Esta Cumbre de Roma continuará las reflexiones
sobre el futuro de la UE que se comenzaron en la Cumbre de Bratislava celebrada
el pasado 16 de septiembre, pocas semanas después de que el Reino Unido
decidiera retirarse. Desde entonces hasta hoy, los 27 líderes políticos siguen
buscando fórmulas y argumentos que apuntalen el proyecto europeo en clave
únicamente económica, financiera o mercantil, como si la integración no
exigiera un proyecto ético, social y político determinado. Resulta curioso
comprobar cómo estos líderes acuden raudos y veloces al Vaticano para hacerse
las fotografías y luego en sus respectivas agendas políticas nacionales dan la
espalda a las palabras de los sucesivos pontífices.
Una prueba del poco caso que se le hace a las
palabras de Francisco la tenemos en la información oficial que ha difundido la
Moncloa. Aunque la nota menciona la necesidad de generar ilusión y confianza,
se plantea en términos de economía y “bienestar”, sin decir nada de su dimensión
ética, social y cultural. Francisco le recordará a Rajoy que llega sin todos los
deberes hechos, sin haberse leído sus encíclicas y, sobre todo, sin haber leído
el espectacular discurso de Estrasburgo cuando el Santo Padre visitó las
instituciones europeas en 2014.
Rajoy tendría que haber pedido que en todos
los congresos del PP que se están celebrando se leyera ese texto donde
Francisco pedía a los europeos que estuvieran atentos a un mundo menos
eurocéntrico. Recogía textos de Juan Pablo II y Benedicto XVI para recordar que
en el centro del proyecto europeo se encuentra la confianza en el hombre, no
tanto como “ciudadano o sujeto económico” sino como persona dotada de una “dignidad
trascendente”. Además de estar en una Europa envejecida, cómplice de una
“cultura del descarte”, estamos ante una Europa “enferma de soledad”, propia de
personas que han perdido sus raíces, sus vínculos y lazos. Los ancianos, los
jóvenes, los pobres, los inmigrantes y los refugiados están cayendo en el
olvido de una Europa de mercaderes y consumidores que no es “ni fértil ni
vivaz”. El futuro de Europa pasa por el cuidado de la fragilidad para que las
personas no sean devoradas por engranajes o mecanismos burocráticos que se han
desarrollado con la absolutización de la técnica. Como el resto de los 27,
parece que Rajoy tampoco progresa adecuadamente." Podéis ver el artículo completo en http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/201703/26/rajoy-roma-20170326000928-v.html




