jueves, 27 de octubre de 2011

Del talante al talento

"Hace unos días, el psicólogo Howard Gardner recibió el premió Príncipe de Asturias en la categoría de Ciencias Sociales. El jurado reconoció sus aportaciones al estudio de la inteligencia humana destacando su innovadora teoría de las inteligencias múltiples. A partir de sus investigaciones, quienes nos dedicamos a la educación contamos con ocho dimensiones o capacidades para medir los aprendizajes. Si antes decíamos que el coeficiente intelectual de una persona se obtenía dividiendo por la edad el resultado obtenido en una única prueba, ahora el cálculo no será tan fácil porque hay ocho tipos de inteligencia: la lingüística, la lógico-matemática, la musical, la corporal, la intrapersonal, la interpersonal y la naturalista.

Los buenos educadores no tenían que esperar a que viniera este señor de Harvard para recordarles el limitado conocimiento que nos proporcionan los test de inteligencia. El buen educador no es quien segrega, clasifica o margina a los alumnos según el resultado de los test de inteligencia, sino aquel que utiliza su capacidad de discernimiento y habilidades pedagógicas para descubrir, potenciar y facilitar el desarrollo de las capacidades, potencias intelectuales, cualidades personales o simplemente dotes de cada alumno. Una compleja actividad económicamente desprestigiada y socialmente poco valorada con la que emergen los talentos que dinamizan y vertebran las sociedades; no sólo el profesor consigue dar lo mejor de sí mismo sino que los alumnos desarrollan sus capacidades, descubren sus inteligencias y se preparan para dar lo mejor de sí mismos.

La presencia entre nosotros de Gardner podría servir para que la clase política, sindical y administrativa prestase más atención a los problemas educativos. No me refiero al vergonzoso vídeo de los socialistas sobre la educación, tampoco a los elevados índices de fracaso escolar o los discutibles resultados del informe PISA, me refiero al hecho de no identificar los problemas educativos con problemas de escuela. Gardner insiste que la educación es una tarea de la familia, de los medios de comunicación, del vecindario, de la comunidad y de algo fundamental: los profesores tienen que tener vocación y demostrarlo. Aceptar una responsabilidad, tener un estatus y ser respetados.

Ahora que las políticas del adanismo cultural, de la discordia histórica, del buen rollito educativo y del talante aparentemente llegan a su fin, sería bueno repensar la educación en términos de inteligencias múltiples, capacidades y aulas abiertas. Fracasado el talante probemos con el talento." Podéis ver el artículo completo en: http://www.lasprovincias.es/v/20111028/opinion/talante-talento-20111028.html

jueves, 20 de octubre de 2011

Roig for president

"Esta semana se entregaron los premios Jaime I y los patrocinadores pidieron a Juan Roig el discurso de reconocimiento a los premiados. Un discurso que ha traspasado las fronteras de la Comunidad y del que se han hecho eco medios nacionales e internacionales. El texto recuerda algunas ideas básicas y obvias que habían olvidado nuestros políticos y que, por extensión, los ciudadanos.

Nos recuerda la necesidad de pasar de una cultura del maná a una cultura del esfuerzo y del trabajo. Si algo ha caracterizado la cultura que han fomentado, promovido y estimulado los diferentes responsables políticos y económicos de las últimas décadas ha sido el desprecio sistemático del esfuerzo, el trabajo y el ahorro. Se ha creado un entorno sobreprotegido donde el ciudadano se pertrecha de derechos y mira pasivamente boquiabierto el cielo de las subvenciones para que la administración satisfaga sus deseos. Sin analizar con detalle si los deseos eran caprichos, lujos o verdaderas necesidades básicas, dos generaciones de ciudadanos se han educado en una cultura del maná o pan que caía del cielo.

Roig realiza un guiño innecesario a la cultura de lo políticamente correcto cuando afirma que está a favor del Estado del dienestar y no a favor del Estado del derroche. Le interesa dejar claro que no está en contra del Estado del bienestar, como si el problema no residiera en el bienestar sino en el derroche, es decir, en un mal uso o una perversa aplicación el estado del bienestar. Sin embargo, la cultura del esfuerzo, del trabajo y del sacrificio que reclama forman parte de un modelo de estado diferente.

En 1978, no nos comprometimos con el estado de bienestar sino con el estado social y democrático de derecho. Durante más de dos décadas, partidos y sindicatos mayoritarios han demostrado desconocimiento del estado social haciéndonos creer que el bienestar era una categoría constitucional. Si nuestra sociedad está instalada en los valores del bienestar es porque desconoce los valores de la Constitución y, sobre todo, porque nuestros dirigentes no han promovido una cultura de la responsabilidad, la justicia y el bien común (como bien-ser, no bien-estar). Para colmo, la educación ha despreciado la referencia a estos valores superiores y se ha conformado con los valores vigentes, propios de la cultura del maná. Algunos que oyeron el discurso decían en voz baja Roig for president." Podéis ver el artículo completo en:http://www.lasprovincias.es/v/20111021/opinion/roig-president-20111021.html

viernes, 14 de octubre de 2011

El día del fundador

"Hace unos meses, el periodista Ignacio Elgero publicó un interesante relato donde recogía anécdotas de los colegiales de los años 60, 70 y 80. Aunque el libro tiene mucho de autobiográfico, el autor organiza los capítulos con experiencias de personajes hoy famosos que por entonces iban a la escuela. El libro lleva por título “¡Al encerado!” y en sus páginas recoge relatos de colegiales tan diferentes como Trinidad Jiménez, Pepa Bueno, Juan Echanove o Maria Dolores de Cospedal.

