domingo, 26 de noviembre de 2017

Rita y la ciudad educadora


"El pasado jueves, mientras leía las crónicas que los medios de comunicación dedicaban al vacío que Rita Barberá dejó en Valencia, me topé con varias marquesinas anunciando que el próximo 30 de noviembre celebramos el día de la ciudad educadora. Al recordar los 24 años de alcaldesa, ninguna crónica mencionaba que algunas de las características que hacen de Valencia una ciudad educadora proceden del liderazgo de Rita.


Si se fijan en el cartel que anuncia el evento, observarán que las actuales autoridades han elegido una ciudad ficticia y fantasma, elaborada con figuras geométricas y donde el nombre de las calles ha sido sustituido por los grandes conceptos de la política contemporánea. Solidaridad, civismo, cooperación, conocimiento, diversidad, justicia, emancipación. Incluso se han atrevido a poner el término “ciudadanía activa”, como si la participación responsable, el compromiso vecinal y el fortalecimiento de los vínculos generacionales fuera patrimonio del nuevo equipo. En ningún cartel aparece la palabra “generosidad”, “agradecimiento” y “servicio”, como si las ciudades educadoras tuvieran que presumir de amnesia y olvido.

No hace falta tirar de mucha hemeroteca para comprobar que todos estos valores de los que presume el cartel no eran propios de quienes ahora gobiernan. Hay documentos gráficos abundantes que demuestran cómo la oposición que se le hizo a Rita y el resentido comportamiento agitador que los nuevos gobernantes tenía poco de “educador”, es decir, era incívico, injusto e insolidario. Esto significa que las palabras del cartel son huecas en los labios de estos líderes con poder administrativo pero con muy poca autoridad y credibilidad moral.

Si dan un paso más en la campaña, comprobarán la instrumentalización de los niños, los barrios y los recursos públicos. Antes del actual equipo, ¿los colegios no visitaban el ayuntamiento, no disfrutaban con la EMT, los bomberos, la policía local, el museo fallero o los centros de juventud? Al ver el vídeo uno tiene la impresión de que la democracia participativa, el fomento del asociacionismo y la cooperación al desarrollo son invento de ilustrado Ribó y su equipo. No les duelen prendas para afirmar a los 13 segundos de iniciarse el vídeo que “por primera vez las concejalías han sumado esfuerzos para que las asociaciones, comunidad educativa e instituciones organicen estas actividades”. Hay que decirlo claramente, ¡eso es mentira! Y el líder que miente es educativamente incompetente.

Aunque no le guste reconocerlo al actual equipo, la modernización de la ciudad de Valencia se consolidó con el liderazgo de Riba Barbera y el equipo de cientos de personas a las que ella ilusionó para servir a toda la ciudad. Algo de lo que no podrán presumir quienes olvidan la más elemental de las máximas educativas: “de bien nacidos es ser agradecidos”. Podéis ver el artículo completo en http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/rita-ciudad-educadora-20171126003317-ntvo.html 

domingo, 19 de noviembre de 2017

Volver a las calles



"Aunque la manifestación que ayer recorrió las calles de Valencia estaba convocada por los partidos del Botánico, los sindicatos de izquierda y algunos representantes de la sociedad civil, se unieron a ella los líderes de Ciudadanos. Su finalidad era mostrar el descontento de los valencianos frente al actual modelo de financiación autonómica. Aunque Rajoy se comprometió a cambiar el modelo aún no lo ha hecho y no tenemos claro cómo quedarán las cuentas en los presupuestos del 2018.


Es difícil valorar los resultados de la manifestación, pero es fácil percibir el juego político. Desde luego, el cambio de situación no será el resultado de esta presión política porque las mejoras en la justicia distributiva de las democracias avanzadas no se han conseguido en las calles sino en la negociación institucional. La aplicación del injusto modelo que puso en marcha el PSOE de Zapatero tiene que ser corregida con un modelo nuevo que será fruto de la negociación entre políticos y expertos de todos los partidos, incluso del PP.

Algunas fuerzas políticas como Ciudadanos y algunas organizaciones de la sociedad civil han caído en la trampa populista. Es un juego con el que Podemos, Compromis y el PSPV intentan arrinconar al PP. Las negociaciones en las Cortes y muchos ayuntamientos no tienen como finalidad buscar el bien común, trabajar por la justicia o promover iniciativas de consenso. El populismo no es una política que debemos asignar determinados partidos como Podemos, Compromis o la CUP, sino una filosofía política de la que se puede apropiar cualquiera. Recordemos que uno de los lemas del republicanismo pancatalanista populista es muy sencillo: “las calles siempre serán nuestras”.

En la recta final de la legislatura, la consigna populista manda volver a las calles. Mientras se negoció el Pacto del Botánico o el reparto de concejalías en el Ayuntamiento, la consigna era despolitizar nuestros discursos, disolver pasiones y difuminar nuestras fronteras ideológicas para administrar el poder conseguido. Ahora que peligra la hegemonía institucional se debe volver a la hegemonía callejera. Estamos ante la estrategia del manual populista que manda unificar las demandas en nuevos significantes vacíos. Lo que para Hardt o Negri eran las multitudes, para Laclau y los populistas es la categoría flotante de “pueblo”.

