domingo, 28 de junio de 2015

Publicidad engañosa

"Ahora que los nuevos cargos están estrenándose en el ejercicio del mando, cada ciudadano debería abrir una carpeta con dos columnas, una con el programa electoral y otra con los correspondientes cumplimientos. La memoria es frágil y los políticos acuden con excesiva facilidad al viejo profesor Tierno Galván cuando recordaba que los programas estaban para no cumplirlos. No era propio de nuestra idiosincrasia celtibérica porque el propio François Mitterand sostuvo que los programas son papel mojado porque se incumplían al día siguiente.


En el caso de la Comunidad Valenciana, esta carpeta resultará especialmente valiosa porque el tripartito que nos gobernará, nos ha dejado una joya para la ciencia política mediterránea: los Acuerdos del Botánico. Aunque de facto los responsables de Podemos no hayan entrado en el gobierno y hayan calculado cínicamente el mínimo número de diputados necesarios para proclamar a Puig, se nos ha transmitido a la opinión pública la percepción de que tales acuerdos quieren ser un contrato mercantil realizado entre las partes. No han pasado por notaría porque piensan que los mejores notarios de los políticos son los propios ciudadanos, como si los ciudadanos necesitaran tener presente en todo momento las cláusulas de un cosmético documento donde se realizan complejas, sesudas, técnicas y enrevesadas normas. Recordemos que nos anuncian medidas tan complejas y revolucionarias como que “gobernarán para las personas”, que nos propondrán un “nuevo modelo productivo”, que “defenderán los intereses de los valencianos”.

La nueva casta espera que interpretemos este contrato como novedad política, como si los ciudadanos no hubieran leído a Platón y supieran la frágil frontera que separa a los sofistas de los buscadores de la verdad, a los malos retóricos de los buenos políticos. Una frágil frontera en cuyo tránsito se gana o pierde la credibilidad y que hoy parece gestionada por los profesionales del marketing, la publicidad y la comunicación pública. No en vano, la nueva política se caracteriza por la habilidad con la que se maneja en las televisiones, seduce sin argumentos e instrumentaliza la membrana más vulnerable de nuestra inteligencia emocional.

Dentro de unos días nos recordarán la distinción weberiana entre convicciones y responsabilidades para anunciar que las promesas realizadas solo eran sugerencias emocionales. Incluso nos dirán que el ejercicio del poder exige límites cognitivos (ignorancia), estructurales (mercados) y pragmáticos (herencia recibida) para no hacer ni decir lo que se decía en oposición o campaña. Antes de eso, y con cierto anhelo de que el señor Puig haga una puesta escena con la bandera de España y la familia como hizo el jefe de su formación, los ciudadanos tenemos un recurso moral y mercantil que nos ampara: la denuncia de publicidad engañosa." Podéis ver el artículo completo en Las provincias, 28 de junio de 2015.

domingo, 21 de junio de 2015

Pegamento y contrato social

"El pasado jueves se clausuró en el jardín Botánico de Valencia el XXIV Seminario de la Fundación para la Ética de los Negocios y las Organizaciones (Etnor). Los responsables de dicha Fundación eligieron al profesor Antón Costas, Catedrático de Política Económica en la Universidad de Barcelona y presidente del Círculo de Economía, la conferencia de clausura que llevó por título “Mercados, estado y sociedad: un nuevo contrato social para el siglo XXI”.


Había despertado tales expectativas que no sólo asistieron destacados empresarios, sino personajes relevantes del nuevo escenario político. Además de Enric Morera o Fernando Giner, no faltó Ximo Puig quien, en los próximos días y según las previsiones, será investido presidente. Ximo Puig no sólo reclamó la atención de numerosos medios de comunicación que habían percibido el valor de su presencia sino del propio rector de la universidad de Valencia, académicos, gestores e históricos militantes socialistas que tuvieron ocasión de felicitarlo.

El profesor Costas comenzó preguntándose: “¿Por qué somos el país europeo en el que se ha producido mayor deterioro económico, social y político?”. Además de los indicadores que señalan el incremento de la desigualdad y la pobreza, se centró en un dato moralmente significativo: el 73% de los jóvenes entre 19 y 35 años todavía viven con sus padres. A su juicio, este retraso en la edad de emancipación tiene consecuencias importantes en la cultura moral de varias generaciones porque es la edad de la responsabilidad cívica.

