domingo, 29 de noviembre de 2015

Solsticio de invierno


"Por fortuna, no todos los ayuntamientos que han cambiado de color político este año van a cambiar las tradiciones navideñas. En Valencia, a pesar del inicial ardor beligerantemente laicista, han mantenido la tradición del Belén y parece ser que las fiestas tendrán algo que ver con Jesús de Nazaret. En Madrid se producirá una minimización del tamaño de las figuras y las representaciones belenísticas y en otros ayuntamientos se aprovecharán estos días para celebrar el solsticio de invierno.

No es necesario recuperar las declaraciones de la alcaldesa de Barcelona porque basta con pinchar en la correspondiente página de su ayuntamiento para comprobar una fiesta post-cristiano. Recoge acontecimientos festivos trufados con una semántica de lo políticamente correcto para no mentar ni recordar el nacimiento o Natividad de Jesús de Nazaret, dato por el cual estas fechas reciben el “incómodo” nombre de Navidad.

Esta intencionada voluntad de prescindir del cristianismo en la vida pública de nuestro país expresa un analfabetismo histórico y religioso que no sólo es propio de la izquierda sino de la derecha y del centro político, es decir, de una nueva clase política culturalmente acomplejada e incapaz de afrontar con responsabilidad las tradiciones religiosas. En lugar de aprender cómo los judíos, musulmanes o cristianos organizan el tiempo y hacen significativa o valiosa la vida, prefieren prescindir de las confesiones religiosas introduciendo la amorfa semántica del “buenismo” político. Se equivocan porque un político no gana credibilidad y confianza cuando alardea de una gris neutralidad que oculta su ignorancia, pereza y analfabetismo cultural.

Este fervorín de ignorancia cultural pide que se disfrute de las fiestas de una manera alternativa, es decir, sin potenciar los aspectos neoliberales, capitalistas e individualistas de la Navidad. Para que la festividad sea verdaderamente alternativa, las actividades tienen que estar relacionadas con el reciclaje, la sostenibilidad, el consumo responsable y los juegos participativos. Si a ello se añaden espectáculos de danza urbana y actuaciones centradas en la percusión, se completa el programa de lo políticamente correcto. No piden que se prescinda del consumo y se practique una política navideña solidaria o austera (la austeridad es un valor que los asociaría con Ángela Merkel), anuncian a los cuatro vientos la “Feria del consumo responsable”.

Si fueran un poco más inteligentes y hubieran leído la encíclica “Laudato SI’” del papa Francisco se hubieran dado cuenta de que la responsabilidad en el consumo, la sensibilidad ante el medio ambiente, la promoción de la economía social y solidaria, la promoción de los Derechos Humanos y la defensa de valores como la paz o la justicia social se defienden mejor recordando el revolucionario nacimiento de Jesús de Nazaret." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 29 de noviembre de 2015. 

Asaltar los cielos


"Organizada por la Fundación ETNOR (Fundación para la Ética de los Negocios y las Organizaciones) el pasado lunes 23 de noviembre el profesor Ignacio Torreblanca ofreció una conferencia en Valencia que llevaba por título “Asaltar los cielos”. Es el mismo título del libro que publicó hace unos meses sobre Podemos como fenómeno político. La expresión “Asaltar los cielos” fue utilizada por Pablo Iglesias en el mitin fundacional que se celebró en la plaza de toros de Vista Alegre (Madrid). Con esta expresión se encapsula todo un proyecto político que pretende desbordar los límites de la izquierda tradicional creando una organización eficaz.

En su conferencia aparecieron algunas ideas importantes para valorar la relación entre cambio social y cultura digital. En primer lugar, señaló el carácter de espabilado emprendedor político que tiene Pablo Iglesias porque ha visto una enorme oportunidad de mercado con el populismo 3.0. Con los resultados de las elecciones de 2011, Pablo Iglesias encontró un mercado abierto para su nueva formación política. Su éxito está relacionado con la ruptura de los márgenes partidistas de la izquierda tradicional y, sobre todo, con la creación de una organización eficiente de corte vertical. Un éxito donde el apoyo de las masas no se identifique con los sistemas democráticos de votación tradicional sino con el funcionamiento vertical. Un éxito que exige no enredarse en los debates típicos de la izquierda de todos los tiempos sobre las clases, los trabajadores, los derechos, etc. Para esta organización la política es ajedrez y boxeo, inteligencia y golpeo.

A pesar de su novedad, Podemos es un partido viejo, tan viejo como la política ateniense, se comporta como los partidos viejos en su funcionamiento. En muy poco tiempo ha desactivado el movimiento asambleario y los líderes aceptan a regañadientes las imposiciones que se realizan de arriba abajo. Su permanencia en el tiempo está condicionada a la rapidez de su éxito y a la eficiencia en el acceso al poder.

Su éxito también se explica por el carácter emocional de sus propuestas. Ha recogido el torrente emocional de los indignados, el cansancio del bipartidismo de la transición y el agotamiento moral de las políticas europeas de austeridad. Han gestionado bien las emociones y ahora están gestionando las propuestas. Ahora bien, sólo con la indignación no se puede gobernar. La gente no puede estar indignada dos años, los ciudadanos quieren saber qué se hará con la energía de sus movilizaciones y, de momento, priman más los eslóganes emocionales camaleónicos que las propuestas de reformismo institucional constructivo.

Este populismo 3.0 intenta aplicar a la política europea los eslóganes y esquemas que sus líderes han aplicado en Venezuela, Bolivia y Ecuador, sin darse cuenta de que estamos en sociedades muy diferentes. La forma en la que Podemos ha apoyado ha Syriza en Grecia es una muestra clara de que el populismo en Iberoamérica tiene características diferentes que el populismo europeo. La falta de crítica a los regímenes tiránicos y no democráticos ayuda poco a un discurso político que Torreblanca califica como “camaleónico”. No son los derechos humanos y el respeto a las reglas de juego limpio las señas de identidad de este nuevo grupo.

Es una herramienta política nueva para un discurso político viejo. Un discurso que se encuentra en los documentos fundacionales y cuya hoja de ruta concede poderes extraordinarios al secretario general. Como señalan algunos críticos políticos, se trata del modelo organizativo del centralismo democrático propio de tradiciones leninistas. Frente a las élites, se identifica con los de abajo. Ahora bien, el diseño institucional concede poderes casi absolutos al secretario general. De esta forma se garantiza la coherencia ideológica y la unidad organizativa. Tras una fachada deliberativa y participativa se esconde lo que Vallenilla Lanz llamó “cesarismo democrático”.

Pablo Iglesias se juega mucho en las próximas elecciones y por eso está cerrando alianzas con partidos populistas que han alentado el descontento y la movilización ante la crisis (Compromis en Comunidad Valenciana). No lo tendrá fácil porque el porcentaje de votantes que utilizan las redes es menor del que se imaginan los líderes, porque el voto urbano no es el único que se debe conquistar, porque los jóvenes son más listos de lo que ellos se imaginan, porque la clase media no es tan mediocre como ellos se piensan y porque las mayorías electorales en España dependen de un señor francés: Víctor D’ Hont." Publicado en www.entreparentesis.org, 27 de noviembre de 2015-




martes, 24 de noviembre de 2015

Religión o barbarie

"Conmocionada por los atentados de París, la opinión pública europea está reaccionando con cierta unanimidad ante la irrupción de lo intolerable. En el fondo de casi todas las perspectivas se encuentra una convicción moral básica que condena todo atentado terrorista como un bárbaro atentado contra la civilización. De esta forma, parece que todos los ciudadanos están obligados a plantearse un dilema: ¿civilización o barbarie?

Sin embargo, quizá ha llegado el momento de transformar estos dilemas simplificadores y afrontar la situación desde una complejidad que no afecta únicamente a las formas de entender la civilización sino a las formas de entender la barbarie. Para entrar de lleno en la complejidad puede ser útil introducir el factor religioso dentro de los análisis de lo civilizatorio y no situarlo dentro la barbarie. Esto se hace habitualmente dentro de los análisis geoestratégicos y a los mejores investigadores no se les ocurre excluirlo como variable determinante. Basta recordar los trabajos de T. Huntington quien, a finales del siglo pasado, describió la geopolítica futura como un “choque de civilizaciones”.