Un capítulo está dedicado al día del fundador y en él nos recuerda la actual presidenta de Castilla la Mancha que se trataba de una gran fiesta que no sólo se celebraba con la correspondiente misa sino con actividades culturales que se realizaban antes y después de la merienda. Recuerda incluso que algún año fueron de excursión a Vic, pueblo donde había nacido el padre Coll, fundador de las dominicas de la Anunciata. Al final del capítulo hay un párrafo sorprendente donde el periodista recuerda amargamente que los alumnos de los institutos públicos o de las llamadas escuelas nacionales no tenían fundador.

Ese párrafo nos lleva a plantear determinadas reflexiones sobre el tipo de educación moral que transmite nuestro sistema educativo. La primera es muy sencilla: ¿si los colegios concertados tienen día del fundador, por qué no lo tienen los colegios públicos? Algunos profesores habrán aprovechado los días próximos a esta fiesta nacional para recordar a sus alumnos que el día de la fiesta nacional sustituye al día del fundador.

La segunda es más compleja, ¿qué se recuerda en la fiesta nacional cuando ese día no hay clase? La respuesta también es fácil, se dice que se recuerda a quienes han dado la vida en misiones de las fuerzas armadas. Un recuerdo que se realiza fuera del sistema educativo, como si estos fundadores de la nación no tuvieran cabida en la jerga competencial y las programaciones educativas.

Una tercera reflexión está relacionada con la función emocional de estas celebraciones porque fortalecen sentimientos de pertenencia, cohesión y solidaridad. Orden sentimiental que se tiene miendo a plantear y que facilita la identificación con los valores superiores de la constitución. Orden narrativo abierto y reflexivo que no puede ser privilegio de ningún nacionalismo tribal y del que no se avergüenza ningún sistema educativo europeo cuando la escuela se plantea que el patriotismo es una virtud." Podéis encontrar el artículo completo en: http://www.lasprovincias.es/v/20111014/opinion/fundador-20111014.html

viernes, 7 de octubre de 2011

El empresario y la escuela

"La semana pasada Juan Rosell, presidente de los empresarios asociados en la CEOE, realizó unas declaraciones sorprendentes. En la presentación del último número de la revista del Instituto de Estudios Económicos dedicado en exclusiva a la figura del empresario, pidió que nuestro sistema educativo implantara una asignatura que, con el nombre de La empresa y el empresario, permitiera modificar lo que él llama la tradición anti-empresarial de los españoles.

Estos días en los que algunos sindicatos tienen revueltas las aulas, sería bueno que esta propuesta no pasara desapercibida en el conjunto de la comunidad educativa. Aunque en los años de Bachillerato ya existen desde hace algunos años materias relacionadas con la economía y la empresa, Rosell no se refería únicamente a una asignatura o ciclo educativo. Se refería a gran parte de nuestra tradición educativa y cultural que ignora la función social del empresario, que sospecha del beneficio empresarial, que ignora dónde está la verdadera riqueza de las naciones y que confunde actividad empresarial con negociete oportunista o pelotazo especulativo.

Aunque es difícil invertir esta tendencia, no se trata de una tarea imposible. Para ello, primero tendrían que pedir a los generadores de productos culturales masivos que crearan una serie televisiva dedicada a Ser empresario en capitalismo revuelto, o incluso una película que reflejara la tarea heroica de crear una empresa. Deberían procurar que los guionistas no la llamaran Empresa roja, o Negocio rojo porque de un tiempo a esta parte en la tele pública todo es rojo.

Después, en lugar de iniciar flirteos con los gobiernos de turno, podrían exigir determinadas condiciones de sentido común sin las que resulta imposible valorar socialmente la arriesgada actividad empresarial. Por muy revolucionarias y contraculturales que sean, hay algunas propuestas básicas que no se aprenden en las escuelas de negocios. Por ejemplo, la necesidad de unas reglas de juego claras, la estabilidad en las legislaciones, la unificación de los mercadillos autonómicos y, sobre todo, la promoción de una cultura del trabajo, del valor de la palabra, del esfuerzo y la corresponsabilidad social.

Los educadores deberíamos recoger el guante y revisar la imagen del empresario que transmitimos a los alumnos. El programa regeneracionista de nuestro país sigue pasando por la escuela. Aquel programa que Joaquín Costa describió como “escuela y despensa” quizá debe ser sustituido por otro donde, además de crédito, pidamos “escuela y empresa”." Podéis ver el artículo completo en: http://www.lasprovincias.es/v/20111007/opinion/empresario-escuela-20111007.html