domingo, 26 de enero de 2020

Recuerdo, luego existo

"El mismo día y con apenas unas horas de diferencia, Felipe VI y María san Gil recordaban dos hechos que vertebran nuestra “real” memoria histórica. A diferencia de quienes la utilizan para promover el resentimiento, el odio cívico y la instrumentalización fratricida de la vida cotidiana, estos personajes nos sitúan en la senda de una concordia que podría construirse desde una relación justa con la historia. En Jerusalén, Felipe VI tomó la palabra en el V Foro Mundial sobre el Holocausto para conmemorar el 75º aniversario del cierre de Auschwitz. En San Sebastián, María San Gil y Ana Iribar, la esposa de Gregorio Ordoñez, inauguraban la exposición sobre la figura del candidato del PP a la alcaldía asesinado por ETA hace 25 años… ¡y todo parece que fue ayer!

Felipe VI mostró su compromiso con la memoria y las causas justas como una obligación moral de la ciudadanía. Además de recordar, estamos obligados a estar despiertos y vigilar. No podemos olvidar a los millones de vidas inocentes desaparecidas abruptamente por el odio ciego, perverso e ignorante. Un odio que surge de una falsa superioridad de quienes se creen con derecho a discriminar cívicamente a otros, callan ante la intolerancia, promueven el extremismo político u odio racial. Sería un peligro olvidar la Shoa porque deshonraríamos la memoria y cederíamos ante una barbarie que puede crecer cuando menos se la espera “inclusive en medio de la tecnología avanzada y de la cultura”. 

Al recordar (traer al corazón, re-cordis) expresamos públicamente respeto y mostramos nuestro compromiso para luchar contra la intolerancia ignorante y el odio, que hoy puede extenderse digitalmente a velocidades asombrosas y la falta de empatía humana. El Rey afirmó que prevenir esa enfermedad es una obligación también individual: “no puede haber lugar para la indiferencia ante la presencia del racismo, la xenofobia, el discurso del odio y el antisemitismo”. Esta reivindicación del compromiso y de la no indiferencia ante la barbarie está cuando recordamos al candidato Gregorio Ordoñez.


Es una vergüenza cultural que en los libros de texto no haya unas líneas para este candidato y muchos otros ciudadanos que simplemente defendían el respeto a la ley y la democracia. Eran ciudadanos que fueron asesinados de manera cobarde y miserable cuando almorzaban con sus compañeros, salían de clase como el profesor Broseta o trabajaban. Por la única razón de que sus asesinos querían socializar el sufrimiento, promover el miedo y rentabilizar la indiferencia. Aunque ETA no mate, ha dejado el terreno político minado y contaminado. No sólo con EH Bildu, sino con todos aquellos que intentan blanquear el terrorismo, justificar lo injustificable y promover un indoloro relato bienpensante, indecente y amnésico. No nos resignamos ante este relato injusto. Por eso recordamos, para existir." https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/recuerdo-existo-20200126002247-ntvo.html

domingo, 19 de enero de 2020

La batalla cultural


"Esta temporada de rebajas tiene un atractivo especial porque está coincidiendo con los nombramientos en los diferentes equipos ministeriales. Si ya estábamos sorprendidos por la explícita estrategia marrullera en la formación de gobierno, a medida que vamos conociendo los segundos y terceros escalones descubrimos perfiles poco ejemplares en la consolidación de los valores constitucionales. Algunos podrían ponerse como anti-ejemplo de lo que nunca debe la virtud cívica. Y no me refiero únicamente al perfil “asalta-capillas” de quienes tienen que dirigir los Institutos de la Mujer o la Juventud, sino a los discursos públicos de estos personajes paleoestalinistas que se caracterizan por el populista desprecio a la concordia, la transición y la constitución.

No son discursos y prácticas nuevos en la política española porque en algunas comunidades autónomas ya conocemos esos perfiles de sembradores de resentimiento cívico que en lugar de mirar hacia el futuro se instalan en una lectura sectaria, simplificada y falsificada de la historia. Ahora, lo que parecía anecdótico se ha convertido en categoría, lo que parecía una excepción en los cuadros de la administración pública puede llegar a convertirse en norma ministerial. ¿De dónde han salido estas prácticas de odio y resentimiento? ¿Qué hemos hecho mal para que al amparo de las leyes de memoria histórica se instale una cultura de la falsificación, la mentira y la posverdad?

Para unos se trata de una batalla política porque estos personajes no son representantes mayoritarios de la vida profesional y administrativa de nuestro país. El parlamento está dividido y el gobierno que se está construyendo no representa bien el sentir mayoritario de la ciudadanía. Para otros se trata de una batalla perdida porque es un problema global y de civilización, los valores de la Ilustración se han disuelto como un azucarillo con el funcionalismo, el utilitarismo y la sociedad de consumo digital en tecnicolor.

