Esto no significa que estuvieran en sintonía
con otros partidos con representación parlamentaria, ahora seducidos por lo que
el ex Conseller de Educación Alejandro Font de Mora ha llamado el
Marzá-ismo-leninismo. De hecho, algunos asistentes se preguntaban verbal y
gráficamente dónde están los socialistas valencianos que en otros tiempos eran
educativa, social y culturalmente menos sectarios.
Esta horfandad no impidió una adecuada
organización de autobuses, seguridad y distribución de responsabilidades. Fue
una muestra de autogestión organizativa de la que deberían aprender los
partidos. No por el hecho de que la megafonía fuera precaria, las consignas fueran
improvisadas o se percibiera entre los organizadores cierto “miedo a pinchar”.
Se mostró la efervescencia de una sociedad civil sin consignas y buena muestra
de ello fue la recuperación casi inconsciente de la mítica “Libertad sin ira”
de Jarcha. El desamparo partidista no era vivido como un obstáculo en la
reclamación de un derecho constitucional sino como un trampolín con el que
transmitir a la opinión pública que la calle es de todos.
Este desamparo que puede ser leído como
muestra de mayoría de edad, también tiene que ser leído como un serio aviso a
las autoridades políticas de Ciudadanos y PP. Los primeros parecen más
preocupados por criticar a los demás y no muestran excesivo entusiasmo por la
libertad de educación, conformándose con mantener el statu quo. No sabemos si
van o vienen, si suben o bajan en la libertad de educación.
Aunque los segundos sí creen en la libertad de
educación, lo tienen complicado porque elaboraron una reforma educativa que se
hizo de espaldas a las bases sociales, sindicales, culturales y políticas del
centro derecha español. La reforma de Wert nació muerta porque no fueron las
bases de los populares quienes la elaboraron sino un grupo de expertos en
derecho administrativo y tecnología educativa que no habían trabajado nunca en
un aula con adolescentes, que nunca habían elaborado unos horarios en los
centros, que no sabían lo que era una guardia de secundaria, que nunca habían
tenido problemas de disciplina en sus enmoquetados despachos, que nunca habían
firmado un concurso de traslados y que apenas si sabían lo que era una pizarra." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 29 de mayo de 2016.




