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Esta semana ha dejado su acta de diputada Mª
Dolores de Cospedal. Según sus declaraciones lo ha hecho para no perjudicar a
su partido en las andaluzas. Para el conjunto de la opinión pública, las conversaciones
difundidas por Villarejo aconsejaban que no sólo diera un paso atrás y dejara
la ejecutiva (como ya lo hizo la semana pasada) sino que saliera del actual laberinto.
Se ha ido publicando una carta que deberían leer con detalle los políticos. En
lugar de realizar un cese ordenado de responsabilidades y hacer mutis por el
foro, Cospedal ha dado un portazo que se ha oído hasta en Valencia.
Ha lanzado tres mensajes. Está cansada y harta
de una actividad política que le ha impedido cuidarse de sí y de los suyos: “por
una vez, tengo derecho a cuidar de mí misma y de los míos”. Mensaje saludable
para los ciudadanos, recordándonos que los políticos también son seres humanos,
que tienen vida privada y que cuando se dedican a la vida pública arriesgan su
salud.
En segundo lugar, ha lanzado una carga de
profundidad al PP como partido. Su anterior cargo y las peleas internas le han
enseñado lo difícil que es delimitar con claridad dónde están y quiénes son
“los nuestros”. Heredada la lección de Pio Cabanillas, a quien se atribuye
aquella frase de “cuerpo a tierra que vienen los nuestros”, y dejando clara la
necesidad de luchar contra cualquier tipo de injusticia que tienen todos los
militantes, hay unas líneas que no
tienen desperdicio: “Siempre he creído que un partido que no es capaz de
defender a los suyos cuando están siendo injustamente atacados, no puede
esperar que los ciudadanos confíen en él. Cuando tus adversarios políticos
detectan que tu fortaleza es vulnerable, los ataques se multiplican”.
En ese tema, los militantes del PP en la
comunidad valenciana se han ido doctorando en los últimos años porque han visto
que aquí, parece ser, nadie defiende a nadie. Van a cumplirse dos años de la
muerte de Rita Barberá, Eduardo Zaplana está con leucemia y pendiente de juicio
en prisión, y algunas personas que fueron cargos públicos durante el PP son
investigados, imputados o encausados. Con independencia de las
responsabilidades propias y personales de cada uno de estos militantes, el votante
popular percibe abatimiento, desánimo e indefensión de cada responsable público
a su propia suerte. ¿Con qué moral estarán los interventores o se harán las
listas municipales si este equipo de personas no defiende la honestidad de la
gran mayoría de los suyos?
En tercer lugar, la carta habla de la
hipocresía y la “vara de medir” que se utiliza para juzgar a los actores
políticos. Y utiliza una palabra que califica el proceder mediático, cultural y
político de quienes practican la “amistad botánica” de la izquierda inmisericorde,
y que nunca han aceptado moralmente un gobierno que no fuera el suyo: “ensañamiento”." Podéis ver el artículo completo en https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/portazo-cospedal-20181111003517-ntvo.html