domingo, 29 de marzo de 2020

El confinamiento de la verdad



“Nos encerrarán, pero no nos callarán”. Esta debería ser la máxima de los ciudadanos en tiempos de confinamiento. No callan a nuestros aplausos cuando todas las noches salimos a recordar que somos vecinos agradecidos. No callan a los buenos periodistas diseminados que estas semanas mantienen las redacciones operativas. No a callan a lo expertos, científicos e investigadores que siguen inquietos, responsables y despiertos; que mantienen abiertas las fuentes de información de sus trabajos, de sus artículos y de sus informaciones, no siempre coincidentes con las de los ministerios gubernamentales de la verdad oficial.

Recordemos que en “1984”, la distópica novela de Orwell, junto a los Ministerios del Amor, la Paz y la Abundancia, el poder cuenta con el “Ministerio de la Verdad”. Su tarea no es defender apasionadamente la información contrastada, la transparencia creíble, el diálogo o la ejemplaridad. Menos aún despertar a la solidaridad, la confianza mutua o la entrega desinteresada a los demás. Su tarea es atomizar, gestionar, administrar y seleccionar la información como papilla disponible, convirtiéndola en “dato científico”, en argumento “contrastado y verificado”. Eso sí, siempre por expertos. Es como si los gestores gubernamentales se lavaran las manos de sus responsabilidades políticas y dejaran que el materialismo (“científico”) de los hechos se impusiera a través de los medios de comunicación que se convierten, de esta forma, en anestésicos centros de propaganda eficaz.

Además de Orwell, en la tradición francesa conviene recordar dos acontecimientos relacionado con la gestión de la verdad en situaciones de crisis. Primero, el caso del oficial Alfred Dreyfus, recreado por Polanski en su película “El oficial y el espía” (2019). Allí se nos recuerda el famoso artículo de Zola donde se enfrenta al poder gubernamental con el inolvidable artículo “Yo acuso”. Segundo, el desprecio que sufrió Charles Péguy cuando sus camaradas comunistas lo expulsaron porque era el Comité central y la ejecutiva del partido quien determinaban lo que era, o no, verdad.

El confinamiento nos debería servir para estar un poco más despiertos ante la gestión de la información que realizan los gobiernos. Los datos, las cifras y los números que se nos proporcionan son insuficientes. Se nos presentan sin desglose, sin precisión, sin contexto, deshumanizados, sin la correspondiente referencia a la realidad con la que cobran sentido. La verdad no ama el confinamiento y las consignas partidistas, por eso se encarna esperanzadamente en la duda, la libertad y el sacrificio. Podéis ver el artículo completo en:https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/confinamiento-verdad-20200329002002-ntvo.html

domingo, 22 de marzo de 2020

Yo soy yo y mis vecinos

"Nada volverá a ser igual en la política, la economía y la sociedad española. Es un tiempo que marcará el inicio de los nuevos años veinte del siglo XXI y en las crónicas de la globalización, habrá un antes y un después de estas semanas. Como es difícil hacer previsiones y pronósticos, es importante que vayamos refrescando la memoria con cuestiones básicas y recordemos que si Ortega y Gasset viviera estos días de moderada reclusión nos diría: “Yo soy yo y mis vecinos”.

Nuestra identidad ahora está marcada por vecinos del barrio, la finca, la urbanización o el pueblo. La prohibición de grupos, aglomeraciones y reuniones no está impidiendo el encuentro entre vecinos. No hace falta medir las distancias porque hablamos con una fruición insospechada desde la escalera, las ventanas o los balcones. Nunca como ahora estábamos tan contentos de tener vecinos y no estar solos. De repente hemos olvidado de las tediosas reuniones de propietarios y el encuentro o simple saludo se ha convertido en una experiencia humanizadora.

Sin llegar a convertirnos en amigos, hemos descubierto que somos mucho más que ciudadanos. Este encuentro entre vecinos siempre ha sido importante en la historia del pensamiento moral y político, recordemos que la amistad cívica de Aristóteles o todo el republicanismo de Cicerón a Vives, no se entendería sin esta experiencia originaria de urbana proximidad, base de civilidad y civismo. Precisamente lo que hoy llamamos capital social o ética civil sería impensable sin este encuentro vecinal. Entre el ámbito familiar y el político hay un tercer e inexplorado territorio que es el ámbito vecinal. Y estos días lo estamos recordando cuando recuperamos el valor distanciado del saludo y transformamos aquella España de las banderas en la España de los balcones y los aplausos a los sanitarios.

