domingo, 27 de diciembre de 2020

El regalo de mi vecino

"Hace unos años, en un congreso nacional de administradores de fincas les pedí a los asistentes que leyeran algunas páginas de “La vida negociable”. Un libro de Luis Landero donde aparece la figura profesional del administrador de fincas. No me interesaba que se fijaran en las aventuras y desventuras del personaje, sino en la función social que desempeña en sociedades modernas donde la información y la confianza son los pilares fundamentales de la cohesión social. Ante él se constituye uno de los grupos sociales menos valorados y reconocidos de la sociología política: una agrupación vecinal que lleva el pomposo nombre de “comunidad de propietarios”. La figura del administrador adquiere un reconocimiento público interesante porque además de gestionar información, en las reuniones reglamentarias transforma a los vecinos en propietarios. Gentes que durante todo el año se consideraban vecinos se transforman en propietarios. 

    Esta metamorfosis se ha producido en sociedades modernas y en el marco de una cultura individualista donde las relaciones interpersonales se han atomizado. La condición de propietario nos recuerda la importancia de los títulos, las leyes y los contratos. La condición de vecino queda anulada, marginada y olvidada en una vida cotidiana llena de prisas, ajetreos y velocidades. La densidad y complejidad que se había dado siempre en las relaciones de proximidad vecinal ha desaparecido en las relaciones de ciudadanía moderna. De hecho, quienes aún tienen el privilegio de tener raíces en los pueblos recuerdan con cierta nostalgia el valor de esta proximidad vecinal. 

    Esta proximidad vecinal tiene mala prensa cuando se la plantea en términos de control social, como si los vecinos tuvieran que ser guardianes y policías del distanciamiento. En lugar del vecino tradicional y samaritano, que sin llegar a ser un entrañable amigo es mucho más que un anónimo ciudadano, las autoridades gubernativas recuperan la figura del vecino acusador, el policía de balcón o el “sheriff de escalera”. En lugar de acrecentar la confianza y fortalecer vínculos de amistad social, comprobamos gobiernos empeñados en regular, vigilar y castigar, como si su poder coercitivo se acrecentara a medida que los unos sospechamos de los otros, como si su autoridad dependiera de nuestro miedo. 

    Menos mal que este círculo infernal de sospecha y desconfianza, que parece legitimar cierto autoritarismo pandémico, se rompe con gestos vecinales de cordialidad. Como aquél que han tenido algunos vecinos que, durante este año de pandemia, se han preocupado de quienes estaban solos en la finca y dejaron un papel con su teléfono en el buzón. Sin mucha literatura, decían: “Este es nuestro número, tu vecino del quinto”. Un gesto que ahora se revela como el regalo de mi vecino." Podéis ver el artículo completo en:
https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/regalo-vecino-20201226234142-ntvo.html

domingo, 20 de diciembre de 2020

Macabro cuento de Navidad

"Si el pasado jueves la presidenta de las Cortes hubiera ordenado anular los micrófonos de los escaños y los espectadores nos hubiéramos limitado a contemplar las imágenes de júbilo y celebración, hubiéramos pensado que las Cortes aprobaban una buena ley. Faltaron las copas, el cotillón y los turrones para convertir la aprobación de la Ley de Eutanasia en una celebración festiva. Una muestra más de que la mayoría de los diputados no están a la altura moral de la ciudadanía porque en lugar de invitarnos a una discreta celebración navideña parecían invitarnos a una macabro festín parlamentario. No se celebraba la aprobación de los presupuestos o los plantes de reconstrucción, se estaba celebrando la aprobación de la Ley de la eutanasia. 
    La escena no remite a un rutinario momento celebrativo en el hemiciclo parlamentario, sino a un momento simbólico, casi fundacional y originario de cómo estas mayorías parlamentarias entienden las leyes, el quehacer legislativo y el futuro de la democracia. Se aprobaba una ley sobre la regulación de la muerte faústicamente convertida en “derecho civil”, para dejar claro quiénes son los soberanos y quiénes son los súbditos. El acto se convirtió en símbolo público con el que se volvía a expresar el poder del soberano sobre la vida, la muerte y las haciendas de los súbditos. Con la soberbia de sus aplausos, sus señorías eligieron el despotismo paternalista de Hobbes para dejarnos claro que su soberanía es ilimitada.
    Se aprobaba de manera tramposa porque intencionadamente se ha prescindido de la deliberación pública. No se han tenido en cuenta las opiniones de la sociedad civil, los colegios profesionales o el Comité de Bioética de España. Han puesto el tramposo acelerador administrativo para que nuestro país sea pionero en la lucrativa industria de la muerte. Precisamente en tiempos de pandemia, cuando tenemos la muerte tan mal contada, tan visible, tan cerca y tan dentro, sus señorías han decidido ponerla de aperitivo en el menú de Nochebuena. La ley se estudiará también como herramienta exitosa en las prácticas de polarización política. 
    Como sucedió con la desaparición de las instituciones de transparencia, con las comisiones de reconstrucción o con la ley Celaá, sus señorías nos engañan. No quieren promover iniciativas que restauren la confianza cívica, la cohesión y las buenas prácticas. Han elegido esta ley para dividir, desmoralizar, enfrentar, entretener y distraer. Ha sido un triunfo del populismo totalitario de manual porque sus señorías nos sirven las emociones en bandeja y obligan a simplificar tribalmente los marcos mentales. No han triunfado los derechos civiles, la solidaridad o la compasión. Nos ha llegado una política simplista, casi barriobajera y emocional, como macabro cuento de Navidad." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/macabro-cuento-navidad-20201219003135-ntvo.html

