domingo, 25 de enero de 2015

Memoria de Gregorio Ordóñez

"El pasado viernes 23 de enero se cumplían veinte años del asesinato de Gregorio Ordóñez por parte de la banda terrorista ETA. San Sebastián aún vivía la resaca de las fiestas de su patrón y a la hora de tomar pinchos en el bar La Cepa del casco antiguo, un pistolero se acercó a la mesa y le disparó un tiro en la nuca.

Le acompañaba María San Gil, quien recientemente ha recordado los hechos en una entrevista que concedió a El Correo el pasado día 18 de Enero. Las palabras para su compañero fueron de gratitud, reconocimiento y admiración. En ellas recuerda la capacidad de trabajo de Gregorio y las dificultades que tenían quienes le rodeaban de estar a su altura por el nivel de exigencia con el que emprendía sus actividades. Y recuerda un hecho importante: “buena persona, muy trabajador y nunca fue políticamente correcto”. Entendía la política como vocación de servicio y transmitía la convicción de que ser político es un honor y un privilegio: “en política se está para servir y no para servirse”.

Además de la capacidad de trabajo, María destacaba su capacidad para disfrutar de la vida y para disfrutar del deporte, sobre todo el ciclismo. También repitió algo que le hemos oído todo muchas veces: sin haber vivido tan de cerca la experiencia de este asesinato no se hubiera metido nunca en política. Aquel día María iniciaba una carrera política con la que mantuvo viva la memoria de Gregorio Ordóñez, “Goyo” para los amigos. Con ello también respondía a la petición que le hizo Jaime Mayor Oreja para que ella recogiera el testigo, diera un paso al frente y encabezase la lista del PP de San Sebastián. Como cuenta en la entrevista, a Mayor Oreja le respondió: “Encima que le han matado, ¿no vamos a dar la cara?”.

Antes de comenzar la convención que el PP tiene este fin de semana, varios líderes recordaron a Goyo Ordóñez en las redes sociales. Las cuentas de Twitter recordaban la figura de este joven político que María San Gil calificaba como un punto y aparte dentro de los personajes políticos vacos, algo así como una “fuerza de la naturaleza” con la que nos encontramos pocas veces.

Hoy deberíamos preguntarnos si la memoria de Gregorio Ordoñez sigue viva en algún sitio más que las cuentas de Twitter y las flores que sus compañeros le han depositado en el cementerio de Polloe. Además de traer a la memoria las víctimas del terrorismo, la figura de Gregorio Ordoñez representa una apasionada forma de hacer política, una ejemplar fórmula de liderazgo político y, sobre todo, un testimonio del que deberían dar buena cuenta todos los manuales de alfabetización política del futuro. Algunos piensan que si los populares quieren recuperar la dignidad que tuvieron en otros tiempos no tendrán más remedio que recuperar su recuerdo y las personas que lo siguen manteniendo vivo. Otros piensan que ya es demasiado tarde." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 25 de enero de 2015.

domingo, 18 de enero de 2015

Sátiras y buen gusto

"Después del atentado al semanario Charlie Hebdo, una ola de solidaridad invadió la opinión pública bajo con el lema “Yo soy Charlie”. Esta solidaridad espontánea dejaba en un segundo plano la naturaleza de las sátiras o su contenido para mostrar la urgencia de salir en defensa de la libertad de expresión como uno de los principios básicos del mundo civilizado. Este calentamiento moral provocado por los atentados no debería transformarse en griposa fiebre que anula nuestra capacidad de juicio y proporciona un cheque en blanco al mal gusto. También ha llegado el momento de reconocer la razón que asiste a quienes se han identificado “Yo no soy Charlie Hebdo”.

La polémica se ha encendido en las últimas horas con las declaraciones que el Papa Francisco ha realizado a los periodistas que le acompañaban en el vuelo de Colombo a Manila. Francisco ha pedido respeto a las creencias religiosas de los musulmanes y de todos los creyentes. Además de realizar una importante autocrítica por aquellas ocasiones en las que los cristianos han utilizado el nombre de Dios para matar, ha señalado que en nuestra civilización no sólo es importante la libertad de expresión sino la libertad de religión. Ha querido que los periodistas transmitan a la opinión pública mundial dos ideas. Primera, la legitimidad de las creencias religiosas en los espacios públicos democráticos y segunda la necesidad de incrementar la capacidad de juicio, de ponderar y de considerar los límites en nuestras expresiones espontáneas.

En los procesos de comunicación pública no todo está permitido, hay límites que regulan los hábitos de comunicación. Es difícil señalarlos, por eso, además de tener problemas para regular jurídicamente lo que en contextos de comunicación que afectan a las religiones llamamos blasfemias, es difícil regular incluso los piropos. En todo caso, es importante el autocontrol, la prudencia y la educación en el buen gusto para realizar un uso correcto de sátiras que pueden ofender las creencias religiosas. Unas ofensas que no sólo provocan malestar y agresividad sino que pueden hacer imposible la convivencia en sociedades abiertas.


