domingo, 31 de mayo de 2015

Lecciones de un fracaso

"El pasado domingo se produjo una derrota significativa de varias fuerzas. Además de la tradicional IU y el histórico PSPV, el partido más castigado por las urnas ha sido el PP. De poco vale ser el partido más votado y con mayor capilaridad municipal si se pierden las cuotas de poder que trabajosamente se habían logrado en las dos últimas décadas. Los populares deberían sacar algunas lecciones.


Además de vivir de espaldas a la administración, ha vivido de espaldas a lo mejor de la sociedad y quizá a una básica sensibilidad democrática que exige una forma diferente de seleccionar a los representantes. Además de plantearse la necesidad de hablar sobre el tema de las listas abiertas, los militantes del PP quieren ser representados por gente elegida por ellos, no por gente impuesta desde Madrid o Valencia. El hecho de que el candidato a la Generalidad responda a cuotas de familias o equilibrios territoriales supone un déficit de legitimidad democrática. Menos aparato y más militancia.

Cuando un partido le da espalda al talento y la competencia profesional, está condenado al fracaso. La historia de los nombramientos de cargos públicos en las últimas legislaturas de los populares debería estudiarse en los manuales de ciencia política para evitar errores de bulto en el complejo arte de la gobernabilidad. Había consellerías con todo su equipo directivo enfrentado y organizado con el principio de sospecha porque la organización de los servicios estaba en función de caprichitos y antojitos personales. Menos arbitrariedades y más generosidades.

El espectáculo narrativo ofrecido a jóvenes que se aproximaban al partido ha provocado que estos le dieran la espalda. Defino espectáculo narrativo como aquel conjunto de explicaciones con las que se convencía al joven votante de que su voluntad reformista, su liberalismo ideológico o su solidaridad debía entregarse camaleónicamente a órdenes absurdas de fabristas, campistas, zaplanistas, rusistas, serafinistas, ciscaristas, cospedalistas o marianistas. Si por casualidad algún joven se acercaba por afinidades familiares conservadoras, democristianas, socialcristiana o liberales, y pensaba que allí maduraría la difícil relación entre responsabilidad y convicción, se equivocaba. Menos improvisación y más ilusión.

La gestión con Madrid ha sido de manual. Se gestionó mal el apoyo ciego del congreso de Alicante, se ha trasladado a la sociedad la imagen de una autonomía mendicante y pordiosera. Además, se ha consentido que los medios de comunicación nacionales falten a la verdad al convertirnos en el chivo expiatorio que Madrid necesitaba. Si a ello añadimos la falta de criterio orgánico para ningunear a militantes propios y promover en cargos de poder a personajes poco ejemplares moralmente, la lección es bien clara: más autoridad moral y menos sinvergüenza social." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 31 de Mayo de 2015. 

sábado, 30 de mayo de 2015

Razones del fracaso del PP en Valencia


"La Comunidad Valenciana ha sido uno de los territorios donde el fracaso del PP en las elecciones autonómicas y municipales ha sido más significativo. En el parlamento autonómico se ha perdido una mayoría absoluta que había durado casi dos décadas y en el simbólico ayuntamiento de Valencia el fracaso ha sido mayor del esperado, pasando de 20 a 10 concejales sin la mínima esperanza de que Ciudadanos pueda ser la bisagra con la que se soñaba.

Los analistas coinciden en una causa básica que lo explica: la gestión de la corrupción. El hasta ahora presidente del partido y la generalidad, Alberto Fabra, había establecido una férrea cruzada contra la corrupción marcando líneas rojas y dejando fuera de las listas, los gobiernos y las administraciones a personas que hubieran sido imputadas, con independencia del fundamento real que tal imputación tuviera. Esa cruzada no ha dado sus frutos.

Primera, el frágil liderazgo de Alberto Fabra; éste sustituyó a Francisco Camps como presidente de la Generalidad cuando fue imputado en el caso de los trajes y la complicidades con la madrileña trama Gurtel de financiación irregular. No llegó después de un congreso sino como mal menor y con la finalidad de compensar absurdas cuotas territoriales. Alicante había tenido su presidente Zaplana, Valencia había tenido a Olivas que preparó el camino a Camps y, por consiguiente, el partido debía proponer un candidato de Castellón. Este fue el núcleo de la argumentación con la que se justificó la sustitución de Camps.

