domingo, 28 de enero de 2018

Envejecimiento saludable

"La ministra de Empleo ha propuesto a los miembros del Pacto de Toledo que sea el propio trabajador quien elija los años de su cotización con los que se realice el cálculo de su pensión. Aunque la propuesta sea discutible y tenga apariencia de cortina de humo para cambiar las prioridades en la agenda política, se trata de un tema relacionado con un cambio radical en la estructura social de nuestro país donde el envejecimiento de la población debería ser el problema más urgente de las políticas públicas. No se trata solo de arreglar el problema de la sostenibilidad del sistema de reparto de las pensiones y, por tanto, resolver un problema de primera magnitud. Se trata de plantear el envejecimiento desde perspectivas que no sean las financieras o monetarias porque también estamos ante una fuente de oportunidades y retos. Sobre todo cuando lo planteamos como un envejecimiento “saludable”.

Si el primer plan Gerontológico nacional estaba orientado al envejecimiento “activo”, ahora estamos obligados a cambiar la perspectiva. Cuando decimos “envejecimiento saludable” estamos concediendo un nuevo papel al conjunto de las Ciencias de la Vida, a los profesionales de salud y, sobre todo, a un campo nuevo de investigación e intervención que llamamos Gerociencias. No se trata del sector residencial o turístico sino de un nuevo sector productivo que debería obligar a las élites políticas al establecimiento de una estrategia industrial en el campo de ciencias de la vida.

Si en otros tiempos las estrategias industriales se orientaron a sectores como la energía o las comunicaciones, en este momento la estrategia industrial podría orientarse desde las Ciencias de la vida. Además del campo de la fertilidad y la oncología, deberíamos integrar investigaciones biológicas, genéticas, genómicas y farmacológicas donde los avances científicos se están acelerando sin que la sociedad sea consciente de los cambios. Desde las aplicaciones de la telomerasa a las investigaciones con antioxidantes, pasando por los programas de transfusión de “sangre joven”, el envejecimiento saludable está llamado a ser un nuevo sector industrial.


Necesitamos una nueva mentalidad que confíe en los nuevos grupos de investigación y no sospeche por principio de laboratorios, industrias y empresas biotecnológicas. Una mentalidad que no se improvisa porque el desafío también afecta a élites políticas que deberán afrontar el desafío de los costos de los tratamientos y tomar posición ante las nuevas desigualdades sociales que se avecinan. Pero el incremento de la esperanza de vida también afecta a los consumidores porque el mercado de los productos anti-envejecimiento no ha hecho más que empezar. No olvidemos tampoco las nuevas profesiones que se abren y los programas de cuidados intergeneracionales que están revolucionando las políticas sociales más innovadoras." Podéis ver el artículo completo en: http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/envejecimiento-saludable-20180128010339-ntvo.html

domingo, 14 de enero de 2018

La reforma de la ira

"Una de las condiciones que el PSOE puso al gobierno del PP para la aplicación del artículo 155 fue la creación en las Cortes de una comisión territorial que trabajara en el horizonte de una reforma constitucional. Esa comisión se reunirá todos los miércoles del presente mes de enero y ha comenzado con las declaraciones de Miguel Herrero, Miguel Roca y José Pedro Pérez-Llorca. Este último utilizó una expresión muy interesante para describir una reforma de la Carta Magna que se hiciera en estos momentos y de manera apresurada: “la reforma de la ira”.

Aunque se conozca poco el proceso de gestión, redacción y elaboración de aquella constitución de 1978, si hay algo que caracterizó aquellos trabajos fue la ausencia de ira o deseo de venganza de unos españoles contra otros. Recibió el nombre de constitución del consenso y hay acuerdo para describirla como constitución de la concordia. No es difícil recordar la famosa canción “Libertad sin ira” de Jarcha, que describe el clima social de aquellos años de reforma que se iniciaron en otoño de 1976 y culminaron en  otoño de 1978.

Ninguna de estas autoridades aconseja iniciar un proceso constitucional porque reconocen que ahora no hay un consenso social tan grande como el que existía en aquel momento. Con diferentes matices y expresiones, consideran que el conflicto territorial y los desencuentros que está generando el “estado de las autonomías” pueden reconducirse con nuevos pactos, acuerdos o iniciativas políticas. Ninguno considera  necesario cambiar la constitución para cambiar el modelo y los tres consideran que el marco constitucional heredado no impide reformas, acuerdos o iniciativas que modulen, configuren o conformen el texto del 78.