No todas sátiras periodísticas son iguales, primero porque no todas tienen la misma calidad y segundo porque no todas merecen la misma estimación ética o estética. De la misma forma que la comunicación satírica nunca es un fenómeno inocente, tampoco debería ser un fenómeno irresponsable. No podemos considerar que faltar al respeto de las personas o de las creencias sagradas de quienes no piensan como nosotros, tenga la categoría de valor. Cuando una sátira chapotea en el mal gusto, acentúa los enfrentamientos sociales y provoca estúpidamente la violencia, no debería ser estimada. Entre una sátira sanadora o purgativa y una sátira hiriente u ofensiva hay un lúcido límite que deberíamos buscar." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 18 de enero de 2015.

La revolución digital

"Estamos protagonizando un cambio cultural sin precedentes. Las Tecnologías de la información y la comunicación (TIC) no sólo están cambiando los hábitos de comunicación social sino el modelo de sociedad. En pocos años hemos dejado atrás la Galaxia Gutenberg y hemos inaugurado la Galaxia Steve Jobs. Hemos pasado de una civilización que había entronizado el libro y la lectura a otra con pantallas gestionadas por un solo dedo y con mundos en los que se entra a golpe de clic. En la cuneta de este tránsito se han aparcado las controversias generadas por la irrupción de la Galaxia McLuhan. Parece que fue ayer cuando los expertos en comunicación social intentaban convencernos de que el medio es el mensaje. Incluso aún seguimos utilizando sus metáforas y seguimos hablando de aldea global.


Umberto Eco tuvo la especial habilidad de advertirnos ante el cambio que se nos avecinaba. No se podía imaginar que algunas de las advertencias que nos hizo cuando estrenábamos la Galaxia McLuhan seguirían desempeñando un papel clave en los primeros peldaños de la Galaxia Steve Jobs. Quizá la más importante describe la actitud con la que afrontar el cambio y describe dos posiciones existencialmente enfrentadas: apocalípticos versus integrados. Entre nosotros cada vez hay más padres y educadores que se llevan las manos a la cabeza cuando descubren los misterios de las tierras inexploradas donde nos lleva la Galaxia Steve Jobs. La sociedad de las pantallas ha traído como consecuencia una cultura del dormitorio donde nuestros hijos se aíslan de la familia y se conectan a la aldea global con un solo dedo. También aulas y mundos nuevos a los que se llega a través de interminables navegaciones digitales. Son pantallas llenas de oportunidades, misterios y riesgos, presididas por una categoría cultural nueva: el mundo virtual.

Frente a estos apocalípticos que se llevan las manos a la cabeza con la aparición de una novedad digital tenemos a los integrados. No faltan entre nosotros quienes se hallan seducidos por las novedades, no sólo por el último modelo de móvil o de ordenador sino por el último engendro virtual, sean programas, juegos o aplicaciones. No solo hay personas enamoradas o seducidas por los engendros virtuales sino abducidas por las posibilidades imaginativas que encuentran en esta nueva galaxia. Se hallan a gusto, su vida gira en torno a este nuevo horizonte cultural y, lo que es más grave, adaptan sus vidas reales a los nuevos horizontes de comunicación virtual.

Es bueno que para empezar vayamos tomando posiciones y tengamos claro qué tipo de navegaciones queremos emprender. Entre la ingenuidad de los convencidamente integrados y el alarmismo de los ingenuamente apocalípticos se nos abre el mundo de la Info-Ética y de la info-responsabilidad, un horizonte cultural apasionante lleno de experiencias enriquecedoras, encrucijadas desconcertantes y misterios sorprendentes. Un apasionante mundo en el que no viajamos solos y en el que no podremos descartar la revolucionaria y paradójica máxima de nuestra navegación: “me desconecto, luego existo”. Artículo publicado el 16 de enero de 2015, lo podéis ver en: http://www.entreparentesis.org/blog/91-la-revolucion-digital

domingo, 11 de enero de 2015

Nosotros y el Islam

"El atentado al semanario francés Charlie Hebdo ha colocado en el primer plano de la agenda política una cuestión que no se tendría que haber olvidado nunca en la agenda política: la relación entre religión y política. Abducidos por las estadísticas de la macroeconomía y las finanzas, gran parte de la clase política que nos gobierna es incapaz de reconocer el valor que las religiones representan en el conjunto de las políticas públicas.


Además de nuestra condena del brutal atentado y la necesidad de salir a la calle para defender la libertad de prensa, es importante que nos examinemos de un tema que siempre entra en reválida: las relaciones con el Islam. Hasta ahora, pensábamos que era suficiente conocer los artículos de la Constitución que garantizan la aconfesionalidad del estado y protegen la libertades, sean de la confesión religiosa que sea, incluso aunque sean de ateos como Dios manda.