Como una causa de este deterioro indicó que nos faltan mecanismos de cooperación, diálogo y voces compartidas que sirvan de colchón o amortiguador ante unas crisis que, cíclicamente padeceremos con el actual modelo de capitalismo. Señaló que tenemos un sistema redistributivo que deberíamos cambiar de inmediato porque redistribuye mal, dado que fortalece el bienestar o la seguridad de quienes menos lo necesitan (mayores). Pide que se corrija esta penalización a los más jóvenes y que no focalicemos la atención en un  “estado del bienestar” sino en un “estado de las oportunidades”.

Este horizonte de oportunidades sólo se realizará si la sociedad española se vertebra en torno a un nuevo contrato social, es decir, una figura moral donde el pegamento de la confianza mutua actúe contra el “disolvente social” de la desigualdad. Para ello, además de reclamar con urgencia planes que rescaten de la pobreza infantil a los hijos de las nuevas generaciones desprotegidas, pidió nuevas formas de organización de las relaciones laborales para no abusar de los “Eres” y redimensionar la capacidad de las Pymes. Para terminar, y por si los asistentes tenían alguna duda en la necesidad de reformar el actualmente injusto sistema de ayudas sociales, pidió reformar el radicalmente injusto estado de las autonomías." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 21 de junio de 2015.

La nueva encíclica franciscana

"Hace unas horas, la Iglesia ha hecho pública la encíclica del Papa Francisco Laudato si; un texto que aparece con un subtítulo muy significativo: “sobre el cuidado de la casa común”. Mientras la opinión pública desgrana con detalle cada uno de los seis extensos capítulos que la integran, es bueno que nos fijemos en el nuevo horizonte doctrinal que se nos abre.


En principio, el Papa Francisco se inscribe explícitamente en un horizonte franciscano.  El hecho de que haya elegido como título de la encíclica las dos primeras palabras del Cántico de las criaturas de San Francisco de Asís es una señal evidente de la tradición ecológica en la que quiere inscribirse. Por si había alguna duda, las dos oraciones que propone al final tienen el aire de familia del mismo Cántico. Este horizonte franciscano explícito no debería interpretarse de forma nostálgica como una vuelta romántica a lo que podríamos llamar “antiguos” planteamientos franciscanos. Estamos ante una renovación radical del productivo horizonte franciscano y por eso debemos hablar de una nueva ecología franciscana. Sin evitar el doble sentido de la expresión “ecología franciscana”, estamos en el horizonte de la primera ecología que puso en marcha Francisco de Asís y se nos plantea desarrollarla en el siglo XXI porque el poder del sistema socio-científico-tecnológico ha cambiado radicalmente la relación entre Naturaleza y Cultura, Naturaleza y Gracia, Creación y Redención.

Desde las primeras líneas de la encíclica Francisco deja claro que no está reivindicando una ecología epidérmica, cosmética, pajarera o romántica. Muestra claramente la continuidad de sus reflexiones con las Pablo VI, Juan Pablo II o Benedicto XVI, sobre todo en la crítica a lo que filosóficamente llamaríamos racionalidad instrumental. En los sesenta y setenta la Iglesia denunció la actividad incontrolada del ser humano, la degradación de la naturaleza y las catástrofes ecológicas que llegarían; en los ochenta y noventa se reclamó una conversión ecológica global incidiendo en las deficiencias del modelo de producción y consumo o la consolidación de estructuras contrarias a la dignidad humana.

La tradición franciscana es muy clara: el libro de la naturaleza es uno e indivisible. Además, la libertad humana no puede plantearse de espaldas a la categoría central y nuclear de todas las éticas contemporáneas: “el imperativo de responsabilidad”. La voluntad humana, el horizonte de los deseos y las circunstancias de la autonomía moral no pueden plantearse de espaldas a la naturaleza. En este sentido, la nueva ecología franciscana no puede ser leída en términos simplificadores de “encíclica verde”, estamos ante nuevos desafíos que no son únicamente antropológicos sino “antroponómicos”. La nueva ecología franciscana transforma la antropología de la vieja antropología franciscana.

