domingo, 23 de febrero de 2020

Mi deseo es la ley


"Es habitual en el debate político la confusión entre los deseos y los derechos. Hace algunos años se decía que los niños tenían derecho a ser felices y ahora se oye con frecuencia decir que se tiene derecho a la salud, al cambio de sexo, a la maternidad, a ser ayudado médicamente en el suicidio, o a cualquier otra pretensión culturalmente legítima pero que no contempla la declaración de los derechos humanos. Tanta importancia tiene ahora la cultura de los derechos que una de las primeras lecciones consiste en advertir a los alumnos que la declaración de los derechos humanos no es una barita mágica con la que realizar deseos.

Tanto ha calado en la opinión pública la idea de que los deseos pueden convertirse en leyes que los propios partidos son incapaces de distinguir entre salud y atención sanitaria, entre terapia génica y eugenesia, o incluso entre ayudar a morir sin dolor y facilitar la muerte. En el fondo, no se han pensado bien las relaciones entre los derechos humanos y la naturaleza humana. Y ello lo comprobamos cada día cuando se aplica la cultura de los derechos a los problemas ecológicos o medioambientales. Se habla con ligereza del derecho a un medio ambiente limpio o se atribuyen derechos a los animales, confundiendo radicalmente el mundo del valor y lo valioso, con el mundo de los derechos humanos.

Esta confusión de planos entre los deseos y las leyes irá cada día en aumento porque hay un olvido de lo que en la historia del derecho y la filosofía llamábamos “naturaleza humana”. Ahora bien, esta naturaleza que las facultades de derecho han expulsado por la puerta suprimiendo el “derecho natural” está volviendo por la ventana con la aplicación de técnicas de mejora humana, las biotecnologías de la reproducción o la conexión del cerebro a productos de Inteligencia artificial. Con la llegada del Transhumanismo como filosofía que supera el antiguo humanismo, que aún enraizaba la vida humana en la naturaleza, parece que el programa de los deseos está a punto de convertirse en ley.

El tema no ha hecho más que comenzar y el profesor Grégor Puppink acaba de ofrecernos una interesante investigación que analiza esta evolución de los derechos humanos que comenzaron al servicio de la naturaleza humana y ahora parecen ponerse al servicio de cualquier deseo. Esta desnaturalización facilita poco la credibilidad de una declaración de derechos humanos que surgió precisamente para que la ley limitara los deseos del poder o las mayorías. El libro no tiene desperdicio y lleva el sugerente título “Mi deseo es la ley”." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/deseo-20200223235011-ntvo.html

domingo, 16 de febrero de 2020

La carcoma de la eutanasia


"El 21 de mayo de 2018 la Mesa del Congreso aceptó una proposición de ley del grupo socialista sobre la eutanasia que ha comenzado a tramitarse en las Cortes. Esta ley hace una propuesta razonada para su despenalización y la regulación. “No basta –afirman- con despenalizar las conductas que impliquen alguna forma de ayuda a la muerte…aun cuando se produzca por expreso deseo de esta. Tal modificación legal dejaría a las personas desprotegidas (la ley busca) legislar para respetar la autonomía y voluntad de poner fin a la vida de quien está en una situación de enfermedad grave e incurable, o de discapacidad grave y crónica, padeciendo un sufrimiento insoportable que no puede ser aliviado en condiciones que considere aceptables, lo que denominamos un contexto eutanásico.”

Se puede analizar en términos de estratos y descubrir diferentes planos de valoración. Hay uno pragmático que hemos comprobado en las Cortes: desear que nuestros representantes no hablen en términos emotivistas. Es decir, que los ciudadanos encontremos buenas razones para no dejarnos llevar por la hemiplejia moral o el emotivismo de los diputados. Deberíamos descubrir una cabeza que piense en lugar de nueve que embisten.

La ley forma parte de un proyecto de ingeniería social calculado. Requiere lecturas que apliquen el principio de sospecha en todas sus capas porque está en cuestión el pacto de cuidados de la medicina. Forma parte de una filosofía social indolora, amnésica y “progresista” porque asocia la eutanasia con la conquista de un derecho. Se nos presenta como progreso lo que es un retroceso a sociedades atomizadas y seducidas por “el mito de la autonomía”. Mito útil para deshacer el pegamento de las sociedades, para fragmentar los vínculos de los que nos nutrimos, para diluir el capital social. También valioso para resistir leyes injustas y gracias a él podemos hacer objeción de conciencia, incluso los médicos y profesionales que intervienen en el estatalizado y burocratizado “contexto eutanásico”.

Sugiero la metáfora de la carcoma para describir este tipo de leyes donde no están a la vista los destrozos que provocan pero que, con el tiempo deshacen las vigas, los muebles y los artesonados de la convivencia. La carcoma coloniza y daña en inocente estado de larva, siempre prefiere la madera seca y vieja a la fresca. En las encuestas los partidarios de la eutanasia no son los mayores. Es tan insignificante el número de personas que la piden (el 0,5% de 57.000) que los profesionales de la humanización consideran más urgente la promoción de paliativos y la mejora de los servicios sociales que la estimulación de estas plagas."Podéis ver el artículo completo en: 
https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/carcoma-eutanasia-20200216230918-ntvo.html

Nuevo arte de aplaudir


"La “Aplausología” era una sección de la crítica sociológica que analizaba, con el uso del aplauso, la forma de estimar un acontecimiento social o una representación cultural. En la crítica taurina se ha utilizado la expresión “pitos y aplausos” para describir la disparidad de opiniones y la división en el juicio de las masas. En la crítica teatral no sólo se mide el tiempo del aplauso a los actores, sino que se valora que los espectadores aplaudan sentados o se levanten. Incluso se analiza la utilización de expresiones espontáneas como “¡Bravo!” o “¡Magnífico!” para completar la valoración. En la crítica de ópera la intensidad emocional está verbalmente atemperada y el entusiasmo se calcula fríamente por la duración.