Las palabras de Pérez-Llorca cuando afirma “en la España de hoy hay mucha ira”, son muy preocupantes y describen un clima socio-político que nuestros representantes políticos deberían revisar. No son juicios extraños o raros porque durante los últimos años algunos grupos políticos y determinados líderes se han encargado de echar leña al fuego de la opinión pública para que las nuevas generaciones hagan músculo político con sentimientos de ira, furia, resentimiento y venganza. Y no me estoy refiriendo a las ascuas soberanistas o independentistas que siempre están debajo de estas brasas. Me refiero a la agresividad, vehemencia, tono y la actitud con la que algunos líderes del ayuntamiento de Valencia o del Pacto del Botánico siguen agitando a la opinión pública y enfrentando a unos ciudadanos contra otros. Además de las actas en el parlamento o el ayuntamiento, esta semana los juicios del Presidente Puig y la diputada Barceló sobre la trama Gürtel muestran más una voluntad de venganza que una voluntad de justicia, como si desconocieran aquella máxima evangélica: “quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Podéis ver el artículo completo en http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/reforma-20180114004052-ntvo.html


domingo, 7 de enero de 2018

La mili de los cuidados

"Entre las peticiones que han hecho nuestros políticos a los Reyes, a ninguno se les ha ocurrido pedirles más implicación de los jóvenes en la justicia social. Al ver los últimos programas de los partidos y comprobar que las actuales políticas de juventud se limitan a extender el número de años en los que poder usar el carnet joven o incentivar programas sobre consumo responsable, sus majestades han echado en falta iniciativas que dignifiquen el trabajo de los jóvenes y que los despierten ante los desafíos de los sociedad de los cuidados.

Las últimas generaciones de jóvenes se han nutrido con todas las vitaminas de la sociedad del bienestar y parecen instaladas en una burbuja del consumo, alimentada por una ingenua y simplificadora cultura de los derechos con efectos madurativamente cancerígenos. No se han nutrido con una cultura de los cuidados y, por tanto, sus competencias para trabajar por la dignidad, la justicia, los derechos humanos o incluso la solidaridad, tienen un carácter puramente libresco y epidérmico. La burbuja del bienestar y los mullidos algodones de un sistema educativo que lleva varias décadas viviendo de espaldas a la virtud, ha producido varias generaciones de jóvenes incapacitados para fortalecer la imprescindible sociedad de los cuidados.     

Algunos países europeos han descubierto que el “buen rollito” de la Europa social solo puede construirse cambiando la perspectiva del bienestar utilitarista y del consumo hedonista por el nuevo horizonte de una sociedad de los cuidados. Para ello es necesario sustituir horizontes políticos construidos con categorías mecánicas como el simplón crecimiento basado en indicadores de bienestar, consumo y productividad numérica, por un crecimiento diferente basado en todas las virtudes que exige la sociedad de los cuidados. ¿Cómo vamos a construir una Europa de la justicia social y la resiliencia si confundimos crecimiento económico con desarrollo integral?

Y la clave sigue estando en políticas de juventud que no se construyan sólo desde los departamentos de Igualdad o de Educación, sino en términos “integrales” donde sean convocados responsables de Sanidad, Seguridad, Economía, Defensa y Protección civil. En esta dirección ha comenzado a trabajar el gobierno holandés poniendo en marcha un servicio social voluntario. No es algo nuevo para quienes conocen las políticas de voluntariado. Se han planteado de una forma gradual y un poco timorata para que se puedan sumar todos los partidos del gobierno de coalición. Tampoco lo es para quienes promueven el Aprendizaje-Servicio o el compromiso social en todo el sistema socio-educativo. Sí lo es para una sociedad del bienestar anestesiada por unas políticas consumo y crecimiento simplón que han dado la espalda a la sociedad de los cuidados. Quizá haya llegado el momento de proponer la “mili de los cuidados”." Podéis ver el artículo completo en: http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/mili-cuidados-20180107011121-ntvo.html


El año de los frikis

"Hace cinco años que se autorizó el uso del término “friki” con tres acepciones. Primero como adjetivo para describir algo “extravagante, raro y excéntrico”. Segundo como “persona pintoresca y extravagante”; y tercero describe a quien practica desmesurada y obsesivamente una afición. Les invito a que revisen los diferentes personajes públicos de este año y elaboren una lista con los diez frikis del año. El ejercicio nos permitirá comprobar que estamos asistiendo a un cambio de ciclo en la vida de las instituciones públicas. Parece que estamos siendo dirigidos por personajes extravagantes, raros y excéntricos. Y no sólo eso, tengo la impresión de que son personajes desmesurados y poco prudentes.

Los primeros puestos tienen que ser para Trump y Macron. El primero tiene algo de friki porque es un presidente americano poco convencional, además de raro y excéntrico. El segundo tampoco es un presidente normal extraído de las élites de los partidos porque estamos ante alguien que ha creado su propio movimiento, su propio partido, su propio proyecto europeo. Mientras que la extravagancia del primero nace de su aspecto populista, la del segundo de cierto elitismo financiero.

