"Corría el año 1978 cuando Fernando Fernán Gómez recibió el premio Lope de Vega por su obra “Las bicicletas son para el verano”. Muchos lectores se acordarán de ella por la adaptación al cine de Jaime Chavarri (1984) y las interpretaciones de Gabino Diego y Agustín González. Uno representaba el papel del joven que no consigue aprobar Físicas y otro representaba el papel del padre con autoridad que premiará con la bicicleta el esfuerzo de su hijo cuando, ¡por fin!, apruebe la asignatura que le queda. Aunque la obra reproduce el ambiente cultural, social y político de la guerra in-civil española, el elemento con verdadera potencia simbólica y teatral es la bicicleta.
Para varias generaciones, las bicicletas en verano eran símbolo de libertad. Fernán-Gómez publica la obra en 1977 y enlaza con el imaginario de aquella época, cuando aún las bicicletas mantenían un fuerte valor simbólico. Eran importantes para romper con la disciplina escolar y volar con dos ruedas hacia espacios naturales, secretos y prohibidos, al aire libre, fuera de cualquier marcaje disciplinario. Ni los amores ni los amigos del verano de aquellas generaciones se entenderían sin aquellas bicicletas, sin homologar por la UE, sin reflectores, sin marchas, de un solo plato y con freno de zapata (o de zapatilla si hiciera falta).
Sin embargo, la obra de Fernán-Gómez se cierra con un quiebro simbólico cuando la bicicleta se convierte en herramienta de trabajo y toda la fuerza simbólica de la romántica libertad se transforma en rutinaria necesidad. Salvando las distancias y los tiempos, no cabe duda de que el símbolo de este verano son las mascarillas. Las autoridades sanitarias las han impuesto como obligatorias para limitar la transmisión del coronavirus. Su uso generalizado y obligatorio ya forma parte de un paisaje veraniego en el que han desaparecido los rostros expresivos y el maquillaje se hace prácticamente innecesario.
Sin contacto casi desaparecen los afectos. La distancia se ha convertido en separación y retorno al individualismo gregario cuando comprobamos que las conversaciones están presididas por un tema: una “región-fobia” marcada por la hipócrita y artificial frontera de las autonomías. Nunca como ahora la identidad del murciano, extremeño, riojano, catalán o madrileño había estado tan delimitada. Sería una pena que las mascarillas fueran utilizadas mediáticamente para volver a una solidaridad televisiva y gregaria. Estamos a tiempo para que las mascarillas, como las bicicletas, sean también el símbolo de nuestra incierta y frágil responsabilidad." Podéis ver el artículo completo en https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/mascarillas-verano-20200726234651-ntvo.html


