"La llegada de Casado abre una nueva etapa para
los votantes que se encuentran a la derecha de la izquierda. No se lo pondrán
fácil ni sus enemigos, ni sus adversarios, y menos sus compañeros de partido.
No tiene tampoco mucho tiempo para mantener prietas las filas. Primero porque
el calendario electoral está se le echa encima, segundo porque las primarias
han incrementado divisiones y tercero porque las gestoras de algunas
agrupaciones tendrán que recomponerse.
Este trabajo contrarreloj exigirá odres
nuevos, aires nuevos, caras nuevas, estilos nuevos y esperanzas nuevas. Incluso
ideas nuevas para los nuevos tiempos. En Valencia sabemos que los populares
tuvieron dos momentos importantes en su historia, uno de ascenso electoral
cuando se aliaron con Unión Valencia y consiguieron desmontar el mandarinato de
Lerma. Otro de descenso cuando empezaron a dividirse entre zaplanistas,
campistas, ciscaristas y hasta blasquistas. Sin unidad no habrá triunfo y eso
lo saben todos. Desde Ciudadanos que hará todo lo posible por airear las
divisiones, hasta los firmantes del Pacto del Botánico que harán todo lo
posible para mostrar el reformismo de Casado como un giro a la derecha. Incluso
es probable que lo emparenten con Franco, los Primo de Rivera o El Cid.
Además de la unidad, debe pedir a su gente que
esté pendiente de los intereses de la gente sencilla, que viajen en transporte
público para mostrar la catastrófica gestión del concejal de inmovilidad
insostenible y orienten la nave para afrontar tres retos. Primero, mantener
lo mejor del régimen del 78. El momento político español está determinado por
las dudas que genera el PSOE para mantener su fidelidad al régimen político del
78. El vigor moral de la sociedad que promovió la Constitución del 78 se ha
fragmentado, diluido y casi liquidado.
Segundo, diferenciar lo público y lo
político. En su discurso se refirió a “nuestras ideas y valores” refiriéndose
al auditorio que le oía, ¿cuáles son?. No debería dar nada por sentado. Hay que
salvar y fortalecer las instituciones básicas de la vida comunitaria, no
apropiárselas o “partidizarlas” como hacen los firmantes del Botánico. A partir
de ahí cobra sentido la ejemplaridad, la transparencia y la ambición de poder, no
como fin en sí mismo sino como medio. Y tercero, generar nueva cultura
política. Aunque el PP se empeñe, y con razón, en no ser el partido de los
católicos, sí debería ser el partido que defienda la libertad religiosa como un
bien público protegible. Si el factor católico es, de hecho, determinante en el
sistema electoral español, el factor religioso es la clave de todos los
sistemas electorales del futuro. Además de leer a Bauman y Tocqueville este
verano, Casado y su equipo deberían leer el discurso de Emmanuel Macron en los
Bernardinos, aunque sea con un botijo en la playa de Santa Pola." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 19 de julio de 2018.




