viernes, 30 de mayo de 2014

Tarjeta amarilla al bipartidismo

"A medida que pasan los días y se confirman los datos de las elecciones europeas, una de las consecuencias más claras parece ser el final del bipartidismo. Hasta ahora, socialistas y populares, además de garantizar cierta estabilidad institucional, habían consolidado un régimen de alternancia política que recordaba al de Cánovas y Sagasta en la Restauración. Entendido en su sentido más técnico, este régimen no ha sido puesto en cuestión por la aparición de nuevas fuerzas políticas que han canalizado la indignación, el malestar social y el bolivariano cuestionamiento del sistema. Por sí misma, la aparición de grupos políticos nuevos con voluntad de criticar radicalmente el sistema económico o la democracia liberal, no cuestiona el bipartidismo.

Este bipartidismo ha recibido un toque de atención importante. No ha sido expulsado del horizonte político pero sí ha recibido una seria advertencia. No ha recibido una simple amonestación verbal, pero tampoco ha sido una roja directa. Ha sido una pedagógica tarjeta amarilla de la que siempre brota una doble lección. Una primera lección prospectiva que exige un cambio presidido por mayores dosis de prudencia personal y fidelidad a las esencias del juego. Una segunda lección retrospectiva para enmendar el mal cometido, el daño realizado y la razonable asunción de responsabilidades.

No han sido los votos de formaciones como Podemos, sino de electores que, con cierta memoria, capacidad de crítica y voluntad de análisis, o bien se abstuvieron o bien estaban poco dispuestos a proporcionar un cheque en blanco a los dos grandes partidos. El incremento de IU, PE, UpyD y Ciudadanos exige una lectura distinta al incremento de Podemos; el voto es de naturaleza diferente y la probabilidad de obtener representación institucional en las próximas elecciones locales y autonómicas es muy diferente.

En su diagnóstico, populares y socialistas se equivocan si atribuyen su fracaso a un simple error de comunicación. Llevan varios años cometiendo errores que no son únicamente cosméticos o epidérmicos; han prestado más atención al poder de los barones territoriales y la estabilidad orgánica que al empobrecimiento de los ciudadanos. Una tendencia al autismo que pasa factura porque no sintonizan con el ciudadano medio: falta altura de miras, visión de estado y, sobre todo, capacidad para ilusionar en tiempos de austeridad. Algo que no se consigue apuntalando al enemigo, cabildeando con el adversario y, menos aún, sacrificando los valores del propio partido." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 30 de mayo de 2014.


domingo, 25 de mayo de 2014

Voto joven en la vieja Europa

"Según los últimos sondeos, la mayor parte de los ciudadanos que tienen ahora entre 18 y 24 años aún no tienen claro su voto el próximo domingo. Esta generación que vota por primera vez en las elecciones europeas no sólo muestra su indecisión en las encuestas sino que muestra sin recato su voluntad de abstenerse, como si la nueva Europa que les estamos construyendo no fuera con ellos.

Eso sí, se trata de la generación que mejor conoce los aeropuertos y las zonas de la movida de las grandes ciudades europeas. Es la generación que mayor rendimiento ha sacado a las becas Erasmus y que se mueve por Europa con la misma facilidad con la que sus padres se movían por los pueblos de su comarca. Resulta curioso comprobar cómo se están aprovechando de los esfuerzos de generaciones anteriores para conocer Europa como la palma de la mano y luego no quieren implicarse en los procesos electorales. Algo ha fallado en nuestra educación cuando no hemos conseguido despertarles el entusiasmo por la historia de las instituciones europeas, por una vida parlamentaria de grandes dimensiones y por un horizonte geopolítico europeísta cada vez más urgente y necesario.

Se creen que el proyecto europeo es un mecanismo automático que funciona solo, sin pilas y sin necesidad de darle cuerda. Se creen que siempre ha existido esta unión monetaria, que la tarjeta sanitaria que les permite moverse ha salido de la nada, que las garantías que tienen como consumidores, usuarios de servicios o ciudadanos han existido desde siempre en esta parte del planeta. Aunque más del 63% diga que no se siente interesado por Europa, todos la están usufructuando, incluso aquellos que han salido en busca de algún empleo y no tienen ni siquiera la dignidad laboral del antiguo proletariado.

