"Hace unos días, Alfonso Guerra inauguró en
Sevilla un ciclo de conferencias que tenía como finalidad “hablar de España”.
Este era el motivo que perseguían sus organizadores para que durante tres días
se pudiera hablar de España con normalidad y se pudiera transmitir a la opinión
pública una visión más ecuánime de la que se ofrece cuando se cae en la
simplificación hemipléjica de las dos Españas. Deberían haber oído su discurso en
la Consellería de Educación de la Generalidad Valenciana, donde hace unos días
un alto cargo nos recordaba que en aquellas dependencias administrativas sólo existe el “País Valencià”.
Recordaba Guerra que los nacionalistas han
aprovechado la debilidad del Estado para buscar su destrucción por
centrigufación. Se refería al nacionalismo catalán y describió que su
transformación en soberanismo independentista pretende la secesión de España
“con el apoyo irresponsable de los medios de comunicación de Cataluña y la
benevolencia de algunos intelectuales y sindicatos”. Al reconstruir los
orígenes de esta situación dejó constancia de la generosidad que tuvieron los
redactores de la Constitución del 78 hacia unos nacionalistas que habían
sufrido la persecución del régimen de Franco y se ganaron las simpatías de la
sociedad. A su juicio, antes de Franco, la izquierda no era nacionalista, pero
con la llegada de la transición incorpora el discurso de la autonomía perdiendo
capacidad para articular un relato que defienda a España de los nacionalismos.
Heredera de ese contexto, la izquierda no
tiene el vigor y fuste que necesita para desprenderse del síndrome del
franquismo y se avergüenza de usar expresiones como “¡Viva España!”, que
convierte en “fachas” a quienes la usan. Esta izquierda acomplejada, y “de
salón” en términos de Guerra, consigue que en algunas partes de España como
Cataluña (y Valencia) los colectivos de izquierda en su versión partidista,
populista y sindical se fusionen con el nacionalismo y el soberanismo radical.
Se refieren con minúsculas al “estado español” y dejan libre el discurso sobre
España para que lo tomen “los otros”. En esto llega Ciudadanos como movimiento al
ritmo de Marta Sánchez y es premiado como partido por hablar de España sin
complejos.
Para Guerra ha llegado el momento de que los
progresistas se despojen de los prejuicios, hablen de España sin complejos y
proclamen su patriotismo. Un patriotismo que identifica la unidad de España con
el principio de igualdad entre todos los españoles. Es una pena los responsables
socialistas de la Consellería de Educación se desentiendan de este patriotismo
constitucional y dejen el campo libre al soberanismo nacionalista. Sería bueno
que progresistas y conservadores respondan juntos a la pregunta que hace varias
décadas se hicieron Alasdair MacIntyre y Jürgen Habermas: ¿por qué el
patriotismo es una virtud?" Podéis ver el artículo completo en: http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/hablar-espana-20180527004128-ntvo.html




