domingo, 29 de septiembre de 2019

Caudillos 2.0


"En unas declaraciones realizadas después de la presentación del partido “Más País” de Íñigo Errejón, su portavoz Rita Maestre realizó dos afirmaciones que requieren cierta contextualización. Primero dijo: “lo que la gente quiere son liderazgos claros”. Luego afirmó que no habían desarrollado el programa del nuevo partido. Esta insistencia en un liderazgo indiscutible y la falta de ideas, propuestas o programa para tener un proyecto político nos aproxima en la ciencia política a lo que Max Weber llamaba legitimidad del caudillaje.

Recordemos que este sociólogo alemán distinguía tres tipos de dominación política. La primera recibía el nombre de legitimidad “tradicional” porque está basada en la tradición, en la costumbre, en el respeto a patriarcas o príncipes. La segunda era llamada carismática porque la autoridad nace de la gracia personal, el carisma, el heroísmo y de las cualidades de “caudillo” que uno posee. La tercera era la legitimidad basada en la legalidad, es decir, en normas legales como la que ejercen quienes llamaba “servidores del Estado”.

Esta clarificación es útil para entender los nuevos liderazgos en la globalización. Es una pena que el imaginario social español inmediato esté condicionado por un único caudillo, cuando los “nuevos” liderazgos de la “nueva” política no se entienden bien sin la metamorfosis del todo el caudillaje tradicional. Al conocer bien la historia de las luchas que emprendieron los caudillos iberoamericanos para sustituir una lejana metrópoli europea por una próxima metrópoli criolla, es fácil entender estos caudillajes que, aupados televisiva o mediáticamente, se nos presentan amables, emotivos, líquidos y transversales. Nuevos caudillos que vienen a proporcionarnos la felicidad total y destilan una sustancia que no tenían los liderazgos anteriores: alegría, entusiasmo, voluntad de hegemonía y fe ciega en el “Poder”, ¡siempre con mayúsculas!.

En sus versiones masculina y femenina, son personajes intuitivos, apasionados y con similares formas de andar. Pisan con energía y determinación, nunca están quietos, siempre están en movimiento y quieren transmitir frescura, lozanía o juventud. Si observamos su involución, desde las primeras manifestaciones como indignados con aquellas expresivas camisetas mitineras, hasta las últimas declaraciones televisivas o puestas en escena, descubriremos que su caudillaje ya no es espontáneo, primario o reactivo. Está acartonándose a los tiempos de una neuropolítica amnésica y adanista que desprecia la historia, desconfía de sociedades abiertas, de la democracia liberal, del pluralismo político y de la pasión por la verdad. Piensan más las cosas, y no sólo porque han pasado de la infancia de las movilizaciones a la adolescencia de las instituciones, sino porque antes vivían “para” la política y ahora viven “de” la política." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/caudillos-20190929002712-ntvo.html

domingo, 22 de septiembre de 2019

Cavadas y Sánchez

"Aunque los dos se llamen “Pedro”, uno es médico especialista en trasplantes y otro es el presidente en funciones. Aunque no sé si a un médico tan afamado como el “Doctor Cavadas” le gustará verse comparado con el “Doctor Sánchez”, conviene que esta semana nos fijemos en estos dos personajes. No es fácil hacer este ejercicio de imaginación narrativa pero puede servir de contrapunto para refrescar el valor que tienen determinados individuos en la consolidación o fragmentación de la vida pública.

Mientras el “Pedro político” esta semana nos prepara las nuevas elecciones porque no ha conseguido articular una mayoría suficiente con la que formar gobierno, el “Pedro médico” ha intervenido en la XVI Convocatoria Anual de Ayudas a la Investigación de la Fundación Mutua Madrileña con un discurso medio improvisado que no tiene desperdicio para quienes juzguen precipitadamente nuestra vida pública y hagan lecturas catastrofistas. Aunque el panorama de los profesionales de la política nos lastre hacia la desmoralización permanente, el panorama de otros profesionales del mundo socio-sanitario nos debería impulsar hacia cierto reencantamiento de la vida cotidiana.

Con cierta ironía, el Pedro médico comentó que en ese acto tenía la impresión de participar en aquella entrega de premios como una “mascota exótica”, metáfora ciertamente adecuada si nos atenemos a la poca pasión que tiene hacia los trajes convencionales. No les pido que apliquen como lectores la misma metáfora al socialismo del Pedro político, pero sí que interpreten sus discursos o prácticas desde otros socialistas históricos como Besteiro, Tierno-Galván o incluso la pareja González-Guerra.

