birgitte Nyborg. " Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 12 de Julio de 2015.

domingo, 5 de julio de 2015

Afinar los modales


"Quienes hayan observado con detalle los usos, costumbres y hábitos cotidianos de algunos líderes populistas de izquierda habrán comprobado un cambio de modales. No hace alta que nos remitamos a la moderación del lenguaje en la nueva alcaldesa de Barcelona. Tampoco hace falta recordar las prácticas de acción directa y boicot institucional que Pablo Iglesias protagonizaba cuando impedía actos cívicamente organizados. Quizá tampoco sea el momento oportuno de recordar el arrepentimiento de algunos concejales madrileños: algunos como Guillermo Zapata porque antes de llegar al poder se permitían realizar juicios antisemitas o vejatorios a las víctimas del terrorismo, y algunas como Rita Maestre conocidas por asaltar capillas en la Complutense.

Tenemos ejemplos más próximos en el nuevo gobierno valenciano. En primer lugar porque todos los colectivos que durante los últimos años bloqueaban cruces de calles, se manifestaban diariamente en el centro con policromadas camisetas, de repente, han desaparecido. Faltan pocas semanas para el comienzo del nuevo curso en el nuevo otoño y nadie duda que este año nadie bloqueará las inauguraciones de curso o impedirá el acceso de las autoridades. ¿Dónde están los colectivos que antes promovían la acción directa? ¿Han desaparecido las causas por las que se movilizaban? ¿Qué han hecho con las camisetas?

En segundo lugar, se ha producido un sorprendente cambio de modales en grupos parlamentarios. Algunos líderes de grupos que antes estaban en la oposición han dejado los malos modales y parece ser que no sólo han cerrado el baúl de las camisetas sino han descubierto el valor de las buenas maneras, el respeto a la palabra de los demás y el hablar ordenadamente. En un alarde de moderación, desconocido hasta la fecha, han llegado a decir que no se van a precipitar en decisiones porque no tienen pensado entrar como “elefantes en cacharrería”.

En tercer lugar se ha producido un radical cambio personal de modales. Hay evidencias de que el poder no solo cambia la vida de los pueblos o las familias sino de las personas. Aunque el debate está abierto porque no todos piensan que el poder cambia el carácter, las convicciones o las creencias, parece indiscutible que cambia los modales. No sabemos muy bien si asistimos a un cambio estético o cosmético donde la falda o blusa sustituye a la camiseta; o un cambio estratégico de lobos por corderos, pero sí parece claro que se ha producido una afinación de modales.

No olvidemos que el verbo afinar tiene varios significados y deberíamos preguntarnos cuál se ajusta mejor a los nuevos gobernantes. Afinar es perfeccionar, precisar y dar el último punto a algo. También es apurar, aquilatar, hacer fino y cortés algo. Sin olvidar que afinar es poner en tono justo los instrumentos musicales con arreglo a un diapasón o acordarlos bien unos con otros." Podéis ver el artículo completo en Las provincias, 5 de julio de 2015. 

Nueva ciudadanía para la vieja escuela

"En una de nuestras entradas anteriores al blog comentábamos el curso sobre Redes Sociales y Ciudadanía activa que a primeros de junio celebramos en las aulas de la UIMP de Valencia. Si recordáis, me detuve en los planteamientos del profesor Levine y empecé a describir las luces y sombras de la ciudadanía digital. Me hice eco de algunas intervenciones como la de este profesor americano, de la profesora Adela Cortina, del profesor Francisco Arenas o del profesor Cotino cuando analizaron los desafíos que la era digital está planteando a la teoría y la práctica de la ciudadanía.

Ahora quiero centrarme en algunas intervenciones del curso que incidieron en los desafíos explícitamente educativos de la nueva ciudadanía digital. Todas estaban presididas por pregunta interesante: ¿para qué queremos pizarras digitales si seguimos haciendo lo mismo en clase? ¿de qué nos vale una nueva ciudadanía en una vieja escuela? Para muchos educadores, las nuevas tecnologías son herramientas para seguir haciendo lo mismo. En lugar de dictar apuntes y realizar ejercicios en los cuadernos o la pizarra, ahora se hacen en la Tablet, el ordenador o la pizarra digital. El engorro de la tiza o los rotuladores ha sido sustituido por la pizarra digital.

Ahora que estamos terminando las evaluaciones y revisando la programación para el curso que viene deberíamos analizar la relación entre la nueva ciudadanía y la vieja escuela. Después de ver cómo trabajan nuestros compañeros con las Tablet y pizarras digitales estamos convencidos de que muy pocos han tomado nota del cambio cultural que se está produciendo, es decir, que no estamos asistiendo únicamente a un cambio de herramientas sino a un cambio cultural sin precedentes. Con la era digital se ha producido un cambio que no sólo afecta a los artefactos educativos como la pizarra, el televisor, el ordenador o la pizarra digital. No sólo han cambiado las herramientas con las que gestionamos la información sino que ha cambiado la gestión, administración y producción del conocimiento. Por eso también debemos cambiar los aprendizajes.

De nada vale tener buenas autopistas y sorprendentes vehículos para circular por las autopistas de la información si no sabemos con quién ir, dónde queremos llegar, o por qué queremos viajar. Aquí es donde la nueva educación tiene que reinventarse y dejarse de las cantinelas emocionales o procedimentales para replantearse seriamente el modelo de sujeto, el modelo de escuela y el conjunto de referencias éticas con las que tomarse en serio la navegación. Desde aquí debería pensarse lo que técnicamente llamamos competencia digital.

Tanto la ciudadanía digital como la competencia digital que requiere son términos educativamente seductores, quizá por ello un poco perversos y engañosos cuando se les descontextualiza sin ninguna referencia ética, antropológica o axiológica. Los profesores  Ángel Sanmartín, José Cuerva y Elías de los Reyes tuvieron en cuenta este punto de partida en sus respectivas intervenciones. El primero nos planteó la relación entre contextualización económica y educativa, el segundo presentó el nuevo mapa de cambios educativos que introduce la educación 2.0 y tercero nos hizo una clara advertencia: el desafío educativo no exige hoy que nos adaptemos al cambio sino a la “velocidad de los cambios”.

Quienes creen que la competencia digital deja sin tocar los mimbres antropológicos, sociológicos y culturales de la educación se equivocan. Ya no se trata de tener información de conocer o de saber hacer, se trata de aprender a ser. Recordemos en este punto la actualidad del Informe para la Unesco coordinado por Jacques Delors cuando incidía en ser y no en el tener o el hacer. Y tampoco debemos olvidar el planteamiento de Alvin Tofler cuando nos indica que los analfabetos del siglo XXI no serán los que no saben leer o escribir sino los no saber aprender, desaprender y reaprender.

Los debates abiertos son apasionantes porque la competencia digital exige adiestrarse en sentir, compartir y crear. Exige nuevos mimbres antropológicos donde alumnos, profesores y comunidad educativa en general deben estar digitalmente sintonizados y capacitados. ¿De qué vale un alumno empoderado con un profesor o familia depauperada? Además, conviene ser muy realistas en este capítulo de la competencia digital porque  la sociedad de la información también es la sociedad de la “infoxicación”. Por eso, no olvidemos uno de los imperativos educativos que aparecen en todos los informes internacionales sobre educación está relacionado con la cada vez más precaria salud digital: “evitar la ansiedad tecnológica”. Podéis ver el artículo completo en www.entreparentesis.org.