martes, 31 de julio de 2012

Los felices noventa

"Hace unos días, un amigo me invitó a escribir un artículo sobre los felices noventa. Tenía en la cabeza los felices años veinte cuando la sociedad americana aún no sabía que unos años más tarde vendrían la crisis del 29 y los preparativos para una guerra. No se refería sólo a la década de los noventa cuando terminábamos el siglo XX, extendía el significado de su expresión a los primeros años de este siglo XXI, justo antes de la actual crisis. Era mucho más que una década o un período de tiempo, era una vida pública caracterizada por el crecimiento económico, el alegre gasto público y el convencimiento de que la cultura del bienestar promovida por el estado del bienestar se habían instalado para siempre entre nosotros.

Teníamos en la mente escenas de aquellos tiempos y recordó una que puede ser representativa. Contaba que fue invitado a uno de los barcos de la Copa América que se celebró en el puerto de Valencia y no le sirvieron agua. Era más fácil beber cava o cualquier otra bebida que un vaso de agua. Durante ese tiempo gran parte de la clase política y la sociedad en general vivía por
encima de sus posibilidades. Los unos porque desconocían la historia e ignoraban que el crecimiento económico sin cohesión social anticipaba desajustes, los otros porque recibíamos dinero fácil de los bancos y confiábamos nuestra suerte a un bienestar consumista avalado por cierto clientelismo electorero.

Quienes ahora dicen que los ajustes y recortes tienen que venir se amparan en estos felices años donde se vivía por encima de nuestras posibilidades. Esto no es del todo cierto y bastará con tirar de hemeroteca para comprobar que las posibilidades estaban desigualmente repartidas. No
siempre se legisló con la responsabilidad deseable, reformaban los estatutos de autonomía como si la clase política fuera propietaria de los ríos, las aguas y los mares, incluso algunos
parlamentos establecieron cláusulas para disponer de los mayores techos competenciales posibles.

Era un tiempo con mentalidad de nuevos ricos donde los parlamentos centrales diseñaban las mejores leyes posibles que debían pagar más tarde las autonomías. En políticas sociales recordemos el consenso que generó la Ley del menor o la Ley de Dependencia, normas aprobadas con el consenso sin pensar cómo aplicarlas porque se redactaron con un absurdo pero irresponsable principio: yo invito, tú pagas." Podéis ver el artículo completo en Las provincias, 27/VII/2012.

viernes, 20 de julio de 2012

Petición pública de perdón

"Algo está cambiando en la cultura política de nuestro pueblo cuando en poco tiempo varios personajes públicos se han visto forzados a pedir perdón. Recordemos la escena del pasado Abril en la que Don Juan Carlos, a la salida de la clínica en la que había sido intervenido, pedía públicamente perdón diciendo: “lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir”.

En menos de una semana hemos asistido a tres nuevas peticiones. Después de la sentencia que condenaba a Nova Caixa Galicia por engañar a un cliente al que vendió preferentes, José Mª Castellano y César González-Bueno, nuevos directivos de la entidad, ofrecieron una rueda de prensa para decir: “Pedimos perdón por el error de haber comercializado preferentes entre nuestros clientes particulares sin suficientes conocimientos financieros”.

Tres días más tarde comparecía en el Congreso Luis María Linde, nuevo gobernador del Banco de España. Reconoció que la institución no sólo ha tenido una actuación negligente en sus funciones supervisoras y controladoras, sino que ha tenido actuaciones imprudentes en las fusiones, las previsiones y la gestión de la credibilidad. A su juicio: “se actuó con poca decisión, de modo insuficiente e inadecuado”.

El pasado día 17, la diputada Andrea Fabra Fernández dirigía un escrito al presidente de las Cortes pidiendo perdón: “por mi inapropiada expresión proferida durante el pleno del pasado 11 de Julio…cometí un error del que no me siento honrada y por el que recurro a la benevolencia de la Cámara…”.

Estas declaraciones son algo más que respuestas pragmáticas a una opinión pública descontenta, a una ciudadanía desmoralizada y a una sociedad desilusionada. Los asesores están cambiando de estrategia: en lugar de maquillar las responsabilidades o construir globos sonda con los que entretener la opinión pública, ahora toca dar la cara, reconocer las culpas y pedir perdón. No es fácil convencer a las autoridades políticas, económicas o financieras que sin perdón no hay relato político creíble. Se terminó la fiesta de la prepotencia, la soberbia y la arrogancia.

