domingo, 25 de octubre de 2015

España Laica

"Los líderes del PSOE han comenzado esta semana la campaña electoral reclamando una reforma de la constitución que incluya el adjetivo “laica”. Pedro Sánchez, Meritxel Batet y el portavoz Antonio Hernando, han elegido el factor religioso para entrar en campaña. Podrían haber elegido el trabajo porque la mejora en el empleo no afecta por igual a varones y mujeres; podrían haber elegido la economía porque el crecimiento no llega a todos. Incluso podrían haber elegido la sanidad porque seguimos teniendo problemas con las listas de espera y los indicadores de calidad.


Esta fijación por el factor religioso tiene algo de enfermizo y algún psicoanalista la tildaría de patológica porque expresa algún trauma de infancia. Las argumentaciones de estos tres líderes son diferentes y en algunos puntos contradictorias con las propias prácticas socialistas. Ninguno de los tres ha dicho lo mismo y ninguno de los tres expresan lo que piensan las agrupaciones socialistas, o lo que acredita la gestión de Felipe González, J. L. Rodríguez Zapatero o los partidos socialistas europeos. El socialismo francés sería inexplicable sin la matriz cristiana de Jaures, Peguy, Mounier o Delors.

Sí coinciden en el hecho de que hay que reformar la constitución española para que incluya el adjetivo “laica” cuando se refiera a España, como si durante los últimos cincuenta años no se hubiera producido una separación real y efectiva de los poderes del estado con las confesiones religiosas, sobre todo con la dominante en el régimen político anterior. La fórmula constitucional que aprobamos en 1978 no sólo establece la separación de los poderes del estado con la confesión católica, sino la posibilidad de cooperar con las confesiones religiosas que haya (o pueda haber) en la sociedad española.

Y este es el punto clave donde el laicismo de izquierdas y el laicismo de derechas coinciden: se desentienden de los deseos, las creencias y las preferencias que los ciudadanos tienen en materia religiosa. No se desentienden de las preferencias estéticas, económicas, sociales, sanitarias o sindicales, como si al votar, los ciudadanos, sólo tuviéramos en cuenta una parte de lo que somos.  Lo más grave es la concepción totalitaria que expresan estos laicismos porque dan la espalda a la sociedad reclamando mayor coerción de las administraciones, mayor partidización de los poderes públicos y mayores imposiciones de un determinado modelo de estado. Dan la espalda a la sociedad, la vida comunitaria y el proyecto común compartido que llamamos nación.

Con la fórmula de estado aconfesional no sólo se garantiza la separación sino la posibilidad de cooperar con la pluralidad de confesiones religiosas, de la misma manera que los poderes públicos pueden cooperar con agrupaciones musicales, deportivas, culturales, económicas, científicas, incluso sindicales o empresariales." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 25 de octubre de 2015.  

domingo, 18 de octubre de 2015

Cibermaestros



"Hace unos años, los maestros dejaron de ser unos profesionales de la educación en una determinada materia para convertirse en psicólogos, pedagogos, trabajadores sociales, gerentes, directivos y a veces hasta profesionales del mantenimiento. Había centros con maestros multiusos. Antes de Goleman y la inteligencia emocional, ellos ya sabían lo que era tener competencias cognitivas, emocionales, sociales, decorativas o terapéuticas. Con la irrupción de las redes sociales emerge una figura nueva: el cibermaestro.


En la era digital necesitamos alfabetizar en competencia digital, en ciudadanía digital y, sobre todo, en el uso seguro de las redes sociales en la escuela. Para unos se trata de integrarlas totalmente en todas las materias, es decir, se busca normalizar el uso permanente del dispositivo móvil en Matemáticas, Lengua o Filosofía. Para otros, se trata de convertir las aulas o los centros en islas inmunes a las redes, como si fueran zonas liberadas de la peligrosa contaminación digital. Como si tuviéramos que elegir entre un cibermaestro permisivo y un cibermaestro represivo, como si sólo fueran posibles los maestros integrados o los apocalípticos.

La gravedad de los problemas éticos que plantean las redes sociales en la nueva galaxia educativa digital exige que seamos más cautos y busquemos fórmulas inteligentes que incentiven un uso responsable, seguro y limitado de los dispositivos móviles. Incluso fórmulas imaginativas que potencien el discernimiento en adolescentes y jóvenes. No es una tarea fácil porque se tiene que implicar toda la tribu, es decir, tienen que alinearse los intereses de los padres, de los profesores y de los alumnos.

En algunas partes de España se han puesto en marcha programas que van en esta dirección promoviendo la figura del ciberayudante o el cibermediador. Son figuras educativas nuevas donde educadores especializadas en seguridad, privacidad y competencia digital  promueven un uso responsable de las redes. Están surgiendo iniciativas revolucionarias donde los cibermediadores o ciberayudantes no son maestros especializados sino compañeros de los propios estudiantes que alfabetizan “de igual a igual” en el uso responsable de las redes.

Ha llegado el momento de que las comunidades educativas de la Comunidad Valenciana pongan en marcha iniciativas de innovación en este ámbito. Para eso será necesario que nuestras autoridades se pongan las pilas en los programas de innovación e inviten a los responsables de los cuerpos de seguridad para que se impliquen en la competencia digital de las nuevas generaciones. No sólo para que el centro sea un espacio seguro, sino para que el imaginario educativo de nuestros hijos se instale crítica y cómodamente en la era digital. No para navegar aceleradamente en las redes sino para encontrar algún arraigo o centro de gravedad." Podéis ver el artículo completo en Las provincias, 18 de octubre de 2015.

La escuela de los cibermediadores

"Hace unos años los centros educativos exigían la figura de un mediador especializado que facilitase la convivencia escolar en los centros educativos. Los profesores y el equipo psicopedagógico del centro no se sentían capacitados para detectar, prevenir y resolver problemas de violencia escolar que, por lo general, tenían su origen fuera de las aulas. Con la llegada de la era digital, algunos centros educativos están poniendo en marcha la figura del cibermediador. No se trata de un mediador con superpoderes para controlar el uso de los móviles entre los adolescentes ni tampoco de un inspector de contenidos en las redes sociales. Se trata de un estudiante del propio centro de los cursos superiores que ha recibido una formación básica para acompañar en el uso de las redes a sus compañeros de los cursos inferiores.


Esta interesante iniciativa se ha vestido de largo en una interesante Jornada organizada en Madrid el pasado martes 13 de octubre por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. La jornada tenía como objetivo presentar la líneas maestras del Plan de Convivencia Escolar que está preparando el equipo del nuevo Ministro de Educación. Más de un centenar de profesores de toda España tuvieron oportunidad de conocer algunas ideas básicas de este plan de convivencia que irremediablemente tendrá que construirse en clave digital.

Pero el tiempo no se empleó únicamente para ofrecer a la comunidad educativa esta necesaria iniciativa, sino para que las diferentes comunidades autónomas presentaran algunas iniciativas educativas para mejorar la convivencia en las aulas y prevenir los conflictos en la era digital. En la mesa que me tocó coordinar apareció la figura del cibermediador, era el espacio de encuentro destinado a mostrar iniciativas educativas para prevenir el ciberacoso y que promuevan un uso seguro de las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación).

La profesora María Vallina presentó las iniciativas que han puesto en marcha en Asturias basadas en una convicción básica y elemental que no siempre está clara en los claustros de profesores: internet puede ser una herramienta educativa útil para la maduración. El profesor Antonio Martínez Ramos no llegó a plantear la figura del cibermediador pero presentó otra con las mismas funciones: la figura del ciberayudante. En el centro de Zaragoza que él dirige, el uso de las redes forma parte de las prácticas educativas. En lugar de prohibir el uso de los móviles en los centros o retirárselos a quienes los usan en clase, su comunidad educativa ha decidido integrarlos en las dinámicas educativas para favorecer un uso responsable.

El ciberayudante no es un técnico pagado por los padres o por los poderes públicos para instruir en el uso seguro de las redes. El ciberayudante es una especie de mentor o compañero del propio centro que ha recibido formación para promover un uso seguro de las redes. Nadie mejor que un igual para transmitir pautas, hábitos y prácticas de autocontrol en el uso seguro de las redes. Son los propios estudiantes de los últimos cursos quienes capacitan a sus compañeros para evitar adicciones, instruir sobre privacidad o seguridad y, sobre todo, para generar una cultura de las buenas prácticas que llegue incluso a los padres. El centro utiliza twitter periódicamente para transmitir normas, máximas, reglas, consejos y sugerencias útiles para toda la comunidad educativa. En lugar de hacer que el centro sea una isla en el océano de las redes, esta comunidad educativa se ha integrado sin temores en la cultura digital.
El profesor Miquel Cabezas, como jefe de estudios del Institut Badía (Badía del Vallés, Barcelona) presentó la iniciativa explícita de formar cibermediadores. Comenzaron poniendo en marcha una iniciativa piloto elaborada con los Mossos d’ Esquadra y con la cual capacitaban a un grupo reducido de alumnos para que instruyeran a sus propios compañeros en el uso seguro de las TIC. La formación no sólo se imparte en los centros educativos sino en las instalaciones de la propia policía autonómica, donde los jóvenes conocen de primera mano el alcance, la dimensión y la gravedad del mal uso de las TIC. Con esta iniciativa, además de promover la proximidad de las fuerzas de seguridad a los centros educativos, se promueve la estimación de la seguridad, la privacidad, la responsabilidad y todo un conjunto de prácticas relacionadas con que llamamos razón prudencial.

En la última intervención de la mesa, el director del Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y Formación del Profesorado (INTEF) dio a conocer el compromiso de las administraciones educativas con la promoción de lo que técnicamente llamamos “competencia digital”. Aunque nos faltó tiempo desarrollar algunas propuestas que aparecieron en la mesa, el numeroso público que asistió planteó cuestiones muy interesantes. Algunas para conocer con mayor detalle las experiencias que se presentaron, otras relacionadas con los reglamentos de los centros y las transgresiones administrativas en las que incurren quienes permiten la presencia de los móviles en clases. Cuando se disolvió la mesa y se formaron los corrillos correspondientes me dirigí a quienes habían planteado estas últimas cuestiones. Me confesaron que eran policías especializados en ciberacoso, camuflados entre los maestros, sin el uniforme." (también en www.entreparentesis.org)    

domingo, 11 de octubre de 2015

Amores que matan

"Uno de los capítulos más interesantes de las futuras memorias de la Vicepresidenta de la Generalidad Valenciana será el que describa las conversaciones que mantuvo para que la coalición que preside concurra a las elecciones generales con el partido de Pablo Iglesias. En la previsible coalición electoral entre Podemos y Compromis pesan más los personalismos que los debates ideológicos. Aunque haya un problema entre el jacobinismo paternalista de Podemos y el eco-catalanismo de izquierdas de Compromis, la clave de la coalición está en estos emergentes liderazgos de la política española.

Ni el uno ni el otro son profesionales de la gestión pública. Están especializados en la movilización antisistema, la agitación camisetera y el maquiavelismo táctico de las respectivas asambleas, que ambos convocan cuando las tienen previamente controladas. Iglesias ha visto en Oltra la posibilidad de pescar votos en la comunidad valenciana y atribuirlos a su liderazgo planetario. Oltra ha visto en Iglesias el trampolín para entrar en la política nacional por la puerta grande, es decir, la posibilidad de proyectar su liderazgo más allá de las comarcas valencianas y los colectivos antisistema.

Después de los cien primeros días del Pacto del Botánico, la vicepresidenta ha comprobado que lo suyo no son las carpetas de firmas, los decretos, los proyectos parlamentarios, la arquitectura legislativa o el laberinto de las administraciones públicas. A ella le sucede como a Iglesias, el día a día de la administración y la gestión le resulta aburrido. No están interesados por la gobernanza o el músculo gerencial con el que necesitan funcionar las administraciones, ambos están interesados por la calle y, sobre todo, por la nietzscheana y seductora voluntad de poder. Hasta ahora, les viene grande el estado, los despachos, las comisiones, el derecho administrativo y la paciencia parlamentaria.