A excepción del ayuntamiento de Castellón, nadie conocía al nuevo presidente. Los barones territoriales aceptaron la propuesta creyendo que el perfil bajo les permitiría seguir gestionando poder. Se encontró con un equipo de gobierno sin personas de confianza, con un grupo parlamentario que no controlaba y, después del triunfo de Rajoy, con un partido que orgánica y administrativamente no le inyectó la mínima confianza. El apoyo de Madrid llegó muy tarde y muy mal, dejando que Fabra tuviera que buscarse la vida por su cuenta. Si a esto añadimos el enrocado liderazgo de Rita en Valencia, nos encontramos con unas huestes amnésicas e ingobernables donde unos y otros se doctoraban aceleradamente en el máster de las malas artes.

A ninguno de estos líderes del PP se le ocurría pensar que estaban dando la espalda a varias generaciones de votantes. Primero a los históricos porque no se reconocían en esos gestores prepotentes. Segundo a los cientos de altos cargos que el partido se había ido dejando en la cuneta como cadáveres cívicos a los que orgánicamente se despreciaba. Tercero a los jóvenes que podían tener alguna ilusión o vocación por la política porque lo que veían en asambleas, agrupaciones y encuentros era de todo menos entusiasmo, ideas, argumentos, propuestas y metas cívicas que compartir. Un partido que penaliza y castiga a sus bases, que desprecia a las tradiciones de las que se alimenta y que minusvalora a la gente joven que se acerca porque quiere participar en la vida pública, está condenado al fracaso.

Segunda, el agotamiento del ciclo político, las personas que lo han pilotado y las formas de hacer política. Era difícil que la cruzada contra la corrupción se saldase positivamente cuando los cuadros políticos estaban carentes de rumbo, administrativamente agotados y el principio de sospecha presidía todas las reuniones de estrategia electoral. Los técnicos, los eventuales o fijos y los funcionarios de las administraciones han comprobado la carencia de criterio en sus jefes de unidad, área o administración.

Cada consellería, área y servicio, cuando remaba, lo hacía en una dirección diferente. Si a ello se une el déficit en la financiación autonómica sin resolver, la falta de visión política de los diferentes ministerios de Madrid que han tratado despóticamente a sus propios correligionarios de partido, el analfabetismo ideológico de los altos cargos nombrados en los últimos años, la fuga acelerada de talento y el desprecio a quienes no eran de las propias tribus partidistas, el cóctel estaba preparado. Ya se vio el año 2003 cuando zaplanistas, campistas, ripollistas, fabristas, ritistas o rusistas afilaban unas navajas que han venido utilizando en los últimos años, meses, incluso en la propia campaña electoral.

El PP no ha renovado la ilusión que crearon los primeros gobiernos cuando la administraciones públicas vieron en sus cuadros liderazgo y talento. En las últimas legislaturas se ha incrementado la distancia entre partido y administración, entre partido y sociedad civil, entre partido e instituciones públicas. Ese autorreferencialismo cosméticamente envuelto con el victimismo de Madrid y con la salida de la crisis, ha sido la causa de que la clase media quiera darle un merecido castigo a la prepotencia mostrada por ciertas personas en ciertos feudos. Hay concejales, conselleres y profesionales de la política que no sabían la primera lección de la cartilla: a pesar de haber echado los dientes en el cargo, ellos son los últimos interinos.

Este agotamiento del ciclo no ha beneficiado a la izquierda moderada y socialdemócrata del PSOE, que ha perdido un tercio de sus votantes tradicionales, que durante esta campaña ha ocultado sus siglas de “país valencià” para presentarse sólo como PSOE y no como PSPV. Tampoco ha beneficiado al valencianismo moderado que había sido reciclado por el PP. Ha beneficiado a las izquierdas, en plural, es decir, a unas izquierdas que habían mostrado sus reparos a la Constitución del 78 y la cultura de la transición, ha beneficiado al conjunto de colectivos hasta ahora marginales que lideraron el 15M (que diseñaron, planificaron y organizaron las sucesivas manifestaciones anti-sistema de los últimos años) y, sobre todo, ha beneficiado a una izquierda burguesamente “alternativa”, anti-sistema, pancatalanista, ecologista y, en algunos casos, resentida y con voluntad de revancha.

Unas izquierdas en plural que no sólo aplauden el mal gusto de la política camisetera que no respetó las formas, sino unas izquierdas movilizadas y lideradas desde administraciones públicas, centros educativos públicos y con fondos públicos. Numerosos empleados de estos centros han presumido ostensiblemente de protestar ante las sedes del PP, manifestarse sin permisos en las plazas públicas, mirar para otro lado cuando se han quemado contenedores o destrozado mobiliario público y atribuirse un pedigree democrático que, si no promovían directamente, al menos consentían con ciertas prácticas totalitarias. Estas izquierdas en plural no son los portavoces de los pobres, los desfavorecidos y los parados, tampoco de los marginados o vagabundos.

