Si a ello añadimos el protagonismo fundacional que algunos
profesores universitarios han tenido en partidos como UPyD, como es el caso de Fernando Savater; o en partidos como Podemos, como es el caso de Juan Carlos
Monedero o Iñigo Errejón, resulta
visible el protagonismo que las universidades desempeñan en los procesos
de transformación política más inmediatos. Este dato debería tenerse en cuenta
no sólo para la valorar la próxima gobernabilidad de las instituciones en los
próximos años, sino para valorar las convocatorias de huelga que la comunidad
educativa, universitaria incluida, prepara para las próximas semanas contra el
decreto sobre planes de estudio del también profesor, y ahora ministro, José
Ignacio Wert.
No se trata de un fenómeno históricamente nuevo porque, sin
necesidad de remontarse a las biografías de Platón o Nicolás Salmerón, nuestra
historia política más reciente está llena personajes que han pasado de las
musas al teatro. La novedad se encuentra en la percepción común que tienen de
lo que Ortega llamaría hoy nuestra circunstancia histórica. Una circunstancia
caracterizada por la corrupción, el desánimo cívico y cierta desmoralización
social. Las sucesivas encuestas del CIS proporcionan datos suficientes para
mostrar que la sociedad española necesita una inyección de moral patriótica
que, por lo que parece, estos académicos están dispuestos a proporcionar.
También está la novedad en algo que no estamos percibiendo
de una manera clara en los políticos de las últimas décadas: el factor
vocacional. Estos profesores son profesionales de la universidad donde ejercen
su oficio y donde, probablemente, volverán cuando termine su tormentosa travesía.
Están dando una lección política interesante cuando nos muestran que es posible
vivir para la política y no solo vivir de la política, es decir, que en la
auténtica política hay un factor vocacional que nunca podrán anular los
tecnócratas del poder. Quizá son conscientes de que a su conocimiento, su saber
y su ciencia les ha llegado la hora de una patriótica responsabilidad." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 22 de febrero de 2015.



