jueves, 29 de marzo de 2012

Sin huelga y sin trabajo

"En las huelgas generales la opinión pública no sólo padece una guerra de cifras sino de interpretaciones. Resulta curioso comprobar que pocas lecturas van al fondo del asunto, se conforman con saber si ha sido un éxito o un fracaso, si ha sido pacífica o violenta, si ha sido oportuna o intempestiva, si ha resultado útil para desgastar gobiernos o inútil porque ha dejado las cosas igual.

Toda huelga tiene una interpretación maquiavélica porque es un ejercicio de presión política. En esta, aún no sabemos si ha sido bendecida por el gobierno porque la presión recibida en la calle le ha servido para obtener el pedigree o músculo de la gobernanza en los despachos de Bruselas. Las huelgas son una prueba de mayoría de edad para los gobiernos, un rito iniciático para pasar de adolescencia a la madurez

En primavera también hay una interpretación nietzscheana. Ni los convocantes ni quienes les autorizan parecen interesados en la verdad, todo son declaraciones para los medios, protestas llenas de escenificaciones coloristas o maquillaje mediático, y las correspondientes peleas corporativas. Si no fuera por la mediación de la violencia que transforma en sacrificial la representación, hablaríamos de una mascarada espectacular. El sindicalismo más negociador afila maniquéamente sus dientes de la misma forma que los políticos más cerebrales son arrastrados por sus más epidérmicas pasiones.

Cuando la huelga es general siempre es posible una interpretación socrática realizada por el ciudadano medio que se encuentra preplejo ante tanta sofística. De la misma forma que Sócrates fue condenado a beber la cicuta porque prefirió ser víctima de una injusticia antes que cometerla, el ciudadano medio prefiere ser víctima de las injusticias reales que ve cuando los piquetes no sólo informan sino que agreden, cuando los cuerpos de seguridad no les defienden porque obedecen órdenes, o cuando los políticos se arrodillan ante los polifémicos dioses financieros.

También hay una interpretación marxista, desconocida por sindicalistas y políticos profesionales. Para ello hay que valorar el trabajo como actividad que dignifica, capacita y genera valor. Para ello hay que pensar las nuevas formas de trabajo y, sobre todo, el nuevo perfil de un trabajador joven, explotable, despedible y sobradamente preparado que es pura mano-de-obra. Si la reforma del gobierno no pasa la prueba de esta interpretación estará condenada al fracaso porque nuestros hijos siguen en casa, sin huelga y sin trabajo." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 30/III/2012.

lunes, 26 de marzo de 2012

¡Viva la Pepa!

"Hemos comenzado la celebración del segundo centenario de la Constitución liberal de 1812. Por haberse proclamado el día de San José y despertar un entusiasmo cívico pocas veces repetido se celebró su proclamación al grito de ¡Viva la Pepa! Vamos a ser testigos de celebraciones complejas, diversas, plurales y muchas veces discrepantes. Ello no debe asustarnos y forzarnos a un repliegue en la curiosidad, al contrario, debería estimular nuestra inquietud para conocer con mayor detalle lo que sucedió aquel lluvioso día en el que los patriotas echaban un pulso a José Bonaparte, rey invasor que ese día celebraba su onomástica.

Es difícil saber si las celebraciones han llegado en mal momento porque con los ajustes y los recortes es probable que los fastos estén condenados a la austeridad. Así debería ser, y no sólo por el hecho de que las arcas públicas estén vacías, sino por la dignidad del hecho de que recordamos. Con realismo sanchopancista celebramos un sueño quijotesco que ha configurado nuestra historia más reciente y del quizá nuestros hijos sean incapaces de hacer memoria porque han nacido en una sociedad con escuelas, hospitales, bibliotecas, carreteras y caprichos. Es difícil que puedan extraer todo el jugo posible a una palabra que desde entonces ha condicionado nuestra historia política: liberal.