Mientras Sánchez no parece preocupado por la vertebración de la sociedad española, Cavadas reforzó una fundación, unos premios y un equipo de profesionales socio-sanitarios preocupados por la cohesión, la cooperación y la integración de iniciativas para estimular interterritorialmente la investigación biomédica. Pidió evitar  lo que llamó “alergia a mezclar la sanidad con lo privado”, es decir, la exclusión de lo que simplificadamente se llama iniciativa privada pero en realidad deberíamos llamar “iniciativa social” dentro del Sistema Nacional de Salud. Un claro torpedo en la línea de flotación de los discursos políticos que han minusvalorado, despreciado y deslegitimado lo que ahora llaman cooperación “público-privado”.

En algún momento tendremos que evaluar los costos económicos y, sobre todo, las consecuencias éticas y profesionales de la deslegitimación de la excelencia en los Sistemas Nacionales de Salud, Educación o Servicios Sociales. Cavadas también recordó que entre los fines de la medicina está luchar contra el sufrimiento, algo en lo que deberían pensar los políticos para que sus éxitos profesionales no se construyan sobre el sufrimiento ajeno." Podéis ver el artículo completo en: 
https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/cavadas-sanchez-20190922010949-ntvo.html

domingo, 15 de septiembre de 2019

Elogio del alumno


"A medida que se van sucediendo las inauguraciones de curso en los diferentes centros educativos, la figura del alumno parece desvanecerse por completo en los discursos de las autoridades. Es desplazada por lamentos y reivindicaciones relacionadas con la infra-financiación, la falta de autonomía, la ausencia de pactos educativos o el envejecimiento de las plantillas. Es muy difícil que las autoridades educativas centren su discurso en el alumno, no sólo porque las inauguraciones no están pensadas para ellos, sino porque están siendo reducidos a consumidores y usuarios de servicios.

Aunque la gran mayoría cambiará su estatus de usuario a la de egresado, los datos que desvelan los estudios del IVIE son alarmantes: un 33% no finaliza el grado que inició y un 21% abandona sin terminar los estudios. Se trata de una ponderación entre centros porque el abandono es mayor en las universidades a distancia y en las públicas que en las de iniciativa social. También entre áreas de conocimiento porque en ingeniería, arquitectura y ciencias, el abandono es mayor que en ciencias de la salud. El informe señala que los abandonos desaprovechan el 12% del gasto universitario y, por tanto, se pierden cerca de 1000 millones de euros anuales. 

Para evitar esto, el informe señala la necesidad de mayor preparación académica, mayor información y, sobre todo, mayor “vocación”. La expresión que utiliza es “cursar estudios vocacionales” porque la vocación sigue siendo determinante en el proceso formativo. Si en lugar de preparar los dos años de bachillerato para realizar las absurdas pruebas de selectividad se organizara la enseñanza media para despertar, clarificar y deliberar sobre el papel de los diferentes tipos de formación en el desarrollo personal o social, nos ahorraríamos mucho dinero. El sistema hace aguas en estos años de transición por una razón muy sencilla, no se cumple la ley que organizó el bachillerato donde se hablaba de la “formación integral”, la vocación, la profesión y la madurez.

Al reducir su papel a usuario y consumidor de servicios educativos, es normal que las autoridades se refieran a este colectivo en términos financieros, estadísticos o crematísticos. Lo consideran en clave utilitaria y vulgarmente pragmática, como una variable del sistema cuantificable en tablas de “Excel”, simples expedientes, números o variables de la economía circular de espacios que capacitan para un indeterminado empleo. Se olvida que el alumno también quiere aprender, busca aprender, está inquieto por aprender y reclama ser acompañado para aprender. Me lo dijo ayer un ingeniero asesor del ministro, antiguo alumno del instituto Fray Luis de León en Salamanca cuando, después de 32 años, recordó mis clases porque les dije que los buenos maestros no forman para un empleo o una ocupación, solo forman para la aventura de vivir." Podéis ver el artículo completo en:https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/elogio-alumno-20190915004204-ntvo.html


domingo, 8 de septiembre de 2019

Voto con la cartera


"Además de las previsibles elecciones, la nueva temporada de otoño viene marcada por la tendencias de la nueva economía. En ella desempeñan un papel importante nuestros hábitos de consumo, no sólo como agentes que intervienen en el mercado o como actores que se identifican con determinados productos o marcas. Nuestro papel como consumidores es mucho más activo y valioso de lo que nos imaginamos porque nuestro consumo expresa nuestros valores. Ha surgido un horizonte de productos, servicios y prácticas comerciales relacionados con la sostenibilidad, el comercio justo, la proximidad. Incluso la instalación del imaginario mercantil de lo ecológico y orgánico como un salto cualitativo de un consumo responsable a un consumo excelente.