Resulta curioso comprobar que esta valoración positiva del factor religioso en los “think thank” no se corresponde con una valoración positiva en las tertulias televisivas, las conversaciones cotidianas y los informativos más populares. En estos ámbitos suele considerarse el factor religioso con el causante de la barbarie, como si los grados de civilización fueran inversamente proporcionales a la pervivencia de las religiones. En estos ámbitos, se asocia el factor religioso al dogmatismo y al fundamentalismo, como si los ámbitos de partido, de política, de economía o de cultura no pudieran ser, también, “fundamentalistas”. El fundamentalismo no es patrimonio exclusivo de las religiones sino de todos los ámbitos de la vida social, por eso va siendo hora de que no se las sitúe simplificadamente en el ámbito de la barbarie sino en el ámbito de la civilización.

Situadas en el ámbito civilizatorio, las confesiones religiosas pueden desempeñar un papel importante para construir democracias avanzadas. Ahora bien, no todas las confesiones se han comprometido de la misma forma en la defensa de los derechos humanos y sería bueno que todas se pronunciaran con rotundidad contra todos los bárbaros atentados.

Para medir este compromiso, sería bueno que recordásemos a un pensador como René Girard cuya muerte hace pocos días ha pasado desapercibida en la opinión pública. Y recordarlo por una razón muy sencilla: la necesidad de revisar la cultura moderna, la economía y la política democrática desde categorías antropológicas vinculadas a la envidia, la violencia sacrificial y la cohesión social. Sin olvidar que el animal más útil y mejor amigo de toda mentalidad totalitaria es el chivo expiatorio." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 22 de noviembre de 2015. 

Ciencia sin conciencia

"El pasado martes el Consell Valenciá de Cultura reunió a la comunidad científica para celebrar el Día Mundial de la Ciencia. En el auditorio Santiago Grisolía de la Ciudad de las Artes y las Ciencias se reunieron representantes de la educación, la investigación y la innovación científica para firmar el Pacto Social por la Ciencia.

No era la primera vez que la comunidad científica agrupa sus fuerzas para pedir a la sociedad que preste atención al quehacer científico. Esta vez, en lugar de convocar a un “Pacto por la Ciencia” se convocó a un “Pacto Social por la Ciencia”. La llamada no se hizo únicamente a la comunidad científica sino a empresarios, sindicalistas y políticos. Se incidió en “lo social” y por ello los organizadores concedieron la presidencia del acto al alcalde de Valencia y al Molt Honorable President de la Generalitat.

Aunque la puesta en escena tenía una apariencia claramente electoral y política, los organizadores tuvieron la habilidad de incluir también en la presidencia a un rector, a  Santiago Grisolía como presidente del Consell y Avelino Corma premio Príncipe de Asturias de la Investigación. Además de pedir el cumplimiento de la Ley de la Ciencia de 2011, que la inversión en I+D+I llegue al 2% del PIB, o la cooperación entre los sectores públicos y privados, los organizadores cedieron el protagonismo a cinco investigadores de la Comunidad Valenciana: José Luis Rubio, Ana Lluch, Carlos Romá-Mateo, Adela Cortina y Ángela Nieto.

En su discurso, Carlos Romá-Mateo señaló que lo más propio de la investigación científica es hacer preguntas. Criticó un tema en el que también incidió Avelino Corma: la gobernanza de la investigación. Aunque el nivel de la investigación en España sea alto y los grupos de investigación potentes, aún nos seguimos enfrentando a la burocracia y la gestión. En lugar de utilizar la burocracia, la administración y la gestión para facilitar la investigación, nuestro sistema tiene mucho de kafkiano. Sobre todo cuando no hay un único modelo de curriculum o se piden informes y memorias de investigación para cada céntimo de gasto. Padecemos un sistema de gestión donde la administración desconfía a priori del investigador.

