domingo, 29 de octubre de 2017

Políticos y periodistas


"En la gala del pasado jueves donde este periódico concedió las distinciones anuales a los Valencianos del siglo XXI, asistimos a dos discursos sobre la función del periodismo en la era de la globalización. Por un lado, el director de este periódico, Julián Quirós, tuvo una vibrante intervención en la que comparó con astucia la relación que hay entre las redes sociales y los periódicos tradicionales. Por otro, el presidente de la Generalidad, Ximo Puig, presumió desde el primer minuto de que no sólo era político en activo sino un periodista.


Aunque el señor Quirós no tuvo turno de réplicas porque fue el primero en intervenir, estoy seguro de que se quedó con las ganas. Se lanzaron afirmaciones sobre la profesión periodística bastante discutibles. No por el hecho de que el señor Puig defendiera alguna de las teorías clásicas o convencionales sobre el periodista como técnico del lenguaje, narrador, cronista, columnista o simple trabajador de una empresa de comunicación. En su intervención, el president de la Generalidad defendió la tesis del periodista como “intermediario”. Probablemente, cuando interpretó las palabras que tenía escritas y con vehemencia se dirigió al auditorio, describió a los periodistas como intermediarios entre los representantes del poder político y la sociedad en general.

En su discurso inicial, Quirós nunca se refirió al periodista como intermediario y es probable que nuestro Molt Honorable confundiera la palabra “mediación” con la de “intermediario”. Quirós dijo que la prensa desempeña una tarea de “mediación” y cualquiera que haya estudiado la primera lección de un manual de mediación sabe que “mediar” e “intermediar” son tareas muy diferentes. Los intermediarios son gentes que actúan entre dos personas y se ponen “en medio” de ellas. El comercio está lleno de intermediarios e incluso hay una digna profesión que es la de “agente comercial” cuya tarea  es “inter-mediar” entre productores y consumidores, compradores y vendedores, etc. Un intermediario es alguien que está “en medio” e incluso hablamos de intermediarios como especialistas que intervienen en conflictos poniéndose, ellos mismos, en medio. Al ponerse “en medio” se evita la guerra, se retrasa la catástrofe… o se empieza el negocio entre las partes.

Quirós utilizó la mediación para referirse a la confianza y la verdad. Se refirió a la mediación para describir la compleja relación que hay entre el mundo de la acelerada información que circula por las redes y el mundo del conocimiento que se gestiona y administra desde profesiones que sólo se ejercen en instituciones sociales. Habló de credibilidad y confiabilidad para referirse a la mediación que realiza el buen periodismo. Como pudieron comprobar los asistentes, el presidente Puig también habló de la verdad, pero la puso en boca de otros y se la dejó para el final." Podéis ver el artículo completo en: http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/politicos-periodistas-20171029005420-ntvo.html

Bot y la identidad digital


"Cada vez es mayor el número de personas que tenemos un “Bot” a nuestro lado. El nombre tiene un origen sencillo, procede de la palabra “Robot”, definida en el diccionario como “máquina o ingenio electrónico programable capaz de manipular objetos y realizar operaciones antes reservadas solo a las personas”. Aunque técnicamente sea un robot, los informáticos han bautizado emocionalmente este ingenio con el término “Bot”. Lo hacen para describir un programa de software que tiene nuestro teléfono o dispositivo móvil, que nos conoce muy bien porque almacena toda nuestra identidad digital. Los ingenieros informáticos hablan de “Bot” para describir el programa que sustituye las numerosas aplicaciones que hasta ahora tienen el nombre de “Apps”.

Quienes profesan la casi-religión de Apple antes hablaban con “Siri”, el nombre familiar del robot que les ayuda y acompaña en todas y cada una de las actividades cotidianas. Visto con cierta distancia y perspectiva, Bot no ha venido para sustituir a Siri, ni tampoco a ninguno de los otros ingenios de inteligencia artificial que ya tenemos en el mercado. Recordemos que Ikea tiene un ingenio llamado “Anna”, Amazon uno llamado “Alexa”,  Microsoft uno bautizado como “Cortana” y Google ha puesto en marcha “Home”. Aunque este último sea emocionalmente menos atractivo, nos remite al “hogar” y, por tanto, sigue teniendo una fuerte carga emocional.