Como todo encuentro emocional y luminoso tiene un sorprendente despertar. Descubrimos a miles de ancianos que están solos, a pacientes crónicos que no pueden salir a la farmacia para reponer sus medicinas. Incluso a miles de personas viudas, divorciadas, separadas o solteras que esos días sólo pueden conectarse y apenas si pueden comunicarse. Es tiempo de una reciprocidad básica y originaria que no es la del intercambio mercantil de equivalentes o de la prestación de servicios básicos de justicia. Es una reciprocidad relacional originaria sin la que no tendrían sentido los mercados o los estados. Se mantiene, a pesar de ellos, porque con ella nos nutrimos de cuidado y ayuda mutua, bienes nos mantienen despiertos y lúcidos." Podéis ver el artículo completo en LAS PROVINCIAS, 22/03/2020. Grupo Vocento.

domingo, 15 de marzo de 2020

Ocho días de frivolidad


"El pasado jueves el portavoz de Ciudadanos en Cortes criticó al gobierno local, autonómico y nacional. Incluso utilizó la expresión “amoral” para calificar al gobierno central porque prefirió alimentar los fastos del 8 de marzo “antes de proteger nuestras vidas”. Toni Cantó utilizó el término “amoral” de una manera impropia porque el comportamiento de los gobiernos que deseaba criticar era claramente “inmoral”. Resultaba un poco fuerte la expresión y quiso descafeinarla,  queriendo decir que se habían desentendido de la gravedad del coronavirus y no habían actuado con la responsabilidad mínima, exigible y debida, a quienes son autoridades públicas.

Nadie se comporta “amoralmente” porque somos estructuralmente morales y el hecho de hacer algo o dejar de hacerlo, supone una actuación moralmente calificable. Hubiera sido más correcto decir que la conducta era “inmoral”, juzgada desde el código moral de Ciudadanos o desde la oposición. Aquí hay al menos dos códigos morales en juego. Por un lado el de Ciudadanos que apelaba a la seriedad y responsabilidad mínima, exigible y debida a las autoridades públicas. Por otro, el código de la frivolidad, es decir, el código moral de los responsables municipales, autonómicos y centrales que han practicado ostensiblemente al menos ocho días una frivolidad olímpica.

Preocupados por sí mismos, por su propio ombligo y por sus propios intereses, los gobiernos criticados sabían que habría un antes y un después del 8M. No había que ser excesivamente inteligente para comprobar que los comportamientos, los juicios y las actuaciones no eran todo lo serias, rigurosas y fundamentadas que cabía esperar de las autoridades públicas. Y para colmo, el hecho de que las autoridades llevaran guantes morados en la manifestación no era una muestra de su “amoralidad” sino evidencia clínica de su incívica frivolidad olímpica. Cantó tendría que saber que a los olmos no se les pueden pedir peras y que la trayectoria de todos los líderes que criticaba no ha brillado por su seriedad, prudencia y sensatez. Basta tirar de hemeroteca los últimos años para comprobar que estas trayectorias de frivolidad, edificadas sobre prácticas de rencor y resentimiento, no pueden dar como resultado la responsabilidad.

Con mayor prudencia se hubieran controlado mejor las fronteras, no se hubieran plantado fallas o montado las carpas. Ocho días de mascletaes indiscriminadas, manifestaciones incentivadas y concentraciones deportivas intermitentes. Incoherencia  que aún espera un milagro. Confiamos que sean los últimos ocho días esta frivolidad olímpica." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/ocho-dias-frivolidad-20200315001124-ntvo.html

domingo, 8 de marzo de 2020

Regina del Peral


"El pasado mes de Febrero celebramos en Masamagrell los cincuenta años de profesión como terciaria capuchina de Regina del Peral. Aunque su nombre aislado diga poco a la opinión pública, si les digo que era la responsable de la orden religiosa que gestionaba la residencia de menores tutelados de Segorbe que cerró Mónica Oltra en su misión redentora de “salvar personas”, empezarán a tener más pistas de quien hablo. Si les digo que junto a los trabajadores de la residencia y el pueblo de Segorbe lideró las movilizaciones contra el despótico e infundado cierre del centro, empezarán a tener un perfil más preciso.

