domingo, 26 de septiembre de 2021

Estiércol parlamentario

Uno de los indicadores para medir la polarización es la cantidad de estiércol semanal que se reparte en la vida parlamentaria. Cuando se retoma la actividad y comienzan los plenos, comprobamos que la cortesía, las buenas maneras y, sobre todo, el decoro respetuoso en el lenguaje no son virtudes notables de nuestros parlamentarios. Lo hemos visto cuando José María Sánchez, diputado de Vox, llamó “bruja” a Laura Berja, una diputada socialista que estaba en el uso de la palabra. Después de una templada conversación con el grupo parlamentario, el diputado retiró el calificativo. Más tarde Macarena Olona se negó airadamente a responder a una periodista que le preguntaba por el tema y a la que interpeló por la inacción de sus compañeros parlamentarios cuando faltan el respeto a su grupo parlamentario amparándose en la libertad de prensa. 

Esta doble vara de medir en la opinión pública es más habitual de lo que nos pensamos y constituye la médula moral de lo que llamamos “corrección política”. Quienes tengan memoria recordarán que el uso indecoroso del lenguaje no es patrimonio de ningún grupo político. Recodemos que el acceso de los partidos del Botánico al poder en Valencia no se consiguió con el lanzamiento de flores a los populares sino con insultos, provocaciones, calumnias y un lenguaje soez que podemos encontrar en las hemerotecas de aquellos años. Sin necesidad de transcribir la retórica de la señora Oltra como paradigma de las políticas de odio y resentimiento, no olvidemos que el señor Baldoví en una sesión llamó “pija y mala persona a una diputada”, que la señora Adriana Lastra utiliza indiscriminadamente los calificativos de “fascista, racista y xenófobo” a los diputados de la oposición y a quien no piensa como ella. El señor Errejón describió las Cortes como un “estercolero moral” y diputados como Pablo Iglesias o Gabriel Rufián no se han caracterizado por el buen gusto en sus expresiones y la ejemplaridad moral en su verbo parlamentario. 

Que le pregunten a Josep Borrell cuando un diputado de ERC le escupió y la presidenta de las Cortes tuvo que expulsar al señor Rufián por llamar indigno y ‘hooligan’ al gobierno. El propio Borrell describió como nadie lo que este diputado y su grupo hacían por aquellos años en el parlamento: “llenar de serrín y estiércol la vida parlamentaria”. El problema no se soluciona diciendo que tenemos los políticos que nos merecemos, sino recuperando el sentido originario de la retórica parlamentaria y evitando la anestésica droga de la corrección política." Podéis ver el artículo completo en :https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/estiercol-parlamentario-20210925000050-ntvo.html

domingo, 19 de septiembre de 2021

Yonquis tecnológicos

"Hace unos días nos sorprendió la noticia de un adolescente tratado en el hospital de Castellón por adicción a los videojuegos. Tras la muerte de su padre, este chico había desconectado por completo con el mundo real, estaba más de veinte horas con el videojuego, tenía problemas de sueño, de alimentación y de salud. Había abandonado actividades y hábitos de vida normal para convertirse en un adicto al ‘Fortnite’. Se había convertido en un ‘adicto digital’ y necesitaba un tratamiento que le devolviera la salud. Los médicos del hospital empezaron a trabajar en equipo adaptando las terapias que utilizaban cuando trataban drogadicciones. Se encontraron con un nuevo tipo de patologías parecidas a las drogas tradicionales, lo que nos hace pensar que el término ‘yonqui’, además de aplicarse a una persona adicta a sustancias bioquímicas, también puede aplicarse a determinados productos tecnológicos como videojuegos, redes sociales y, en general, lo que llamamos mundo de las pantallas. 

A partir de ahora, los servicios de salud pública no solo tendrán que especializarse en el tratamiento de adicciones a sustancias, sino de adicciones a productos del universo digital y tecnológico en el que irremisiblemente nos hemos metido. Sabemos que ya existe una palabra japonesa para describir a quienes son adictos a las tecnologías y, como consecuencia de ello, se aíslan de los demás de una manera deliberada. El psiquiatra Tamaki Saito utilizó el término ‘hikikomori’ para describir a estos yonquis tecnológicos que se recluyen, aíslan y automarginan del mundo que les rodea, apartándose progresivamente de cualquier hábito saludable. Aunque hay grados en el aislamiento, son personas arrastradas por las pantallas de los dispositivos y llegan a ser llamados ‘zombis del ordenador’. 

 Son muy pocos los servicios de salud pública que se han tomado en serio las adicciones digitales y el problema lo tenemos en nuestras propias aulas, con nuestros propios hijos adolescentes y me atrevería a decir con nosotros mismos. Con independencia del alcance que pueda tener el problema para otras edades, la adolescencia debería centrar nuestras preocupaciones. Faltan equipos interdisciplinares de profesionales que planteen esta salud digital pública en términos educativos integrales, es decir, que entiendan la prevención como un control neuronal de la dopamina y sobre todo como tarea ética de maestros, familias, redes y medios de comunicación. Faltan buenos profesionales que entiendan el universo digital como una oportunidad cultural que requiere entrenar socialmente la voluntad recordando algo simple: ‘me desconecto, luego existo’." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 18/9/2021.

domingo, 12 de septiembre de 2021

Víctimas y delitos de odio

"De manual. Cuando apareció la noticia de la ‘agresión homófoba’ a un joven en el barrio madrileño de Malasaña, se puso en marcha una maquinaria planificada de manipulación política para estigmatizar a la derecha y deslegitimarla como opción democrática. Primero se modificaron los titulares y se puso la diana en los presuntos agresores que adquirieron la condición de ‘manada homófoba’. Segundo, el ministro Grande-Marlasca inició un peregrinaje por radios y televisiones para responsabilizar a la oposición del incremento de las agresiones a homosexuales en España. Tercero, el propio presidente Sánchez decide abanderar la causa anunciando que presidirá la reunión de la comisión, convocada con urgencia, para abordar los delitos de odio. A todo ello se sumaron algunos tertulianos y agitadores de las redes poniendo en marcha el ventilador de la sospecha y la trituradora de legitimidades. 