No compite con ellos porque genéricamente todos son robots, tienen diferentes nombres comerciales de una inteligencia artificial que no sólo está al alcance de la mano, sino que va perfilando nuestra identidad digital. Conoce lo que hacemos, lo que compramos, lo que vendemos, con quién hablamos, con quién discutimos, a quien engañamos, los restaurantes a los que vamos, los hoteles en los que hemos ido, los viajes que hemos hecho, los contactos nuevos que hemos guardado, los que hemos suprimido, las fotos que hemos almacenado, las páginas que hemos visitados, las transferencias bancarias que hemos realizado, etc. Y eso sin contar nuestra actividad en las redes, sabe los amigos de Facebook con los que perdemos más tiempo, los comentarios que hemos realizado, los tuits que hemos escrito, los que más nos gusta o lo que más nos admira.

No es que Bot nos conozca como si nos hubiera parido, ¡hasta ahí podíamos llegar! Pero sí tiene un conocimiento sorprendente y hasta preocupante de nosotros mismos. Parece que nuestra identidad digital no se construye voluntariamente, la prefiguran quienes han construido los programas de inteligencia artificial que nos rodean y nosotros mismos contribuimos a darle forma o configurarla con nuestra actividad digital cotidiana. Por eso, cada vez dependemos más de nuestro dispositivo móvil para todo. No sólo nos despierta dulcemente por las mañanas, nos ayuda en la cocina cuando no sabemos hacer un bizcocho, en el coche cuando nos hemos perdido, o en la agenda cuando olvidamos los apellidos de alguien. En realidad, Bot almacena de tal forma todo lo que hacemos que no podemos prescindir de él.

Esta dependencia cotidiana de estos robots se incrementa aceleradamente y cada vez nos hacemos más esclavos de Bot. Ahora, en lugar de descargar aplicaciones, instalarlas en los dispositivos y darnos de alta, la presencia de Bot nos garantiza inmediatez de los servicios por el simple reconocimiento de nuestra voz o mirada. Nadie como Bot sabe lo que necesitamos en cada momento. Así, las fronteras entre hacer y nuestro ser, entre nuestro cuerpo y la tecnología son cada vez menores. La distancia entre los artefactos, la tecnología y las cosas es cada vez menor. Estos programas de inteligencia artificial no sólo nos permiten dominar con más agilidad el entorno que nos rodea y perder menos tiempo en actividades inútiles, sino que nos sitúan ante nosotros mismos y nos obligan a que nos preguntemos por la inteligencia “natural” que aún nos queda. Nos ayuda tanto y de tal forma que sustituyen funciones de nuestra voluntad que antes eran puramente rutinarias y aparentemente poco valiosas.

Bot no ha venido con la voluntad de ser una simple máquina de inteligencia artificial para ser usada por la inteligencia natural de los mortales. Bot ha venido para acompañarnos, para ayudarnos, para facilitarnos la vida. Es probable que tenga almacenada más información de nosotros mismos de la que nos imaginamos. Las posibilidades de que esta información esté fuera de nuestro control son grandes y por eso es muy probable que la identidad digital sustituya a la identidad personal.

Los problemas éticos que esto plantea aún no han sido bien pensados y conviene que no perdamos tiempo porque cada generación está más prefigurada digitalmente que la anterior. ¡Tanto luchar por la autonomía moral y la libertad para caer en manos de Bot! ¡Tantas cadenas rotas para construir una sociedad emancipada y ahora somos prisioneros de los creadores de Bot! ¡Tanta soberanía del consumidor para emanciparse de los mercados y consentimos la dulce esclavitud de móvil u ordenador! ¡Tanto celo para preservar la intimidad y Bot nos hace transparentes!

Con todo ello, Bot rompe la tradicional barrera entre hombres y máquinas. Lo hemos visto cuando nos escucha con paciencia, comprende nuestras situaciones y hasta nos hace los deberes. Creemos que nadie como Bot nos había facilitado tanto la vida y nos había ahorrado tanto tiempo. Los expertos dicen que nos controlará como “Internet de las cosas”, y esa es el área de moda que alimenta las fuentes de la inteligencia artificial. Tengo serias dudas de que sepa jugar al mus o cortejar a una dama. Por ahora, hay serias dudas de que sepa interpretar una mirada, generar una caricia, traer consuelo, facilitar sueños o descubrir un buen chiste." Podéis ver el artículo completo en: http://entreparentesis.org/bot-la-identidad-digital/