Para que esto evite la desmoralización cívica y la desafección política no sólo hace falta arrepentirse de errores cometidos y hacer propósito de enmienda. También hace falta reponer, restituir y, si fuera el caso, restaurar un orden moral dañado. Un orden que no es grande por los errores que soporta sino por la apalabrada fragilidad de quienes lo mantienen." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 20/VII/2012.

miércoles, 11 de julio de 2012

Lo público y lo político

"El presidente de la diputación y de los populares de la provincia de Valencia, D. Alfonso Rus, ha hecho unas rápidas declaraciones a este periódico que no tienen desperdicio. Si no fuera porque estamos en las vísperas de un congreso donde es previsible que sea elegido de nuevo, porque las relaciones con los órganos directivos siguen siendo tensas, porque el número de imputados con responsabilidades políticas no disminuye, y porque los militantes están perplejos ante cierta incompetencia de quienes les representan, sus palabras habrían pasado desapercibidas.

Aunque los titulares con los que se ha construido la información han destacado una frase significativa en la que afirman que la gente vota a los triunfadores y no a los que anuncian despidos todos los días, el conjunto de la entrevista muestra dos ideas. La primera es que nos encontramos ante un lider político especial. La segunda que en sus palabras emerge alguno de los graves problemas de nuestra cultura política. No son problemas de personas o liderazgos carismáticos sino del diseño institucional entre pueblos, partidos y administraciones.

El primer problema es la judicialización de la vida política y la politización de todas las administraciones, incluida la administración de justicia. La justicia no está utilizando la misma vara de medir en España y los políticos no terminan de creerse que la justicia en una democracia avanzada si no puede ser neutral, al menos tendría que ser imparcial, rápida y eficaz. Gran parte de la entrevista gira en torno a la diferencia de criterios que se utilizan para medir la responsabilidad política ante las imputaciones judiciales.

Otro gran problema es la burocratización despótica de los partidos y la insensibilidad social de los altos cargos de las diferentes administraciones. Rus ha puesto el dedo en la llaga cuando señala que hay que facilitar la creación de puestos de trabajo, generar seguridad y dar ilusión a la gente, algo que necesita la militancia y que no hacen muchos directores generales, secretarios autonómicos o conselleres que, a su juicio, lo son “por la gracia del Espíritu Santo”. El problema no está en los personajes que con mayor o menor carisma gestionan los partidos. Está en la confianza generada, la coherencia de sus relatos, la ejemplaridad de su trabajo y la verdad de sus argumentos. También en la sensibilidad política necesaria para afrontar una creciente desmoralización pública." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 13/VII/2012.

jueves, 5 de julio de 2012

Goteo Reformista

"El pasado lunes en la reunión de la junta directiva nacional, Rajoy pidió a los suyos unidad de acción para defender las reformas. El gobierno está decidido a seguir con la podadora y prueba de ello es que ayer se despachó con la propuesta de un nuevo ajuste para echar a la calle a más de 100.000 trabajadores del sector público. El gobierno sabe que no sólo necesita la complicidad de los responsables locales y autonómicos sino la creación de una nueva narrativa con la que hacer frente la desafección que se le viene encima.

Una narrativa política con la que empezar a decir lo contrario que se dijo en la campaña electoral, con la que adiestrar a los cuadros para transmitir credibilidad y, lo que es más importante, una ejemplaridad básica para la que algunos cuadros y militantes aún no están mentalizados. Como dice el lema de una famosa librería mexicana, el gobierno tendrá que hacer “menos-book” y “más-face”, refiriéndose a la urgencia de dar la cara por y ante los ciudadanos, no esconderse detrás de las explicaciones administrativas o librescas de los atriles almidonados.

El gobierno lo tiene más complicado de lo que se imagina por múltiples razones. Algunas están relacionadas con la gestión de los tiempos, hay ministerios en los que se plantean las reformas como si no se hubiera aprendido nada en los últimos años, como si se gobernara ante un ciclo de dos o tres legislaturas en las que no habría alternativa. Las reformas universitarias y educativas que están en marcha dicen poco de un proyecto claro, coherente, atractivo e ilusionador con el que reinventar la educación.

Otras razones están relacionadas con los equipos podadores de los ministerios compuestos por expertos en tablas de excell pero sin vocación de servicio público en las venas, incapaces de transmitir ilusión, ejemplaridad, coraje y virtud cívica. El gobierno se ha rodeado de mochileros que le ayudan en los ajustes y le sobrevivirán cómodamente cuando vuelva a la oposición. Podadores que legitiman sus propuestas en ajustes exigidos por Bruselas pero desconocen las calles, los hospitales, las escuelas y las familias. Mientras el gobierno no construya y transmita un relato social claro, coherente y esperanzador, los ajustes serán parches insuficientes de un reformismo cívico necesario con el que sanear cuentas públicas y prepararse, poco a poco, para una leal oposición." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 6/VII/2012.