Con independencia del uso y abuso que hacemos de este término, las nuevas generaciones creen que la tolerancia activa, las libertades públicas y el civismo son disponibles frutos silvestres que no requieren cultivo y sacrificio. Con independencia de que el liberalismo sea social o el socialismo liberal, no hemos conseguido transmitir a nuestros hijos la convicción de que los mimbres liberales no son irreversibles, que los totalitarismos y el despotismo democrático sigue estando al acecho. Mimbres liberales que no se pueden reducir a la simple capacidad de elegir o hacer, como si lo liberal no fuera una forma de ser, de estar y de tener que ser.

Aquella constitución no fue el resultado de ninguna negociación de partidos sino de ideas. Levantó el vuelo una nación de personas, no de territorios. Celebramos una nación de ciudadanos, no de masas, gentes, nacionalidades o clases. Fue un texto referencial y mestizo hecho para sumar voluntades, texto que combinaba la levita jacobina con la cogulla de fraile, donde los redactores se atrevieron a proclamar a Santa Teresa de Jesús patrona de España." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 23/III/2012.

lunes, 19 de marzo de 2012

Cultura del dormitorio

"No piensen que me estoy refiriendo a las diferentes versiones de los reality que han convertido el dormitorio en escenario de programas televisivos. Me estoy refiriendo al cambio en los hábitos y las costumbres de los menores, generado por la forma en la que usan y abusan de las tecnologías de la información y la comunicación. Los investigadores del impacto de las redes en los menores nos advierten que se ha generalizado un nuevo tipo de cultura que llaman del dormitorio por ser la habitación de la casa donde pasan más tiempo conectados a las pantallas.

El dormitorio es el lugar donde está el ordenador y se tiene una conexión personal a la red, el lugar donde casi un tercio de los menores tienen una pantalla o televisión privada. Los datos son significativos: el 29% de los menores tiene ordenador en su cuarto y entre los que tienen menos de 12 años, más del 40% tiene una televisión en su cuarto. Un porcentaje que supera el 50% cuando tienen más de 12 años.

Hay razones pragmáticas, de supervivencia o coexistencia familiar pacífica, para que los menores dispongan de conexión a internet o televisión en su dormitorio. No olvidemos que la convivencia familiar es más compleja de lo que algunos psicólogos, pedagogos, jueces y fiscales de menores se piensan. Ciertos momentos de paz son fugaces bienes hogareños que sólo se consiguen cuando cedemos a las compulsivas y obsesivas pretensiones de nuestros hijos. Pretensiones incentivadas y estimuladas por una sociedad de consumo donde los menores ejercen despóticamente como tiranos. Pretensiones avaladas por un imaginario cultural y pedagógico donde los derechos a todo se extienden a los artilugios electrónicos y se exigen en todos los espacios vitales sin pensar para nada en las obligaciones y responsabilidades.

Hay razones educativas que aconsejan restricciones en el acceso a la navegación y el juego interactivo desde el dormitorio. Se nos aconseja a los padres que situemos las pantallas en lugares comunes de la casa, y no para vigilar o controlar los accesos sino para regular el tiempo, la forma y gestión de las comunicaciones que mantienen nuestros hijos. Algunos padres acuden a soluciones pragmáticas, otros quieren recetas para militarizar la interactividad. No es fácil promover acuerdos provisionales para un uso inteligente entre los padres y aplicar la primera lección del buen maestro: parar, templar y mandar." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 16/III/2012.

domingo, 11 de marzo de 2012

Familia y Redes Sociales

"Hace unos meses se hizo público el informe de la Fundación Telefónica sobre el uso que los menores hacen de las tecnologías de la información y la comunicación. Con el título de Generación Interactiva, los autores del informe, que han entrevistado a menores con edades comprendidas entre 6 y 18 años de España e Iberoamérica, indican que nos hallamos ante una situación educativa nueva. Mientras los agentes educativos están negociando la forma de ajustar los horarios, resulta que los menores están construyendo un imaginario nuevo, con hábitos diferentes y con nuevos ideales de vida.