Hable con Bot


"Aunque siguen existiendo profesionales que tienen un “P.A.” (asistente personal) cada vez es mayor el número de profesionales que tienen un “Bot”. El nombre tiene un origen sencillo, procede de la palabra “Robot”, definida en el diccionario como “máquina o ingenio electrónico programable capaz de manipular objetos y realizar operaciones antes reservadas solo a las personas”. Aunque técnicamente sea un robot, los técnicos prefieren bautizar emocionalmente este ingenio con el término “Bot”. Lo hacen para describir un programa del teléfono o dispositivo móvil capaz de sustituir a las numerosas aplicaciones que tienen el nombre de “Apps”.

Quienes profesan la casi-religión de Apple antes hablaban con “Siri”, el nombre familiar del robot que les ayuda y acompaña en todas y cada una de las actividades cotidianas. Visto con cierta distancia y perspectiva, Bot no ha venido para sustituir a Siri, ni tampoco a ninguno de los otros ingenios de inteligencia artificial que ya tenemos en el mercado. Recordemos que Ikea tiene un ingenio llamado “Anna”, Amazon uno llamado “Alexa”,  Microsoft uno bautizado como “Cortana” y Google ha puesto en marcha “Home”. Aunque este último sea emocionalmente menos atractivo, nos remite al “hogar” y, por tanto, sigue teniendo una fuerte carga emocional. No compite con ellos porque genéricamente todos son robots, tienen diferentes nombres comerciales de una inteligencia artificial que no sólo está al alcance de la mano, sino que nos atrapa y seduce casi sin darnos cuenta.

La dependencia cotidiana de estos robots se incrementa aceleradamente y cada vez nos hacemos más dependientes de Bot. Ahora, en lugar de descargar aplicaciones, instalarlas en los dispositivos y darnos de alta, la presencia de Bot nos garantiza inmediatez de los servicios por el simple reconocimiento de nuestra voz o mirada. Nadie como Bot sabe lo que necesitamos en cada momento. Así, las fronteras entre nuestro cuerpo y la tecnología son cada vez menores. La distancia entre los artefactos, la tecnología y las cosas es cada vez menor. Estos programas de inteligencia artificial no sólo nos permiten dominar con más agilidad el entorno que nos rodea y perder menos tiempo en actividades inútiles, sino que nos sitúan ante nosotros mismos y nos obligan a que nos preguntemos por la poca inteligencia natural que aún nos queda.

Bot no ha venido con la voluntad de ser una máquina de inteligencia artificial para ser usada por la inteligencia natural de los mortales. Bot rompe la tradicional barrera entre hombres y máquinas. Lo hemos visto cuando nos escucha con paciencia, comprende nuestras situaciones y hasta nos hace los deberes. Dicen que nos controlará como “Internet de las cosas”, aunque hay serias dudas de que sepa interpretar una mirada, generar una caricia, traer consuelo, facilitar sueños o descubrir un buen chiste." Podéis ver el artículo completo en: http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/hable-20171022002317-ntvo.html

Estrellas amarillas


"Edith Stein publicó un libro con sus memorias de infancia y juventud que llevaba por título “Estrellas amarillas”. Aunque al convertirse al cristianismo y profesar como carmelita lo hizo con el nombre de “Teresa Benedicta de la Cruz”, hoy se la conoce como una las víctimas judías asesinadas el 9 de agosto de 1942 en el campo de concentración de Auschwitz. Se la recuerda como co-patrona de Europa y, desde la canonización que realizó Juan Pablo II en 1989, forma parte del santoral de la Iglesia Católica. Eligió el título del libro para mostrar desde la misma portada el trozo de tela amarillo que, con forma de estrella de David, los nazis utilizaban para marcar a quienes eran judíos.

Como al ganado, se marca a personas para señalarlas y segregarlas públicamente. Práctica que no era nueva en la historia, pero que el régimen nazi utilizó en Europa como fase previa al exterminio. En contra de cualquier mínimo moral de humanidad, el totalitarismo marca, segrega y diferencia para ensalzar como políticamente superior una identidad racial, cultural, social o religiosa. Esta experiencia de segregación que describió Edith Stein en su libro puede recordase años más tarde en la monumental obra de otra filósofa judía empeñada en que no se repitiera Auschwitz: Hannah Arendt. El libro de ésta llevaba por título “Los orígenes del totalitarismo” y también debería ser de lectura obligatoria para todos los que se dediquen a la política, porque nos recuerda que el totalitarismo, el fascismo y el populismo no son formas políticas ancestrales sino tentaciones permanentes de la actividad política.

