domingo, 28 de octubre de 2018

Cuidar el final de la vida

"Esta semana, en el orden del día del comité de ética se incluyó el tema de la ley 16/2018 de derechos y garantías de la persona en el proceso de atención al final de la vida. La ley se publicó el 29 de junio y en ella se establecen los derechos de las personas en el proceso del final de su vida, los derechos del personal sanitario y las garantías que deben proporcionar las instituciones. Como sucede con este tipo de legislaciones, el desafío que tienen las administraciones públicas no está en la mayor o menor coherencia de los 45 artículos, sino en conocimiento que los profesionales tengan de la misma. 

La dirección de nuestra zona de salud quiere que nos impliquemos en la difusión y divulgación. Como en otros casos, es difícil la complicidad de los profesionales en esta tarea cuando la ley ha salido sin memoria presupuestaria de ningún tipo y los responsables de los centros no pueden incentivar o compensar en la jornada laboral el tiempo invertido en esta información institucional. A pesar de ello, consideramos que era necesario ofrecer alguna jornada de formación específica para conocer algunos detalles de esta ley y mejorar de las prácticas profesionales cuando atendemos el final de la vida.

Esta ley está empezando a llamarse la “ley de la habitación de uso individual” porque en su preámbulo indica que los poderes públicos han de proporcionar una habitación individual en aquellos casos en los que la atención se realice en un centro hospitalario o residencial. Es el primer problema práctico que se comenta cuando, además de escasear las camas, escasean las habitaciones individuales. Aunque también puede convertirse en el primer problema moral por lo que puede suponer de estigmatización o señalamiento de la habitación en una determinada planta o servicio es la reservada para un adecuado final de la vida.

Leída con detalle, la ley plantea consideraciones útiles que pueden mejorar la cultura bioética de los profesionales socio-sanitarios y de los ciudadanos. Presenta un artículo 5 que recoge 22 definiciones de términos éticos relacionados con el final de la vida. Como muestra que apuntó un compañero, merece una especial atención. la que ofrece del término “espiritualidad” porque, a diferencia de la lamentable definición que ofrece la RAE, aquí se define como “íntima aspiración del ser humano que anhela una visión de la vida y la realidad que integre, conecte, trascienda y dé sentido a su existencia. Es esencial al ser humano y no es patrimonio de ninguna religión o creencia.” También plantea la necesidad de que los profesionales socio-sanitarios presten mayor atención a los diversos tipos de cuidado No sólo técnico, farmacológico o quirúrgico, sino emocional. Es urgente dignificar y humanizar el acompañamiento. Como alguien dijo, a veces se olvida en estos contextos que la persona sólo se muere una vez." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 28 de octubre de 2018.

domingo, 21 de octubre de 2018

El descuido de la salud digital

"Esta semana el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) y la Fundación BBVA han hecho público los datos de un estudio sobre el uso de Internet en España. Según esta información, la brecha digital entre España y la Unión Europea se ha reducido de manera significativa. En 15 años casi ha desaparecido. Hemos pasado de una sociedad en la que sólo el 20% de la población usaba Internet a una sociedad donde el 85% lo usa de forma habitual. Incluso han disminuido las diferencias entre regiones porque de los 21 puntos de diferencia que separaban a las regiones en 2008 hemos pasado a 11 puntos en 2017.

El estudio es interesante porque establece una relación directa entre la brecha digital y las desigualdades. Señala que el precio de Internet se sitúa por encima de la media europea y ello dificulta el acceso en muchos hogares cuya prioridad no está en la navegación por las redes. También indica que algunos ciudadanos siguen ignorando las posibilidades que les puede prestar una tecnología que no se plantean cómo utilizar. El hecho de que el 16% de personas no tenga acceso a la red, no sólo depende del desinterés o grado de utilidad que vean al uso (67%), sino porque consideran que no tienen muchos conocimientos para utilizarlo (43%), el coste del equipo es excesivamente caro (29%), ya disponen de Internet fuera del hogar (13%), lo consideran poco seguro (7%) o sencillamente no tienen banda ancha (4%).

Entre sus conclusiones, los investigadores exigen a las autoridades que, para reducir la brecha digital entre regiones, adopten medidas que “aumenten el nivel educativo de la población y abaraten el acceso”. Los investigadores se limitan al estudio de la brecha digital y dicen muy poco de algunos indicadores relacionados con la salud pública que pronto tendrán que incluir. En algunos momentos aluden a razones de seguridad y privacidad en la negativa a la navegación digital. No incluyen en el estudio el conjunto de problemas de salud pública que está ocasionando Internet.

No me refiero a la necesidad de estudiar ámbitos nuevos de las ciencias sociales como la Info-exclusión o las Info-adicciones, sino la necesidad de redefinir lo que Freud llamaba las neurosis y alteraciones de conducta o personalidad relacionados con la navegación. Me refiero a algo tan importante como el diagnóstico de la locura, la impunidad moral, la mercantilización o trivialización de los afectos, la vulgarización de los cuerpos o desprecio de la privacidad y la verdad. En algún momento, estos investigadores deberían reconceptualizar la salud personal y pública en términos digitales porque la llegada de Internet no sólo nos abre las puertas de nuevos mundos, sino que nos encapsula en sociedades que han dejado de ser abiertas para convertirse en algo más que enjambres, en despiadados avisperos de cierto embrutecimiento digital." Podéis ver el artículo completo en: Las Provincias, a 21 de octubre de 2018.