Cuando aún siguen sin pedir perdón estos personajillos de la política valenciana, la figura de Regina incrementa su valor. En la celebración, no sólo hicimos memoria de lo mucho que han hecho los terciarios y las terciarias capuchinas en la atención a los menores desamparados antes de que llegaran las iluminadas del Botanic, hicimos memoria de un grupo de mujeres fuertes que siempre han trabajado a destajo con la Fiscalía, lo que antes se llamaba “tribunales tutelares”, para la promoción humana de los menores. Estas mujeres normales no encabezarán hoy ninguna manifestación feminista ni estarán en la primera línea de fuego de las luchas políticas, permanecerán como protagonistas secundarias de lo que ahora se llama ”ODS”, agenda 2030 y que, desde siempre, hemos llamado el silencioso trabajo por la justicia social.

Regina y las terciarias capuchinas no fueron creadas por Luis Amigó para encabezar manifestaciones en el gran teatro mediático de la globalización. Su misión era sencilla, atender y cuidar a menores desamparados cuando las autoridades públicas no disponen de recursos, sensibilidad o capacitación para ello. Ciertamente el contexto de los servicios sociales ha cambiado mucho y tanto las terciarias como los terciarios han adaptado sus carismas a las transformaciones sociales, culturales y religiosas que se han producido. Sin embargo, seguimos encontrándonos en ellas y ellos una insobornable lealtad al carisma con el que fueron creados. Desde la discreción de su actividad pública, su feminismo era fruto de una religiosidad profunda, sin fisuras, incluso expresión de una religiosidad popular más honda de lo que algunos modernos creen. Este sí que era un feminismo seductor, lleno de entusiasmo, abierto, productivo y fecundo. Probablemente, el mismo feminismo bíblico y lúcido de nuestras madres, nuestras abuelas y miles de mujeres discretas que, como Regina, nos recuerda el fecundo valor de una mujer trabajadora y fuerte." Podéis ver el artículo completo en: https://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/regina-peral-20200308002910-ntvo.html

domingo, 1 de marzo de 2020

El pacto del 78


"Esta semana, el entierro de la sardina ha coincidido con la “performance” de la Moncloa donde Sánchez y Torra han escenificado una reunión bilateral entre dos equipos de gobierno. Se preparó el Martes de Carnaval para representar un esperpento del mejor Valle-Inclán sin que la opinión pública tuviera conciencia de que, en la trilogía de nuestro dramaturgo, la primera obra llevaba por título “Las galas del difunto”. El difunto en cuestión no es otro que el pacto del 78, es decir, la ética cívil que hizo posible la Constitución de 1978. Una constitución llamada del consenso y la concordia.

Las pruebas más claras de que el pacto del 78 ya acompaña al protagonista de Valle-Inclán en la tumba, se encuentran en dos acontecimientos que se han producido unas horas más tarde de la “performance” monclovita. En primer lugar la creación de un grupo plural de líderes socio-políticos agrupados con el significativo nombre “Unión 78”. Encabezados por Rosa Díez, María San Gil y Fernando Savater, este grupo se constituye como plataforma cívica para “defender la democracia, las instituciones y la Constitución de 1978”.

Se ha presentado como una “iniciativa cívica ciudadana” y una plataforma “de activismo político no institucional y sin pretensiones electorales”. De la misma forma que el movimiento cívico “Basta Ya” supuso un punto de inflexión en la lucha contra el terrorismo de ETA, así quieren estos personajes públicos defender el corazón de la democracia que estaba en aquél pacto del 78. Tienen claro que la performance de la Moncloa nos aproxima más a una nación étnica que a una nación cívica. Tienen claro que España está en peligro con estas escenificaciones y por eso quieren que la sociedad civil se mueva y despierte porque la unidad de aquel pacto se puede disolver y ello es muy difícil de reparar.

La segunda prueba está en el Congreso organizado por “Sociedad Civil Ahora” (SOCIA), donde se han encontrado los expresidentes González y Aznar, y han coincidido en el mismo diagnóstico realizado por Unión 78. El primero ha señalado que las cesiones a Torra suponen una constitución nueva por la que él estaría dispuesto a realizar una campaña en contra. El segundo ha dejado claro que el pacto “lo han roto”. El primero denunciaba el ombliguismo y provincianismo de los actuales líderes del PSOE y el segundo denunciaba la falta de confianza en las instituciones del orden liberal. Un panorama poco alentador para recomponer los mimbres de aquella ética mínima civil que aún se resiste al virus que inoculan televisivamente sus detractores." Podéis ver el artículo completo en: www.Lasprovincias.es