No se trata de una generación euroescéptica porque de una u otra forma tienen cierta fe en el proyecto. Ahora bien, no se trata de una fe ciega sino frágil y vulnerable porque las instituciones europeas no han puesto en marcha la pedagogía necesaria. Será difícil que lo hagan si los padres y maestros nos desentendemos de los procesos electorales que nos permiten participar de alguna forma. Aunque haya poco tiempo para deliberar y argumentar sobre programas, personas y proyectos, aún tenemos tiempo para movilizar el voto y ejercer el sano deporte de la participación." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 23 de Mayo de 2014.

sábado, 17 de mayo de 2014

Participación sin pedagogía

"Uno de los problemas más interesantes de estas elecciones europeas se encuentra en la explicación del sentido de la participación en unas instituciones que percibimos excesivamente alejadas de nuestra vida cotidiana. Hasta ahora, los índices de participación en las europeas nunca han superado los índices de participación en las nacionales y según las últimas encuestas del CIS no solo se mantienen los niveles de abstención (23,8%) sino que se mantienen e incrementan los niveles de indecisión. La última encuesta que se celebró antes de las elecciones de 2009 señalaba indicadores de indecisión mucho menores que los actuales. Si antes rondaba el 15%, hoy supera el 20%.

Podemos encontrar varias explicaciones al incremento de la incertidumbre entre los ciudadanos. Hay quienes piensan que se incrementa la desafección a la clase política y cada vez es mayor el abismo que separa a los políticos profesionales de los ciudadanos. No faltan explicaciones relacionadas con la gravedad de la crisis, atribuyendo la desafección a una cultura de la austeridad aplicada por decreto y sin convicciones. Tampoco faltan quienes desconfían del proyecto europeo y prefieren la comodidad cognitiva del parásito que no quiere saber, no quiere contestar y no quiere participar.

Este desinterés demoscópico no se corresponde con la movilización del voto que se está produciendo en la calle y los espacios de deliberación política. Una movilización que no se está produciendo desde el PSOE o el PP sino desde partidos más pequeños o nuevos que han conseguido cristalizar en una alternativa nueva el desencanto, la desafección o el desinterés. Saben que en las elecciones europeas tenemos circunscripción única y pueden colocar en Bruselas algún representante. Aunque la disgregación de ofertas es grande y no todas las propuestas son euroescépticas, antisistema o euro-destructoras, hay una máxima con la que se movilizan estos electores: “dar un toque de atención”.

Hartos de palabras vacías, de una política de profesionales sin convicciones o valores, de burocracias sin legitimidad o de malos ejemplos para la vida pública, las nuevas propuestas se apropian indebidamente de una legitimidad que cuestionan en los demás. Quieren ser elegidos para un sistema liberal y representativo utilizando un discurso republicano y populista, como si ellos estuvieran libres de los pecados institucionales que atribuyen a los demás. También les falta pedagogía porque en la vida política tan importante como la movilización ciudadana es la responsabilidad institucional." Podéis ver el artículo completo en Las provincias, 16 de mayo de 2014.

domingo, 11 de mayo de 2014

Las matronas son guerreras

"Quienes hayan seguido la serie Cuéntame habrán podido comprobar que después de cada capítulo se nos ofrece un programa titulado Ochéntame otra vez. Programa para nostálgicos donde los protagonistas de aquellos años hacen memoria social, cultural, política o musical de aquella época. Una época en la que llegó a triunfar una canción que llevaba por título “Las chicas son guerreras”. Se mantuvo varios meses entre los discos más vendidos y formó parte de lo que se llamó  “la movida”. Con independencia de que los colectivos feministas no la vieran con buenos ojos, la canción se popularizó y vulgarizó de tal manera que cuando nos encontramos con un grupo profesional femenino que plantea con insistencia sus reivindicaciones corporativas les aplicamos con facilidad el estribillo de la susodicha canción.

