domingo, 27 de marzo de 2016

Luto virtual

"Pocas horas después del luto que guardábamos por los estudiantes muertos en el accidente de Tarragona, los atentados de Bruselas nos colocan de nuevo ante el dolor, la muerte de inocentes y el viejo luto del terrorismo más cruel. Además de los correspondientes comunicados, las condolencias y las banderas a media asta en los edificios oficiales, el luto después de un atentado se transmite instantánea y globalmente por las redes. Algo está sucediendo cuando transformamos el luto reflexivo en un luto virtual.

Mientras que el primero es reflexivo, crítico, basado en la memoria y expresado en cierto cambio de hábitos o costumbres; el segundo es indoloro, amnésico y epidérmico. En los atentados de Paris del 2015 y especialmente en estos últimos de Bruselas hemos comprobado una nueva forma de condolencia instrumental, simple, indolora, breve y vinculada a una sensibilidad peligrosamente epidérmica. Comenzamos reduciendo los tiempos de silencio y reflexión para terminar reenviando emotivas fotografías con interminables cadenas de whatsap.

Este luto virtual no sólo expresa la fuerza de las redes sociales y el poder de las nuevas tecnologías de la información, sino cierta banalidad ante el dolor, el sufrimiento y la memoria. Esta vez, este luto ha forzado cierta irresponsabilidad de algunos políticos como los alcaldes de Valencia y Zaragoza cuando afirman que estos atentados terroristas son producto de agresiones que nosotros mismos hemos hecho, cuando mantienen que se trata de una violencia que vuelve porque nosotros la hemos provocado. Remitiéndose a la guerra de Irak, Joan Ribó y Pedro Santisteve atribuyen este terrorismo a cierto efecto boomerang, como si estos atentados yihadistas estuvieran causados por la foto de las Azores.

En lugar de estar callados, conocer con mayor profundidad el Islam y delimitar con precisión el significado de una Yihad muy anterior a la existencia de Blair, Bush y Aznar, estos líderes se suman a la corrección política, a cierto relativismo moral y, sin lugar a dudas, a cierto “pensamiento débil”. Reproducen la misma forma de pensar de quienes justificaban los atentados de ETA diciendo que algo malo habrían hecho Miguel Ángel Blanco, Tomás Zamarreño y el resto de víctimas. Como ya hicieron sus correligionarios de Podemos cuando Otegui salió de prisión, cualquier día nos sorprenden estos alcaldes diciendo que el Abu Bakr al Bagdadi, líder del estado islámico, o Salah Abdeslam, detenido por los atentados de Paris, son “hombres de paz”.

Deberíamos prestar más atención a los efectos que este luto virtual está provocando en la deliberación pública y no caer en la adolescentización de los argumentos. Tendríamos que comenzar resistiéndonos a la hipnosis colectiva que se produce cuando la condolencia se reduce al indoloro y gregario gesto de hacer un clik en Facebook." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 27 de marzo de 2016.

domingo, 20 de marzo de 2016

Anomalía parlamentaria

"Este final del invierno está repleto de anomalías parlamentarias. Hay una relacionada con la situación de Rita Barberá en el Senado. Cualquiera que esté pensando en el futuro del centro derecha valenciano sabe que la estrategia de Rita puede ser buena para ella y su entorno pero pésima para el futuro de los ciudadanos. Hay anomalías parlamentarias consentidas por los partidos que favorecen poco la credibilidad de una clase política cuestionada por la ciudadanía.

Hay otras relacionadas con la inactividad de los parlamentos autonómicos como el de la Comunidad Valenciana donde los grupos no sólo están bajo mínimos porque se limitan al mantenimiento de comisiones, sino porque sus señorías se pasan semanas enteras ausentes del hemiciclo. Tampoco se nos puede pasar por alto la que hemos vivido esta semana en el Congreso cuando algunos grupos parlamentarios han pedido, como les corresponde, controlar la acción del gobierno. Amparándose en la interinidad del gobierno, desde la vicepresidencia se mantiene la tesis de que el actual ejecutivo no tiene que rendir cuentas al nuevo parlamento porque está “en funciones”.

Esta anomalía es de tal magnitud que los servicios jurídicos tendrán que pedir un informe al Constitucional para que dictamine si la actual mesa de portavoces está legitimada para controlar un gobierno que surgió con una mayoría parlamentaria diferente. Aunque las peticiones de control se realicen pensando más en el desgaste del partido que aún mantiene al anterior gobierno, y no sea una cuestión jurídica fácil de resolver, los ciudadanos la percibimos como una trampa que contribuye a la desmoralización.

También hay otra anomalía parlamentaria relacionada con la crisis que está sufriendo “Podemos” y los grupos locales que lo mantienen. Aunque la crisis se está percibiendo en los cuadros de Valencia en Común, Compromis y el resto de “mareas” que mantienen los servicios centrales, se ha hecho visible con el cese de Sergio Pascual, responsable de organización en Madrid. Pero si nos referimos en este caso al carácter parlamentario de anomalía es porque las propias bases de estos grupos entienden su presencia parlamentaria como una anomalía. Ha sido el propio Juan Carlos Monedero quien ha definido al grupo como una “anomalía parlamentaria” que lleva dos meses dedicándose a los juegos de salón. A su juicio, al saltar a la vida parlamentaria, los cuadros de Podemos han tenido que sacrificar muchos “vagones de su proyecto” para que la locomotora cogiera velocidad.

