Envidia el liderazgo de Ayuso porque Puig ha visto la oportunidad de convertirse en ‘el Cid de las periferias’, los nacionalismos, los populismos y los señoritos de las izquierdas pequeñoburguesas, federalizantes y bienpensantes. Sus socios del Botánico le han reconocido este éxito cuando le han dicho que se ha “podemizado”. Desde Baleares y Cataluña les ha faltado tiempo para solidarizarse y reconocer que podría liderar olímpicamente un nuevo tiempo político con las élites de la burguesía independentista, caracterizado por “más puentes y menos muros”. Entre los asesores que le han redactado el discurso existe la convicción de que el liderazgo de Ayuso en Madrid actuará como ‘chivo expiatorio’. En lugar de reconstruir experiencias de solidaridad valenciana positiva, Ayuso funciona en los manuales como víctima movilizadora que aglutina como nadie a otros también celosos, envidiosos y resentidos.
Envidia de unas prácticas políticas asociadas con la iniciativa, la responsabilidad, la bajada de impuestos, la libertad de educación, el emprendimiento y la innovación social. Ximo Puig no ha pedido en Madrid la receta para este tipo de políticas, por el contrario, ha pedido más impuestos con los que “corregir las brechas de productividad”, liderar una ofensiva para “desmontar los beneficios que implica la capitalidad”, “exigir un nuevo impuesto que permita redistribuir la riqueza entre las regiones que no se benefician del ‘efecto capitalidad’”, “repartir el plus de riqueza”. Mientras Puig pone el motor de la política en los impuestos, Ayuso lo pone en la libertad. En lugar de hacer autocrítica y mostrar arrepentimiento, para encontrar fórmulas comunes y atractivas de cooperación empresarial, sanitaria, administrativa, cultural o educativa, ha vinculado su imagen a la castrante coerción burocrática y fiscal de las administraciones. En algún momento, los asesores que le han preparado el discurso deberían recordarle que el efecto capitalidad se puede aplicar también a Valencia. O decirle que la forma más sana de servir a los ciudadanos no es despertarles para el vicio sino invitarles olímpicamente a la virtud."
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