domingo, 31 de mayo de 2020

Dinamitar la concordia

"El pasado jueves se vivió en la sala Ernest Lluch de las Cortes un espectáculo bochornoso en la recientemente creada “Comisión para la reconstrucción nacional”. Comenzó por la mañana y terminó por la tarde cuando el presidente de la comisión, el socialista Patxi López, tuvo que pedir disculpas porque unas horas antes no había estado a altura de las circunstancias de lo que su función exigía. La complicidad con las palabras del Vicepresidente Iglesias, su solidaridad con el tono chulesco y su empatía con los modos sarcástico-totalitarios del compareciente, le generó tal remordimiento que no tuvo más remedio que pedir disculpas.

Lo más vergonzoso de esta jornada no fue este arrepentimiento o la mala conciencia del presidente, sino el hecho de que los parlamentarios que la componen no se levantaran y acompañaran al portavoz de VOX cuando, despreciado y maltratado institucionalmente por la mesa, López lo ninguneó con la expresión “tiene la piel muy fina”. Todo con el sarcasmo barriobajero del Vicepresidente Iglesias. El drama parlamentario, cuya escena primera terminó cuando burlonamente Iglesias dice “Cierre la puerta al salir, señoría”, pasará a los anales de la democracia como ejemplo de lo que no tiene que ser una comisión parlamentaria. Allí no hubo nada de reconstrucción y menos de nacional. Los portavoces parlamentarios y miembros de la comisión perdieron una ocasión privilegiada para dar la espalda a la estrategia de polarización, enfrentamiento y resentimiento que promueven algunos en las filas del PSOE, Compromis, Esquerra y Unidas Podemos.

Quienes pensaran que esta comisión aceleraría los ritmos de la reconstrucción se equivocan. Con presidentes así y comparecientes gubernamentales con vocación de pirómanos de civismo, lo único que conseguiremos será retrasar las reformas que necesita la España de la próxima generación. La reconstrucción que está en juego requiere los mimbres solidarios de los años setenta y no los mimbres fratricidas de los años treinta del pasado siglo. Tanto esta comisión, como las que se han promovido en autonomías o ayuntamientos, se están precipitando hacia el fracaso por la sencilla razón de que reproducen cuotas de poder partidista y no cuotas de dinamismo cívico o social. Se han activado porque los ciudadanos lo pedimos a gritos, no porque sus señorías tuvieran prisa. Resulta paradójico que todas las energías constructivas que se activan cuando cambiamos de fase epidemiológica sean torpedeadas de golpe por ciertos líderes con un objetivo claro: dinamitar la concordia constitucional." Podéis ver el artículo en https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/dinamitar-concordia-20200531235435-ntvo.html 

domingo, 24 de mayo de 2020

Sin ancianos no hay futuro

"La “Comunidad de Sant’ Egidio” ha puesto en marcha una campaña que lleva por título “Sin ancianos no hay futuro”. Para quienes no la conozcan, es una asociación pública de laicos cristianos fundada por Andrea Riccardi después del Concilio Vaticano II y que ha promovido campañas ecuménicas contra el hambre y la mediación pacífica de los conflictos. El llamamiento está firmado por personajes de todo el mundo y quieren denunciar el tratamiento inhumano que se está realizando con los ancianos durante estos meses de pandemia. Es una denuncia en toda regla a las instituciones sociales y sanitarias que han gestionado la muerte de los ancianos durante estos últimos meses.

Las comisiones para la reconstrucción que se han creado no sólo están para reconstruir la actividad social y económica sino para revisar la responsabilidad de quienes se negaron a la hospitalización, el tratamiento y la medicalización de personas que superaban los ochenta años. Las respuestas que recibieron los responsables de las residencias cuando informaban de un anciano con cualquier tipo de síntomas (y no sólo respiratorios) pasarán a la historia de las malas prácticas administrativas de la humanidad. Los ciudadanos no podemos consentir unos servicios sociales y sanitarios que promueven una sanidad selectiva que considera residual la vida de los ancianos. La edad, y la precipitada valoración del ciclo vital de una persona, no son razones  suficientes para la exclusión de un tratamiento médico, con pandemia o sin ella.

