"Al hacerse público el fallo de la sentencia del Tribunal Supremo que condena al fiscal general del Estado por un delito de revelación de secretos, hemos descubierto actitudes más propias de un gobierno despótico que de un gobierno democrático. Algunos periodistas o juristas han llegado a decir que la condena es injusta por no sustentarse en pruebas constatadas debidamente en el proceso, por ser la decisión de una sala dividida que expresa la voluntad de magistrados conservadores. Lo grave es que algunos miembros del gobierno han calificado el fallo como ‘político’ al basare en un intento de interferir en la vida democrática. Como si la actividad de los tribunales no formase parte de la vida democrática, como si la separación de poderes no fuera un principio constitutivo, como si la estructura de un estado de derecho se redujera el poder ejecutivo o legislativo y el judicial no fuera constitutivo del ‘estado de derecho’.
sábado, 29 de noviembre de 2025
Anatomía de un despotismo inadmisible
domingo, 23 de noviembre de 2025
Los sesgos de la desmemoria democrática
"Después de su visita a Roma, el presidente de la Conferencia Episcopal Española inauguró la plenaria de los obispos con un discurso significativo por el contexto histórico que lo envuelve. Apenas si se le ha prestado atención porque los abusos siguen ocupando el primer plano de la agenda y han hecho sombra a otros temas importantes que afectan al modelo de políticas públicas de los últimos años. Algunos han destacado la referencia al ‘giro católico’ que se está produciendo en la epidermis cultural, otros a la trágica normalización de 100.000 abortos en la sociedad española y muy pocos se han fijado en dos referencias básicas. Una, los datos del preocupante informe FOESSA que confirma la acelerada desaparición de la clase media en España y otra, donde recuerda la necesidad de prepararnos para la celebración de los cincuenta años de la Constitución que aprobamos en 1978. Una alusión importante la misma semana en la que se conmemora la muerte de Franco.
Argüello antes de ser sacerdote fue profesor de Derecho en la universidad de Valladolid y las alusiones que realiza a los temas propios del Derecho político no pueden pasar desapercibidas. Menos aún las alusiones que realiza a una filósofa católica como Simone Weil, recuperada por Rosalía y filósofos como Byung Chul Han, quienes probablemente desconocen su frustrado compromiso con el anarquismo libertario que la animó a comprometerse con la Columna Durruti. Pues bien, Argüello recoge una cita significativa para sugerir una ‘purificada’ memoria histórica sin sesgos, que no sea un instrumento de polarización ideológica al servicio de los intereses políticos del presente, que sea ‘cauce para la reconciliación que los años de la Transición lograron, en gran parte’.
La cita del ‘Diario’ de Weil es una llamada a la reconciliación y el perdón: ‘Me tumbo de espaldas, miro las hojas, el cielo azul. Es un día precioso. Si caigo presa, me matarán… Pero lo tengo merecido. Los nuestros han vertido sangre de sobra. Soy moralmente cómplice. Se están produciendo formas de control y casos de inhumanidad absolutamente contrarios al ideal libertario’. ‘¡Y cristiano!’, añade con vehemencia Argüello, para recuperar la senda de la reconciliación desde la verdad, la justicia y el perdón. Tan importante como Weil son las preguntas éticas que lanza: ’¿qué principios y valores prepolíticos asumimos como sociedad?,¿cómo revitalizar la vida democrática y asegurar principios básicos como la separación de poderes, el principio de legalidad, la dignidad de cada ciudadano y el bien común? ¿Cómo abordar juntos los desafíos del mundo global y sus cambios acelerados?’." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/opinion/agustin-domingo-moratalla-sesgos-desmemoria-democratica-20251122233430-nt.html
sábado, 15 de noviembre de 2025
La revolución pendiente de la Inteligencia natural
"A medida que conocemos mejor el funcionamiento de la Inteligencia artificial (IA) en sus complejas versiones, parece que perdemos facultades para comprender el desarrollo aún pendiente de la inteligencia natural (IN). A pesar de ser la responsable del ministerio de Ciencia, Universidades e Investigación, Diana Morant ha dado muestras de un ancestral modo de entender la IN vinculado con la venganza, el resentimiento y un cainita modo de entender la actividad política. Ha admitido públicamente que nunca le cogió el teléfono al Vicepresidente Gan Pampols porque no quería participar en sus ‘estrategias de maquillaje’, como si la ayuda que necesitábamos y seguimos necesitando en Valencia exigiese este tipo inteligencia. Por cierto, la misma que los grupos de oposición en las Cortes valencianas cuando subieron el tono de sus críticas a Mazón, afilaron los dientes y parecían perros de presa pendientes de carnaza fresca.
Frente a esta IN ancestral y cainita que ni siquiera es de corte maquiavélico o hobbesiano, Nicolás y Thomas eran gente con cierta educación cívica, hay otro tipo de IN esperanzadora para la ciudadanía que está emergiendo entre numerosos voluntarios y profesionales dispersos en la sociedad civil. No me refiero solo al impulso natural que movilizó, y sigue movilizando, a miles de voluntarios para la reconstrucción, sino a la determinación cognitiva, intelectual y moral con la que numerosos científicos, investigadores y profesionales que trabajan diariamente para prevenir estas catástrofes y promover estrategias de aprendizaje colaborativo.