domingo, 13 de diciembre de 2020

Camino de perdición

Hay una película de Sam Mendes, protagonizada por Tom Hanks y Paul Newman que lleva por título “Camino a la perdición”. Se estrenó en 2002 y ha sido considerada como una joya del cine negro. Era la adaptación de una novela de Max Allan Collins y recibió un óscar a la mejor fotografía. Los traductores del título jugaron con la carga semántica y moral que tiene el término “perdición”, para mostrar la meta a la que se dirigen un padre y un hijo que escapan de la mafia y el crimen organizado en tiempos de la Gran Depresión. “Perdición” no describe una categoría moral o teológica como estado en el que se encuentran quienes llevan una vida desordenada, unas pasiones desenfredadas o la culpa las corroe por haber realizado un daño grave. “Perdición” es el nombre del pueblo al que se dirigen los protagonistas. 
    Aunque el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y el presidente Pedro Sánchez se parecen poco a Newman y Hanks, los dos parecen empeñados en llevarnos a “perdición”. Como si quisieran que el primer tercio del siglo XXI de la vida española llevara el título de esta interesante película. Parece ser que, para ellos, no se trata de una villa o pueblo con el nombre de “Perdición”, sino una categoría moral, política y hasta teológica. Así lo describía un vecino con el que mantuve recientemente una conversación y aseguró que el actual gobierno, que está siguiendo los pasos de Zapatero, “nos está llevando a la perdición”. No se refería a la villa imaginaria de la película, sino al lugar moral de abandono y desamparo, caracterizado por el caos económico y educativo, el desorden en la gestión de los “bienes temporales”, la progresiva desmoralización y el desprecio de la ética cívica de la transición. Este juicio casi apocalíptico y tan poco navideño de nuestra situación histórica, responde a la fría realidad de los hogares, las pequeñas empresas y el estado anímico de la clase media. 
    A diferencia de los gobiernos y gran parte de la clase política que parecen regirse por relatos edulcorados o ficticios, a los ciudadanos se nos impone una realidad desnuda y sin relato. Basta fijarse en lo hábiles que han sido para sustituir lo científico por lo emocional, para instrumentalizar la información, despreciar la cultura de la transparencia basada en la verdad, o minusvalorar los datos en el registro de los muertos durante la pandemia. Y no digamos los ridículos argumentos que aplican con el traslado de inmigrantes, como si no tuviéramos capacidad para distinguir entre propaganda y verdad, como si no supiéramos que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo." Podéis ver el artículo completo en:https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/camino-perdicion-20201212003708-ntvo.html

sábado, 5 de diciembre de 2020

Democracia algorítmica

"Esta semana se ha cerrado el plazo para presentar alegaciones a la Carta de Derechos Digitales. Elaborada por un grupo de expertos y patrocinada por la Secretaría de Estado de digitalización, este documento se ofrece a la opinión pública para deliberar sobre el impacto de la digitalización, la dataficación y la Inteligencia Artificial (IA). Con la aparición del “Internet de las cosas”, la robotización y el avance de las tecnologías de la comunicación, no sólo se crearán nuevos escenarios, contextos y conflictos entre los usuarios, sino nuevos problemas éticos y políticos que afectan al corazón la democracia liberal. Empujados por el desencanto que generan los representantes políticos y por el tsunami de desafección partidista que está provocando la pandemia, los expertos están proponiendo nuevos horizontes éticos. 

    Uno de los más atractivos apunta hacia la digitalización en los procesos de participación política y nos propone construir una “democracia algorítmica”. Hasta ahora, teníamos más o menos claros los términos de una democracia liberal donde el imperio de la ley, la separación de poderes y el respeto a los derechos humanos, o fundamentales, son los principios que rigen la vida política. A partir de ahora, la energía que moverá las decisiones serán los datos. Tendrán el poder quienes los tengan, gestionen y administren. Y lo estamos viendo en aplicaciones tecnológicas con las que se gestiona la pandemia, la actividad comercial, la actividad laboral, la actividad sanitaria y hasta la actividad familiar. Nada parece escapar al poder de los datos. La democracia algorítmica anuncia la llegada de un Ciberleviatán que exigirá nueva ciudadanía. 

    Para quienes aún no lo sepan, el horizonte algorítmico siempre será robusto, inclusivo, neutral y disruptivo. Y parece que también aprovechará el potencial del español. A diferencia de los responsables del Ministerio de Educación, la secretaria de Estado Carme Artigas afirmó en el lanzamiento de la iniciativa nacional de IA que este plan, además de otros fines, tiene como objetivo estratégico “poner a España en posición de liderazgo en el uso la lengua española… tenemos un activo único que no tiene ningún país del mundo”. Dato importante para evitar tribalismos lingüísticos que se une a la intención de promover las buenas prácticas para construir esa democracia algorítmica en clave de responsabilidad. Una tarea que requiere vigilancia moral, cívica y política porque la democracia algorítmica puede parecerse más a una democracia de súbditos anestesiados que una democracia de ciudadanos libres." Podéis ver el artículo completo en:https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/democracia-algoritmica-20201205000938-ntvo.html

martes, 1 de diciembre de 2020

Seminario Fratelli Tutti

Vídeos de las sesiones en You tube: 

Sesión 2 (con resumen de Sesión 1): https://www.youtube.com/watch?v=YdhkNYWzto4 
Sesión 3: https://www.youtube.com/watch?v=ZtDpd96Z1Zk 
Sesión 4: https://www.youtube.com/watch?v=0bB2CFSV6nc  
Sesión 5: https://www.youtube.com/watch?v=sOZ27KPhlbA