domingo, 14 de octubre de 2018

Decálogo del buen peatón

El paso de la condición humana a la condición urbana no está resultando fácil. Ahora los maestros de la condición humana son los concejales de movilidad de las grandes ciudades a cuyas órdenes no sólo están los técnicos municipales, los alcaldes y la propia policía local sino el conjunto de sufridos y obedientes vecinos. Gentes que hemos pasado en una sola legislatura de dignos ciudadanos a serviles “usuarios” y plebeyos “peatones”. Antes de que estos concejales nos obliguen a realizar periódicamente un “Máster en Peatonalidad Sostenible” (MPS), deberíamos conocer el “decálogo del buen peatón”. Aunque el borrador de la ordenanza de movilidad que el Ayuntamiento de Valencia está discutiendo aún no lo contemple, cualquier día veremos a las autoridades exigiéndolo en todas las escuelas. El decálogo dice así:


1.- El peatón no camina por la calle, esquiva bicis, patinetes, segways y todo tipo de vehículos de dos ruedas (VMP) que se han adueñado de las aceras.

2.- El peatón no circula por la vía pública, facilita el tránsito de los VMP y se disculpa educadamente cuando recibe un empujón de un conductor de bici o un conductor de VMP le echa la bronca por salir de la calle sin el homologado blindaje de peatón.

3.- El peatón no se dirige a su trabajo o la compra por la vía pública, se somete a las preferencias de ciclistas o VMP que le exigirán metro y notario para comprobar que la acera tiene más de 1.80 cm y circulan a una distancia de 50 cm de usted o la pared.

4.- El peatón no transita por la vía pública, la evita para facilitar la circulación de bicis y VMP que tienen carta blanca para ir en cualquier dirección, no respetar aquellos históricos “pasos de peatones” y saltarse los semáforos en rojo.

5.- El peatón no merodea por el casco antiguo de las ciudades y sus otrora calles peatonales, se refugia entre los portales y cafeterías para que las hordas de ciclistas o usuarios VMP se muevan con impunidad en ambas direcciones.

6.- El peatón no anda por las aceras, coexiste con vehículos que podrán exigirle una prueba de velocidad o alcoholemia cuando usted incívicamente se pare, salude o simplemente hable con sus vecinos.

7.- El peatón siempre es culpable de golpes y accidentes porque los vehículos de dos ruedas son técnica y moralmente inocentes.

8.- El peatón no deambula por las calles, es un usuario desnortado de la vía pública que impide la celeridad y el tránsito fluido por las aceras.

9.- El peatón paga impuestos y multas, el ciclista y usuario de VTC no está registrado, es un visitante ocasional, un Erasmus despistado o un heroico gorrón de la hacienda pública.

10.- El peatón no piensa, solo acata dócilmente las ordenanzas municipales inspiradas en un despotismo parecido al del rey Sol: “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”. Podéis ver al rtículo completo en: 

https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/decalogo-buen-peaton-20181014235902-ntvo.html



domingo, 7 de octubre de 2018

El poder del ejemplo

"Esta semana el abogado Manuel Broseta ha desmentido que no tenía ninguna intención de ser candidato a la alcaldía de Valencia. Se sorprendió cuando los medios anunciaron que desde el cuartel general del PP se realizaría una encuesta sobre el grado de conocimiento de potenciales candidatos a la alcaldía y entre los propuestos aparecía su nombre. Esta premura con la que ha manifestado su desacuerdo para ir en las listas de un partido, aunque solo fuera con intenciones demoscópicas, es muestra del problema que los partidos tienen para presentar figuras independientes. Algo que le funcionó bien a Ximo Puig cuando hizo las listas del PSPV porque estas figuras nos ayudan a recuperar la dimensión “vocacional” de la política y mejoran el descrédito de la política como “profesión”.

Los partidos buscan ciudadanos que proporcionen credibilidad, vigor democrático y ejemplaridad. Esto es algo que se estudia en las primeras lecciones de ética política porque disminuye el abismo que separa gobernantes de gobernados y, por tanto, incrementa la calidad de una democracia avanzada. Lo que no se estudia en los manuales es el tiempo que tardan los independientes en ofrecer una respuesta a los partidos cuando son preguntados. Aunque existieran razones implícitas para incluirlo, y se nos escapen a la mayoría de los ciudadanos, la celeridad con la que ha renunciado es un indicador significativo de que el salto a la política no incrementa el valor de un profesional ejemplar de la sociedad civil, sea como abogado, médico, profesor o astronauta.

Algo huele a podrido en los partidos y los políticos profesionales cuando a un ciudadano ejemplar no se le facilita poder dedicar parte de su vida a trabajar por sus vecinos y el bien común. Algo que no sucedía en los años de la transición a la democracia cuando la clase política se alimentaba de profesionales acreditados y ejemplares. Algo sobre lo que deberíamos pararnos a pensar ahora que conmemoramos las cuatro décadas de la Constitución, si no queremos caer en la desmoralización cívica, la vulgaridad, el olvido de la virtud y lo que Ortega llamaba el plebeyismo.

Aunque no podamos hablar hoy en términos de minorías selectas, sí podemos reivindicar cierta aristocracia y virtud en la vida pública. Sin necesidad de acudir a Séneca y la tradición republicana en la que se plantea lo difícil que resulta “vivir a la vista de todos”, además de los estados mayores de los partidos, los talibanes de la transparencia y los defensores de la tiranía de la visibilidad mediática, podrían contribuir a que los profesionales ejemplares también puedan dedicarse a la política. Si queremos ver, algún día, cierta ejemplaridad en el poder, tenemos que contribuir a que la democracia no sea impúdica, morbosa y cruel ante ciudadanos con vocación de servicio público que sólo tienen el poder del ejemplo." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/poder-ejemplo-20181007000328-ntvo.html