La ecología ya no puede ser pensada sin una antropología normativa, es decir, sin una reconstrucción integral de todas las dimensiones de la vida moral. Atentos al adjetivo “integral” porque es una de las claves más interesantes de la encíclica. No estamos ante una antropología naturalista o espiritualista sino ante una antropología normativa como la desarrollada por el personalismo comunitario del siglo XX al que Francisco hace un guiño determinante cuando se remite a Romano Guardini repetidas veces o la Filosofía de la voluntad de Paul Ricoeur en la nota 59. Como dirían algunos periodistas: “ojo al dato”.

Este sentido normativo de la antropología exige una reconstrucción un sentido originario de la ética y la economía, es decir, una apelación a la raíz común de las actividades relacionadas con la gestión de la “la casa” en todos sus niveles o escalas. “Oikos” es el término griego que traducimos por “casa” y del que históricamente derivarán economía, ecología o el propio término ética. Cuando apelamos a estas raíces comunes es comprensible la utilización de términos como “familia humana” o “casa común”. La nueva ecología franciscana nos lanza el desafío de la habitabilidad integral del planeta para frenar la aparentemente irremediable cultura del descarte.

Francisco no está reclamando una nueva ascética, deja muy claro desde el principio de sus reflexiones que su nueva ecología no consiste simplemente en “renunciar”. El paso del consumo al sacrificio pide que se interprete en términos de comunión y distribución, no en términos de mecánica renuncia. Reclama promover el don y la donación, entender el mundo como sacramento de comunión. Una cultura de la responsabilidad y la donación que no puede plantearse únicamente en términos “micro”, es decir, en términos de primer persona. Una renovación radical en todas las escalas que incluya el nivel “meso” y el nivel “macro”. Además de la persona (micro) tiene que afectar a las organizaciones (meso), a la comunidad internacional (macro).

La llamada de Francisco es “urgente”, como si en la nueva ecología el mañana siempre fuera tarde.  Lo repite en el epígrafe 13 y 14, está en juego el futuro del planeta. No pide que nos quedemos en los efectos o la epidermis sino que vayamos a las causas del deterioro ecológico. Pide dar un paso más, “un paso adelante” (par. 15) en la línea de la acción, del diálogo y algo que resultará muy productivo para todos los educadores, en el cambio de motivaciones y en la promoción de un camino educativo. Es la oportunidad de una educación ambiental que no se reduzca el ambientalismo, la ecología profunda, la ecología superficial o la simple moda de lo verde.

Son muchos los temas planteados y en otras entradas podremos analizarlos con calma. Incluso hay una apelación radical a un modo de entender las relaciones entre Naturaleza y Cultura donde tienen un lugar privilegiado la Belleza, las artes, y entre todas las artes la Música porque supone una relación integral con todo lo creado. Por eso, os dejo con el vídeo de la “Nana para un niño suerte” que nos reclama con urgencia hacer una casa común:
Podéis ver el artículo completo en www.entreparentesis.org 

domingo, 14 de junio de 2015

Selectividad tóxica

"La selectividad es algo más que un ejercicio académico con el que los bachilleres acceden a la universidad. Se trata de una prueba que altera a toda la familia porque de su calificación no sólo depende la carrera de los hijos o el centro universitario en el que puedan realizarla, sino el futuro más inmediato de toda la gestión familiar. Analizada desde el punto de vista crítico, se trata de una prueba tóxica que dificulta la salud de los procesos culturales, educativos y formativos.


Dificulta la salud de los procesos culturales porque hay determinadas cuestiones culturales sectarias que son sospechosamente recurrentes. Los problemas relacionados con la lengua, la guerra civil y la religión, siempre han tenido una presencia sospechosa. De nada vale quejarse este año por catalanismo en la prueba de lengua, por el sectarismo ideológico de los textos que se comentan o por los autores seleccionados para los ejercicios de madurez. Sin transparencia alguna, si alguien tiene la curiosidad de estudiar las correlaciones en estos temas, comprobará que se repiten las mismas categorías: catalanismo, laicismo y progresismo.