La campaña es internacional y pretende despertar a la opinión pública porque no sólo se ha estandarizado, mecanizado y deshumanizado el proceso de morir sino que se la ha edulcorado mediáticamente. Aunque es un fenómeno que ha sucedido en otros países, el caso de España es especialmente dramático porque han muerto más 18.000 ancianos en un contexto residencial En menos de dos meses ha desaparecido la que probablemente ha sido la generación más resiliente de Europa. Con ello describimos su fecunda capacidad de adaptación a la posguerra, al desarrollo y a los vaivenes de las democracias. También describimos su capacidad para adaptarse a la escasez y la abundancia, al luto y la fiesta. Fue la generación que luchó contra las dictaduras, que trabajó por la reconstrucción familiar de sus pueblos y que también edificó lo que aún queda de Europa. Nunca imaginaron tal desamparo institucional de una sociedad por la que tanto habían hecho, sobre todo cuando les aplicaron un doble confinamiento y les dejaron morir, amargamente, en soledad." Podéis ver el artículo completo en:https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/ancianos-futuro-20200524002726-ntvo.html

domingo, 17 de mayo de 2020

Pasiones desatadas

"La energía con la que estos días están sonando las cacerolas expresa un descontento generalizado con la gestión de la pandemia. Igual que antes los aplausos canalizaban la solidaridad con sanitarios y servidores públicos, ahora el ruido de las cacerolas muestra el hartazgo, la desmoralización y el hastío de la ciudadanía ante la falta de sinceridad, de empatía y credibilidad del gobierno de España. Esta energía sana, que dinamiza la participación y que expresa nuestra condición de ciudadanos que no se resignan a los intereses propios de la vida privada, puede ser instrumentalizada con habilidad por quienes entienden la vida pública en términos partisanos bajo la dialéctica amigo /enemigo.

Los politólogos se frotan las manos y hacen caja cada vez que volvemos a la guerra de todos contra todos de Hobbes, o los textos de Carl Schmitt y Leo Strauss para recordar que la delimitación de la actividad política está en esa dialéctica fratricida. Es como si, a la hora de elegir un cuadro que simbolizara sus prácticas profesionales, en lugar de elegir “El abrazo” de Juan Genovés, eligieran “Duelo a Garrotazos” de Francisco de Goya. Si prestamos atención a los informativos de estos últimos días, comprobaremos que la energía de las caceroladas ha saltado a las calles y la ciudadanía destemplada se está presentando mediáticamente como una ciudadanía desobediente. De esta forma, el gobierno tiene la coartada perfecta para acallar sus malas prácticas y ocupar las agendas informativas con apasionados vecinos destemplados.

Es la coartada perfecta que buscan Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para dejar de atenuar el confinamiento y trampear con los controles parlamentarios. Hay una ciudadanía combativa que debe calcular bien sus energías para no proporcionar coartadas al gobierno en sus prácticas autocráticas y maniqueas. Ciudadanos que no pueden permitirse el lujo de facilitar la mínima excusa para que intervengan quienes desprecian la transparencia y la verdad. Aunque estemos hartos de informaciones falsas, absurdos horarios impuestos e indolora propaganda televisiva, no podemos caer sus trampas. No están aprovechando el BOE y los entes informativos públicos para promover la España de los abrazos sino para rentabilizar la España de los garrotazos. Con ello mantienen y refuerzan su batalla contra la cultura de la transición, la civilidad y la concordia que hizo posible la Constitución del 78. No estaría mal que, en lugar de alentar pasiones desatadas, algunos políticos se aplicaran la máxima taurina del legendario Juan Belmonte: “parar, templar y mandar”." Podéis ver el artículo completo enhttps://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/pasiones-desatadas-20200517235722-ntvo.html

El cuidado residencial: lecciones de un fracaso político

"La pandemia del coronavirus está afectando de manera especial a personas mayores atendidas en residencias. Aunque las cifras pueden variar según las fuentes que aún estamos utilizando, con certeza el número de fallecidos supera los 17.000. Es un escándalo éticamente preocupante del que aún no conocemos todas sus dimensiones y en el que debemos focalizar las investigaciones para describir, analizar y valorar la  gestión de las responsabilidades políticas que se han producido. Una pésima gestión que se ha realizado durante las últimas semanas, desde el decreto de estado de alarma del 14 de marzo y ha sido claramente manifiesta desde el 19 de ese mismo mes donde el Vicepresidente se Asuntos Sociales asume las competencias en la gestión de las residencias de mayores.

