domingo, 25 de abril de 2021

Despotismo algorítmico


"El pasado miércoles la Comisión Europea presentó su legislación sobre Inteligencia Artificial (IA). Por primera vez disponemos de un marco normativo con el que las administraciones garantizan la seguridad de los ciudadanos y fortalecen las inversiones que se están realizando ante el nuevo universo algorítmico. Aunque las autoridades públicas están siendo muy pesadas con el mantra de la digitalización en la economía, los ciudadanos tenemos que estar bien despiertos porque el universo algorítmico no afecta únicamente a las transformaciones económicas y laborales. Asistimos a una revolución cultural que afectará a las formas de gobernanza social y política. 


Antes aplicábamos el término despotismo ilustrado para describir la forma de ejercer el poder político que tenían algunos monarcas del siglo XVIII: ‘todo para el pueblo, pero sin el pueblo’. En la era digital está dando sus primeros pasos el despotismo algorítmico, esto es, una forma de ejercer el poder en los entornos organizados por la digitalización donde la persona se reduce a sus datos. Se nos quiere hacer creer que habrá un algoritmo portador de verdad que decidirá por nosotros, que resolverá los expedientes, que gestionará las multas, que administrará las historias clínicas, que mostrará nuestra prevalencia para la enfermedad, que regulará las bajas laborales o que indicará si tenemos que respirar, incluso andar más o menos ese día. Por no hablar del ocio digital, la espiritualidad digital y hasta el silencio digital. Recordemos que ya se están aplicando técnicas biométricas de reconocimiento facial para clasificar todos los comportamientos de los ciudadanos. Cualquier día los profesores tendrán que capacitarse robótica, telemática y digitalmente para ‘empoderar’ en mecánicas, previsibles y funcionales virtudes algorítmicas. 

No es baladí que la Comisión haya aprobado esta regulación con normativa sobre maquinaria y robots. Sus señorías son conscientes que algunas aplicaciones de la digitalización como la biometría y las técnicas de reconocimiento facial serán fundamentales para establecer determinadas políticas públicas de virtud algorítmica. La Comisión ha establecido cuatro niveles de riesgo en el desarrollo de este universo. El máximo, o de riesgo inaceptable, lo tendrán aquellos sistemas de IA que sean una amenaza para la seguridad, los medios de vida y los derechos de las personas. Aquí se encuentra la utilización de la IA para incitar a la violencia o para puntuar conductas ciudadanas. Hay alto riesgo cuando se aplica a la salud, servicios públicos o relaciones laborales. Hay un riesgo limitado en los ‘chatbots’, robots o asistentes programados para comunicaciones o servicios personalizados. Hay un riesgo mínimo en aplicaciones de la IA al campo de la imagen o los videojuegos. Esperando regular usos como vigilancia policial predictiva o la vigilancia masiva biométrica, técnicas que nos devuelven a la categoría de súbditos satisfechos, esta norma es un primer paso para sentirnos ciudadanos europeos seguros, protegidos y algorítmicamente felices." Podéis ver el artículo completo en: 
https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/despotismo-algoritmico-20210424003636-ntvo.html

viernes, 23 de abril de 2021

¿Crisis de Valores?

Entrevista con Jordi Alemany, 

promotor de formación en LIDERAZGO ÉTICO

https://go.ivoox.com/rf/68932414



jueves, 22 de abril de 2021

Religiones y Ciudadanía activa

 

Enlace aYoutube para la conferencia:

https://youtu.be/EOnT8g0so5s

domingo, 18 de abril de 2021

Humanos muy monos

"Juan Carlos Izpisúa es un investigador español natural de Hellín, que ahora trabaja en China. Dirige un grupo sobre medicina regenerativa donde ha producido, en su nivel embrionario, un híbrido de “humano” y “mono” (para más señas, el ‘macaco cangrejero’). Estos seres reciben el nombre de “quimeras humano-animales” y por ahora tan solo son ‘blastoides’, esto es, estructuras celulares embrionarias obtenidas en laboratorio (‘in vitro’). Estas quimeras que se destruyen antes de que desarrollen su sistema nervioso (20 días) ofrecen grandes posibilidades para la investigación biomédica en general, y para la medicina regenerativa en particular, porque abren la puerta a la creación de tejidos y órganos que pueden ser utilizados para futuros trasplantes. El interés de los resultados es de tal magnitud que cuestiona las fronteras convencionales entre monos y humanos. Es más, abre una rendija en la puerta biomédica que permite a los humanos desafiar el irreversible envejecimiento y plantearnos la posibilidad de retar a la muerte, renovando los órganos de nuestro cuerpo que se va deteriorando con el paso de los años. 

