domingo, 27 de junio de 2021

La desmoralización del indulto

"Aunque sean recurribles, ya están aprobados los indultos parciales que el gobierno ha concedido a los presos catalanes condenados por malversación de fondos públicos y sedición. Amparándose en el artículo 62 de la Constitución y la ley de 1870 que regula las reglas para el ejercicio de “la gracia de indulto”, el gobierno ha tomado una medida tan partidístamente previsible como políticamente arriesgada. A diferencia de otros indultos en los que prevalece una ‘ética de la sobreabundancia’ sobre una ‘ética de la simple equivalencia’, en este caso parece desaparecer cualquier dimensión o resquicio moral de esta medida gubernamental. Como si se hubiera desprovisto de toda su carga, vigor o fuerza revitalizadora de la moral pública, se ha producido una desmoralización del indulto que puede entenderse en un doble sentido. 


     Ante todo y en primer lugar porque no hay arrepentimiento de ningún tipo. Conscientes de la dimensión pedagógica y publicitaria de su salida de la cárcel, los presos indultados no han mostrado la más mínima señal de arrepentimiento. De esta forma, la orgullosa individualidad perdonada manifiesta su deseo de romper con una generalidad reconciliada que se ha sacrificado a sí misma. En terminología de Hegel, el indulto es una figura de reconocimiento y reconciliación que la voluntad general realiza para situarse al nivel de la voluntad individual, como si el contrato social hiciera apalabrada memoria de la vinculación mutua entre ciudadanos. Si después de la gracia el perdonado se mantiene y empecina en la propia certeza de sí, no sólo persiste en su enajenación, sino que deslegitima voluntariamente a su comunidad política y retorna al estado de naturaleza. Sin arrepentimiento personal, los indultos son recursos tácticos de un sistema judicial partidístamente amaestrado. 

     En segundo lugar, porque estos indultos están provocando una desmoralización acelerada de la ciudadanía, lo que supone un deterioro de la confianza en algunas instituciones que no están sobradas de crédito como los tribunales de justicia. Se han concedido los indultos dando la espalda al ministerio fiscal y al tribunal sentenciador, por eso el inmediato recurso anunciado abrirá un debate interesante entre los fiscales sobre la arbitrariedad de este caso, para interpretar la motivación con la que se ha concedido. Se plantea la necesidad de motivar –o no- los indultos en razones indeterminadas de “justicia, equidad o utilidad pública”. Aunque no sabemos por dónde irán las deliberaciones, la arrogancia de los indultados, la inconsistencia moral del gobierno en sus pronunciamientos públicos y la debilidad del estado durante todo este tiempo están trayendo como resultado una peligrosa desconexión entre gobernantes y gobernados. Desánimo peligroso que rentabilizan siempre aquellos villanos desagradecidos, y desgraciados, que aún promueven la guerra de todos contra todos." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/desmoralizacion-indulto-20210626004452-ntvo.html

miércoles, 23 de junio de 2021

Encuentro Iberoamericano sobre Ética y Economía

 

I Encuentro Iberoamericano sobre ética y Economía

UNAM. 24 junio de 2021

Ética y política económica para el desarrollo humano integral



martes, 22 de junio de 2021

Seminaro de Investigación en Bioética, Mayo 2021


Enlace a la intervención en el Seminario de investigación en Bioética. 17 Mayo 2021Tema: Bioética del Cuidado en la Era digital: 

https://youtu.be/IcbdL4GOQ28

domingo, 20 de junio de 2021

Vivir sin mentiras

    "En su gira por Europa, el periodista norteamericano Rod Dreher estuvo en Valencia presentando su nuevo libro: ‘Vivir sin mentiras’ (Ed. Encuentro). Para quienes no lo conozcan, Dreher se hizo famoso hace tres años cuando invitaba a revitalizar las comunidades cristianas proponiéndoles ‘La opción benedictina’. Dejando de lado otras opciones tan legítimas como la ‘paulina’ o ‘ignaciana’, Dreher recordaba el significado de la orden benedictina. Sin los monasterios benedictinos medievales sería difícil que el mundo moderno hubiera conocido, no sólo el cristianismo, sino el legado cultural greco-romano. En aquél libro, les proponía a los padres con hijos cristianos que estuvieran atentos al ‘deísmo moralista terapéutico’, una versión emotivista de la fe cristiana basada en el bienestar psicológico. Reclamaba una estrategia cultural en sociedades poscristianas para hacer frente al individualismo y las prácticas indoloras que reducen el amor cristiano a terapia, bienestar o filantropía. 