Aunque será difícil imputar responsabilidades penales por los miles de muertes y el claro maltrato institucional se ha producido, no será difícil demostrar la incapacidad para la gestión, la insensibilidad moral ante la vulnerabilidad de los mayores y el desconocimiento del sistema de cuidado residencial en España. La tozudez de las cifras de muertos está provocando la aparición de estudios que nos ayuden a reconstruir con mimbres nuevos todo el sistema del cuidado residencial. El más reciente ha sido realizado en la cátedra “Prospect 2030” y ha sido redactado por la profesora Sacramento Pinazo, Presidenta de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología https://prospectcv2030.com/wp-content/uploads/2020/05/Infome_residencias.pdf.


El informe describe lo sucedido en términos de tsunami por varias razones: (a) el número de personas muertas ha sobrepasado los límites asumibles, (b) las condiciones que han rodeado las muertes estaban relacionadas con el aislamiento de los mayores, el alejamiento de los familiares y la instalación en entornos desconocidos (UCIs) donde no se han facilitado las despedidas y (c) se han vulnerado muchos derechos fundamentales al producirse discriminaciones por edad, sobreprotección y revictimización de diversos colectivos.

Sin precisar toda la casuística posible, el informe se presenta como un conjunto de recomendaciones para reorganizar el cuidado residencial desde un Modelo de atención integral y centrado en la Persona. Este modelo, que en España está siendo desarrollado en varias residencias por la Fundación Pilare, se caracteriza por ir estableciendo cambios para conseguir un ambiente hogareño (frente al modelo institucional clásico de equipamientos impersonales), organizaciones flexibles que giran en torno a la persona (y no en torno a las tareas o los profesionales), organizar a las personas en unidades de convivencia pequeñas dentro de las posibilidades de los centros, trabajar por el fomento de la capacidad de elección y autodeterminación de las personas que allí viven (frente a la imposición de normas y reglas decididas únicamente por los equipos directivos) y la búsqueda de calidad de vida o vida con sentido (frente al cumplimiento de procesos y protocolos estandarizados).

La aplicación progresiva de este modelo exige pasar del modelo actual que prioriza el cuidado entendido como custodia residencial a otro como extensión de los cuidados en las propias viviendas. La mayor parte de las personas mayores en situación de fragilidad o dependencia prefieren vivir en sus casas y seguir participando en la vida de su comunidad. No podemos seguir con el actual modelo de cuidado residencial y deberíamos caminar hacia un modelo de hogares modulados en unidades de convivencia, optando por viviendas comunitarias, apartamentos con servicios compartidos (cohousing) donde sea más fácil personalizar la atención y la integración comunitaria. No podemos olvidar que la capacidad de la familia para hacer frente a los cuidados que requieren los mayores en situación de vulnerabilidad está debilitada. Sin contar, claro está, que la mayoría de las personas mayores no aspiran a que su familia las cuide sino que anhelan que su familia las quiera y le den apoyo emocional. Prefieren vivir en su domicilio o en un lugar parecido a él y recibir cuidados profesionales integrales de calidad. Y quieren que estos cuidados que reciben no les impidan continuar controlando su vida, sentir que continúa siendo valiosa y que sigue teniendo sentido.

Este modelo está muy lejos del actual en el que faltan plazas en cualquiera de sus fórmulas administrativas: privada, concertada o totalmente pública. La pandemia ha pillado a cientos de centros en una situación de precariedad administrativa endémica por algunas razones bien conocidas en el sector:

(a) Pliegos de contratación con tarifas a la baja donde la administración paga tarde y mal. Resulta imposible el mantenimiento de modelos residenciales familiares en detrimento de modelos residenciales institucionales que acaban siendo propiedad de grandes empresas y fondos de inversión. Por solo poner un ejemplo, en la Comunidad Valenciana hay entidades del sector de mayores, menores y diversidad funcional que llevan sin cobrar más de un año.

