"Hace unos meses las Cajas de Ahorro encargaron a los profesores Victor Pérez-Díaz y Juan Carlos Rodríguez un estudio sobre las actitudes de los españoles ante la crisis. Los resultados han sido publicados recientemente con el curioso título Alerta y desconfiada. La sociedad española ante la crisis. Lo más soprendente del estudio no es el formato ágil de libro de bolsillo con el que el trabajo está disponible, sino una de las conclusiones más alarmantes: la sociedad española afronta la crisis con uno de los bagajes culturales más bajos de toda Europa.Aunque la escolarización haya mejorado considerablemente y la inversión en infraestructuras educativas se haya multiplicado en los últimos años, la conclusión es preocupante: “nos situamos en el tercio inferior de los paises de la UE respecto de un conjunto de indicadores referidos a los hábitos y resultados intelectuales de los españoles, así como sus capacidades morales, artísticas y emocionales, a los sentimientos de confianza en sí mismos y de confianza en los demás y en las instituciones, ambos de especial relieve en época de crisis”. Y lo más grave de la investigación está en el hecho de que este diagnóstico no genera ningún tipo de angustia o alarma en la sociedad española.
Si alguien tiene duda de los datos que aparecen en este informe puede consultar el último trabajo de la Fundación SM sobre los jóvenes españoles, donde se hunde estrepitosamente la participación juvenil porque más del 80% de los jóvenes confiesa que no pertenece a ningún tipo de asociación juvenil, cultural o deportiva, donde casi el 60% se desentiende de la política, y donde el paro se ha convertido en la primera preocupación.
Estos datos no pueden leerse fuera del nuevo contexto económico donde los parámetros de la sociedad de la información también han transformado las relaciones laborales. Algunos estudios cualitativos sobre las transformaciones que se han producido sobre las nuevas formas de entender la relación entre el trabajo y la familia en el nuevo capitalismo informacional indican que se está produciendo lo que Richard Sennet ha descrito como corrosión del carácter.
Los nuevos puestos de trabajo ya no son como los de antes, ahora se caracterizan por la flexibilidad, la movilidad, la competitividad y la precaridad. El joven y trabajador no sólo tiene que estar suficientemente preparado sino suficientemente dispuesto en todo momento para ser desplazado, movilizado o reciclado. La consecuencia es muy sencilla: la nueva economía necesita trabajadores sin carácter, sin proyecto de vida y con frágiles raíces emocionales. Parece ser que el éxito en las nuevas organizaciones está relacionado con la carencia de una narrativa moral que proporcione madurez, estabilidad emocional y jerarquía de valores con la que mantener el rumbo de la navegación vital.
Sin este nuevo contexto juvenil será difícil entender el voluntariado juvenil del futuro. A diferencia de las anteriores generaciones de voluntariado, el que voluntariado juvenil de esta segunda década del siglo está siendo un voluntariado con menor formación cultural y con un carácter moral más frágil. Con estos nuevos mimbres, los profesionales de la educación deberíamos preguntarnos si empujamos en la dirección de un voluntariado epidérmico, un voluntariado aventurero o un voluntariado estructural.
El voluntariado epidérmico es un voluntariado de moda, de campaña publicitaria o de acontecimiento socio-cultural. Nunca han faltado jóvenes voluntarios para realizar actividades concretas durante un período breve de tiempo y como invitación o llamada que realizan maestros, educadores o líderes juveniles. Es un voluntariado dispuesto a la colaboración y entregado a las tareas que le son encomendadas. Por lo general, es un voluntariado donde la intensidad de las emociones desempeña un papel preponderante: han sido arrastados por un amigo o una experiencia fuerte, se siente emocionalmente muy unidos a la causa que les moviliza y contribuyen a que la fuerza de los acontecimientos no esté en lo cognitivo sino en lo emocional.
No hay grandes razones para la movilización, o al menos las razones que se dan no tienen por qué legitimarse en los espacios públicos de deliberación. Sí hay grandes emociones, grandes experiencias y momentos significativos que como estrellas fugaces irrumpen en la vida de los jóvenes. El éxito de muchas campañas y muchos acontecimientos está en esta gestión festiva, experiencial y lúdica de las emociones. Sin camisetas, gorras, músicas, identificaciones y colorines no hay éxito. En estos contextos, el éxito está garantizado cuando la mercadotecnia para las televisiones sustituye a la dinámica sosegada de las convicciones.
El voluntariado de aventurero es un voluntariado internacionalista y solidario, más propio de la colaboración en causas de organismos internacionales que en causas locales. Es el voluntariado que emerge después de una catástrofe natural o cuando alguna organización internacional lanza un SOS a la opinión pública mundial porque considera que la situación es insostenible. Es un voluntariado más calculador y racional que el anterior. Además de conocer como está el cambio de moneda debe conocer lenguas, artefactos tecnológicos y tradiciones culturales. Por lo general son jóvenes ilustrados, con cierta formación académica, expertos en National Geographic y amantes de películas como Indiana Jones, Memorias de África o El jardinero fiel.
Las razones para la movilización son muy grandes y poderosas, además están apoyadas por las campañas de los medios de comunicación o las agencias que se alían en esta cruzada puntual por una causa solidaria. Son voluntarios sin fronteras donde el espíritu de sacrificio, la voluntad de aventura y la cultura de la redención inmediata convergen para crear tipos peculiares. Incluso tipos ejemplares con capacidad de crear su propia organización porque hasta que no llegaron ellos no se hacían las cosas bien. Tienen madera de líderes y conjugan a la perfección lo cognitivo y lo emotivo. Comienzan adaptándose a las normas y las acaban reformando porque consideran que no se ha hecho el voluntario para la ley sino la ley para el voluntario.
Por último, hay un voluntariado estructural. Mientras los dos anteriores se han desentendido de preguntas estructurales y básicas en todo proceso formativo, este considera central la formación cultural y la narrativa moral desde la que nacen no sólo sus actos de voluntariado sino sus actividades, actuaciones y prácticas. No es un voluntariado mayoritario entre los jóvenes porque requiere seriedad en la dedicación, profesionalidad en la intervención y disponibilidad para la colaboración.
Mientras los otros voluntarios no se preguntan por el sentido del trabajo, de la profesión o de la cultura que están construyendo, estos jóvenes entienden su voluntariado dentro de su narrativa moral, es decir, dentro de determinado y articulado proyecto de vida. Un proyecto donde la solidaridad no sustituye a la justicia, donde la sensibilidad no sustituye a la inteligencia, donde la intervención no sustituye a la institución y donde el compromiso no sustituye a la memoria. No es un voluntariado voluntarista porque no pone la inteligencia o la vida al servicio de la primera causa con la que se abren los telediarios, o al servicio de la primera campaña mediática a la que se le invita. Es un voluntariado crítico y un bien escaso. Cuando una organización lo encuentra tiene un tesoro." Podéis ver el artículo completo en:






