"
Estas semanas están pasando por el
Congreso de los Diputados numerosos profesionales de la Educación convocados
por una subcomisión creada para construir el primer gran acuerdo educativo de
la historia de nuestro país. Un acuerdo que ha sido bautizado como Pacto de
Estado Social y Político por la Educación. Un acuerdo que ha despertado el interés de la
opinión pública y que está motivando interesantes entrevistas a personajes
significativos de la reciente historia de la educación en España.
En su número de Abril-Mayo, la revista
del Colegio Oficial de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en
Ciencias de Madrid presentaba una breve entrevista con Álvaro Marchesi,
Secretario de Estado de Educación en los gobiernos de Felipe González. Aunque
menos conocido que Joaquín Solana, Ernest Lluch o José María Maravall, este
profesor de Psicología Evolutiva desempeñó un papel importante en el diseño y
aplicación de la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE). Junto a
César Coll y otros profesores universitarios que tuvieron responsabilidades
educativas en aquellos años (1982-1996) llevaron a la práctica una política
educativa constructivista que, con ligeras modificaciones, se ha mantenido
hasta la actualidad.
En el balance del sistema educativo que
realiza en la entrevista afirma que la LOGSE se olvidó del profesorado y
también las modificaciones legislativas que la sucedieron. Preguntado por las
carencias de la LOGSE y considerar que desde entonces “se ha mejorado poco o
nada” en la educación, afirma:
“Tenían que haberse puesto en marcha
medidas de atención a la diversidad para que las escuelas con más problemas o
con más necesidades contaran con más recursos. Además, la LOGSE no cuidó
adecuadamente el desarrollo profesional del docente; reconozco que no lo
hicimos entonces y creo que tampoco se ha hecho después. Por eso creo que, en
general, ha sido una ley mal interpretada.”
El reconocimiento de este descuido es un
dato importante que no debería pasar desapercibido a los miembros de la
subcomisión del Congreso. Quienes conocimos el desarrollo legislativo, el
diseño administrativo y la aplicación organizativa de la LOGSE sabemos que la
LOGSE no consideró al maestro y profesor como un profesional que necesitaba
desarrollarse sino como un “empleado” o “trabajador”. Esta simplificación de la
figura del profesorado es una de las raíces de la crisis del sistema educativo
que ahora se quiere volver a reformar.
Desde entonces, las decisiones sobre el
desarrollo profesional de los docentes siempre han estado condicionadas por el
equilibrio de fuerzas sindicales de los centros o las respectivas comunidades
autónomas. El desarrollo profesional docente no ha existido porque los maestros
y profesores no tenían la consideración de “profesionales” sino de “empleados”,
es decir, se desarrollaba el sistema educativo en términos estrictamente mecánicos.
La maestro y profesor era considerado en términos estrictamente fordistas y
tayloristas como pieza sustituible de un sistema. Con este tipo de lógica las
claves del desarrollo profesional están determinadas por los cálculos políticos
y sindicales, nunca por cálculos estrictamente profesionales.
Durante estos años, los criterios para la
formación, selección, desarrollo y promoción profesional de los profesores han
estado en manos de los poderes sindicales. Con independencia de su grado de
representatividad, los sindicatos de la educación se han encargado de
laboralizar, sindicalizar y desprofesionalizar lo que en derecho administrativo
se llama “función docente”. Esta mecanización de la función educativa es una de
las causas por las que ha desaparecido la carrera profesional, se han
desmotivado la mayor parte de los equipos educativos, se han desincentivado los
equipos de innovación y, sobre todo, se ha desprestigiado el oficio de maestro.
Quienes en los años ochenta y noventa
apelaban a la autoridad del maestro, la cualificación universitaria de los
profesores y la organización profesional de la carrera docente fueron
marginados, despreciados y arrinconados. Quienes ahora realizan balances de
aquellos años deberían empezar sus reflexiones responsabilizándose de los
errores cometidos porque los problemas educativos no son tan simples como se
plantearon en aquellos años.
Si de verdad queremos un pacto educativo
debemos empezar reconociendo los errores cometidos porque las leyes y los
sistema administrativos que las desarrollan son obra de equipos humanos. Ahora es muy fácil decir que la crisis
económica y los recortes son los culpables de un profesorado desanimado,
desmotivado y desprofesionalizado. Mientras los profesores y políticos (y
autoridades sindicales) que han tenido responsabilidades educativas durante las
últimas décadas no reconozcan los errores, las faltas de perspectiva y las
simplificaciones pedagógicas realizadas, no será posible un pacto educativo.
Esperemos que tres décadas más tarde nuestros legisladores no desprecien, como
entonces, el noble oficio de maestro." Podéis ver el artículo completo en: http://entreparentesis.org/olvido-del-profesorado-pacto-educativo/