Por extensión, también se aplica a la crítica política. Las campañas electorales son una ocasión para construir una “fenomenología del aplaudir”. Pensemos que en la sociología política hay expertos del simple aplaudir, gentes que en mayor o menor número acuden a mítines o eventos con la simple misión de juntar sonoramente las manos, con independencia del argumento, la calidad o mérito de la representación. Son los llamados “palmeros”. Es un ámbito que confirma el aplauso como forma de reconocimiento social. Sin fijarnos en la fuerza, la intensidad, la cadencia o ritmo con el que se chocan las palmas, el aplauso es formalidad litúrgica, rutina sin entusiasmo, sin pasión o fuerza emocional. Simple gesto escénico.

Algunos espectáculos televisivos utilizan el “aplausómetro” para medir una ovación. El valor de un aplauso y su estimación no está vinculado al entusiasmo que despierta de una manera primaria, sino a la duración del gesto manual. Como si no valiera la espontaneidad emocional y entusiasmo originario sino su naturaleza de “práctica social”. Como si la fenomenología del aplaudir se rigiera por la dialéctica de las cantidades y cualidades, propias del viejo materialismo dialéctico posmarxista y leninista. Después de los tipos de aplausos que algunos diputados y ministros del parlamento utilizaron en la apertura de la XIV legislatura con Felipe VI en las Cortes, comprobamos que este materialismo dialéctico está siendo desplazado una pragmática populista y genera un nuevo arte de aplaudir.

Como observamos ese 3 de febrero, la condición de ministro obliga a la práctica epidérmica del palmeo, pero no obliga al aplauso con determinada intensidad, entusiasmo o fuerza emocional. Los ministros populistas han transformado el arte de aplaudir. Para diferenciarse de la autenticidad de Nadia Calviño, Alberto Garzón, Irene Montero, Pablo Iglesias y Manuel Castells abren capítulos revolucionarios en la Aplausología. Aunque su cuerpo muestre realismo histórico, sus manos no pueden esconder cierta sordidez teatral, un gran desdén institucional y, sobre todo, indoloras  formas de hipocresía moral." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/nuevo-arte-aplaudir-20200209235149-ntvo.html

lunes, 3 de febrero de 2020

Orgullo y Prejuicio

"Angel Luna, el Sindic de Greuges de la Comunitat, anunció el pasado martes que llevará ante la Fiscalía el comportamiento de los alcaldes y representantes públicos que no facilitan la información que les solicita. Una información entre la que destaca de manera especial la referida al área de Igualdad y políticas inclusivas. Constata la grave situación de los servicios sociales en general y de los servicios de menores en particular.

Las esperanzas que despertó el gobierno del Botanic cuando emotivamente anunció que venían a “salvar a las personas” se han desvanecido. Ya nadie se cree nada, y no sólo los medios de comunicación, sino los trabajadores de los correspondientes servicios. La situación en los ayuntamientos es tan kafkiana que la tramitación de las ayudas a la Ley de Dependencia y la Renta de Inclusión queda paralizada cuando los profesionales que la gestionan no reciben el correspondiente salario porque la propia Generalidad no cumple con regularidad sus pagos, es decir, incumple sus propias leyes. La renovación de los profesionales no es automática y por ello hay un momento en el que no dan cita para realizar el informe de valoración. Solo en Alicante, la precariedad de 67 trabajadores es una muestra de que las políticas sociales no pueden realizarse a golpe de subvención anual y mal pagada.

Cuando Luna entró en el tema de los menores incidió en los mismos problemas y señaló que nuestra comunidad carece de estrategia para la infancia y la adolescencia. Además de los problemas educativos, sociales y sanitarios que plantean los jóvenes tutelados, que el gobierno autonómico es incapaz de gestionar porque le sobran prejuicios hacia las organizaciones de iniciativa social, resulta que el Sindic lamenta que la administración ponga en la calle a todos los menores cuando cumplen los 18 años. Todo un ejemplo de falta de planificación, coordinación y organización de políticas sociales. Y sin rendir cuentas en las Cortes, ni dar explicación alguna de la aplicación de las medidas emprendidas para “salvar a las personas”. ¡Todo un ejemplo de transparencia, ejemplaridad y gobernanza democracia en política social!

Aunque la infrafinanciación sea un problema estructural, la fragmentación administrativa es injustificable. La justicia social se complica cuando a la incompetencia y la falta de mérito se le añaden problemas coyunturales relacionados con el resentimiento, el adanismo, la falta de humildad y la incapacidad para el aprendizaje. Mientras tanto, y como resultado de esta pésima administración, los profesionales se desaniman, las instituciones se desmembran y los representantes políticos no piden perdón por los errores cometidos. Instalada en el “orgullo y prejuicio”, esta casta política se ha desentendido de la responsabilidad y la ejemplaridad moral, han hecho de la administración su cortijo." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/orgullo-prejuicio-20200202002913-ntvo.html