"Hace unos días apareció una noticia sorprendente. Ballesol, en su residencia de Valterna, en Valencia, ha instalado el “arco de los abrazos” para que, de alguna forma, los residentes y sus familiares puedan entrar en contacto de forma segura. Las imágenes que acompañan la noticia muestran un arco parecido al que se utiliza para detectar metales en el que hay algo parecido a una cortina de acetato flexible y resistente donde entrar los brazos y llegar al contacto con el ser querido. Al ser transparente y flexible, el metacrilato permite que el visitante introduzca sus manos, extienda sus brazos y entre en contacto con el residente. La emoción contenida por los protocolos de la visita se rompe cuando se produce el abrazo. Entre el abrazo real físico y el abrazo virtual, los promotores de esta iniciativa ofrecen la posibilidad de un contacto emocionalmente intenso y seguro.
El éxito de esta propuesta se encuentra en la rapidez con la que han conseguido responder a la necesidad de contacto corporal con el que expresamos sentimientos, compartimos emociones y construimos el nivel más básico del mundo de los valores. Nadie se ha preguntado si el arco estaba homologado por la UE o cumplía las normativas ecológicas de las sucesivas normativas de AENOR o ISO. Ha sido un modo de recuperar los abrazos y entrar progresivamente en una normalidad que parece presidida por el cálculo de la distancia justa entre los cuerpos. Es muy difícil caminar sin miedo, aproximarse a los otros sin temor al contacto y atreverse a besar a alguien con quien no convivimos habitualmente. Habíamos prestado excesiva atención al universo del “derecho al cuidado” en el tema de las residencias y se nos había olvidado la atención emocional del contacto entre los cuerpos.
Este temor a la distancia que se ha instalado en nuestra vida cotidiana está generando unos hábitos nuevos donde no sólo tenemos miedo respetuoso a estrechar la mano, fundirnos en un abrazo o expresar nuestros afectos con un beso. Sería una pena que la pandemia hubiera transformado el necesario respeto hacia los demás en un enfermizo miedo al contacto real, físico y emocional. Estos días en los que hacemos maletas hay una que parece imprescindible: la maleta de los abrazos y los besos. Es muy probable que sea la misma a la que se refería Víctor Manuel cuando, cantando, se preguntaba “¿A dónde irán los besos…que no damos, que guardamos?” Cada día que pasa parece más llena y no sabemos si en la experimentación de la vacuna alguien tendrá en cuenta este empobrecimiento gregario de nuestra vida emocional." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/maleta-besos-robados-20200628235812-ntvo.html