Hay muchas razones que explican este lento cambio de tendencia y una de ellas es la progresiva entrada de nuevas generaciones de consumidores que aplican a la economía lo que sus abuelos aplicaban a la política tradicional: la implicación personal y la participación significativa con determinados valores. Lo llamamos “votar con la cartera”. Si el mundo de la política se nutre por el voto de los ciudadanos, el mundo de la economía social de mercado se nutre por el voto de los consumidores. Cuando sacamos el dinero para pagar unos determinados bienes, productos, servicios o marcas, estamos tomando decisiones personales que condicionan el conjunto de la actividad económica. Desde la pequeña tienda de nuestro barrio hasta la oficina bancaria real o virtual, pasando por restaurantes y supermercados, todos dependen de nuestro voto.

Aunque no nos demos cuenta porque el sistema económico actual se alimenta de nuestro ninguneo, minusvaloración y atomización, nuestro poder como consumidores es significativo. Por anémica que sea nuestra cartera, detrás de ella está nuestra personal decisión. Los técnicos de publicidad saben que el éxito de un producto está en facilitar el “kit-de-la-decisión-personal”, es decir, no sólo un envoltorio neuroemocional adecuado, sino buenas razones para generar confianza en ese bien, producto o servicio.

La nueva economía no se explica con las dos manos del siglo pasado: la mano visible del estado y la mano invisible del mercado. Hay otras dos manos que también amasan hoy la actividad económica. Por un lado, la mano de un tejido empresarial responsable sin el que sería imposible una sociedad abierta y una globalización sostenible. Por otro, la mano de una ciudadanía activa donde la capacidad de juicio del consumidor sea cada vez mayor. Cualquier propuesta de viabilidad y sostenibilidad económica está condenada a trabajar a cuatro manos, es la forma civilizada de pasar de la protesta a la propuesta. A esta dirección apuntan las tendencias de la nueva temporada de otoño: economía de comunión, del bien común, circular, sostenible y, sobre todo, la economía civil." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/voto-cartera-20190908000818-ntvo.html

El transhumanismo y la despersonalización del mundo


https://eldebatedehoy.es/noticia/transhumanismo/

Tres lecciones de bioética del caso Lambert

El caso de Vicente Lambert volvió a saltar a la primera página de los medios de comunicación cuando el pasado 2 de julio, diez días antes de su muerte, el equipo médico que lo atendía en el hospital de Reims (Francia) retiró los tubos que lo mantenían alimentado e hidratado. Falleció el día 11 de julio a las 8.24 de la mañana y a juicio de algunos analistas estamos ante una muerta “impuesta por el estado”. La retirada de la alimentación no se ha producido por un juez de primera instancia sino después de todo un proceso de judicialización y politización, no sólo porque el propio Lambert no había elaborado el documento de voluntades o directrices anticipadas (testamento vital), sino porque las discrepancias entre sus familiares polarizaron la opinión pública. El conflicto se planteó entre la esposa, que tenía la tutela legal y pidió la desconexión completa, y los padres que lo consideraron como un caso de “eutanasia encubierta”.

Vincent Lambert fue un enfermero psiquiátrico que quedó tetrapléjico después de un accidente de tráfico en el año 2008. Durante una década ha permanecido en “estado de mínima conciencia” descrito en algunos manuales como “estado vegetativo persistente”. No necesitaba respiración asistida, recibía hidratación periódica y alimentación nasogástrica. Como otros enfermos crónicos del sistema sanitario, abre los ojos, está despierto y sus respuestas a los estímulos que se le provocan no siempre son todo lo significativas que se esperan.

Ahora que descansa en paz y una vez que ha remitido la polémica, podemos sacar algunas lecciones de bioética cívica que nos orienten ante situaciones análogas. El caso requeriría un estudio más completo y pasará a la historia de la bioética europea porque los padres emprendieron una batalla judicial que ayudará a otros pacientes en estas situaciones. Propongo tres lecciones básicas para mantener despierta la conciencia bioética este verano.