 Ahora propone hacer frente al ‘totalitarismo blando’. No es el único analista que retoma este tema porque Zuboff en su obra ‘El capitalismo de la vigilancia’ plantea el reto del empobrecimiento cultural que las grandes empresas de la digitalización global están generando cuando establecen el canon cultural en la opinión pública, es más, cuando promueven la indiferencia y desinformación. Dreher recupera a Hannah Arendt para recordar que el totalitarismo no describe sólo las formas antidemocráticas de los estados, sino las prácticas despóticas de empresas o instituciones que anulan la capacidad de juicio personal y de verdad porque ofrecen seguridades sólidas en tiempos líquidos. Totalitarismo favorecido por una digitalización y una pandemia global que ha incrementado la atomización, la soledad, el incremento de la desconfianza en las instituciones. Nunca como ahora las prácticas totalitarias habían tenido tantas oportunidades para la propaganda y las mentiras de utilidad pública. 

En la invitación para vivir en la verdad, el autor se integra en la tradición política de los disidentes que en tiempos de la URSS y el telón de acero lucharon contra las mentiras de sus respectivos gobiernos. Aún a costa de padecer prisión, los firmantes de la Carta 77, con Vaclav Havel a la cabeza, se atrevieron a levantar la voz para defender las libertades públicas. Cuatro décadas después, la cultura de la corrección política y el progresismo populista intentan reescribir la historia sin voluntad de verdad. El libro será útil para quienes aún se resisten al ‘estado totalitario rosa’ y el ‘progresismo social activo’, la nueva religión de un ‘capitalismo woke’ que estigmatiza a quienes no son progresistas. Si alguien duda sobre la presencia de este totalitarismo blando sólo tiene que leerse las controversias que ha generado en el CGPJ con su informe a la ley de memoria democrática." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/vivir-mentiras-20210619004351-ntvo.html

sábado, 12 de junio de 2021

De profesión, pastor

"Aprovechando estos días de selectividad, el gobierno aprobó esta semana el ‘Plan de Garantía Juvenil Plus 2021-2027’. En la rueda de prensa posterior al Consejo, la ministra resumió las bondades de este plan ‘super-mega-guay’ para dignificar el trabajo de los jóvenes. No es cualquier plan porque se trata de un ‘plan Plus’, como las tarjetas de Iberia o de Renfe, atrás quedaron el resto de los planes porque estos ministros podemitas son ‘lo más de lo más’, quiero decir, ‘lo plus de lo plus’. El bienintencionado y loable objetivo no es otro que ‘mejorar la cualificación de las personas jóvenes para que, adquiriendo las competencias profesionales y técnicas necesarias, se integren en el mercado laboral’. Un plan donde el mundo global-digital (azul) se fusiona con el mundo ecológico-rural (verde) para ofrecer a los más jóvenes la oportunidad de ‘capacitarse en el pastoreo de alta montaña, la ganadería extensiva, la apicultura o la agricultura ecológica’. 


Los miles de estudiantes que este año han vuelto a someterse a la absurda, innecesaria, manipuladora y antipedagógica prueba de selectividad, ya tienen la oportunidad de convertirse en pastores. El gobierno se ha preocupado por ellos y les invita a que, cuando les pregunten por la profesión a la que aspiran, indiquen claramente: “pastor”. No es ninguna tontería porque muchas comunidades autónomas han puesto en marcha “escuelas de pastores” con la finalidad de renovar instalaciones de ganadería extensiva y formalizar actividades profesionales relacionadas con la agricultura de montaña o núcleos de población rural abandonados, no solo por la gente, sino por las administraciones que han suprimido servicios básicos y esenciales. Unas escuelas donde no sólo se aprende a distinguir entre rastrojo, barbecho y sembrao, sino que se pueden aprender las ultimas innovaciones en técnicas de ordeño, herbicidas, seguros agrarios o comercialización de productos. 