La profesora Cortina recordó a los asistentes que el economicismo es falso, es decir, que la producción científica y la divulgación del conocimiento no deben medirse únicamente en términos de rentabilidad monetaria. Hizo una clara defensa de las Humanidades para que los asistentes recordaran que la Filosofía, la Historia, la Filología y la Pedagogía también forman parte del quehacer científico. Recordó la necesidad de adoptar la perspectiva de los que sufren, la urgencia de comprometerse con ellos en todas las dimensiones de la actividad científica. Cuando ellos no están presentes desaparece el horizonte de verdad y padecemos una ciencia sin conciencia." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 15 de noviembre de 2015.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Tres modelos de espacio público educativo

"Uno de los temas centrales de la campaña electoral que estamos a punto de comenzar será el educativo. Mientras los partidos terminan de perfilar sus propuestas y toman sus posiciones para mantener, reformar o derribar la LOMCE, Pedro Sánchez ha tomado la iniciativa proponiendo sacar la religión del sistema educativo y anunciando que quiere modificar los acuerdos con la Iglesia Católica para conseguir una España laica. Aunque otros compañeros de partido han matizado la propuesta, en la comunidad educativa ha emergido, como un Guadiana electoral, la religión como arma arrojadiza en el debate político.


Aunque algunos no se lo crean, fue un problema difícil durante el franquismo porque las posiciones de algunos ministros muy católicos del régimen no coincidían con las posiciones de los prelados muy fieles a la doctrina de la Iglesia. Quiénes conozcan la correspondencia cruzada entre Joaquín Ruíz Jiménez, a la sazón Ministro de Educación, y Marcelino Olaechea, por entonces Arzobispo de Valencia, sabrán que la propuesta socialista no es nueva. También fue un problema difícil durante la transición y prueba de ello fue la salomónica decisión con la que se obligó a los católicos a vivir con el corazón partido. En 1979 se modificó la Ley General de Educación para que los creyentes tuvieran que elegir forzosamente entre Ética y Religión. Apareció entonces el sambenito de “la alternativa”, como si la formación para ejercer la ciudadanía y para madurar razonablemente las creencias religiosas fueran itinerarios alternativos.

Como el problema no se solucionó bien, cuando Zapatero propuso la LOE con la Educación para la Ciudadanía, el problema se agravó. No se complicó únicamente por cuestiones antropológicas relacionadas con la dosis de laicismo que la propuesta suponía, sino por la situación laboral de los profesores de Religión y la progresiva depreciación del Área de Religión. Si añadimos la discrecionalidad de las autonomías para administrar con desgana la integración del Área en el sistema, el panorama no puede ser más desolador. En los centros de titularidad pública hay muy pocas autoridades convencidas del valor de esta área en el sistema educativo; distribuyen las horas y respetan la materia con poca convicción pedagógica, lo hacen únicamente por imperativo legal.

El nuevo parlamento debería afrontar con seriedad académica y garantías jurídicas la enseñanza de la Religión en el conjunto del sistema educativo. En lugar de utilizar lemas decimonónicos (escuela única, pública y laica) deberíamos utilizar argumentos públicos para civilizar controversias y plantear el debate en los términos que requieren sociedades abiertas, democracias avanzadas y escuelas inclusivas. Es importante una visión más lúcida que integre a todos los miembros de la comunidad educativa, es decir, que integre a familias, maestros, vecinos, medios de comunicación, expertos y, en general, todos los protagonistas del vulnerable y complejo espacio público educativo global. Para ello propongo tres modelos que nos pueden ayudar a clarificar posiciones.