La información ha sido publicada en la revista ‘Cell’ y ha encendido todas las alarmas en la comunidad bioética mundial. Aunque traigamos a la memoria los debates sobre la clonación de células madre con la famosa ‘oveja Dolly’ (1997) y los problemas éticos que planteó el científico chino He Jiankui, cuando en 2018 anunció la creación de los primeros bebé gemelos modificados mediante la edición genética conocida como CRISPR (2018), el tema plantea numerosos problemas éticos y políticos. El primero está relacionado con la transformación de nuestro imaginario cultural donde la investigación biomédica nos proporciona poderes fáusticos hasta ahora desconocidos. El superhombre de Nietzsche está presente. No nos dice ‘¡Seréis como dioses’!, porque este poder biotecnológico sobre el principio y el fin de la vida nos recuerda que le hemos robado el fuego a los dioses, que estamos a su altura: somos ‘como’ dioses. 

Hay otro problema relacionado con la geopolítica de la investigación biotecnológica porque estos trabajos, aunque se puedan realizar en Europa o EEUU, no están públicamente permitidos. La comunidad de talento biotecnológico es global y la comunidad de principios éticos es local, es decir, estamos lejos conseguir una bioética universal de la responsabilidad global. No sólo está en juego el ‘doble uso’ de esta biotecnología y la posibilidad correctiva de ‘mejorar’ la parte de la especie humana que vive en los países ricos, sino el allanamiento del camino para producir embriones sintéticos viables mediante células cultivadas. Nos estamos poniendo a prueba como una especie juguetona, todavía imprudente y poco precavida, insatisfecha y desagradecida con su naturaleza, que cuando se mira al espejo no está contenta consigo misma. Queremos vernos mejorados y convertirnos, cuanto antes, en humanos muy monos." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/humanos-monos-20210417011211-ntvo.html

domingo, 11 de abril de 2021

El virus de la polarización

    "Durante los últimos meses, además de prestar atención a la situación epidemiológica de nuestros pueblos, podemos tomar la temperatura democrática de nuestras instituciones. El uso de medidas excepcionales para frenar la expansión del virus no sólo ha generado mayor discrecionalidad y opacidad en la gestión pública, sino que también ha contribuido a la simplificación del lenguaje y la cultura política. Los partidos han recurrido a clásicos como Carl Schmidt y René Girard. Al primero para recuperar la vieja contraposición ‘amigo/enemigo’ y al segundo para recuperar la gregaria utilidad del ‘chivo expiatorio’. Si a ello añadimos el triunfo de la retórica populista que enfrentaba al pueblo con las élites, a las gentes con el capital, a los viejos partidos con los nuevos, y a los demonios de la democracia liberal contra los ángeles de la democracia real, nos encontramos un cargado clima de polarización. 

    En lugar de despreciarla como actitud que aminora la calidad de nuestras frágiles democracias, es conveniente conocer su estructura y comportamiento en el laboratorio de la reflexión ciudadana. Igual que en los laboratorios buscamos vacunas contra los virus, en la filosofía política buscamos vacunas contra la polarización como simplificación de los lenguajes, las actitudes, las prácticas y las valoraciones del imaginario político. Así lo ha hecho Pierre Rosanvallon en el ensayo ‘El siglo del populismo’, editado recientemente por Galaxia Gutenberg, donde plantea el impacto de los populismos como agentes de la polarización. En lugar de analizar el populismo como un fenómeno pasajero explicable por agotamiento de liberalismo y socialdemocracia, lo considera una oportunidad para repensar la democracia. En lugar de plantear como marginales las propuestas de Trump, Maduro, Correa, Orban, Putin, Iglesias o Monedero, el ensayo las describe como una oportunidad para poner en forma nuestras democracias. 

