domingo, 26 de junio de 2016

Sociedad abierta

"Antes de que esta noche se abran las urnas y comprobemos los resultados electorales, podemos hacer un breve ejercicio de reflexión y analizar si con nuestro voto contribuimos a construir una sociedad abierta. A diferencia de sociedades cerradas donde la vida pública de los ciudadanos está determinada por el estado y las administraciones públicas, las sociedades abiertas son aquellas donde la vida pública de los ciudadanos está en sus propias manos, en sus propias iniciativas y en sus propias instituciones.


En el modelo básico de la democracia liberal europea, el intervencionismo de las administraciones públicas y el estado puede impedir la espontaneidad y vitalidad de las sociedades. Así lo describió con simplicidad Karl Popper después de la Segunda Guerra Mundial cuando publicó su libro La sociedad abierta y sus enemigos. Aunque era conocido por sus trabajos en filosofía de la ciencia, con la publicación de este ensayo no sólo iniciaba su trayectoria en la filosofía moral y política, sino que se convertiría en una referencia básica en el liberalismo de la posguerra. Esto lo saben los socialistas españoles más ilustrados cuando Felipe González nombró Ministro de Economía a Miguel Boyer, un socialista popperiano que promovió e impulsó el liberalismo económico, político y social.

Aunque el PSOE histórico no asimiló bien este nombramiento, sus votantes lo agradecieron y el partido integró este liberalismo económico porque sabía que se alimentaba de un liberalismo político al que ellos, tradicionalmente, habían dado la espalda. Con ello, un partido que mayoritariamente había promovido una sociedad cerrada consolidaba su compromiso con una sociedad abierta. A partir de entonces, los grandes cerebros del socialismo español no se avergonzaban de promover un socialismo liberal. Esta expresión les gustaba más que la del “liberalismo social” que habían manejado los democristianos o socialcristianos europeos.

La expresión de socialismo liberal ha desparecido progresivamente de los programas y discursos porque los nuevos líderes socialistas no quieren perderse en las turbulentas y oscuras aguas del liberalismo. Prefieren reivindicar la socialdemocracia, en lugar de clarificar sus deudas con cierta tradición liberal. Y en esta reivindicación, los grupos de tradición estalinista, anti-liberal y bolivariana, están a punto de asaltar los cielos del socialismo democrático español. Aunque aparezcan con la piel de cordero del populismo emocional, su reivindicación de la socialdemocracia es cosmética, ocasional y oportunista. Por una razón muy sencilla: promueven sociedades cerradas y desprecian sociedades abiertas. A los líderes de estas tradiciones populistas les preocupa muy poco los mimbres morales de la sociedad, solo quieren todo el poder. A nosotros como ciudadanos debería preocuparnos esta encrucijada donde el liberalismo de Popper ha sido sustituido por el comunismo de Gramsci." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 26 de junio de 2016.

domingo, 19 de junio de 2016

El yerno perfecto

"Aunque no haya muchas razones para felicitarse por la repetición de las elecciones, quienes aún tenemos hijos en casa y con derecho a voto, estamos contentos porque se ha despertado el interés por la política dentro de la familia. Si hace unos años nos quejábamos por el desinterés de los adolescentes que se preparaban para votar por primera vez, ahora cerramos un curso académico donde la politización familiar progresa adecuadamente.


Con el PP y el PSOE, las familias de nuestra generación tenían dos opciones razonables. Este curso, la emergencia de Podemos y Ciudadanos ha complicado la deliberación. Nuestros hijos disponían de interesantes bibliotecas sobre la transición donde contrastar las buenas razones por las que había que votar a socialistas o populares. Incluso podíamos haberles contado de primera mano cómo se fraguaron determinados consensos. A la hora del postre comprobamos que se han complicado los argumentos cuando preguntamos: “¿A quién van a votar vuestros amigos?”

La respuesta es sencilla. Sus amigos dudan entre Podemos y Ciudadanos, como si fuera incompatible ser joven y votar al PSOE o al PP. Entonces, mirándonos con cierta complicidad, los padres nos preguntamos: ¿qué hemos hecho para que nuestros hijos terminen votando a estos amnésicos advenedizos de la política? ¿en qué hemos fallado para que Iglesias y Rivera hayan seducido a nuestros hijos?

De poco valen nuestros argumentos cuando les pedimos que revisen el programa, se informen con detalle y comprueben las tradiciones ideológicas de las que se nutren. Les llegamos a decir que además del liberalismo jacobino de Ciudadanos o del Eco-estalinismo bolivariano emocional de Podemos, se fijen en las virtudes personales, la coherencia moral y la trayectoria de estos figurines. Les aconsejamos que miren en las redes para comprobar no sólo lo que estos personajes han dicho o proclamado, sino lo que han hecho en los últimos años. Les pedimos que analicen algunos temas cotidianos como la factura del dentista, el retraso en la valoración de la dependencia de los abuelos, las ayudas a la maternidad para sus compañeras casadas que ya han empezado a trabajar, la calidad en los primeros empleos a los que ya tienen acceso, las dificultades fiscales o administrativas para montar un negocio propio, incluso el imposible acceso a la función pública de su propia generación.

La videopolítica ha conseguido que nuestros hijos no se orienten por razonables argumentos sino por ocurrencias epidérmicas, vibraciones emocionales y buen rollito televisivo. Lo saben quienes seleccionan las herramientas electorales, desde la retórica de las manos hasta la inocencia de miradas, sonrisas y poses. Lo saben quienes los colocan en el escaparate mediático con camisas blancas de domingo, vaqueros de marca y “dockers” de moda. Buscan meter en nuestra casa al yerno perfecto." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 19 de junio de 2016.

domingo, 12 de junio de 2016

Votar por descarte

"Cuando la campaña electoral está en marcha y las encuestas anuncian una polarización, voy a revisar el abanico de motivaciones que mueven al voto. No me refiero a la participación política en sentido amplio o la implicación cívica en organizaciones sociales, me refiero al conjunto de motivaciones que operan para decidir. En algunos países se vota por imperativo legal. El voto es obligatorio para todos los ciudadanos mayores de edad. Aunque no quieran, los ciudadanos están obligados a votar por imperativo legal. La no participación está penalizada porque el ejercicio de la ciudadanía se vincula al deber de votar. El ciudadano no puede plantearse el ejercicio del voto como un deseo cívico, se le impone como imperativo legal.

Aunque parezcan ya viejos, los nuevos partidos han puesto en marcha el voto por rebeldía. Ciudadanos y Podemos han reencantado el panorama político y con ello han despertado el deseo, la ilusión y la reacción de una ciudadanía aletargada. No es un voto reaccionario pero si es un voto por reacción ante la pendiente resbaladiza del desencantamiento cívico.

Frente a estos, algunos han puesto en marcha lo que Hans Jonas ha llamado “la heurística del miedo”. Con las fotografías de los supermercados en Venezuela, la alusión a la “cal viva” y la enumeración de las amistades peligrosas de algunos candidatos, la activación del miedo será un factor determinante. Algunos trasvases de votos que se están produciendo y que determinarán el nuevo escenario se explican porque el ciudadano no quiere los experimentos. Tenemos que contar con el voto por miedo.

La mayor parte de los candidatos quieren que nos identifiquemos con sus propuestas y reclaman un voto por convicción. Se esfuerzan para ofrecer un conjunto atractivo de propuestas. Este esquema motivacional responde a una estructura neuronal que moviliza los dos lóbulos cerebrales que intervienen en la decisión: el cognitivo calculador y el emotivo dinamizador. Este esquema tiene otras variantes en el voto por tradición o el voto por valores. El ejercicio de votar expresa el deseo de mantener en el tiempo una tradición social, política y cultural.

Una variante pragmática y schumpeteriana de la anterior es el voto por interés o  conveniencia. El votante expresa preferencias, muestra determinados intereses y se sitúa instrumentalmente ante la vida. Los partidos no sólo expresan orientaciones de valor y sentido ante la vida sino que canalizan soluciones técnicas a problemas prácticos.

Hoy triunfa el voto por descarte. Un esquema motivacional donde seleccionamos un partido no porque nos representa o convence, sino porque hay otros que nos convencen menos. Aplicamos la estrategia del mal menor y tranquilizamos nuestra conciencia eligiendo la opción menos mala. Quizá también sea verdad que en toda opción puede haber algún elemento positivo." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 12 de junio de 2016.

domingo, 5 de junio de 2016

Llega la izquierda cultural

"Invitado por la Universidad de verano franco-española que organizamos entre la UIMP y la Université Sorbonne Nouvelle Paris 3,  tuve ocasión de participar esta semana en un coloquio sobre políticas culturales. Compartía mesa con Françoise Benhamou, especialista en economía de la cultura, Joaquín Rius, profesor de sociología y Xavier Roigé, museólogo y antropólogo. El profesor François Mairesse hacía de moderador y nos pidió que centráramos las reflexiones en el impacto de la crisis económica en las políticas culturales.


A diferencia del resto de ponentes que mostraron cómo los presupuestos públicos habían recortado la dotación de museos, cómo había repuntado una economía de la creatividad cultural vinculada a la economía colaborativa y cómo las dinámicas de cambio socio-político no se habían planteado el tema de la cultura, me propuse realizar una reflexión sobre las contradicciones culturales de la izquierda. Para ello arranqué de las reacciones a los atentados al semanario Cherlie Hebdo, del aeropuerto de Bruselas o de la sala Bataclan en Paris.

Los atentados han mostrado una izquierda culturalmente contradictoria porque no saben cómo gestionar la instrumentalización simbólica de la violencia; defienden planteamientos relativistas en la fundamentación ética de la democracia; critican el monoteísmo religioso endiosándose a sí mismo; no saben cómo articular un patriotismo cosmopolita y, sobre todo, porque han dado la espalda a la justicia social. A pesar de llenárseles la boca con el bien común, o la igualdad, el rasgo fundamental de las nuevas izquierdas europeas ha sido su dedicación enfermiza a una ingeniería social alimentada por el etéreo simbolismo de la diferencia, el resentimiento y el emotivismo.

Para analizar esta izquierda de bárbaros que ya manejan presupuestos públicos es interesante recoger una distinción que realizan los “ricardos” más lúcidos de la filosofía social contemporánea: Sennet y Rorty. Los últimos escritos de este último plantean la Filosofía Política como crítica cultural y ofrecen un artículo que lleva por título “La política cultural y la cuestión de la existencia de Dios”. Su autor refuerza la distinción que ya había planteado en anteriores escritos donde denuncia con radicalidad la llegada de una “izquierda cultural” que ha desplazado a la “izquierda reformista”.

La izquierda cultural ha sustituido a Marx por Freud, se ha especializado en políticas de la diferencia con la bendición del capital global. En lugar de tomarse en serio la elaboración de leyes justas, utiliza el género las normas para profetizar el colapso de un sistema que gozosamente los financia. En lugar de preocuparse por los indigentes, los desempleados, los excluidos o las víctimas, se preocupan por la invisibilidad malévola, biopolítica y pansexual de un poder ubícuo. Les preocupa más cualquier motivación psicosexual profunda que el egoísmo o la codicia descarada y evidente." Podéis ver el artículo completo en Las provincias, 5 de junio de 2016.

viernes, 3 de junio de 2016

Iniciativas interreligiosas para la integración social

"El  pasado 16 de Mayo, el Grupo de Investigación dedicado a apoyar el desarrollo  de la capacidad comunitaria para el fortalecimiento de la sociedad civil  de la Universidad de Lincoln (Reino Unido) generó un espacio de conversación construida entre representantes y académicos de la Iglesia Católica y la Iglesia Anglicana activos en los procesos de reflexión y acción en la transformación social. 

Dentro de ese marco nos invitó a dos profesores españoles para intercambiar experiencias de integración social. Buscaban experiencias teóricas y prácticas donde la motivación religiosa desempeñara un papel básico en los programas universitarios de promoción de la justicia y la solidaridad social. Se trataba de una iniciativa para intercambiar opiniones y construir equipos internacionales con los que preparar propuestas de cooperación en el marco de los retos sociales de la UE.

Este grupo británico cuenta con una dilatada experiencia en la preparación de programas europeos y en la actualidad lidera iniciativas de ciudadanía activa (takepartresearchcluster.org). Catalogado con el nombre “Take Part Research” ha construido programas de investigación innovadora que ha implicado a todos los agentes comunitarios. En este momento, es un claro ejemplo de cómo las universidades pueden cogenerar conocimiento cuando acompañan a instituciones y organizaciones locales, grupos de la sociedad civil o colectivos que buscan reflexionar y a partir de una enriquecida  observación de grupo y  desde diálogos estructurados procesos de aprendizaje desde la experiencia y el empoderamiento ciudadano.

El grupo está liderado por las investigadoras Rebecca Herron y Zoraida Mendiwelso, quienes convocaron a un grupo de líderes religiosos con los que tuvimos oportunidad de intercambiar opiniones. Por un lado, los reverendos y canónigos Andrew Vaughan, Industrial Chaplan de la iglesia anglicana de Lincoln y Alan Robson, Agricultural  Chaplain, ministro de la iglesia metodista. Junto a ellos se encontraba también Wesley Shelbourne, de Just Lincolnshire (http://justlincolnshire.org.uk). Junto a ellos, Pep Boades me acompañó como representante de recientemente desaparecido Centro para el Estudio y la Integración de los Inmigrantes de la Comunidad Valenciana, (http://www.socialjesuitas.es/noticias/11-noticias-info/590-la-fundacion-ceimigra-llega-a-su-término)

La jornada nos dejó un buen sabor de boca y todos quedamos con ganas de profundizar en alguno de los numerosos temas que allí aparecieron. Sin ánimo de ser exhaustivo y con la finalidad de difundir la iniciativa e invitar a quienes estén interesados en la continuación de estos trabajos, señalo algunas cuestiones que abordamos en el encuentro.

1.- Tenemos grandes oportunidades de promover una ética preventiva común donde las confesiones religiosas trabajen cooperativamente para promover iniciativas de justicia social, solidaridad y ecología y integral. Las diferencias confesionales pueden ser una oportunidad y no un obstáculo en la promoción de la ciudadanía activa.

2.- Evitar la simplificación de los análisis que limitan la acción socio-religiosa a la vida privada. Los grupos de acción social basados en motivaciones confesionales no son grupos de ética privada sino grupos sociales legitimados para participar en la construcción de espacios públicos de deliberación, de inclusión, de integración y de cohesión social.

3.- El factor religioso cada día desempeña un papel más importante en los procesos de mediación social. Resulta clave en las iniciativas inter-culturales que promueven las comunidades y siempre es necesario cuando queremos que las iniciativas intra-culturales redunden en beneficio de todos los miembros de la comunidad local.

4.- La tríada  de verbos “servir, acompañar, defender” expresan bien la función social que realizan algunas confesiones comprometidas con colectivos socialmente vulnerables y desfavorecidos como inmigrantes, refugiados o menores no acompañados.

5.- Además de las fronteras externas, hay fronteras internas que establecen las propias comunidades locales. Los Centros de Internamiento para extranjeros no siempre ofrecen las condiciones adecuadas y su gestión puede ser utilizada para establecer fronteras internas que incrementen la vulnerabilidad, la marginación y la exclusión. Una ética global no puede atender únicamente a los muros o fronteras físicas entre países sino que tiene que evitar el alzamiento de muros o fronteras mentales.

6.- La promoción de una ciudadanía activa requiere procesos de capacitación cívica liderados por la propia sociedad civil y unos poderes públicos al servicio del bien común. Es importante evitar y limitar al máximo el control partidista de estos procesos de capacitación. Como los partidos políticos tienen a controlar estos procesos públicos, es importante que las organizaciones de la sociedad civil eviten estos controles y exijan de todos una construcción leal de iniciativas.

7. Resulta preocupante la situación de los jóvenes. A veces, los grupos de jóvenes son las víctimas inmediatas de una cultura individualista que no valora el compromiso, la participación social y la vinculación comunitaria. Las confesiones religiosas pueden desempeñar un papel muy importante para frenar la pendiente resbaladiza del individualismo consumista. 

Las confesiones religiosas pueden desempeñar un papel importante en la promoción de la justicia social porque mantienen la memoria del vínculo y la religación social en contextos de individualismo social. Las confesiones religiosas pueden promover iniciativas de responsabilidad global y cosmopolita cuando trabajan por el fortalecimiento de los vínculos sociales, desde el más próximo del familiar o vecinal hasta el humanitario o ecológico.  Podéis ver el artículo completo en http://entreparentesis.org/iniciativas-inter-religiosas-la-integracion-social/