(b) Precariedad laboral de unos profesionales que tienen inferiores salarios y menos consideración social. Incluso los centros que tienen mejor dotación en servicios médicos o de enfermería no han tenido acceso a material sanitario u hospitalario para la administración intravenosa o aerosolterapia. Menos aún han tenido acceso a equipos de protección individual. Numerosos profesionales de la enfermería y medicina han dejado el sector residencial para pasar al sector hospitalario, debilitando los equipos profesionales.

(c) Sector feminizado y excesivamente mercantilizado en la oferta de servicios especializados que vayan más allá del cuidado residencial. Las plantillas están sobrecargadas, mal pagadas y con escasa formación. La formación de gerocultores está centrada en la higiene y la alimentación, no en la especialización para un cuidado sociosanitario integral. Apenas hay reciclaje y formación continua. En esta situación, amparándose en el art. 53.1f de la ley 19/2015 de Procedimiento Administrativo Común, muchos centros solicitaron orientación y asesoramiento sobre la aplicación de la normativa e instrucciones recibida y aún siguen esperando respuesta.

            El informe es un aldabonazo a toda la sociedad que en estos días está viendo cómo desaparece toda una generación de mayores sin el mínimo remordimiento por parte de las autoridades políticas, sin el debido luto o sin reconocimiento político. Las medidas adoptadas han sito tímidas, insuficientes y han llegado con retraso. Han faltado medios, directrices, claridad y protocolos. Incluso se ha producido la curiosa situación de que los residentes han sido sometidos a un doble confinamiento. Al cerrarse y evitar visitas, los mayores han sido aislados del exterior. Muchos de ellos fueron aislados en el propio interior de la residencia en sus propias habitaciones atendidos profesionalmente sin las suficientes medidas de diagnóstico y protección. Con ello se ha incrementado la vulnerabilidad, el deterioro, la dependencia y el abandono emocional.

            El documento indica que algunos centros actuaron con precaución y prudencia poniendo en práctica medidas de prevención y comprando materiales que luego han escaseado. Estas iniciativas no obedecían a directrices de unas administraciones que varios meses antes no vieron con buenos ojos estas prácticas. Son las que han salvado la vida a cientos de mayores cuyos gerentes se han peleado heroicamente estas semanas con la administración sanitaria para que también los ancianos pudieran ser hospitalizados. Aunque las altas tasas de mortalidad se atribuyan al alto porcentaje de enfermedades crónicas y la mayor vulnerabilidad de la población, hay pruebas evidentes de que numerosas personas han sido desatendidas y abandonadas. En concreto, aquellos que tenían elevado grado de dependencia física, una alta prevalencia en el deterioro cognitivo y demencia o una elevada comorbilidad.

            Por último, sería importante evitar la estigmatización del cuidado residencial que se está produciendo en las prácticas políticas e informativas. Cualquier estrategia de reconstrucción económica y cultural debería pasar por esta arteria central de la política social. El cuidado residencial cumple una función cultural, social y económica imprescindible. Sus profesionales requieren un mayor reconocimiento del que, hasta ahora, les hemos dado. Para ello, además de la transparencia en la información y la asunción política de las responsabilidades, la opinión pública debería exigir que se corrija el actual modelo de cuidado residencial y promoviéramos un modelo centrado en la persona."https://eldebatedehoy.es/noticia/sociedad/15/05/2020/cuidado-residencial/

domingo, 10 de mayo de 2020

La gran oportunidad

"Esta pandemia puede ser una oportunidad histórica para la reconstrucción de las políticas públicas. Como reto de salud pública, todas las actividades y prácticas sociales están siendo revisadas, reinventadas y hasta transformadas. Desde algo tan sencillo como los partes de baja laboral o la receta electrónica que cambiarán la organización de la atención primaria, hasta la docencia en todos los niveles educativos. Pensemos la revisión de todos los intercambios comerciales o la recuperación de industrias tradicionales como las manufacturas o textiles que se habían externalizado en los países emergentes del sudeste asiático. Y eso sin contar la metamorfosis de las industrias culturales donde las artes tienen que ser revisadas en todas sus fases, desde la creación hasta la comercialización.