No basta remitirse al titulo preliminar donde la referencia al pluralismo como valor no sólo es política (para armonizar pluralidad de ideologías) sino también religiosa (para armonizar pluralidad de credos y confesiones). Es necesario conocer los diferentes tipos de laicidad con los que Europa ha integrado la pluralidad religiosa de sus sociedades con el pluralismo político de las administraciones públicas. No estamos sólo ante un problema jurídico, sino ante un problema moral que conecta la forma de los estados con la forma de las sociedades. Cuando Europa se relaciona con el Islam o con cualquier otra confesión religiosa no se plantea solo la pregunta por el modelo de estado sino por el modelo de sociedad, un problema pre-político que está en la raíz de las deliberaciones públicas. Si esto no se tiene claro, se debilita la firmeza jurídica con la que hacer frente a cualquier clase de intolerancia.

Dicho esto, la pluralidad de interpretaciones dentro del Islam es un hecho. Es ejemplar la respuesta con la que algunas comunidades musulmanas han condenado el atentado terrorista. Además de la condena inmediata que realizó el presidente de la conferencia de los imanes de Francia, el Centro cultural islámico de Valencia condenaba “sin paliativos” el “mezquino y deleznable” atentado. El pluralismo, las discrepancias y la crítica también forman parte de las comunidades musulmanas.

Además de la intolerancia con la que algunos sectores musulmanes quieren aplicar la ley islámica medieval, la mayoría de los musulmanes han sido educados en la mitificación de sus orígenes, la exaltación de la expansión musulmana y en principios de fe identificados con códigos jurídicos de los siglos IX y X. La mayoría de los países musulmanes combinan el derecho occidental con derechos inspirados en esta ley islámica tradicional. Para entender esta combinación conviene recordar la fórmula de aquel asesor económico de Clinton y afirmar:¡Es la cultura, estúpido!" Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 11 de Enero de 2015.

domingo, 4 de enero de 2015

El año de los maestros

"Los analistas políticos señalan que este año recién estrenado cambiará el panorama político. Algunos fijan su atención en las convocatorias electorales que se producirán a finales de Mayo y finales de otoño, anuncian un previsible fin del bipartidismo. Otros se atienen a la creciente recuperación económica, y el mantenimiento de una ley electoral que penaliza a las minorías, para señalar que la gestión del miedo a la inestabilidad institucional retardará los cambios estructurales. Muy pocos focalizan su atención en un colectivo profesional que ha sido determinante en los últimos cambios políticos: los maestros. Hoy no son la orteguiana minoría selecta sino la mayoría selecta sin la que cualquier regeneración es imposible.


Por maestros me refiero al conjunto de educadores, incluyendo profesores o profesionales del ámbito educativo. Fueron determinantes en la transición porque entre pupitres, pizarras y máquinas de ciclostil se amasaron los discursos de una izquierda antifranquista que dejó de ser rupturista para transformarse en posibilista. Fueron determinantes a finales de los noventa porque al adanismo de las primeras reformas educativas de los ochenta se unió el agotamiento de una progresía administrativa que despreciaba cualquier alternativa de educación liberal.     

Van a ser determinantes este año no sólo porque los cuadros de mando de los grupos políticos emergentes como UPyD, Ciudadanos, Equo, y Podemos se están reclutando en el mundo educativo, sino porque los espacios públicos educativos se están utilizando como plataforma para el debate, la publicidad y el lógico adoctrinamiento de la capilarizadora comunidad educativa. Los partidos emergentes saben que en este mundo abunda cierto espíritu crítico, desencantamiento con elevadas dosis de hartazgo partidista y resignados empleados de clase media que representan para sus vecinos algo sin lo cual la sociedad no podría respirar: humildad, resiliencia y confianza. Los claustros, las asociaciones de padres, las asociaciones de alumnos, las agrupaciones de inspectores o directores y, sobre todo, los nuevos líderes sindicales se están convirtiendo en la levadura retórica para del cambio.

Preocupados por una política de luces cortas, a veces averiados con triángulos de emergencia y chaletos reflectantes, los dos grandes partidos se han desentendido de los maestros. Primero porque no han dejado fuera de la cuota partidista las fórmulas de acceso y consolidación de una carrera profesional integral. Segundo porque han mostrado mayor preocupación por los datos estadísticos que por las dotes profesionales o ideales educativos de las futuras generaciones. Y tercero porque han tribalizado un patrimonio cultural común sin luces largas, sin altura de miras, y sobre todo, sin un proyecto pedagógico ilusionante o motivador con el que afrontar la globalización." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 4 de enero de 2014.