domingo, 27 de septiembre de 2015

Catalanismo político

"Las elecciones que hoy se celebran en Cataluña condicionarán las próximas elecciones generales. Además de la fragmentación y dualización social en torno a la independencia, hay una cuestión sobre la que todos deberán pronunciarse: la reforma de la Constitución. Será un problema de agendas cuando llegue el día después de los resultados y, por tanto, los votantes de las próximas generales deberán pronunciarse no sólo sobre la dirección de la reforma sino sobre los tiempos en los que se gestione.

La responsabilidad institucional y política de los partidos se pondrá a prueba ante esta filosofía de la reforma y emergerán los problemas identitarios. Lo estamos viendo con la gestión del catalanismo político, lo veremos con el valencianismo político y lo veremos en cada rincón de nuestro país donde haya alguna tradición cultural con voluntad de poder. Esta voluntad de poder se planteaba el siglo pasado en términos regionales y nacionales. Así quedó plasmada cuando decimos “nación de nacionalidades” y cuando reconocemos cierto valor a la fórmula política “estado autonómico”. Todas las tradiciones culturales han tenido ocasión de transformarse en tradiciones políticas al medir su voluntad de poder.

El producto político que generan las identidades es complejo y los partidos deberían reconocer que ya no se gestionan como el siglo pasado. Todavía quedan entre los cuadros de los partidos inteligencias simples que reducen el debate a una negociación sobre el bienestar o sobre la neutridad o asepsia del Derecho, como si junto a la Economía o el Derecho no tuviéramos que contar con la Cultura, es decir, con las tradiciones, los valores y la pluralidad de ofertas se sentido capaces de movilizar y configurar la vida de gentes, que no aspiran sólo a sobrevivir o coexistir sino a convivir.

Hoy lo planteamos técnicamente como un problema de reconocimiento de identidades y no sólo como un problema de voluntad de poder. De hecho la gestión política de la diversidad ha condicionado todo el debate político contemporáneo, unas veces como políticas de la diferencia, otras como políticas de reconocimiento y siempre como correcciones o rectificaciones del liberalismo tradicional (Rawls). En el debate en torno al multiculturalismo de los años noventa, Walzer distinguía entre un “liberalismo 1” ajeno a las diferencias y un “liberalismo 2” que las integra. Incluso el propio Habermas participó este debate con dos términos importantes “patriotismo constitucional” e “identidades post-nacionales”.

En los argumentos soberanistas, nacionalistas y federalistas encontraremos apelaciones identitarias. Frente a las identidades cerradas o sustancialistas y la identidades vaporosas o indeterminadas culturalmente, Paul Ricoeur puso el dedo en la llaga: necesitamos identidades narrativas que nos ayuden a construir atractivos relatos de convivencia." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias 27 de septiembre de 2015. 

domingo, 20 de septiembre de 2015

Escolarizar refugiados

"El ministro de Educación se ha reunido con los responsables educativos de las comunidades autónomas, los rectores y las organizaciones cívicas especializadas en educación para organizar la integración escolar de los refugiados. Méndez de Vigo aplicará las directivas europeas y ha comentado que la integración de refugiados se producirá cuando resolvamos su escolarización.


Cuando conozcamos los términos de estas conversaciones, sabremos que encima de la mesa no sólo se ha puesto el número de refugiados asignados, sino las cuentas de esta integración. A partir de ahora, estas organizaciones cívicas y los responsables educativos tendrán cierta línea de crédito que antes no tenían para activar programas, planes e iniciativas destinadas a la integración socio-educativa. A menos que estos planes se ejecuten a coste cero, muchos pedagogos, educadores sociales y profesionales de la educación intercultural tendrán la oportunidad de ser contratados para promover una escolarización integradora. Antes de que la integración se produzca, entre padres, maestros y directivos escolares están emergiendo acaloradas discusiones sobre la gestión de las diferencias culturales, religiosas, formativas y sanitarias de los refugiados que vienen.

Ninguna ley educativa de los últimos cincuenta años generará tantas y tan importantes controversias como la aplicación de los planes de integración. Las anteriores leyes eran iniciativas autistas que preparaban para actividades, prácticas, y mundos que pertenecían al pasado. Eran iniciativas que medían competencias y habilidades relacionadas con utensilios y herramientas del pasado. Recuerden que las áreas de Tecnología o Informática que tantas horas quitaron a las Humanidades, adiestraban para aparatos cuyos códigos cambiaron fugazmente. Eran iniciativas alicortas que despreciaban el Latín, el Griego, la Filosofía y, en general, la saludable experiencia de los clásicos. La LOMCE puede ser leída como modelo de leyes hechas para un amnésico mundo tribal que ya se fue, y no para el incierto mundo cosmopolita del mestizaje que viene.

Con esta gestión emergerán los prejuicios educativos con los que educamos y exigirá que los argumentemos y justifiquemos públicamente. Además del buenismo amnésico de quienes consideran la integración como fenómeno mecánico, vinculado al incremento de matrículas, pupitres y homologación de títulos, también hay un buenismo cínico de quienes consideran que con la integración aparecerán las contradicciones culturales de las sociedades del bienestar. También tendremos que contar con el buenismo pragmático que administran ciertos medios de comunicación. Ninguno será suficiente para afrontar el desafío de grandes masas de población que llegan con ciertas vitaminas que habíamos dejado fuera del desayuno de nuestros hijos: juventud, vigor, decisión, ilusión y hambre." Podéis ver el artículo completo en Las provincias, 20 de septiembre de 2015.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Ochenta días sin Wert

"En la vuelta al cole hay un nombre que todavía resuena: José Ignacio Wert. Su alargada sombra se sigue proyectando en el ministerio, en los responsables autonómicos y en todo nuestro sistema educativo. Ochenta días después de su rocambolesca despedida en el mes de Junio, ningún responsable lo echa de menos en ningún ámbito, aunque sus iniciativas educativas están en marcha. La LOMCE sigue su laberíntico curso y la planificación de las universidades se sigue realizando con el despiadado, incoherente y absurdo decreto que llevaba su nombre.