     Con estos populismos posmodernos aparece un nuevo modelo de democracia que describe como ‘democracia polarizada’. Modelo que degenera en ‘democradura’, esto es, un sistema híbrido que resulta de la unión de ‘democracia’ + ‘dictadura’. Se embrutecen y patrimonializan las instituciones, se suprimen las autoridades independientes, se cierran los órganos de control y no se promueve una política de ciudadanos serios sino de seguidores (‘followers’). La deliberación es sustituida por la adhesión y la argumentación por la unanimidad. Todos los poderes pasan a depender del ejecutivo y se promueve un capitalismo clientelar. Se produce una corrupción cognitiva del debate social y desaparece una descripción compartida de los hechos. Se busca la irreversibilidad del cambio para reciclar el viejo orden revolucionario. Mientras tanto, aunque buscamos vacunas en los laboratorios de Rawls y Habermas, hay una marca que inmuniza con libertad de prensa y una sola dosis: Montesquieu." Podéis ver el artículo completo en:https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/virus-polarizacion-20210410010910-ntvo.html

domingo, 4 de abril de 2021

Leer en la era digital

"Al comenzar esta semana de santa vacunación descubrí que, en casi todas las redes sociales, mis conocidos anunciaban los libros que se llevarían para sus vacaciones. Presentaban la portada física del libro y comentaban las expectativas que tenían con su lectura. Con ello hacían público en la ‘Galaxia digital’ que seguían gustosos en la ‘Galaxia Gutenberg’ y se disponían a utilizar su tiempo libre en la arriesgada aventura de leer. Además, hacían público que la lectura desempeña un papel importante en su mundo y están dispuestos a ensanchar la forma tradicional de entender la conversación. Aunque no nos pudiéramos encontrar en la geosfera, dejaban sus preferencias en la infosfera porque la era digital sigue ensanchando el solidario paraíso de los lectores. 


     Igual que Jan Patocka o Vaclav Havel hablaban de la solidaridad de los conmovidos o los desposeídos, cuando describían la fuente del deseo que les movilizaba en su lucha por la libertad, de la misma forma describimos la actividad de leer como una arriesgada virtud que se acrecienta en la era digital. Aunque no hayan crecido mucho los índices de lectura, las encuestas oficiales señalaron el pasado año cierto incremento durante los meses del confinamiento. No sólo hicimos deporte físico en la limitada geosfera de nuestros hogares, sino que hicimos deporte imaginario leyendo en todos los formatos. Entre los lectores frecuentes se incrementó notablemente el número de libros leídos, llegando a 48 cuando los años anteriores apenas llegaban a 40. Y más aún en el caso de las mujeres que llegaron a 66. 

     Como actividad arriesgada para estos tiempos, la lectura requiere cierta capacidad para el silencio, el recogimiento y la admiración. Las letras de todas las músicas, los guiones de todas las películas o series y las escaletas de todos los programas de entretenimiento son el resultado de atentas y productivas lecturas. Aunque tenga mucho de actividad ascética porque necesita cierta disciplina de la voluntad, también tiene grandes dosis de gozosa y celebrativa acción porque promueve el descentramiento del lector. Le invita a que salga de sí y de su mundo, a que se encuentre con otros y otros mundos distintos al suyo. Por paradójico que resulte, el ensimismamiento en la lectura es un ejercicio de reconocimiento y desposesión. Cuando pedimos a nuestros hijos que lean, o les pedimos a nuestros alumnos que acudan a los libros, no lo hacemos para que se replieguen sobre sí, sino para que salgan de sí. Se equivocan quienes no centran la educación en la lectura, como si hubiera otras competencias más básicas que esta. Tanto la escritura como el cálculo dependen de ella y por eso también el humanismo digital dependerá de ella. Ayuda a descubrir mundos porque conforma la sensibilidad. Ayuda a tejer secretos vínculos emocionales para sobrevivir resistiendo. Incluso nutre una compasiva imaginación poética porque la muerte del héroe nunca tiene la última palabra de una buena historia. Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/leer-digital-20210403001209-ntvo.html