Pero la batalla no es sólo electoral y económica sino cultural. El revisionismo aplicado a la Ley de Memoria Histórica, el desprecio de la Transición y el retorno nostálgico a la legitimidad de los republicanismos cantonales no sólo muestra un falseamiento de nuestra historia más reciente, sino una inexistente voluntad de verdad. No se trata sólo de un problema de patriotismo, como si el problema fuera únicamente la forma de plantear la unidad de España, sino de constitucionalismo, confianza de los valores constitucionales y civilidad en el más puro sentido de la palabra. Es un error estratégico pensar que con un cambio político o económico se evita la falsificación del relato histórico y se promueve, por sí sola, una cultura de la concordia. En términos de Gramsci, es un reto para la sociedad civil porque no es un problema de hegemonía política sino de hegemonía cultural." Podéis ver el artículo completo en https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/batalla-cultural-20200119000507-ntvo.html

domingo, 12 de enero de 2020

El gobierno del comino


"En la sesión de investidura del presidente Sánchez, la diputada de ERC Montserrat Bassa afirmó: “me importa un comino la gobernabilidad de España”. Se trata de una expresión vulgar para minusvalorar un hecho, quitarle valor a un acontecimiento o expresar desprecio. Su uso no sólo muestra las habilidades culinarias de nuestros diputados sino la escala de valores que representan y ejemplifican. Una escala de valores que tiene una indudable dimensión pedagógica porque en el parlamento no sólo se transmiten conocimientos, sino actitudes que pueden, o bien promover e incentivar la virtud cívica, o consentir el vicio, el odio vecinal y el resentimiento moral.

En lugar del perejil, tan usado por Carlos Arguiñano para presentar su cocina con fundamento, la diputada Bassa ha elegido el comino, que no sólo expresa la insignificancia en el tamaño, sino el desprecio y la carencia de valor. Al afirmar que menosprecia en sede parlamentaria la gobernabilidad muestra su desinterés por la cohesión o unidad en las actuaciones y, a su vez, su desinterés por el valor de los vínculos morales que unen a los españoles como “pueblo”. No estamos unidos como masa, como público o como grupo, estamos unidos como “pueblo”. Un concepto que siempre ha sido instrumentalizado, vulgarizado y desvalorizado por los populismos contemporáneos, desde los panfletos más vulgares de Carlos Marx hasta los pasquines emotivistas de Ernesto Laclau o Chantal Moufe. Han hecho de él un significante vacío para conseguir primero la hegemonía entre la progresía cultural y más tarde la hegemonía legislativa, institucional y política.

Además de despreciar la unidad de los españoles como pueblo, también está despreciando todos aquellos elementos que pueden actuar como vínculo, eslabón o pegamento con el que ser fuertes ante la adversidad. En lugar de aprovechar el parlamento para mostrar la particular forma que tiene su grupo para entender la unidad del pueblo español como nación, ha dejado claro su desinterés por nuestra moral como equipo. Aunque ya sabíamos que de ese grupo político no podíamos esperar muchos ánimos para hacer frente a las adversidades como pueblo español, ahora tenemos claro que estos diputados desprecian los valores que les permiten ejercer como tales. Su legitimidad como diputada y como grupo no es más fuerte cuando el gobierno es más débil, cuando el pueblo español está más dividido y cuando se desprecian los valores constitucionales.

Cuando se establece el comino como patrón de medida en la acción de gobierno, no será  raro encontrarnos con iniciativas que incrementan los gastos, tripliquen las áreas administrativas y multipliquen cargos, asesores y prebendas. En lugar de promover gobiernos para generar valor y estimular lo valioso de la ciudadanía, esta casta es un contraejemplo de sobriedad, virtud cívica y buen gusto." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/gobierno-comino-20200112235210-ntvo.html


domingo, 5 de enero de 2020

El último hombre libre


"En la carrera que mantienen iPhone y Samsung, ahora nos ofrecen múltiples variantes de su décima versión. Ambas empresas compiten para incrementar sus posibilidades de hacernos felices y proporcionarnos un bienestar relacionado con la duración de la batería, la seguridad, el almacenamiento, los datos, la fotografía, la flexibilidad, la movilidad y hasta la impermeabilidad de un dispositivo que comenzó siendo un teléfono y terminará siendo una tecnoprótesis de nuestro cuerpo. Cada versión que aparece en el mercado está más pensada para integrarse en un horizonte digital que también compite por llegar a la décima y que, de momento, está dejando la era 4G para llegar a la 5G.

