Esta doble vara de medir en la opinión pública es más habitual de lo que nos pensamos y constituye la médula moral de lo que llamamos “corrección política”. Quienes tengan memoria recordarán que el uso indecoroso del lenguaje no es patrimonio de ningún grupo político. Recodemos que el acceso de los partidos del Botánico al poder en Valencia no se consiguió con el lanzamiento de flores a los populares sino con insultos, provocaciones, calumnias y un lenguaje soez que podemos encontrar en las hemerotecas de aquellos años. Sin necesidad de transcribir la retórica de la señora Oltra como paradigma de las políticas de odio y resentimiento, no olvidemos que el señor Baldoví en una sesión llamó “pija y mala persona a una diputada”, que la señora Adriana Lastra utiliza indiscriminadamente los calificativos de “fascista, racista y xenófobo” a los diputados de la oposición y a quien no piensa como ella. El señor Errejón describió las Cortes como un “estercolero moral” y diputados como Pablo Iglesias o Gabriel Rufián no se han caracterizado por el buen gusto en sus expresiones y la ejemplaridad moral en su verbo parlamentario.
Que le pregunten a Josep Borrell cuando un diputado de ERC le escupió y la presidenta de las Cortes tuvo que expulsar al señor Rufián por llamar indigno y ‘hooligan’ al gobierno. El propio Borrell describió como nadie lo que este diputado y su grupo hacían por aquellos años en el parlamento: “llenar de serrín y estiércol la vida parlamentaria”. El problema no se soluciona diciendo que tenemos los políticos que nos merecemos, sino recuperando el sentido originario de la retórica parlamentaria y evitando la anestésica droga de la corrección política." Podéis ver el artículo completo en :https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/estiercol-parlamentario-20210925000050-ntvo.html



