
“Nos encerrarán, pero no nos callarán”. Esta debería ser la máxima de los ciudadanos en tiempos de confinamiento. No callan a nuestros aplausos cuando todas las noches salimos a recordar que somos vecinos agradecidos. No callan a los buenos periodistas diseminados que estas semanas mantienen las redacciones operativas. No a callan a lo expertos, científicos e investigadores que siguen inquietos, responsables y despiertos; que mantienen abiertas las fuentes de información de sus trabajos, de sus artículos y de sus informaciones, no siempre coincidentes con las de los ministerios gubernamentales de la verdad oficial.
Recordemos que en “1984”, la distópica novela de Orwell, junto a los Ministerios del Amor, la Paz y la Abundancia, el poder cuenta con el “Ministerio de la Verdad”. Su tarea no es defender apasionadamente la información contrastada, la transparencia creíble, el diálogo o la ejemplaridad. Menos aún despertar a la solidaridad, la confianza mutua o la entrega desinteresada a los demás. Su tarea es atomizar, gestionar, administrar y seleccionar la información como papilla disponible, convirtiéndola en “dato científico”, en argumento “contrastado y verificado”. Eso sí, siempre por expertos. Es como si los gestores gubernamentales se lavaran las manos de sus responsabilidades políticas y dejaran que el materialismo (“científico”) de los hechos se impusiera a través de los medios de comunicación que se convierten, de esta forma, en anestésicos centros de propaganda eficaz.
Además de Orwell, en la tradición francesa conviene recordar dos acontecimientos relacionado con la gestión de la verdad en situaciones de crisis. Primero, el caso del oficial Alfred Dreyfus, recreado por Polanski en su película “El oficial y el espía” (2019). Allí se nos recuerda el famoso artículo de Zola donde se enfrenta al poder gubernamental con el inolvidable artículo “Yo acuso”. Segundo, el desprecio que sufrió Charles Péguy cuando sus camaradas comunistas lo expulsaron porque era el Comité central y la ejecutiva del partido quien determinaban lo que era, o no, verdad.