Además de modificar el cuerpo y las posibilidades comunicativas de las nuevas generaciones, esta aceleración tecnológica también está modificando la forma de plantear lo que los psicólogos llaman “desarrollo de la personalidad” y antes llamábamos “teoría del ciclo vital” o relación entre las generaciones. En los estudios intergeneracionales, cada vez cuentan menos los acontecimientos externos a la tecnología y cuenta más el manejo o integración de los móviles, celulares o “telefoninos” en los procesos de socialización. En algunas clasificaciones, la generación del “baby boom” (1949-1968) fue sustituida por la X (1969-1980), esta por los millennials (1981-1994) y estos últimos fueron sustituidos por “los Z” (1994-2010). Y antes de todos ellos hubo una generación que llaman “silenciosa”, marcada por las guerras.

Con esta aceleración tecnológica también se modifican las interpretaciones culturales y resulta más difícil explicar a los niños qué es un libro para los ilustrados o quiénes eran los escribas en las culturas mediterráneas. La Galaxia “Steve Jobs” ha sustituido a la  “Gutenberg” de la misma forma que ésta última desplazó a la de “Homero”. Tres galaxias para interpretar un tiempo y una historia que tienen que ser repensadas tecnológicamente si queremos transmitir algo con fundamento y sentido a las futuras generaciones.

Aunque se incrementa el número de espacios y zonas públicas donde hay conexión gratuita, y con ello es menor la brecha digital y mayor el número de ciudadanos tiene acceso a la información, también aumenta el número de zonas tecnoliberadas. Estos espacios para la desconexión y el silencio se están convirtiendo en bienes escasos porque el tsunami digital coloniza y parasita todas las células del mundo de la vida. Se anuncian tiempos nuevos con vagones de silencio y cultura lenta (“slow”). Ante esta borrachera emergente de ciudadanía digital, cada vez hay más personas que deciden ser simples ciudadanos. Voluntariamente viven sin herramientas digitales, aunque sean marginados como insumisos, objetores, desobedientes o idiotas digitales. Quizá son la figura nietzscheana del último hombre libre." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/ultimo-hombre-libre-20200105002348-ntvo.html


viernes, 3 de enero de 2020

Sobriedad ecológica


"El próximo día 1 se celebra en todo el mundo la Jornada Mundial de la Paz. La instituyó Pablo VI para realzar el primer día del año civil con el deseo de que cada año nuevo que llega la celebración se repita como presagio y promesa. Quería que cuando renováramos el calendario civil que mide y describe el camino de la vida en el tiempo cronológico,  renováramos también el relato histórico del desarrollo. Un desarrollo que ahora describimos como “sostenible” y que Naciones Unidas ha reconstruido como “Agenda 2030”. Aquél simple “desarrollo” de entonces se concreta ahora en un documento que plantea 17 ambiciosos objetivos. Desde poner fin a la pobreza hasta facilitar el acceso a la justicia, la sostenibilidad se ha convertido en la cualidad más apreciada del desarrollo.

Con el incremento de la temperatura del planeta y la focalización de los problemas de sostenibilidad en el cambio climático, el horizonte de paz universal y justicia cosmopolita parece que solo puede atisbarse con los mimbres de una “Ética ecológica global”. Las variables ecológicas ya forman parte de cualquier estrategia en el desarrollo sostenible de todos los pueblos como gran familia humana. Los largos períodos de sequía, la desertificación o el incremento de la temperatura del agua en los océanos son algunas variables que afectan directamente a todas las actividades humanas relacionadas con el medio ambiente: desde la agricultura y la pesca hasta la gestión de la energía, pasando por la industria y los servicios, es muy difícil cuestionar la estrecha relación entre desarrollo y medio ambiente.

Pero la “Ética ecológica global” es mucho más que una “Ética medioambiental”. Mientras la primera es “integral” porque históricamente engloba la ecología social (comunidades) y la ecología humana (personas), la segunda convierte a la naturaleza y el conjunto de las especies de la Biosfera en objetos de protección y sujetos de derecho. Desde que Hans Jonas nos alertara que el nuevo imperativo de la era tecnológica será el de la responsabilidad porque debemos contar siempre con los derechos de las “futuras generaciones”,  entre uno y otro modelo de ética se sitúa la condición humana como problema. Biocentristas y antropocentristas aún discuten sobre cómo entender lo que la sabiduría expresada en el libro del Génesis llama “cuidado de la naturaleza” y que en la encíclica “Laudato si’“ del papa Francisco recibe el nombre de “cuidado de la casa común”.

Hay dos novedades en el discurso de este año. Primera, la denuncia de una cultura de la desconfianza y el miedo como una gran fuente de conflictos: miedo al otro, mentalidad de miedo, lógica del miedo. Segunda, la necesidad de promover una conversión ecológica que Francisco llama “la alegre sobriedad del compartir”. Una difícil transición de la ebriedad tecnológica a la sobriedad ecológica." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/sobriedad-ecologica-20191229001532-ntvo.html