Todo este castillo de naipes de manipulación, en el que los valencianos hicimos un máster cuando los ahora socios del gobierno del Botánico (PSOE, Compromis, Podemos) hundieron la credibilidad del centro-derecha valenciano y la honorabilidad de muchos políticos inocentes, cayó por lo suelos cuando el supuesto agresor cambió su declaración y dijo que había mentido. Aunque la ‘víctima’ se arrepintió de su fabuladora declaración, los diseñadores de la campaña no han rectificado, aprovechando la oportunidad para criticar a la derecha que gobierna en Madrid y, sobre todo, para monopolizar la lucha contra los delitos de odio. Y aquí está el problema, en la naturaleza de unos ‘delitos de odio’ que no se producen únicamente por no aceptar la diversidad en la orientación sexual, sino por no aceptar la diversidad en la orientación ideológica, cultural o religiosa. Las agresiones a jóvenes no nacionalistas del PP Vasco, como los casos de García Oñate, David Chamorro o García Calvo (entre otros), muestran el indecente rasero moral con el que se está luchando contra los delitos de odio. 

La instrumentalización de estos delitos tiene como finalidad polarizar la opinión pública, simplificar las circunstancias con las que deben trabajar las instituciones judiciales en un estado de derecho, generar cortinas de humo que disuelvan las malas prácticas políticas y, sobre todo, ubicar en la relativista izquierda republicana los valores de tolerancia, pluralismo y derechos humanos. En realidad, con estas malas prácticas, además de evidenciar la indecencia de ciertos políticos ya desprestigiados, se transmite la idea de que la justicia está partidizada, enfangada y politizada. Flaco favor a la convivencia donde se legitima la mentira y la impunidad moral de los mentirosos. Estén atentos a las excarcelaciones de los miembros de ETA que se están produciendo estas semanas y comprobarán cómo se transforma a los verdugos etarras en heroicas víctimas homenajeables, cómo se garantiza la macabra corrección de su relato y cómo se les atribuye el hipócrita monopolio de la memoria democrática. Podéis ver el artículo completo en:https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/victimas-delitos-odio-20210911234319-ntvo.html

domingo, 5 de septiembre de 2021

Lidiar el tecnopopulismo

"Este año conmemoramos los cincuenta años de la Teoría de la Justicia de John Rawls, una de las grandes figuras del pensamiento político del siglo XX. En 1971 no había previsto la desestabilización de los marcos mentales de la política de la postguerra. Menos aún los retos que la globalización, la digitalización y los populismos iban a suponer para el futuro de las democracias occidentales. Tampoco se imaginaba el triunfo en sistemas democráticos de propuestas tecnocráticas que sacrificaran la justicia social en el altar de la crematística financiera y las contabilidades algorítmicas. Ni siquiera la aparición del ‘populismo del like’ sin memoria de la sangre, el sudor y las lágrimas sobre las que se construyó una incipiente justicia social con los plurales mimbres de la democracia liberal. 

Aunque realizó una revisión en los noventa, si hoy viviera tendría que lidiar con el “tecnopopulismo”. A ello deberían aplicarse el PP y PSOE actualizando ideas rawlsianas tan básicas como las de pluralismo razonable, consenso entrecruzado, equilibrio reflexivo o “convicciones bien fundadas”. Empresa que no podemos esperar de los “nuevos movimientos” socialmente fragmentarios de la ya muy antigua ‘nueva política’ porque en lugar de solucionar la crisis de representatividad, la han acentuado. Obtienen el crédito fácil de una sociedad atomizada con marcos mentales emocional y mediáticamente dirigidos. Lo hemos visto con el Brexit, con Trump, con el movimiento “EM” (En Marche, Emmanuel Macron), con el Movimiento 5 Estrellas de Italia (M5S) y, entre nosotros, con la cainita insustancialidad de Podemos o la vulnerabilidad de Ciudadanos. Iniciativas que, quizá, no hubieran surgido si los partidos de tradición hubieran lidiado con Rawls. 

Estos grupos dicen superar la dialéctica derecha/izquierda y se caracterizan por una crítica adanista de las instituciones y valores de la plural sociedad civil occidental. Engolosinan a la gente despreciando la función mediadora de cualquier representante, sea político, profesional, religioso o cultural. Se autoproclaman mesías de una “nueva política” sin ideología. No es de extrañar que Laclau, uno sus teóricos más vaporosos, diga que términos como los de pueblo o democracia son “significantes vacíos” que se van llenando según convenga. Su crítica a las tradiciones es inconsistente y sus propuestas no sólo carecen de solidez administrativa o cultural, sino de legitimidad cívica. Quieren ventilar las instituciones pero terminan parasitándolas y vampirizándolas. Es importante que los grandes partidos europeos como el PP y el PSOE se espabilen intelectualmente, que no se dejen llevar por la tecnocracia y el populismo. Es urgente que utilicen lo mejor de Rawls para lidiar con el tecnopopulismo y no se siga desmoronando el castillo de naipes de la herencia cultural. A diferencia de las nuevas ganaderías sin pedigree, al menos la raza de Rawls tiene un trapío que engrandece la lidia." Podéis ver el artículo completo en:
https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/lidiar-tecnopopulismo-20210904005237-ntvo.html