El conjunto de grupos que componen la coalición de Oltra saben que el pacto con Iglesias no sólo es peligroso sino antinatural. Aunque la voluntad de derribar a los populares y de capitanear el frente-populismo de izquierda radical sean dos referencias ideológicas comunes, las bases son conscientes de que las decisiones importantes no las tomarán ellos. Lo que no significa que no las pueda tomar quien ha liderado la coalición hasta entonces, es decir, que desde las bases se ha contribuido a potenciar el liderazgo de alguien que instrumentalizó a las bases para su personal proyección política.

Aunque se quiere plantear como una coalición para tener grupo parlamentario propio en Madrid y promover un nuevo período constituyente, la finalidad de la coalición es acelerar las contradicciones del socialismo valenciano. Un socialismo ya banderilleado, amargamente consciente de la envenenada aventura del Botánico, sin saber que hay amores que matan." Podéis ver el artículo completo en Las provincias, 11 de octubre de 2015.

lunes, 5 de octubre de 2015

El laberinto de la soledad

"Promovido por las fundaciones ONCE y AXA se ha hecho público el primer informe sobre la soledad en España. Arrancaba así un conjunto de actos oficiales para conmemorar lo que se ha llamado “semana del mayor”, y que culmina hoy domingo con el “día del mayor”, asociando intencionadamente esta semana con la soledad. Los resultados han pasado desapercibidos ante una opinión pública más preocupada por lo electoralmente urgente que por lo vitalmente importante. La prensa titulaba: “Más de cuatro millones de personas se sienten solas”. Incluso algunos medios recogían un decálogo del informe para “luchar contra la soledad”.


Los investigadores estaban orgullosos de presentar en nuestro país un informe que aborda por primera vez el fenómeno de la soledad “desde una perspectiva subjetiva”. Y aclaran la expresión con los siguientes términos: “no desde la óptica tradicional del número de personas que viven solas sino analizando las circunstancias, características, contexto social y número de personas que experimentan puntual y regularmente un sentimiento de soledad”. A su juicio: “la soledad es un sentimiento con el que tenemos que aprender a vivir… aunque a veces nos hace infelices y se convierte en germen de muchas patologías".

En la aldea global sigue siendo un fenómeno importante que no sólo exige encuestas y dinero para sesudas investigaciones demoscópicas sino sentido común. No hace falta gastarse tanto dinero para recordarnos, como hace la encuesta, que hay una soledad elegida (el 59% de los encuestados vive solo por voluntad propia), hay una soledad forzada (el 41% vive solo porque no le queda más remedio) y hay una soledad obligada (el 7,9% se consideran aislados).

Aunque se viva en compañía, la soledad es importante para la vida. Tenemos un problema político importante con el aislamiento involuntario de numerosas personas que por razones de edad, enfermedad, diversidad funcional o exclusión terminan viviendo solas. Es un problema que no se soluciona únicamente con la tele-asistencia, la tele-medicina, o el tele-cariño (abuelos conectados), sino con una sociedad civil más fuerte, unas familias políticamente mejor valoradas y unos hábitos del corazón más promocionados. Por supuesto con una mejor organización de los servicios socio-sanitarios. Basta fijarse en la caótica organización de la atención a dependientes o de la inexistente red de servicios geriátricos de base para comprobar que hay enfermos, discapacitados y mayores condenados sistemáticamente al aislamiento.

Estas investigaciones sociales deberían completarse con algunas lecturas básicas de los clásicos que se han tomado en serio la soledad, no sólo de filósofos como Ortega y Gasset que tiene páginas fundamentales sobre el tema, sino de escritores como Octavio Paz que se atreven a pensar la identidad de sus gentes desde El laberinto de la soledad." Podéis ver el artículo completo en Las provincias, 4 de octubre de 2015.