Antes decíamos que era un problema de nuestros
hijos porque ellos han nacido en la era digital y son nativos digitales. Hoy se
ha reducido la brecha digital y cada vez es menor la distancia que separa a los
ciudadanos analógicos de los digitales. Para describir este nivel de
hiperconectividad y ciberdependencia, los expertos anuncian la llegada de una
nueva generación que no podrá vivir sin conexión, seres que en los próximos
años vendrán a la luz en el útero digital. De hecho, algunos niños se acercan a
la pantalla de televisión y pasan el dedo creyendo que funciona con el simple
deslizamiento. Es más, algunos pequeños intentan maximizar y minimizar el mundo
real como si fuera el mundo virtual. Creen que sus dedos son pinzas con las que
agrandan un gorrión o meten en el bolsillo a un elefante. Han nacido en la
Galaxia de Steve Jobs y apenas entienden a los libroadictos de la Galaxia
Gutenberg.
Está emergiendo una sociedad de las pantallas
que despierta fascinación en todas las generaciones, de hecho, es muy difícil
entender la vida cotidiana sin la presencia de las pantallas de los
dispositivos móviles. No cuestionamos lo que aparece en ellas, como si todo lo
que nos muestran fuera real y verdadero. De hecho, quien no está conectado y
quien se resiste a entrar en el mundo digital ya ha sido catalogado como
“idiota digital” (Byung-Chul Han). Si algún padre con hijos preadolescentes se
ha resistido a que su hijo tenga móviles, ya sabe que será estigmatizado como
analfabeto digital. Incluso corre el peligro que desde el departamento de
orientación educativa le llamen al orden por generar en sus hijos un trauma o
problema de integración y adaptación escolar.
La hiperconectividad está generando una nueva
cultura para la que no estamos preparados. Y con facilidad caemos en la
Infoxicación, es decir, en la toxicidad de la hiperconexión a la que nos empuja
la sociedad de las pantallas. El mundo 2.0 está generando una mentalidad de
colmena y transformando la forma de organizar la sensibilidad, es decir, está
cambiando la forma de entender el espacio y el tiempo. Son buenos estos días
para hacer dieta y ayuno digital, incluso promover lúcidas experiencias
familiares de silencio. Un revolucionario viaje hacia uno mismo para ponernos
en forma y distanciarnos del rebaño digital." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 31 de julio de 2016.
