"El anuncio público de Esperanza Aguirre de que tiene cáncer ha puesto de actualidad la presencia de esta enfermedad en nuestra vida social. En nuestras sociedades de la abundancia y el bienestar, la convivencia con el cáncer plantea numerosos desafíos. No sólo a la organización de la vida cotidiana sino al modo como nos la imaginamos y afrontamos. Si todas las enfermedades nos fuerzan a ser sinceros con nosotros mismos, el cáncer nos obliga a romper con las hipocresías sociales, las mentiras familiares y el autoengaño permanente.Aunque los oncólogos nos han enseñado a convivir con esta enfermedad y nos han ayudado a romper con el estigma de enfermedad maldita, su cercanía pone a prueba la confianza en los demás y, sobre todo, en nosotros mismos. Una confianza que descubrimos cuando nos acercamos a la cara orgánica de la enfermedad. El desarrollo de las diferentes especialidades de oncología ha perfeccionado el diagnóstico, la tipificación y la prevención. Además de los avances en la curación, la oncología ha contribuido decisivamente a mejorar los efectos secundarios y promover la calidad de vida de los pacientes.
Junto a esta dimensión orgánica hay una dimensión psicológica. Además de la confianza en la medicina o la enfermería, la enfermedad no sólo pone a prueba la confianza que la persona tiene en sí misma, sino la confianza que la persona tiene en todo cuanto le rodea. La sensación de vacío, abandono y desesperación puede ser de tal magnitud que anulen la posibilidades para encontrar sentido, valor y fortaleza en la vida. Frente a la opción del ensimismamiento y abandono se puede descubrir la vida como relación, desafío y donación.
Hay una tercera dimensión social que descubrimos cuando aparece el tema en nuestras conversaciones, cuando nos vemos obligados a decir que cáncer no es sinónimo de muerte y cuando tenemos que organizar la familia, el trabajo y el ocio forzados por la enfermedad. El apoyo a los enfermos y sus familiares no está previsto en los convenios, en las cláusulas de negociación y en la neurosis de la productividad. Por último, hay una cuarta dimensión que podemos llamar educativa. Cuando nuestro sistema educativo se ha construido de espaldas a las preguntas últimas y tiene miedo en sus programas de afrontar la muerte, el cáncer puede recordar a los jóvenes que vivir no es sólo comer, beber, viajar o vegetar." Podéis encontrar el artículo completo en: http://www.lasprovincias.es/v/20110225/opinion/cuatro-caras-cancer-20110225.html