En las tradiciones liberales y socialdemócratas hay un presupuesto básico que apareció en el 2005 cuando la Comisión Stasi reguló el uso de los símbolos religiosos en la escuela francesa, en el año 2006 cuando Habermas y Ratzinger conversaron sobre la secularización en la era de la globalización y en el año 2007 cuando Charles Taylor publica La Edad secular, su monumental obra sobre la secularización: el principio de laicidad positiva. ¿Cómo gestionarla?

a.- El primer modelo la interpreta desde la nostalgia de un régimen confesional, es decir, identificando el espacio público educativo con una confesión religiosa mayoritaria que tiende a patrimonializar la dirección, gestión y administración de la educación. No se atribuye carácter positivo a la condición de imparcialidad o neutralidad de las administraciones públicas porque representan una determinada mayoría social y religiosa. Hay una resignación ante lo que significa la modernidad y una minusvaloración epistemológica del pluralismo, sobre todo porque no supone un compromiso explícito con la verdad explícita de la que son portadoras las creencias religiosas. Resignados ante sociedades pluralistas no nos queda más remedio que aceptar la laicidad, aunque sea como laicidad depreciada.

b.- Una segunda interpretación recibiría el nombre de laicidad beligerante. Es la posición que con mayor claridad aparece en las propuestas laicistas. En lugar de separar estado y sociedad, poder político y comunidad nacional, esta posición reclama el poder administrativo del estado para imponer a la sociedad un determinado modelo de comunidad educativa. En lugar de plantear un espacio público educativo abierto donde escuela y familias colaboran, construye un espacio público educativo de espaldas a las familias. La escuela es el espacio de una moral pública luminosa construida desde la ciencia, la razón, la ley y la justicia. La familia es el espacio oscuro de una moral privada construida desde el mito, la magia y el capricho. Se confunde el espacio público con el espacio político-administrativo y se minusvalora la moral pública de las familias, sobre todo cuando no coincide con la moral política de los representantes político-administrativos.

c.- Para promover una laicidad positiva tenemos que estar convencidos de dos cosas: primero que el Área de Religión tiene un valor formativo tan importante como el resto y segundo, que el espacio público educativo es una oportunidad privilegiada para la civilización de las confesiones religiosas. Es un espacio privilegiado para plantear la razonabilidad de las confesiones y promover unos mínimos compartidos de ciudadanía común. Un modelo complejo avalado por uno de los valores fundamentales de nuestra constitución: el pluralismo.

Para saber más:
Ciudadanía activa y religión. Fuentes pre-políticas de la ética democrática. Encuentro, Madrid, 2012, 2ª ed.

Libro blanco del maestro

"El Ministerio de Educación ha encargado a José Antonio Marina la redacción de un Libro Blanco sobre la profesión docente. Con ello el nuevo ministro desvía la atención sobre la polémica LOMCE en los debates educativos y deja en manos de un grupo de expertos la forma de potenciar y fortalecer la figura del maestro. En lugar de utilizar el poco tiempo disponible que le ha permitido la legislatura para emprender actuaciones que, a buen seguro, serían discutibles, ha preferido utilizar el recurso del Libro Blanco para desplazar la responsabilidad a los autores de un nuevo informe educativo.

Recordemos que estos desplazamientos de la responsabilidad son habituales en la práctica política y nos traen a la memoria el papel de las comisiones de expertos. No hace falta que recordemos las comisiones que se crearon para la reformar el sistema de pensiones porque al principio de la actual legislatura se creó una comisión de expertos para la reforma de las universidades y sus recomendaciones siguen sin aplicarse.

Esta forma de ganar tiempo que tienen los políticos para solucionar los problemas urgentes tiene la ventaja de incorporar  el juicio de expertos que suelen estar al margen de la política de partidos. A su vez, tiene la desventaja de retrasar las decisiones, posponerlas, demorarlas y, en determinadas cuestiones, conseguir que desaparezcan de la agenda política. Algo poco deseable cuando se trata de maestros y profesores, porque el núcleo de cualquier cambio, reforma o contrarreforma educativa está en ellos.

El encargo realizado al profesor Marina no ha nacido con buen pie porque algunos agentes de la comunidad educativa no ven con buenos ojos la posibilidad de que las clases sean grabadas, analizadas y revisadas pedagógicamente. Algunos responsables políticos ya se han opuesto al proyecto porque consideran que la habilitación inicial de las oposiciones no puede ser cuestionada en ningún momento. También se han oído voces contrarias al sistema de incentivos que integra el juicio de alumnos, compañeros, claustro y comunidad educativa en el sistema de retribución que se está discutiendo.