Podríamos encontrar más razones para explicar el fracaso del PP y la cruzada contra la corrupción. Además del frágil liderazgo de Fabra y el cambio de ciclo político, tampoco se puede menospreciar el desprecio de la cantera, el abandono de las clases medias, la ridiculización de las tradiciones con las que se formaron las bases y, sobre todo, cierta incapacidad para liderar políticas públicas en una economía social de mercado o unas políticas sociales vertebradas desde la responsabilidad solidaria. Razones que exigen una historia que tendrá que ser contada en otra ocasión."http://www.paginasdigital.es/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=6527&te=15&idage=12240&vap=0&npag=1

domingo, 24 de mayo de 2015

La hora de votar

"Hemos tenido pocas jornadas electorales tan abiertas como la de hoy. Iniciamos ciclo en la agenda política porque se transformarán los escenarios de gobernabilidad y conviene orientar con acierto el voto. Sugiero diez claves:

  1. No simplificar entre vieja y nueva política. Llevamos cien años reivindicando con Ortega una renovación permanente de la política. Hay partidos nuevos que se han hecho aceleradamente viejos y partidos viejos que han iniciado renovaciones. Aún no sabemos si el envejecimiento es resultado de maduración o la renovación es cosmética.
  2. No votamos por una nueva sociedad sino por una regeneración de prácticas y actualización de tradiciones, es decir, pedimos a los representantes que transformen la sociedad sino que corrijan sus malas prácticas y se empeñen con honestidad.
  3. Nuestro voto puede contribuir a sociedades civiles más abiertas, potentes y justas, o por el contrario, conceder mayor poder a las administraciones. ¿Incrementamos oportunidades para la separación o la concentración de poderes? ¿Votamos más libertad y más libertades?
  4. Podemos contribuir a nuevos escenarios donde se patrimonializan las administraciones. Votamos representantes para que gestionen lo público, no para que abusen de los recursos y se repartan la administración por cuotas. El diálogo tiene límites y no se puede confundir con el cabildeo o la instrumentalización partidista de lo público.
  5. Los valores de la democracia no son propiedad de ningún partido, ni de la derecha ni de la izquierda. Por ahora, ni más izquierda ni más derecha nos garantizan mejor democracia o mejor ciudadanía.
  6. El factor humano ha sido determinante en la renovación y será determinante en la gobernanza. Además de partidos votamos personas. Padeceremos el viejo conflicto entre la conciencia de los elegidos y la consigna de partidos o coaliciones. Elegimos ciudadanos con previsible vocación de servicio, más que impersonales partidos que trituran personas, familias y profesiones.
  7. El respeto a las formas no pueden condicionarse al lugar parlamentario que se ocupa. Tenemos la oportunidad de minimizar ácidas políticas de astracanada, esperpento y mal gusto.
  8. No votamos a jóvenes o viejos. Votamos una democracia intergeneracional que proporciona valor y enriquece la vida parlamentaria. Hay jóvenes precipitadamente viejos y viejos esperanzadamente jóvenes.
  9. Además de poder elegir lo menos malo, podemos discernir con memoria histórica qué tipo de cultura política estamos fortaleciendo: ¿de revancha, de venganza, de confrontación, de simplificación, de corresponsabilidad?
  10. Mientras exigimos a los partidos que fortalezcan tradiciones y formen mejor a sus cuadros, no estaría de más aprovechar el día para leer las Memorial de transiciones (1939-1978) de Juan Antonio Ortega, los Discursos Políticos de Vaclav Havel, o Contra la juventud, de Pablo D’ Ors.
Podéis ver el artículo completo en Las provincias, 24 de Mayo de 2015.

De la inteligencia artificial a la inteligencia maternal

"Hace unos años apareció la teoría de las inteligencias múltiples según la cual además de la inteligencia natural o habitual existen otros tipos de inteligencia como la social, la emocional y hasta la artificial. En ese contexto de revisión y reconstrucción de las inteligencias apareció un libro revolucionario que ha pasado desapercibido en los ámbitos académicos y científicos seducidos por las cuestiones políticamente correctas: Inteligencia maternal. Cómo la maternidad nos hace más inteligentes.

En tiempos de fría cultura digital donde las reflexiones sobre el conocimiento humano oscilan entre la psicologización de las emociones y la tecnificación de los problemas, nos encontramos con un trabajo que investiga el impacto de la maternidad en la vida personal y el entorno social de las madres. Katherine Ellison es una periodista convencida de que la maternidad genera un nuevo tipo de inteligencia, es decir, genera una forma propia de situarse personalmente y afrontar comunitariamente la acción humana.

