viernes, 25 de julio de 2014

El vagón del silencio


"Renfe ha puesto en marcha los “vagones del silencio”, en ellos los viajeros saben que tienen prohibido hablar por el teléfono móvil, que la megafonía apenas se oirá y que la iluminación será menos intensa para facilitar el descanso. Aconsejan que los pasajeros hablen en tono bajo y no mantengan conversaciones duraderas. Son espacios donde no nos ofrecerán el servicio de bar móvil o restauración ambulante.

Además de esta interesante iniciativa, la Fundación Telefónica ha decicido sumarse al Movimiento Mute. Curiosamente, el lema de la campaña sintetiza bien su finalidad: Mute, el sonido para despertar las ideas. Para los diseñadores de la campaña, cuando más ruido nos rodee, menor será la creatividad y, por consiguiente, menor será nuestra capacidad para tener ideas, para crear y para disfrutar de la vida. Se les ha ocurrido impulsar esta iniciativa con un ciclo de conferencias donde varios artistas y creadores muestran la importancia del silencio en sus procesos de creación artística: Mariscal, Ara Malikian y Juan José Millas han sido los primeros. Pero ahí no termina la cosa, han propuesto a las universidades lo que llaman el Cubo Mute, un espacio acristalado e insonorizado para que los estudiantes comprueben el poder que tiene el silencio para favorecer la creatividad en una civilización del ruido.

Como se pueden imaginar, los estudiantes que deciden introducirse en esta especie de peceras no sólo parecen bichos raros o especies en extinción admiradas por sus compañeros. Con los grandes auriculares que se colocan y la cara de felicidad que muestran, parecen extraterrestres procedentes de otra galaxia. Lo extraño en nuestra cultura y civilización no está ya en los ruidos sino en los silencios. El silencio se ha convertido en un bien escaso y difícil de encontrar en la agenda cotidiana. Incluso se ha convertido en un lujo al que muy pocos tienen acceso. Además de sosegar la mente, una buena gestión de los pocos silencios que tenemos evita pensamientos tóxicos, relaja y reduce el consumo energético del cerebro.

Con la llegada del verano, los concejales de fiestas deberían apuntarse al Movimiento Mute y plantearse la función terapéutica del silencio para vecinos y veraneantes. El futuro de las políticas sociales, educativas y culturales no pasa por la aceptación y resignación ante ruidos contaminantes sino por la gestión, promoción e incentivación del silencio como recurso para incrementar nuestra calidad de vida." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 25 julio de 2014. 

viernes, 18 de julio de 2014

Las dos caras de la austeridad

"Hay sectores donde la crisis está generando situaciones no sólo injustas o absurdas sino de juzgado de guardia. Valgan como muestra dos casos del ámbito sanitario. Hay zonas de salud donde el vehículo de servicio que se utiliza no ha pasado la ITV porque ha desaparecido la partida presupuestaria correspondiente. Movilizados por su celo profesional, los sanitarios continúan utilizando el vehículo hasta que tienen un accidente porque las ruedas no están en condiciones, no llevan la pegatina correspondiente y, de rebote, la guardia civil impone la sanción al conductor, no al correspondiente servicio de salud.

Segundo caso: paciente de 80 años con cáncer de mama diagnosticado que se había desplazado al hospital de referencia que se encuentra a 60 kilómetros de su domicilio, con escasa formación y recursos. Después de las primeras analíticas se le da el alta un domingo y se le concede cita para el día siguiente a las 11 de la mañana. La gerencia exige alta inmediata con independencia de las circunstancias sociales de la paciente. Aunque había habitaciones en planta, las órdenes del gerente son inapelables. Ni sentido común, ni principio de caridad, ni circunstancias socio-familiares, las leyes de austeridad gerencial son incuestionables: racionalizar, maximizar, minimizar, optimizar.

A estos casos se podrían añadir otros tantos que cada lector podría aportar para señalar el mal uso de la austeridad en la gestión de los recursos públicos. El hecho de que antes de la crisis muchos gestores y ciudadanos aplicaran el irresponsable principio de barra libre (vulgarmente conocido como disparar con pólvora de rey), con el consiguiente abuso intolerable que ahora descubrimos, no justifica ahora la aplicación de políticas de austeridad sin el mínimo fundamento de moral pública. La irresponsabilidad con la que antes se gestionaban los recursos vuelve a emerger de nuevo con el olvido de una meta básica en estos servicios: “ante todo, no dañar”.

Estamos asistiendo a casos de mala gestión donde el principio de austeridad se aplica al margen de unos mínimos criterios de justicia social en la atención sanitaria. Aunque la austeridad tenga la cara amable de una virtud que facilita la sencillez y la sobriedad, cuando se aplica mal al ámbito sanitario presenta una cara perversa porque a largo plazo se incrementan los costes, las listas de espera, los índices de mortalidad y la desconfianza en los servicios públicos. Mal gestionada, la austeridad mata." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 18 julio 2014.

viernes, 11 de julio de 2014

Regeneración y lucidez

"Este fin de semana los dos grandes partidos de nuestro país nos darán clases de regeneración. Los tres candidatos del PSOE nos recordarán que han puesto en marcha un proceso de renovación interna para que la sociedad perciba su voluntad regeneradora de la vida política. Con independencia de quién gane, podemos imaginarnos los titulares del día siguiente recordándonos que además de haber ganado la democracia y la transparencia, se ha incrementado la confianza entre las bases y el aparato. Cospedal inaugura hoy la escuela de verano del PP, dedicada a transmitir mensajes de regeneración y democracia eficiente para que las medidas del gobierno se perciban como respuestas oportunas a las demandas de honestidad, transparencia y calidad en los servicios públicos.

Esta apelación a la regeneración no es propia de los grandes partidos porque también la encontramos en otros grupos como UpyD, cuya clave ideológica central se encuentra en los procesos de reanimación y revitalización de la actividad política. En el fondo de la apelación, siempre se trata de un proceso radicalizador donde se quiere que la política vuelva a sus raíces, vuelva a las fuentes de las que nació, porque las aguas se han contaminado o el caudal se ha secado. Regenerar es acercar la clase política a los ciudadanos, distribuir mejor los recursos comunes, establecer controles normativos que penalicen la estructural tendencia a la corrupción y, sobre todo, sintonizar con las  expectativas que los ciudadanos tienen para imaginar una sociedad más justa.

Cuando los partidos reivindican estos procesos de aproximación a la ciudadanía, deberían pensar más en los ciudadanos y menos en su propia posición como organización política. Sus mensajes deberían ser menos autistas y más convincentes, es decir, deberían ser respuestas a problemas reales del ciudadano más pobre y peor situado en la escala social. Para ello, los regeneradores deberían situarse en las periferias la política, visitar calles y escuelas, pasar tiempo en ambulatorios, urgencias y hospitales, hablar más con la gente peor situada o más desfavorecida.

Joaquín Costa, uno de los grandes regeneradores del pensamiento político español propuso entre sus medidas que se abaratara el pan y la carne porque la gente pasaba hambre; si hoy resucitara, además de pedir que también lo rescatasen a él,  probablemente pediría que la administración administre (y pague puntualmente sus facturas), la sanidad sanee, la educación eduque y el gobierno gobierne." Podéis ver el artículo completo en Las provincias, 11 de julio de 2014.
   

viernes, 4 de julio de 2014

La letra pequeña de la vida

"Esta semana he conocido a Joan Massagué, premio príncipe de Asturias, pude conversar con él unos minutos después de que impartiera la lección con la que inauguramos el curso en la UIMP. Aunque contamos con la presencia del Ministro Wert y todo su equipo, el interés informativo no estuvo en las palabras de la autoridad política sino en las palabras de la autoridad científica de este profesor cuando dictó la conferencia que llevaba por título Ciencia y cáncer: conquistar la metástasis.

A su juicio, antes del año 2050 el cáncer estará tan controlado como lo están ahora las infecciones con las que comenzábamos el siglo XX. Con una claridad no exenta de rigor y un lenguaje comprensible nos explicó la historia de esta reciente alianza entre la investigación científica y el cáncer. El plan para atajar el elevado número de muertes no está sólo en la temprana detección del tumor, sino en la necesidad de conocerse bien a uno mismo y evitar que decaigan las defensas con las que resistir. Para ello debemos prestar más atención a las metástasis, que provoca el 90% de las muertes.

Gracias a la ingeniería genética y las posibilidades que nos ofrece para descifrar y leer la estructura genética, podemos conocer cómo organizar la resistencia de nuestras células a la misteriosa y capilar diseminación el cáncer. No lo planteó como una lucha fácil pero sí como una carrera compleja, realista e interdisciplinar en la que no hay que desanimarse, en la que hay que seguir probando un fármaco y otro sin tirar la toalla. Pidió insistir con perseverancia desde todos los frentes, incluso el cultural y moral porque el tipo de vida que se lleva condiciona la organización de nuestras resistencias.

Nos presentó la estructura genética como una cartografía de letras, como un código complejo cuya estructura se está descifrando aceleradamente. Resulta sorprendente comprobar la proximidad que hay entre este tipo de investigación científica y la creación artística o ficción literaria. Lo puso de manifiesto la novelista que este año ganó el Planeta, Clara Sánchez, cuando unas horas más tarde y en la misma sala,  analizó su obra y las secuelas de la crisis. Nos invitó a romper con la pereza y recordar que las crisis nos deben servir para cambiar y, sobre todo, para prestar mucha atención a la letra pequeña de la vida." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 4 de julio de 2014.