Puigdemont y Junqueras comparten los primeros puestos porque representan una política extravagante, dotada con mitología propia pero escasamente comprensible y razonable. Si el segundo está alimentando su excentricidad desde la cárcel, el primero ha escenificado como nadie el adjetivo “pintoresco”. La obsesión compulsiva y casi neurótica por la declaración unilateral de independencia los ha situado en la plaza mayor de frikilandia.

Aunque Soler y Montoro se empeñen en dar el perfil de políticos normales, su aparición mediática tiene algo de extravagante porque siempre están a la greña, basta que el uno reclame obsesivamente más fondos para que el otro se los niegue compulsivamente. En lugar de fortalecer la confianza entre pueblos y gentes, escenifican una política con poses desmesuradas y pintorescas, como si estuvieran mas preocupados por mostrar obediencia incondicional a sus jefes que por generar confianza entre los contribuyentes. Algo parecido les sucede las señoras Oltra y Boning, no se conforman con administrar discretamente sus responsabilidades. Están obsesivamente preocupadas por dar la nota, mostrar sus excentricidades y extravagancias.

Ribó y Grezzi ocupan el primer puesto de los frikis locales. Si ya era pintoresco entrar con bicicleta en el ayuntamiento y salir con el coche, más extravagante y desmesurado es atribuirse el liderazgo del cambio climático global privatizando las vías públicas para los propietarios de bicicletas. La inmovilidad insostenible acecha en cada rincón de la ciudad a cualquier pacífico viandante cuando el soberano ciclista le increpa diciendo despóticamente: “¡Es mi carril, la calle es mía!”." Podéis ver el artículo completo en http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/frikis-20171231005643-ntvo.html


En clave valenciana

"Las elecciones en Cataluña han sido apasionantes para cualquier analista porque se prestan a ser leídas con una rica variedad de claves. La clave del derecho internacional puede poner el acento en la vuelta de los políticos fugados en Bruselas que han teledirigido una campaña con las técnicas de los manuales de la posverdad. La clave del derecho constitucional nos obliga a poner el acento en la paradójica fragilidad del 155 cuya aplicación no ha sido rentabilizada por el grupo político que más interés mostró en aplicarlo. Si seguimos en clave jurídica, también traerá consecuencias la gestión administrativa de la envenenada cultura de la venganza y el resentimiento que se creará cuando los altos cargos cesados retornen a la gestión con la pícara técnica de “leer la cartilla”.

A medio camino entre la clave jurídica y la mercantil estará la clave económica de unas empresas que han trasladado sus sedes fuera de Cataluña por la inestabilidad, la imprudencia, la irresponsabilidad y el capricho diabólico de unas élites nacionalistas seducidas por cierto ruralismo antimonárquico educativa y culturalmente bien regado. Alguien deberá analizar en algún momento la instrumentalización y envenenamiento de lo que, en teorías de la democracia, llamamos “ideal republicano”. Sería difícil que republicanos del XIX como Salmerón, o del XX como Azaña y Companys, pudieran reconocer sus ideas políticas en los programas del adanismo republicano de la era digital.

Entre las claves territoriales, la valenciana promete ser interesante. Primero porque la sombra del soberanismo es alargada y afectará a Compromís y Podemos, cuyos líderes saben que el adanismo republicano, el izquierdismo nacional-populista y el pancatalanismo cultural facilitan poco la estabilidad institucional, la gobernabilidad administrativa y las mieles del poder. El previsible gobierno soberanista catalán no dejará que el experimento mediático de “À punt” se les vaya de las manos. Segundo porque la transversalidad socio-vergente de Iceta y Puig está condenada al fracaso. Es prima hermana de la hipocresía, el arribismo y algo que los electores nunca perdonan: la falta de autenticidad. 


Los populares deberán tomar buena nota del fracaso del tándem Mariano-Soraya en Cataluña, y no sólo por la fragilidad de un partido que aún no ha celebrado sus congresos, sino porque los valencianos no quieren liderazgos teledirigidos sean de Madrid, Barcelona o Bruselas. No es suficiente sentirse animado por el descontento que los ciudadanos tienen con las figuras de Ribó, Puig y Oltra. Hacen falta propuestas políticas claras, ambiciosas e ilusionantes. Propuestas que se elaboren con personas y equipos sin complejos, que no se sientan obligados a pedir permiso a republicanos, socialistas, nacional-populistas o liberales para defender la urgencia de un programa reformista." Podéis ver el artículo completo en:http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/clave-valenciana-20171224004823-ntvo.html