Esta forma que el gobierno ha elegido para dignificar a los pastores y las actividades agropecuarias está llena contradicciones. En primer lugar, porque los redactores no saben distinguir entre oficios, profesiones y empleos. Creen que los pastores, agricultores o apicultores son simples empleados que se dan de alta en la seguridad social, pagan sus impuestos y participan de individualismo cultural del urbanita consumidor compulsivo de centro comercial. Aunque escaseen los pastores y sean inmigrantes geolocalizados con transistor y GPS, la dignificación de este oficio no se consigue con finanzas dedicadas a los intermediarios de la in/de-formación o los euroburócratas de la PAC (Política Agraria Común), sino unificando absurdas normativas tribales autonómicas, reduciendo impuestos, introduciendo transparencia en la comercialización de la leche, la carne y los productos del campo." 
Podéis ver el artículo en:https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/profesion-pastor-20210612001008-ntvo.html

domingo, 6 de junio de 2021

Europa y la economía social

Después del rechazo de la constitución para Europa que promovió Valery Giscard d’ Estaing, los países de la UE han puesto en marcha una “conferencia” donde nos invitan a pensar juntos el futuro. Haciéndolo de una manera obvia y natural: partiendo de nosotros mismos. A diferencia de otros momentos donde la identidad europea era el resultado de lo que los líderes políticos o los partidos canalizaran, ahora se propone una iniciativa ascendente cuyas raíces están en los “paneles de ciudadanos europeos”. Ya hay varios en marcha y un tema transversal que define la identidad europea es el modelo de economía. Como si en el actual contexto geopolítico pudiéramos tener un modelo propio, como si los ciudadanos de un mundo globalizado pudiéramos elegir a la carta el tipo de sistema económico que queremos promover, como si en el siglo XXI pudiéramos elegir entre diferentes tipos de capitalismo. 


 La historia de la economía nos enseña que no hay una única forma de entenderla y, sobre todo, que no hay una única forma de entender el capitalismo. Además del capitalismo financiero que muchos han calificado “de casino” o “especulativo”, hay otros como el mercantil o industrial donde la creación de la riqueza no sólo depende de la renta o el capital sino de los modos de organizar producción y trabajo. Mientras el financiero se basa en la compra y venta de dinero, asociado a entidades financieras, los otros capitalismos se basan en filosofías de las relaciones humanas que dependen de diferentes ideas de vida buena. También contamos con un capitalismo totalitario o de estado, asociado a las prácticas económicas de China. Para colmo, la convergencia de globalización y digitalización ha generado otro modelo que Zuboff ha llamado “capitalismo de la vigilancia” donde el poder está en manos de G.A.F.A. (siglas de Google, Apple, Facebook, Amazon). 

 También nos recuerda la historia de la economía que hundiendo sus raíces en la Escuela de Salamanca, la Escuela Genovesa y la Escuela de Friburgo hay otro modelos de economía que vinculan la vida de los pueblos, el mercado y una nueva forma de entender el estado después de la IIGM. Conocida como “economía social de mercado” esta forma de modular el capitalismo, los estados y la actividad de los mercados se fundamenta en un modelo de sociedad que llamamos “sociedad abierta”. El error frecuente ha sido reducir este modelo a categorías utilitaristas e individualistas promoviendo un modelo de sociedad, de capitalismo y de estado que han llamado “de bienestar”. Con ello en lugar de promover la participación significativa y la capacitación ciudadana para la economía, se ha promovido la pasividad y el consumo gregario. Europa se compromete con el mercado desde la sociedad y la civilidad, por ello, como recuerda Stefano Zamagni, la nuestra no es una economía de estado o mercado, sino de ciudadanos, una economía civil.
Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/europa-economia-civil-20210605000909-ntvo.html