Debates feministas al margen, el colectivo al que quiero recordar hoy es al de las matronas. La razón es bien sencilla, dentro de unos días la ciudad de Valencia asistirá perpleja a una invasión de este colectivo de profesionales. La próxima semana se celebrará en Valencia el XVII Congreso Nacional de Matronas y la ciudad debe estar preparada para ello. Han confirmado su asistencia más de 350 matronas de toda España y les puedo asegurar que los varones que hemos sido invitados por una u otra razón tendremos la gozosa conciencia de participar como minoría absoluta.

Este colectivo se encuentra ante una encrucijada profesional importante marcada por una historia profesional intensa dentro de la enfermería, los nuevos desafíos del trabajo hospitalario interdisciplinar y, sobre todo, por una vocación educativa con una proyección social incuestionable. Ahora bien, esta encrucijada profesional no se resuelve funcionalizando o arrinconando a estas trabajadoras dentro de equipos que funcionan con protocolos que burocratizan la atención sanitaria y garantizan el éxito de las operaciones sin mirarle los ojos al paciente.


En esta encrucijada desempeña un papel importante la Bioética del Cuidado, una tradición de ética profesional que debe mucho a la ética de la enfermería en general y, a la ética de las matronas en particular. Cuidar no sólo es atender, acompañar y dialogar, también es vigilar y enseñar a mantenerse despiertos ante una salud que se nos va de las manos sin darnos cuenta. Esto lo sabían muy bien los discípulos de Sócrates, aquel hijo de partera mediterránea con el que arranó el pensamiento occidental, su profesión consistía en hacer lo mismo que su madre, ayudar a dar a luz las ideas." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 9 de mayo de 2014.

sábado, 3 de mayo de 2014

La Europa de las familias

"Este año el entrenador del Atlético de Madrid, Diego Pablo Simeone González se adelantó a la celebración del Día de la madre. Después de la victoria en Londres ante el Chelsea el pasado miércoles, sus primeras palabras fueron para las madres. “Gracias a las mamás de los jugadores…” ha sido la expresión con la que toda la prensa nacional e internacional ha titulado sus declaraciones . Por primera vez el protagonismo en estas victorias épicas no lo tienen los jugadores sino la madre que los parió.


Ha sido un buen golpe de efecto para adelantarse a los comercios en la celebración del Día la Madre y sintonizar con una serie de problemas que aparecen estructuralmente durante el mes de Mayo. La maternidad, la crisis de la natalidad, el envejecimiento de la población y la familia, son cuestiones prioritarias en la agenda pública de este mes. Este año tendrán que compartir protagonismo con las elecciones europeas y sería bueno que desempeñaran un papel importante en los debates públicos sobre el modelo de Europa. Hasta ahora solo hemos oído hablar de la Europa de las fronteras, de los banqueros, de los mercaderes y, en el mejor de los casos, de una Europa de los ciudadanos.

Es difícil trabar un discurso político sobre la Europa de las familias cuando el modelo político dominante está basado en el atomismo e individualismo moral, es decir, en explicaciones sociales y análisis aparentemente científicos cuya unidad de medida es el individuo aislado. Con su etiqueta de consumidor, cliente, contribuyente, usuario, paciente o incluso ciudadano, el individuo aislado y egoísta ha sido entronizado como clave interpretativa de toda la realidad social.

Es muy difícil que en Europa puedan salir las cuentas económicas, sociales o políticas cuando los cálculos no se atienen a la verdadera realidad, es decir, cuando los cálculos no consideran el valor de las relaciones humanas constructivas. Para ello hay que dejar de tirarse los trastos partidistas en el tema de la familia y reconocer que el modelo social europeo no se ha construido con mimbres individualistas ni estatalistas. Hay otros modelos donde la familia dificulta la libertad de las personas, de los estados o de las tribus. Nuestro modelo se ha construido con mimbres relacionales donde la visibilidad de una Europa de las libertades hunde sus raíces en la, aparentemente invisible, Europa de las familias." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 2 de mayo de 2014.