El libro surge como reacción a un ambiente profesional y cultural lleno de reticencias ante la maternidad, es decir, consideraciones que llevan a postergar la decisión de engendrar hasta el límite de edad fértil en la que el embarazo era físicamente posible. Así describe el problema que le llevó a escribir el libro: “entendía que muchas cosas de las que valoraba –como el ganarme la vida, el tener autoestima, el poder elegir marido libremente y por amor- dependían directamente de mi inteligencia. Temía que al ser madre, mi cerebro pagase directamente las consecuencias y yo asistiese a un súbito declive de mis facultades mentales” (p. 14)

La mayoría de las mujeres, en lugar de cuestionar esta simplificación en los argumentos, los daba por válidos y aceptaba el dogma de que esta merma de la capacidad intelectual, junto con las varices y el ensanchamiento de caderas o demás curvas, era algo que se relacionaba con el destino reproductor femenino. No se trata de argumentos sólidos sino de argumentos interesados propios del tiempo en el que las mujeres se han incorporado masivamente al mercado laboral. Tanto la dedicación al trabajo fuera de casa como el cuidado de los hijos eran considerados factores que afectaban a la capacidad mental de las mujeres y eran la causa de que muchas mujeres optasen por el desarrollo profesional antes de tener ser madres.

Ellison nos presenta argumentos e investigaciones con las que reformar las convicciones que ella ha consolidado después de tener cuatro hijos. Aunque al sacar adelante a los hijos se sentía agotada: “estaba más motivada y feliz que antes con lo que aprendía en casa y en el trabajo. Mis hijos no solo me habían inspirado interés por el medioambiente sino que me habían dado la excusa perfecta para buscar un trabajo más flexible en el que podía dar rienda suelta a mi creatividad…sospechaba que más que nublar mi cerebro, la maternidad lo había potenciado más que nunca.” (p. 20)

Reforzada por los trabajos de Kinsley y Lambert, describe cómo la maternidad hace más inteligente a la mujer. La maternidad no sólo transforma el cerebro sino que hace más inteligente a la mujer. Tanto en el parto como en la crianza se producen en el cerebro de la mujer cambios concretos y perdurables por medio de una combinación dinámica de amor, genética, hormonas y prácticas. No se trataba de un proceso individual que afectara solo a las dos personas directamente afectadas (madre e hijo) sino a todas aquellas que formaban parte del entorno inmediato.

Desde un punto de vista neurológico, tener un hijo supone una revolución. En el camino del aprendizaje permanente y la conformación diaria de la inteligencia, tener un hijo es más una ventaja que un inconveniente. Como le comentaron algunos neurólogos: “cambia la vida porque presenta desafíos físicos, mentales y mecánicos: tienes que responder a infinidad de desastres a un tiempo. Y como todo reviste una gran importancia, es lógico que sea una época de aprendizaje y cambios mentales. Pocas cosas harán más por tu cerebro que el tener un hijo.” (p. 23)

La inteligencia maternal supone un paso más en la descripción de la complejidad de la inteligencia humana que no se sustrae a la simplificación de los especialistas que desprecian la complejidad sino que gusta acercarse a los especialistas que la respetan. Quizá sólo estamos ante una variante ampliada y compleja de la inteligencia emocional, pero la investigación de Ellison abre un debate interesante y contracultural. Ellison plantea una inteligencia que no se reduce al cálculo, la memoria o la capacidad técnica sino “una lucidez que se traduce en mayor agudeza, eficacia, resistencia, motivación y don de gentes….Si consiguiésemos entender la maternidad como un impulso para la inteligencia de las mujeres tendríamos un gran motivo de esperanza para este siglo.”
Publicado el 22 de Mayo de 2015, en www.entreparentesis.org.
  

domingo, 17 de mayo de 2015

La familia como gancho electoral

"El pasado jueves, víspera del Día internacional de la familia, el gobierno aprobó el Plan Integral de Apoyo a la Familia 2015-2017. Pocos días antes de las elecciones del 24M, el gobierno ha decidido tomar una decisión electoralmente significativa. Para el votante popular más castizo se trata de una medida electoralmente vergonzosa realizada como gancho electoral; para al votante más progre se trata de un simple argumento con el que devolver coherencia al relato de 2011; para el votante ocasional y descreído se trata de una pose o guiño para pescar en la impresionante bolsa de indecisos.