A.- Una primera tiene que ver con el lenguaje que utilizamos para describir las situaciones de enfermos crónicos. Cada vez es más habitual describir su estado como “estado vegetativo” y, si dura más de un mes, lo llamamos “estado vegetativo persistente”. Técnicamente, aunque el cerebro haya perdido casi la totalidad de sus funciones, el hipotálamo y el tronco siguen funcionando. No sufría, no estaba al final de la vida. Aunque mínima y a veces casi imperceptible, la comunicación entre el paciente y los cuidadores se mantiene. Esto exige describir la situación como “estado de mínima conciencia”, un término semánticamente más preciso que el de “estado vegetativo”.

Cuando se nos dice que el paciente crónico se encuentra en estado vegetativo, el imaginario público lo desplaza del mundo personal para situarlo en el mundo natural. Con ello parece disminuir la gravedad moral de la desconexión porque no es lo mismo desconectar los tubos que mantienen personalmente vivo a un ser humano, que desconectar los tubos que mantienen personalmente vivo a ser poco más que vegetal. La semántica del mundo natural vegetal minimiza la gravedad de la decisión, no sólo mitiga la responsabilidad sino que apenas se plantea culpabilidad alguna.

B.- Una segunda tiene que ver con el principio de justicia y la escasez de recursos. Un paciente crónico que lleva más de 10 años recibiendo atención médica compleja puede suponer un gasto desproporcionado y quizá los recursos empleados con él podrían beneficiar a muchos. El sistema sanitario público tiene tales niveles de medicalización y especialización que la percepción social que se tenga de los cuidados sanitarios que recibe puedan resultar inútiles y desproporcionados. Recordemos que la Ministra de Sanidad francesa no ostenta únicamente el cargo de responsable de la “salud” sino de la “solidaridad”. Una Ministra de “Salud y Solidaridad” que ha intervenido directamente para que las autoridades judiciales y la opinión pública legitimen y hagan plausible la retirada de los tratamientos.

Sin embargo, Vincent solo necesitaba una hidratación y alimentación nasogástrica muy poco costosa, por eso los padres pidieron amparo al presidente Macron para que no consintiera que nadie muriera en Francia “de hambre y sed”. Lo que para la opinión pública parecía una atención excesivamente costosa, realmente eran unos recursos técnico-sanitarios mínimos que requerían unos recursos sociales máximos.  Lo más fácil en una sanidad tecno-gerencial y una sociedad individualista o atomizada, es describir los enfermos crónicos como simples “pacientes”, “usuarios”, “contribuyentes” o incluso “vegetales” que ya cuadran en las tablas de excell que optimizan la gestión. Como afirmó su sobrino “la racionalidad se impuso”. ¿Qué razón: la instrumental o la comunicativa?

C.- Una tercera tiene que ver con mediatización simplificadora de situaciones crónicas y críticas que se asocian voluntariamente al final de la vida y no a calidad de los cuidados. Es más fácil presentar el caso como un dilema o un conflicto ante la desconexión que como un problema ante la organización de la sociedad para atender a personas que necesitan cuidados de muy larga duración. Ante la posibilidad de que una madre, una esposa o una cuidadora tenga que dejar su carrera profesional para cuidar a un hijo o esposo como enfermo crónico, el derecho tiende a monetarizar y mercantilizar el cuidado. Un cuidado feminizado, desformalizado, minusvalorado y cada día más complejo que exige un nuevo modelo de sociedad.


Las simplificaciones no son buenas porque en lugar de favorecer una cultura que promueve el cuidado integral, promueven una cultura del descarte, como si un enfermo crónico y en estado de mínima conciencia hubiera perdido la dignidad al perder gran parte de las funciones cerebrales. Es una pena que la aceleración a la que hemos sometido la dilemática razón instrumental no la hayamos aplicado a la problemática razón moral, no sólo para valorar todo el trabajo de los cuidadores sino para que, empezando por los medios de comunicación y siguiendo por el derecho, la economía y administración pública, dejen de considerar su actividad como ineficiente, marginal, invisible. Si volviera Adam Smith, quizá, tendría que afirmar que solo en el cuidado integral está “La verdadera riqueza de las naciones”.
https://eldebatedehoy.es/noticia/el-caso-lambert/