Los nuevos responsables del ministerio han asumido la herencia y no saben como jugar para desandar el camino. Aunque la LOMCE tiene el rango de ley orgánica y su calendario parece inamovible, su aplicación y puesta en marcha está condicionada por una mayoría de gobiernos autonómicos dispuestos a boicotearla sin la mas mínima concesión, conscientes de que la comunidad educativa le tenía poco cariño a estas iniciativas del profesor Wert.

Los poderosos rectores de las grandes universidades españolas no le tenían ningún cariño, y no sólo por los recortes que puso en marcha al reducir la tasa de reposición del profesorado, modificar la política de becas, o promover el decreto de 3 + 2 con el que utilizaba argumentaciones economicistas para simplificar el valor de los grados. Había razones de otra naturaleza relacionadas con la minusvaloración de la imagen pública de las universidades como mastodontes administrativos gobernados como reinos de taifas mediante cuotas clientelares. Además, una parte importante de la comunidad universitaria no le perdonó que no pusiera en práctica las medidas que el informe de expertos le aconsejaban. Aún no sabemos si fue por su culpa o de Rajoy, que no quiso meterse en otro charco.

Los responsables autonómicos no se atrevieron a decir lo que pensaban en las correspondientes sectoriales. La redacción, gestión y tramitación parlamentaria de la LOMCE pasará a la historia como ejemplo de lo que nunca tendrá que ser una reforma. Primero porque no era la propuesta que militantes, bases y expertos educativos del PP habían promovido. Segundo porque los responsables educativos populares que durante dos legislaturas se opusieron a Zapatero fueron arrinconados, despreciados y maltratados. Tercero porque los responsables autonómicos de educación personificaron una doble moral: no se atrevieron a decir lo que pensaban y comulgaron con las ruedas de molino de los sucesivos borradores. Condicionaron su beneplácito al incremento de poder para distribuir tribalmente horas, materias y competencias.

Esta alargada sombra condicionará toda la campaña en Cataluña y lastrará la renovación de Rajoy. El nuevo ministro y su equipo se han armado de paciencia acordándose todos los días de Penélope, como si nuestra política educativa consistiera siempre en tejer y destejer." Podéis ver el artículo completo en Las provincias, 13 de septiembre de 2015.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Ciudades de acogida

"Los alcaldes de las ciudades de Madrid y Valencia se han sumado a la iniciativa propuesta por la alcaldesa de Barcelona de crear una red de ciudades de acogida de refugiados. El impacto que las imágenes de los refugiados que han inundado los medios de comunicación este verano está provocando un giro radical en las políticas de refugio, asilo y cooperación de la UE. Unas políticas que hasta ahora se planteaban como políticas de seguridad en las fronteras y que ahora se empiezan a plantear no sólo como políticas sociales sino como políticas de identidad cultural.

Mientras que las políticas de acogida a la inmigración cuestionaban la epidermis cultural europea, las políticas de inmigración cuestionan nuestro código genético cultural poniendo como primer punto de las agendas el mestizaje cultural. Quienes piensan que el futuro de Europa depende de la fortaleza de su moneda o de los indicadores de bienestar de sus ciudadanos carecen de perspectiva histórica para calibrar que el futuro de Europa pasa por unos programas de solidaridad real y efectiva organizados en el horizonte de un mestizaje cultural.

La propuesta de los alcaldes puede interpretarse en clave electoral porque en muy pocas semanas comenzará una campaña electoral no sólo determinantes para sus respectivas formaciones sino para el futuro de las políticas sociales. Aunque el gobierno de Rajoy ya ha dicho que no acepta el cupo de los 5.849 refugiados asignados por la UE, antes o después tendrá que revisar estas cifras porque la ola de solidaridad ciudadana hacia refugiados e inmigrantes parece imparable. Ciertamente hay un problema de seguridad y de políticas fronterizas planteado dilemáticamente por la canciller Merkel en el encuentro que mantuvo con Rajoy: si no nos planteamos seriamente el reparto de los refugiados aumentará el número de ciudadanos que cuestionen la libertad de circulación que establece Schengen.

El éxito de esta propuesta de solidaridad municipal no depende solo de las autoridades municipales recursos públicos que se ponen a disposición de inmigrantes y refugiados. Faltan iniciativas solidarias de base que partan de los ciudadanos, las familias, las asociaciones cívicas y las organizaciones que componen del tejido asociativo de las ciudades. Aunque los gobiernos faciliten papeles y se produzca un tsunami administrativo en las delegaciones del gobierno que agilice los expedientes, la clave está en la vida cotidiana de barrios, escuelas y hospitales. Incluso de iglesias, sinagogas o mezquitas porque no se acoge únicamente a un trabajador, un consumidor o un usuario. La acogida es un proceso complejo de complicidades que no sólo requiere iniciativas electorales interculturales sino prácticas intra-culturales no sectarias que sean, al menos,  respetuosas con las propias tradiciones culturales y religiosas de las ciudades que acogen." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 6 de septiembre de 2015.