Cuando el propio Monedero utiliza la metáfora de los vagones del convoy de Podemos, lo hace para actualizar un marxismo heterodoxo que se debate entre lo táctico y lo estratégico. Pero olvida la simbólica escena de Los hermanos Marx en el Oeste, cuando se destrozan los vagones para que la locomotora funcione al grito de “¡Más madera!”." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 20 de marzo de 2016.

domingo, 13 de marzo de 2016

Tiempo de silencio

"Para la primera generación de los que tuvimos que enfrentarnos al BUP (Bachillerato Unificado y Polivalente) y el COU (Curso de Orientación Universitaria), Tiempo de silencio era el título de la novela de Luis Martín Santos. Llevada al cine años más tarde y protagonizada por Imanol Arias, no sólo describe el ambiente y la sociedad española de la postguerra, sino una determinada forma de sentir, percibir y vivir el tiempo. Rompe con la forma tradicional de plantear el relato y el lector se detiene perplejo, obligado por el narrador a bucear en el pasado, proyectarse en el futuro y soñarse en el presente.


Esta nueva forma de entender el tiempo vinculada a la inquieta tensión que producen los tiempos de espera puede ser útil para transformar estas semanas en un tiempo de silencio. Aunque el ruido de los petardos no contribuye demasiado a plantear este tiempo político como un tiempo de espera, no nos faltan oportunidades y ocasiones. Quizá el calendario fallero, litúrgico y político se ha confabulado secretamente para aprovechar los tiempos de silencio que nos ofrecerán estas semanas sin candidato para el nuevo gobierno.

La participación en la ofrenda es uno de los privilegiados momentos de silencio en estos agitados días de ruido. Aunque un porcentaje elevado de quienes participan en ella viven al margen de las celebraciones religiosas, gran parte de los que desfilan en la ofrenda aprovechan el paseo para dos cosas: recordar a familiares o amigos que este año no les acompañan y proyectarse en los hijos pequeños que, sorprendidos por la puesta en escena, aguardan con impaciencia el tiempo espera. La secularización de los ambientes no ha impedido la emergencia de nuevas espiritualidades y por eso los responsables de organizar la ofrenda buscan que los ritmos no solo faciliten el pausado tiempo de la marcha sino el reflexivo tiempo de silencio.

Los menos falleros cuentan con la inmediatez de la Semana Santa y la liturgia del Vía Crucis para organizar sistemáticamente el silencio. Aunque en esta tierra es difícil separar el mundo de las fallas y el mundo de las cofradías, las hermandades y parroquias eligen el silencio para marcar la diferencia. Son días en los que tienen buena acogida las iniciativas relacionadas con la meditación o el recogimiento. Incluso a nivel civil las autoridades reconocen y otorgan valor a esos momentos de silencio matricialmente religiosos. La indiferencia o desprecio que algunas autoridades muestran ante lo religioso en otros momentos del año, se transforma en respeto porque reconocen el valor de un tiempo cívico de silencio.

Tampoco es tiempo para la nostalgia de transiciones y amores pasados. Quizá por eso, también sería bueno encontrar tiempo para escuchar “Rosas”, la única canción de “La Oreja de Van Gogh” donde aparece citada, intencionadamente, la novela de Martín Santos." Podéis ver el artículo completo en Lss Provincias, 13 de marzo de 2016.

domingo, 6 de marzo de 2016

Sesión de desvestidura

"Ha fracasado la investidura de Pedro Sánchez como candidato del PSOE a la presidencia del gobierno. Con los resultados de la segunda votación hemos terminado una semana significativa en la política española. Aunque casi todas las últimas semanas tienen algo de significativo, esta puede pasar a la historia como la “semana de la desvestidura”.


Debo a la expresión a mi amigo Fernando Vidal quien, tras los resultados electorales se atrevió a proponer una legislatura con dos presidentes de partidos diferentes para cinco grandes reformas. Ayer comentaba que sus expectativas habían fracasado y reforzaba su argumento de la desvestidura. Una palabra que, por cierto, no existe en el diccionario y procede de “desvestir”. En lugar de asistir a un debate de investidura que decora y fortalece los vínculos entre grupos políticos, o entre la clase política y la sociedad, esta semana vemos que esos vínculos parecen no existir. Por eso el debate de investidura ha “desvestido” a nuestra clase política.

Primero porque la política de los cordones sanitarios fomenta el cainismo. El hecho de que el candidato empezara dando la espalda al partido que más votos había obtenido es una buena muestra de que el adanismo que habíamos visto en los gobiernos de Zapatero se ha refinado y desarrollado. No es esta la socialdemocracia que necesita nuestro país, ni este es el socialismo reflexivo que otros tiempos gobernó en España. Necesitamos una izquierda que no separe, que no divida, que no criminalice al diferente y que no rompa los tejidos de la convivencia.

Segundo por la vuelta al salvajismo. Las alusiones a la “cal viva” de Iglesias y el beso con Domenech, el líder catalán de “En Comú Podem”, confirman la llegada del travestismo, el resentimiento, la mala educación y el odio al primer plano de la escenario político. Incluso Felipe González se ha sorprendido por la rabia y el odio que Iglesias ha demostrado en su discurso, sin caer en la cuenta de cómo muchos líderes municipales y regionales de su partido lo alimentan diaria e intencionadamente. Por mucha moderación que Sánchez haya demostrado y buscado en su pacto con Rivera, las huestes socialistas de toda España están alimentando un monstruo político que puede terminar devorándoles. Mientras los gobiernos socialistas de ayuntamientos, diputaciones y autonomías sigan proporcionando poder a estos grupos, toda investidura será una des-vestidura. Con camisetas o sin camisetas pero una política de des-vestidura.

Tercero porque falta generosidad e imaginación para servir de verdad a la sociedad. Los partidos y grupos políticos no deberían estar para arroparse o servirse a sí mismos sino para arropar y servir a la sociedad; son medios para descubrir vínculos, fortalecer valores y gestionar educada o decorosamente las diferencias. Esto, no otra cosa, es una política de centro." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 6 de marzo de 2016.