En el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) se pueden rastrear algunas iniciativas que apuntan a este modo colaborativo y prospectivo de entender la inteligencia. Además de cuantificar los recursos necesarios para la urgente reconstrucción, vienen desarrollando iniciativas, como la que promueven para evaluar la crisis del Covid-19. En este terreno, al recoger las exigencias preventivas que un grupo de investigadores publicaron el mismo año 2020, primero en la revista ‘Lancet’ (6 de agosto) y luego en otros medios (21 septiembre), son un lugar imprescindible para encontrar propuestas de inteligencia ‘inter’ y transdisciplinar con las que analizar y evaluar catástrofes que nos permitan prevenir los desastres naturales. Y todo ello a pesar del poco respaldo que han tenido de las administraciones públicas cuando piden una cultura de la responsabilidad y rendición de cuentas. Si ciertos responsables sociales y políticos contasen con esta versión, laboriosa y generosa, de la IN, a pocas horas de su despedida, el Vicepresidente Gan Pampols podría no tener razón cuando afirmó en estas páginas ‘si mañana hay otra dana estamos peor preparados que lo que estábamos’. " Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/opinion/agustin-domingo-moratalla-revolucion-pendiente-inteligencia-natural-20251115234913-nt_amp.html
sábado, 8 de noviembre de 2025
Mal natural y mal moral
"Mientras Mazón anunciaba su dimisión, recordé en clase la relación entre mal natural y mal moral. Por previsible que fuera, la riada forma parte de fenómenos naturales que no solo suponen un ‘problema’ para la razón sino que la desbordan y cuestionan. Recordemos que el terremoto de Lisboa de 1755 supuso un antes y un después para el nacimiento de la sismología y el cuestionamiento de la Teodicea de Leibniz, quien nos recordó que vivíamos en el mejor de los mundos posibles. Desde entonces no pensamos el mal natural sin la ética pública. Todo ha cambiado en la gestión de los asuntos públicos porque además de luchar para evitar catástrofes naturales, depositamos en el saber científico y la planificación administrativa nuestra confianza para que las catástrofes naturales nos sorprendan lo menos posible. Un saber científico vinculado a las autoridades públicas, a las que concedemos poderes para que modifiquen cauces de ríos, bordes costeros y diseño de caminos. Saber científico y previsión pública que nos llevaron a confiar en gobiernos que nos engañaron con ‘comités de expertos’ que no existieron.
Mazón aludió a la ‘furia de la naturaleza’ o las dimensiones de lo que calificó como ‘tsunami inimaginable’ y también al ‘mal moral’. Lo hizo para referirse al presidente Sánchez quien ha dado muestras de que la veracidad, la generosidad, la concordia y la ejemplaridad no forman parte de sus prácticas políticas habituales. Lo hizo para referirse a sí mismo y asumir lo que llamó ‘responsabilidades’. Su autocrítica le honra y hubiera estado bien que recuperase el concepto de ‘culpa’. Como el perdón que sí pidió, el término ha desaparecido de la vida pública, como si no tuviéramos que hacer comprensible la fragilidad humana.
Aunque la primera lección del Derecho Civil suele ser la existencia del infierno y la realidad histórica de la mala intención y el dolo, las élites políticas no se remiten a las culpas porque han desmoralizado su quehacer político. No hay que tener miedo a distinguir responsabilidades y ‘culpas’, aunque eso signifique remitirse a la interioridad y reconocer en ellas un yo vulnerable y sanable, con ‘defecto de fábrica’ o ‘pecado original’, como sabemos desde San Agustín y Dostoievski. Lo sabía Jaspers cuando analizó las culpas del pueblo alemán y lo sabía también Arendt cuando denunció la banalidad del mal de Eichmann. Esta desmoralización no sólo se evita reconociendo las culpas, sino promoviendo políticos capacitados y administraciones competentes, para protegernos del mal natural y conseguir que el mal moral no tenga la última palabra de nuestra historia." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/opinion/agustin-domingo-moratalla-mal-natural-mal-moral-20251108001025-nt.html (en la imagen, El ángel caido, de Cabanel, 1847)
domingo, 2 de noviembre de 2025
Réquiem anunciado de la política social
"Los ajetreos de la actualidad política dificultan afrontar la realidad social con luces largas y está llegando el momento de poner el foco en la política social. Si las investigaciones del informe FOESSA 2025 muestran que durante los últimos años no se han reducido las desigualdades sino que han aumentado, el reciente estudio sobre la pobreza infantil que acaba de publicar el servicio de estudios de las Cajas de Ahorro (FUNCAS) señala que el incremento de esta pobreza ‘no es únicamente una anomalía social sino un fallo moral y político’ (p. 102). Ambos estudios nos advierten que los problemas de exclusión y pobreza ya no son coyunturales, están siendo estructurales, lo que exige repensar en profundidad el conjunto de la política social y no sólo las paguitas, rentas o prestaciones de los servicios sociales.