Ante esta situación, que todos los expertos califican como histórica, los europeos tenemos una gran oportunidad para reconstruir nuestros propios países con los mimbres fundacionales del proyecto europeo: corresponsabilidad, solidaridad y subsidiariedad. Por eso, algunos países especialmente afectados por la pandemia como Italia han puesto en marcha un plan de reconstrucción donde los partidos han dado un paso atrás y han solicitado su diseño, desarrollo y aplicación a líderes con experiencia profesional acreditada y capaces de generar confianza entre la ciudadanía. En lugar de sospechar de la sociedad civil, los políticos se han dado cuenta de que la salida de la crisis pasa por “menos partidos” y “más sociedad civil”.

No se trata de anular al estado o las administraciones, sino de trabajar codo con codo con ellas para construir un verdadero “estado social” y no un “estado electorero”. Tampoco se trata de introducir de tapadillo la mano invisible del mercado en todas las políticas públicas. Se trata de evitar la improvisación, trabajar con perspectiva. Se trata de que el compromiso por la transparencia no forme parte de la torticera retórica electorera de la que tan ostentosos ejemplos tenemos en la comunidad valenciana. Se trata de espabilar y despertar del sueño dogmático del estatalismo y la partitocracia. Si los italianos lo han hecho no sería tan difícil que lo hiciéramos en España. Haría falta que la recién creada “Comisión para la reconstrucción nacional”, aunque rindiera cuentas al parlamento, no fuera resultado de sus cuotas parlamentarias. Aunque, por el bien de todos, sus promotores deberían saber distinguir lo público de lo político, visto el perfil de quienes la controlan y nos gobiernan sería como pedirle peras al olmo." Podéis ver al artículo completo en:
 https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/gran-oportunidad-20200510234454-ntvo.html

lunes, 4 de mayo de 2020

Deshumanizar la muerte

"La alegría que está provocando la posibilidad de pasear y retomar ciertos mínimos de vida social no puede anular la capacidad de reflexión cívica que aún nos queda. Una capacidad sin apenas tiempo para la memoria, el análisis y el reconocimiento de lo que ha sucedido en los dos últimos meses. A la hora de realizar un balance retrospectivo, las autoridades socio-sanitarias dieron muestra de insensibilidad dolosa ante el proceso de morir. Hemos visto cómo los representantes políticos han tenido que ceder a la presión de una sociedad civil que les ha recordado que los muertos no son cifras o datos, sino rostros, redes de relaciones e historias de vida. La normativa redactada y la forma de gestionar el final de la vida en los pacientes hospitalizados o institucionalizados ha mostrado la deshumanización política y administrativa de la muerte.

Además de recordar las lágrimas de Margarita Robles, el perfil fúnebre de Isabel Díaz-Ayuso o las aceleradas disculpas de Ana Barceló la última semana de marzo, tenemos que recordar una kafkiana y negligente regulación de los aislamientos que ha impedido la comunicación, el acompañamiento, el consuelo, el duelo y los procesos civilizadores de la muerte que llamamos “conmoriencia”. Cegados por la saturación clínica, las autoridades olvidaron la dimensión relacional de los pacientes, la necesidad del acompañamiento en el final de la vida y, sobre todo, el valor de un entorno consolador, afectivo o compasivo en el proceso de morir. Si a ello se añade la gravedad del abandono sanitario que padecieron las residencias, el abuso del criterio de edad en el pronóstico de utilización de recursos, la ceguera de los gestores ante los consejos de los profesionales de base, y la “fatiga por compasión” que han padecido muchos sanitarios, descubrimos un panorama dantesco. 

Bien entrado el mes de abril las autoridades han entrado en razón y han facilitado la comunicación y el acompañamiento de, al menos, un familiar en situaciones de gravedad. Lo han hecho forzados por los profesionales de base, el sentido común elemental y numerosas asociaciones de la sociedad civil que pidieron aplicar los principios de beneficencia y no maleficencia. Miles de personas, toda una generación de ancianos, han muerto solos, desconectados de apoyo emocional, familiar o espiritual. Nadie los recuerda públicamente. Al privarles de acompañamiento, a estas autoridades les ha faltado diligencia para evitar la muerte que Sancho temía cuando tomó posesión de su ínsula en la segunda parte de El Quijote: “una muerte adminícula y pésima”." Podéis ver el artículo completo en: