A coste cero organizamos una jornada para analizar los
conflictos éticos que plantea la salud mental. Nunca pensamos en un acto
político para que los representantes de la administración pudieran hacerse la
foto, lo montamos para que los profesionales de atención primaria, especializada
o domiciliaria intercambiaran experiencias y actualizaran cuestiones tan
importantes como la evaluación de la competencia, el respeto a los derechos del
paciente, la coordinación entre especialidades, el incremento de la
judicialización de casos, el complejo papel de la familia o algo tan dramático
como la estigmatización del enfermo.
En el recuerdo no sólo estaba presente la aportación
del Padre Jofré y su protagonismo en la historia de la atención a personas con
transtornos mentales, también estaba presente la imagen del gigantesco centro
de Bétera como metáfora de una atención medicalizada que ponía todas las
expectativas de curación mental en centros de internamiento. Poco duró este
modelo porque se basaba en una psiquiatría paternalista que entró en crisis con
la llegada del movimiento socio-sanitario de la anti-psiquiatría. Se producía
así un cambio de enfoque donde la responsabilidad del psiquiatra y el centro de
internamiento son sustituidas por equipos donde aparecen figuras nuevas como
psicólogos, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales y, sobre todo,
profesionales de la enfermería o los cuidados con nuevos perfiles de
especialización.
La jornada tuvo tres momentos: en el primero se
precisaron los aspectos legales y deontológicos, en el segundo analizamos la
formas de entender el paternalismo en esta atención especializada. En el
tercero se abordó la estigmaticación de unos pacientes con enfermedades
mentales frecuentes como la hiperactividad o los déficit de atención, pacientes
con problemas de integración social porque la medicalización y el tratamiento
psico-farmacológico está asociado con su diferenciación social.