En su instrumentalización de la democracia liberal, el populismo necesita volver emocionalmente a las calles para que los ciudadanos perciban que zoológica y gregariamente siguen vivos. Mientras que en la mejor tradición humanista la calle tenía un significado vecinal y cívico, en la reaccionaria tradición populista y posliberal la calle es el mejor ejemplo del significante vacío. En la calle, el líder populista se siente pastor de nuevos rebaños. Falta saber si los ciudadanos se sienten corderos o borregos." Podéis ver el artículo completo en http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/volver-calles-20171119030329-ntvo.html

domingo, 12 de noviembre de 2017

Ética de la Ciudad


"Esta semana hemos tenido en Valencia un Congreso Internacional sobre Ética y Democracia donde Mauricio Correa, un profesor de la Universidad Católica de Chile, recordó la necesidad de aprovechar el desarrollo de las éticas aplicadas para construir una “Ética de la ciudad”. Unas horas más tarde pudimos conocer con detalle la historia de los Objetivos para el Desarrollo sostenible propuestos por Naciones Unidas y aplicarlos a la vida cotidiana de nuestros barrios.

Es una pena que nuestras autoridades municipales estuvieran ocupadas y no asistieran a estos acontecimientos, hubieran llegado a conclusiones interesantes para nuestros vecinos. Una primera idea que apareció fue la crisis de los procesos de democratización mundial. Hasta hace poco se pensaba que la historia caminaba imparable hacia mayores niveles de democracia, a ritmos diferentes según zonas geográficas y países, pero siempre en la misma dirección. Sin embargo, durante los últimos años hemos comprobado que los procesos de democratización se han parado. Los triunfos del nacionalismo y populismo son fracasos en los procesos de democratización y calidad democrática.

Una segunda idea apareció cuando el profesor Correa informó que una de las propuestas de “Ética de la ciudad” procede de quienes hablan de la ética como “adjetivo” y diseñan ciudades “éticas”. A diferencia de otras propuestas que sitúan la ética en las oportunidades que ofrecen los procesos de urbanización, en la disminución de las diferencias y desigualdades de los habitantes, o en el diseño normativo de “ciudades justas”, quienes reducen la ética a simple “adjetivo” se limitan a políticas urbanas cosméticas, epidérmicas y cortoplacistas.

En este contexto apareció otra idea relacionada con la instrumentalización de una sostenibilidad que se ha convertido en dogma sin saber muy bien qué significa. Se ha generado un nuevo fundamentalismo en los responsables de gestión urbanística que identifican la “sostenibilidad” con la retórica de la participación, el imperialismo de la bicicleta, la peatonalización indiscriminada, la instalación de contenedores policromados y la utilización de consumibles reciclados en oficinas municipales. Como comentábamos con el ponente, son políticas que no tienen en cuenta el bien común, el grado de satisfacción de los afectados en primera persona, las oportunidades de generación de vínculos de confianza y la calidad de vida de todos. ¿Cuál es el resultado de las decisiones “participativas”?¿Quién ha rendido cuentas?

Aplíquelo el lector al catecismo del municipalismo participacionista restringido y rastree en los plenos municipales la relación de contratos menores, empresas de consultoría y “expertos” académicos en sostenibilidad. Tendrá pistas de cómo se han invertido sus impuestos, y aprenderá a distinguir entre servidores públicos y sofistas." Podéis ver el artículo completo enhttp://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/etica-ciudad-20171112093307-nt.html

domingo, 5 de noviembre de 2017

La casta del Botánico


"El famoso “Pacto del Botánico” que hizo posible la formación del gobierno de la Generalitat debería cambiar de nombre y llamarse “La casta del Botánico”. También podríamos describirlo como “nomenclatura”, “oligarquía” o “nueva élite” que se ha desentendido del pueblo, de los intereses reales de los ciudadanos, de la sociedad civil en su conjunto y del fututo de la comunidad a la que dicen gobernar.

A medida que disponemos de información pública y conocemos ciertos abusos de poder, comprobamos en algunos representantes que no les interesa el buen uso de los recursos públicos, sino cierta apropiación elitista del dinero de los contribuyentes. Si repasamos la historia de las numerosas comisiones de investigación que se han creado y promovido por esa nueva élite de pequeño-burgueses que controlan las mayorías de las Cortes, comprobaremos que los resultados son escasos y que han aportado muy poco a la calidad de la democracia. Aunque todo ello les ha permitido incrementar sustancialmente sus nóminas. Organizadas en clave de odio, resentimiento y vendetta, esta semana hemos comprobado que la finalidad de las comisiones es el incremento sustancioso de las dietas de los diputados autonómicos y sus equipos. Cuando se sabe que los convocados no van a venir y se mantienen los horarios para una sesión de trabajo de tres minutos de jornada laboral, hay buenas razones para pensar que no se está trabajando por la justicia social, el bien común o la calidad de la democracia.

En muy poco tiempo, el gobierno del Botánico ha hecho un máster acelerado en lo que hace unos años llamábamos “élites extractivas”. Recordemos el famoso ensayo de D. Acemoglu y J. A. Robinson donde se explica que el fracaso de los países está relacionado con la existencia de estas élites depredadoras. Se refieren expresamente a la forma en la que las élites políticas gestionan las instituciones y se relacionan con la riqueza. Estas élites institucionales no crean riqueza, se apartan de cualquier horizonte de bien común y dedican todos sus esfuerzos para construir su propio bienestar, el de sus oligarquías de partido y el de sus más próximos o afines. En lugar de crear riqueza y prosperidad, viven de la riqueza que generan otros y, lo que es más grave, casi nunca se responsabilizan de lo que hacen.

Repasen las crónicas de las Cortes es esta legislatura y comprobarán que los firmantes del Pacto del Botánico son especialistas en fabricar chivos expiatorios para evitar la responsabilidad en su gestión. Y si se van al Ayuntamiento de Valencia y repasan las actas de plenos y comisiones en esta legislatura, comprobarán que el equipo de gobierno no se conforma con un único chivo expiatorio sino que dispone de todo un rebaño caprino al que atribuir sus incompetencias. Otro ejemplo de élite extractiva y casta con escaso sentido de la responsabilidad." Podéis ver el artículo completo en: 
http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/casta-botanico-20171105001149-ntvo.html