Aunque algunos centros educativos llegan a plantearse la utilización de las redes, el iPad y otros tablets en la vida cotidiana, la mayoría de los agentes educativos están perplejos. Perplejidad que nos afecta de manera especial a los padres porque nos sentimos impotentes ante los retos que estas tecnologías ofrecen para aprender y desaprender. Las conclusiones del informe no son apocalípticas, es decir, no generan ningún tipo de alarma para que desde las familias pongamos puertas al campo de las nuevas tecnologías. Tampoco son románticas y, por tanto, no idealizan el uso indiscriminado de las TICs en los hogares. Son conclusiones educativamente desafiantes, porque cargan en los hombros de los padres una responsabilidad para la que nadie nos había preparado.

La nueva generación es una generación equipada, el 65% de los menores que tienen más de 10 años ya usan ordenador y en la mitad de los hogares los menores que tienen entre 6-9 años están familiarizados con variedad plantallas. Es una generación precoz, porque el 64% de los menores se declaran usuarios con 7 años; celular, porque los juegos y la comunicación se realizan desde el móvil; multitarea, porque son capaces de realizar simultáneamente varios recorridos con diferentes desenlaces, y sobre todo más autónoma porque todos han sido autodidactas.

Una autonomía que generaliza una cultura del dormitorio porque las pantallas se encuentran en el propio cuarto y porque más de la mitad de adolescentes navegan solos por la red. Este panorama sitúa las familias ante nuevos riesgos relacionados con la gestión de la intimidad, el acoso y nuevas formas de socialización que modifican los hábitos de pertenencia e identificación. Riesgos que no sólo exigen una mayor implicación de los padres sino que anuncian la inminente llegada de un nuevo modelo de familia: la familia interactiva." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 9/III/2012.

viernes, 2 de marzo de 2012

Crisis de ejemplaridad

"Todos los años por estas fechas tengo la ocasión de participar en las Escuelas de Formación Socio-política que puso en marcha la Fundación Vives. Hasta ahora analizábamos un caso práctico de responsabilidad social y profesional en el que se ponían a prueba las virtudes profesionales, los valores corporativos y los contextos legislativos. Ayer cambiamos la estrategia y planteamos el tema de la crisis de ejemplaridad de la clase política. En lugar de analizar uno caso práctico, me atreví a plantear el tema de la ejemplaridad pública. Al ser alumnos con elevada motivación para los asuntos públicos, con buena preparación profesional y con vocación política, pedí que leyeran ciertos autores clásicos con los que discernir lo que está pasando en nuestra comunidad. No les pedí que leyeran a Cicerón, Moro o el propio Vives, pero sí que descubrieran ciertos escritos de Havel y Ortega.

Este último tiene artículos útiles para evitar la desmoralización y provocar iniciativas de regeneración que compensen las irresponsables agitaciones callejeras. En uno de ellos, aquél en el que responde a un joven argentino que estudia Filosofía, reconoce que la juventud argentina le inspiraba más esperanza que confianza. Era una generación llena de empuje y fuerza vital, con capacidad para iniciar grandes empresas históricas. Sin embargo, una generación sin disciplina interna, sin la cual toda energía se desagrega y volatiliza. No basta la curiosidad para construir proyectos, es necesaria la disciplina y el rigor mental para desarrollarlos. A nuestros hijos y alumnos les sobra sensibilidad e inteligencia pero les falta disciplina y criterio.

Otro texto del mismo año plantea la relación entre ejemplaridad y perfección. Con su lectura atisbamos que la crisis económica ha sacado a la luz una crisis de modelos, de maestros, de figuras que estimulen y espoleen la vida cotidiana. Más que un problema educativo, estamos ante un problema cultural porque los ejemplos que tenemos a nuestro alcance son ficticios y falsos, más atentos a la corrección política que a la perfección moral. No son gente que sueña y se arriesga sino gente que renuncia, se repliega y se abstiene. Gente conformada con el mínimo exigible que idolatra la comodidad, que confunde lo público con lo privado y partidista. Gente a la que Dante situará en el Infierno no por ser pecadores notorios sino porque durante toda su vida siempre han ido a lo suyo." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 2/III/2012.