Desde la última legislatura de Aznar, ningún gobierno central había realizado un plan de esta naturaleza.  Se trata, por tanto, de seguir la huella casi difuminada e imperceptible de aquellas iniciativas donde la familia recupera cierto protagonismo que nadie discute. Mucho hemos hablado de la familia como colchón amortiguador de las crisis y mucho se hablará de la familia como factor social, político y cultural que está frenando los procesos de fragmentación, atomización y dualización social. A este gobierno y a los anteriores le sobraban argumentos para apoyar a la familia, lo que le faltaban eran convicciones para abanderar su defensa como bien público y matriz de bienes públicos.

Quienes se atrevan a leerlo con detalle comprobarán que el gobierno lo hace casi de tapadillo, no por convicción sino porque “la realidad lo demanda”, “las recomendaciones internacionales lo exigen”, porque están desarticuladas las medidas familiares entre las autonomías, o incluso porque “es un compromiso electoral”. En ningún momento se dice que se realiza “por convicción” y resulta curioso que no se hace para promover una sociedad más resiliente y justa, sino para “…activación del empleo” y  “garantizar la sostenibilidad y el futuro del estado del bienestar”. Además, sustituyen la palabra “vínculos familiares” por “lazos personales”, como si los redactores quisieran pagar el peaje de la sociedad líquida descrita por Zygmunt Bauman.

Es una pena que el no se hubiera presentado en el primer consejo de ministros de Rajoy porque tiene aspectos interesantes y positivos. Se incide en cuestiones básicas: (a) apoyo a la maternidad, (b) fomento de la flexibilidad para situaciones de enfermedad o acogimiento, (c) incremento de las cuantías en las pensiones de jubilación, incapacidad o viudedad para madres que han tenido dos o más hijos. Hay elementos innovadores que se habían puesto en marcha en las autonomías como el fomento de empresas familiarmente responsables o el refuerzo de buenas prácticas en todos los profesionales de intervención familiar. Al reforzar la transversalidad, condiciona todas las leyes futuras a que vengan acompañadas por un informe sobre el impacto familiar. En fin, ¡nunca es tarde si la dicha es buena!" Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 17 de mayo de 2015.

domingo, 10 de mayo de 2015

Pico y pala


"“Pico y pala” son las dos palabras con las que Esperanza Aguirre, la candidata por el PP a la alcaldía de Madrid, organizará la campaña electoral. Analizado con cierta perspectiva histórica parece un lema más propio del movimiento obrero decimonónico que de un partido conservador, liberal o reformista. De hecho, la chispa y la gracia de este lema no lo tienen las palabras por separado sino el significado que juntas consiguen transmitir.


Nos sitúan en el imaginario político del mundo obrero, es decir, un ámbito profesional que prioriza la acción manual frente a la acción intelectual. El pico y la pala son herramientas vinculadas a un determinado tipo de trabajo: el manual. Un trabajo que se realiza a pie de obra y no en los gabinetes o despachos intelectuales. Les está diciendo a los militantes que tienen que patearse las calles, ir de puerta en puerta y pelear todos los votos posibles desde la militancia más básica, no desde los gabinetes demoscópicos.
                                                                                      
También nos colocan ante una ética de la solidaridad de quienes sufren juntos las penalidades de ese duro trabajo manual. Estamos ante un mensaje muy claro a los militantes y simpatizantes para que se sientan unidos en el sufrimiento, como si los casos de corrupción que les han afectado fueran tangenciales a un proyecto político en el que creen. Se trata de una solidaridad de la que no pueden presumir otros obreros de la política que en cada comunidad autónoma tienen un discurso diferente. Como sucedía en los debates de la II y III internacional, esta solidaridad manual y obrera no entiende de patrias, naciones o tribus enfrentadas.

Por último, reivindican cierta moral de resistencia ante el advenimiento de los enemigos confesados de la sociedad abierta. El resto de las fuerzas políticas no han hecho una defensa clara y contundente de lo que Popper llamaba “sociedad abierta”; andan más preocupados  por el modelo de estado que por el modelo de sociedad, les preocupa menos la sociedad civil que los cargos y las administraciones públicas; han pensado menos los deberes que los derechos, las oportunidades sociales que las subvenciones estatales.

Cuando el horizonte de gobernabilidad parece tan incierto en algunas comunidades como la valenciana, la apropiación de este lema podría ser útil para movilizar unas bases desmoralizadas. Además, tendrían que empezar a construir un discurso político serio, es decir, un discurso que no sólo valga para gestionar resultados sino para construir ilusionadamente la ciudadanía. Para eso, no basta la recuperación conservadora de una utopía liberal como la que se propone con estas alusiones al pico y la pala. Falta un discurso creíble que no penalice las tradiciones, que no demonice a los funcionarios de las diferentes administraciones y que alerte con claridad ante los amenazadores nubarrones de sociedad cerrada." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 10 de mayo de 2015.