Estos días me he visto obligado a recordar estas obras en clase porque mis alumnos parece que sólo tienen tiempo para leer whatsapp o twittear, y ninguno sabía explicarme con precisión el significado de las estrellas amarillas. Al plantearlo empezaron a entender alguna información sobre Cataluña que les estaba llegando por las redes; empezaron a entender por qué algunos profesores en los institutos pedían que levantaran la mano los alumnos que no estaban de acuerdo la actuación de las fuerzas de orden el 1-O, incluso por qué a estos alumnos los dejaban sin recreo; entendieron por qué algunos hoteles se veían forzados a “invitar” a la policía allí alojada para que se marchara; entendieron por qué algunos profesores de universidades catalanas fueron marcados con una “X” por no secundar la huelga del pasado martes.

Aunque ahora no hay estrellas amarillas, con el secesionismo vuelven las políticas de odio, resentimiento y segregación. Lo vimos en los años de plomo cuando la batasunización marcaba y mataba. En vísperas del 9 de octubre, esperemos que esta batasunización emprendida por el soberanismo pancatalanista y apoyada por el populismo prefascista, no imponga en la pasarela otoño-invierno la moda de las estrellas amarillas." Podéis ver el artículo completo en: 
http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/estrellas-amarillas-20171008005811-ntvo.html

Sinvivir patriótico


"Hace unos días, hablando con algunos españoles en las delegaciones de Naciones Unidas y universidades norteamericanas, comentábamos que los acontecimientos de nuestro país nos estaban obligando a cambiar aceleradamente nuestros hábitos. Quienes prefieren acostarse informados con las primeras ediciones de los periódicos se arriesgan a llegar al trabajo sin saber lo que ha sucedido a primera hora en España. Quienes prefieren madrugar mucho para salir al trabajo con la información procesada, saben que tendrán que hacer pedagogía con sus compañeros de oficina y ponerles al día de lo sucedido. Unos y otros padecen un desajuste existencial que cualquier psiquiatra neoyorkino calificaría como un “sinvivir patriótico”.

Es fácil de diagnosticar y sus síntomas se detectan sin esfuerzo. Si no a primera vista, sí en la primera conversación, cuando el interlocutor se encuentra en un estado de angustia porque está intranquilo por los acontecimientos de su patria. Es distinto del “sinvivir electoral”, que se padece cuando se está pendiente de los resultados electorales del propio país. Por mucho que nos hubieran dicho las encuestas o las estimaciones, la proclamación de los resultados genera cierta angustia a quienes se encuentran, al menos, a seis horas de diferencia. También hay un “sinvivir administrativo”, más grave que el anterior; se produce cuando cambian los organigramas de las respectivas administraciones y el desplazado comprueba la vulnerabilidad, precariedad e incertidumbre de su nicho administrativo.

En las conversaciones con los afectados por este trauma, hubo dos datos importantes. Primero, el gobierno había perdido la batalla de la comunicación, es decir, que la iniciativa política y su pedagogía cívica no estaba en manos de los responsables del estado sino de los administradores del golpe soberanista. En la batalla de la propaganda, el soberanismo independentista tiene seducidos a los ciudadanos que se informan por medios internacionales, sobre todo prensa, televisión y redes. Y para muestra un botón: el 3 de octubre, una cándida ciudadana portuguesa, investigadora en Paris y de visita en Boston se dirigió a mí con las portadas de la prensa internacional de ese día preguntándome si la violencia de Barcelona era propia de un país democrático. En tiempos de posverdad, por más que exigimos que se contraste la información, se busquen otras fuentes o se practique la revolucionaria costumbre de leer historia, hoy dominan las primeras impresiones.

Segundo, el patriotismo constitucional carecería de valor si los pueblos no tienen referencias autoritativas y liderazgos para canalizar las energías cívicas constructivas. No fue un partido de Nadal sino un inesperado y breve discurso de Felipe VI el que provocó un revés magistral en el frágil imaginario emocional de la opinión pública internacional." Podéis ver el artículo completo en http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/sinvivir-patriotico-20171015001402-ntvo.html