Dentro de unos meses aparecerán los estudios
de varios centros de investigación que ratificarán esta tendencia y las
distintas administraciones públicas buscarán argumentos para lavarse las manos
o mirar hacia otro lado. Los ayuntamientos dirán que es culpa de la
administración autonómica, esta dirá, a su vez, que es culpa de la
administración central. Esta última acudirá al argumento de la crisis y la
herencia recibida para justificar datos preocupantes.
Las cifras que aparecen en la última memoria
presentada por Cáritas en Valencia son preocupantes: en 2013 se ha incrementado
en más de 5000 personas el número de atendidos. No sólo se han batido todas las
marcas al incrementarse el número de personas atendidas sino que se está
produciendo una cronificación de la pobreza. Esto significa que se ha
incrementado el tiempo en el que la gente necesita atención social, una media
de tres años. Aunque sea necesario reestructurar la ayuda de manera diferente
para terminar con la ayuda de urgencia, en realidad, este tipo de ayuda es ahora
la más necesaria. El 75% del presupuesto se destinó a alimentación, vivienda y
educación. Además, esta ayuda de urgencia ha generado el retorno a las
parroquias y vicarías de los economatos, una fórmula de gestión que desafía la
monetarización y tabulación de los responsables de la hacienda pública porque
está basada en fórmulas de intercambio social presididas por la donación, la
generosidad y la ayuda mutua. Fórmulas informales y no convencionales que
desafían la economía del capital.