En todo caso, deberíamos valorar el esfuerzo que se está haciendo para que los responsables educativos de la próxima legislatura tengan una buena partitura con la que hacer buena música. Es relativamente fácil hacer un Libro Blanco sobre la profesión docente, lo realmente difícil es afrontar los obstáculos que a un buen maestro le impiden hacer una buena carrera profesional y conseguir un justo reconocimiento profesional. Para ello hay que empezar cuestionando las competencias autonómicas, la inestabilidad de unos equipos educativos sin direcciones profesionalizadas, la precariedad en el trabajo de los interinos,  la sindicalización o partidización de las cuestiones pedagógicas y, sobre todo, la carencia de un proyecto de antropología integral." Podéis ver el artículo completo en Las provincias, 8 de noviembre de 2015.

domingo, 1 de noviembre de 2015

El arte de aprender

"Esta semana se inauguraron las nuevas instalaciones de Cuadernos Rubio en Quart de Poblet (Valencia). Fue un acto sencillo y emotivo presidido por Enrique Rubio, hijo de quien hace casi cincuenta años pusiera en marcha estos famosos y livianos cuadernillos de pocas páginas con los que varias generaciones hemos aprendido algo más que cálculo y caligrafía. Enrique estuvo acompañado por Cristina Mora, concejal de cultura del Ayuntamiento, y Carmen Amoraga, Directora General de Cultura de la Generalidad Valenciana, que conocieron de primera mano el proceso de producción.


Lo más importante del acto no fue el descubrimiento de la placa conmemorativa. Tampoco el paseo por unas instalaciones donde comprobamos la excelencia profesional del equipo de personas que mima cada cuaderno. Lo más significativo fue el momento en el que se inauguró el Aula museo Ramón Rubio, un espacio que recrea la vida de una escuela de los años cincuenta y sesenta. Aulas con muchas ganas de aprender y muy pocos recursos, donde nunca faltaba una regla, un cartabón, un compás, un mapa “político” de España y hasta una pizarra con tiza de verdad.

Hicimos un gozoso, entrañable y nostálgico viaje al pasado. Casi todas las conversaciones comenzaban con la misma expresión: “recuerdas cuando el maestro….”, “recuerdas cuando no había calculadoras...”, “recuerdas…” Resulta imposible realizar el relato de nuestros aprendizajes sin aquellas escuelas, aquellos austeros recursos y aquellos simples cuadernillos cuya numeración anticipaba lo que la LOGSE llamaría “progresar adecuadamente”. Todos los cuadernos formaban parte de un programa de aprendizaje elemental, rudimentario y sencillo donde siempre se podía avanzar y pasar de la Escritura vertical 01 a la Escritura vertical 12.

Aunque las aulas han cambiado y el sistema de producción permite tiradas que superan los 10.000 cuadernillos por hora, la idea que animó al fundador sigue más viva que nunca. El aprendizaje más básico, elemental y valioso tiene que plantearse como hábito, virtud y arte, no puede plantearse como pura técnica, pura mecánica memorística o pura genialidad intuitiva. Aprender es un arte y por ello sigue siendo importante coger bien el lápiz, repetir con insistencia los trazos, adquirir hábitos correctos y prestar mucha atención a todas las indicaciones que aparecen en los ejercicios con el fin de superar la dificultad y subir un nivel.

En su proceso de adaptación, la empresa ha creado una Fundación para devolver a la sociedad los beneficios que proporciona la venta de los cuadernos y lo que es más sorprendente, responde con agilidad a las demandas de geriatras y neurólogos que aconsejan la estimulación cognitiva en personas mayores. Con ello se culmina un programa empresarial basado en una idea sencilla, básica y fecunda: aprender es un arte que nos mantiene vivos.  Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 1 de noviembre de 2015.