Dificulta la salud de los procesos educativos por varias razones. Ante todo porque altera y pervierte el sentido del bachillerato. Como etapa central en la formación de jóvenes, el bachillerato nunca se pensó para entrenar y adiestrar adolescentes que superen una prueba final de homologación estabular, sino como tiempo para la maduración, el discernimiento vocacional y una potente capacitación cultural básica. El horizonte de la selectividad no sólo condiciona la programación de las materias sino que determina las programaciones e impide el trabajo interdisciplinar de los problemas.

Los procesos educativos también se modifican: además de los calendarios, las actividades, la organización de las áreas y las tutorías, los centros condicionan la enseñanza secundaria a la programación del bachillerato y este a la ruleta rusa de la selectividad. Todas las fases del proceso educativo se guillotinan con dos azarosos días de junio. Ni nada ni nadie están para lo que deberían estar, como si la calidad de la enseñanza se midiera única y exclusivamente por el número de aprobados en selectividad y sus correspondientes calificaciones.

Dificulta la salud de los procesos formativos porque ni los profesores ni los tutores pueden acompañar en cuerpo y alma. Tienen que entregarse a programaciones, temarios, pruebas y, en definitiva, a la mecánica de unos controles absolutamente inútiles para la vida. La conquista de las décimas necesarias para entrar aquí o allí genera procesos cancerígenos en toda la comunidad educativa. En los centros por las notas de corte, en las evaluaciones porque una parte determina el todo y entre los profesores porque es la incierta frontera que separa los héroes de los villanos." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 14 de junio de 2015. 

domingo, 7 de junio de 2015

Salvar el bien común

"Mientras se ponen de acuerdo los diferentes partidos sobre las fórmulas de gobierno, no estaría mal repensar algunos términos claves del nuevo vocabulario político. Algunos no sólo se han apropiado de “lo común” sino que además se sienten propietarios del “bien común”. No solo se apropian del pueblo, la gente sencilla y honrada, sino que además se sienten portavoces de la “gente común”. ¿Quién les ha concedido esa licencia? ¿no deberíamos rescatar el bien común de su uso partidista?


Los grupos políticos instalados en la órbita de Podemos, Compromis y las nuevas izquierdas en general, han descubierto aquí un fuente de inspiración exitosa. No estamos ante una reivindicación de la que se han apropiado después de las movilizaciones del 15M, se trata de una energía de cambio que se está multiplicando gracias a la globalización y que supone una transformación de los mimbres de la cultura política. Aunque no lo reconocen públicamente, la recuperación del concepto está siendo liderada por el catolicismo social que reconstruye sus fuentes en textos que van desde el Vaticano II hasta el Papa Francisco. Además, recoge la reconstrucción del concepto que hizo Ricardo Petrella en un libro publicado en 1997 y que llevaba por título El bien común. Elogio de la solidaridad. No olvidemos tampoco que, estimulados por Stefano Zamagni, cada vez son más los economistas que promueven una “Economía del bien común”.

Estos grupos de izquierda son conscientes del valor y la energía que tiene un concepto que, en la modernidad, fue sustituido por otros como los de interés general, bienestar general o interés común. Se olvidan que fue un concepto del que abusaron todos los totalitarismos del siglo XX y que ha emergido en todos los populismos antiliberales, como si a estas alturas del siglo XXI pudiéramos pensar el término fuera del marco normativo de una democracia liberal avanzada, es decir, sin las coordenadas del liberalismo político en cualquiera de sus versiones. El PSOE está viviendo dramáticamente el problema porque los militantes más socialdemócratas reivindican un liberalismo igualitario que lo integra y los más nostálgicos del adanismo zapaterista ven la posibilidad de recuperar el socialismo menos liberal.

Ante esta apropiación indebida de un concepto útil para promover la justicia social  (bien de “todos”) y proteger la libertad personal (bien de “cada uno”), el resto de partidos deberían ponerse las pilas y articular institucionalmente la cultura política que les están exigiendo los ciudadanos que todavía les votan. Para eso, los miembros del PP y Ciudadanos deberían reconocer que sus votantes son menos individualistas y egoístas de lo que ellos se creen. Se equivocan quienes simplifican el problema y piden más individuo o más estado. Aciertan quienes lo buscan cooperativamente como sociedad civil organizada." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 7 de junio de 2015.