domingo, 29 de julio de 2018

Vino nuevo en odres viejos


"La llegada de Casado abre una nueva etapa para los votantes que se encuentran a la derecha de la izquierda. No se lo pondrán fácil ni sus enemigos, ni sus adversarios, y menos sus compañeros de partido. No tiene tampoco mucho tiempo para mantener prietas las filas. Primero porque el calendario electoral está se le echa encima, segundo porque las primarias han incrementado divisiones y tercero porque las gestoras de algunas agrupaciones tendrán que recomponerse.

Este trabajo contrarreloj exigirá odres nuevos, aires nuevos, caras nuevas, estilos nuevos y esperanzas nuevas. Incluso ideas nuevas para los nuevos tiempos. En Valencia sabemos que los populares tuvieron dos momentos importantes en su historia, uno de ascenso electoral cuando se aliaron con Unión Valencia y consiguieron desmontar el mandarinato de Lerma. Otro de descenso cuando empezaron a dividirse entre zaplanistas, campistas, ciscaristas y hasta blasquistas. Sin unidad no habrá triunfo y eso lo saben todos. Desde Ciudadanos que hará todo lo posible por airear las divisiones, hasta los firmantes del Pacto del Botánico que harán todo lo posible para mostrar el reformismo de Casado como un giro a la derecha. Incluso es probable que lo emparenten con Franco, los Primo de Rivera o El Cid.

Además de la unidad, debe pedir a su gente que esté pendiente de los intereses de la gente sencilla, que viajen en transporte público para mostrar la catastrófica gestión del concejal de inmovilidad insostenible y orienten la nave para afrontar tres retos. Primero, mantener lo mejor del régimen del 78. El momento político español está determinado por las dudas que genera el PSOE para mantener su fidelidad al régimen político del 78. El vigor moral de la sociedad que promovió la Constitución del 78 se ha fragmentado, diluido y casi liquidado.

Segundo, diferenciar lo público y lo político. En su discurso se refirió a “nuestras ideas y valores” refiriéndose al auditorio que le oía, ¿cuáles son?. No debería dar nada por sentado. Hay que salvar y fortalecer las instituciones básicas de la vida comunitaria, no apropiárselas o “partidizarlas” como hacen los firmantes del Botánico. A partir de ahí cobra sentido la ejemplaridad, la transparencia y la ambición de poder, no como fin en sí mismo sino como medio. Y tercero, generar nueva cultura política. Aunque el PP se empeñe, y con razón, en no ser el partido de los católicos, sí debería ser el partido que defienda la libertad religiosa como un bien público protegible. Si el factor católico es, de hecho, determinante en el sistema electoral español, el factor religioso es la clave de todos los sistemas electorales del futuro. Además de leer a Bauman y Tocqueville este verano, Casado y su equipo deberían leer el discurso de Emmanuel Macron en los Bernardinos, aunque sea con un botijo en la playa de Santa Pola." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 19 de julio de 2018.


Día de padres

"Para muchas familias, el tercer domingo de julio es “el día de padres” en los campamentos de verano. Cuando se realizan en la segunda quincena de julio, los grupos ofrecen a los padres la posibilidad de conocer en vivo y en directo el entorno educativo donde han enviado a sus criaturas. Como suele coincidir con el ecuador del campamento, es una fecha crítica en la planificación de las actividades y quienes conocen el espíritu campamental saben que además de la complicidad durante todo el año, la percepción de ese día condiciona el éxito o fracaso del campamento.

No se trata de una simple jornada de verano en la que se organiza un viaje, tiene algo de aventura porque desconocemos las condiciones fácticas, logísticas y emocionales de los hijos. Siempre hay un antes y un después. Además de que las madres muestran inquietudes diferentes a las de los padres, unas preocupadas por la alimentación o la limpieza, otros preocupados por equipaciones o instalaciones, la cosa se complica cuando en las valoraciones interviene toda la familia. Las experiencias de los abuelos y las expectativas de la prole que aún no está en edad campamental se introducen en la conversación y para todos se activa la pregunta por el tipo de educación que nos dieron, que damos y que deseamos.

En un solo día, entre todos los miembros de la familia y en clave intergeneracional, nos preguntamos por la existencia de una educación auténtica. A diferencia del sistema educativo tradicional, que tiene mucho de inauténtico, el verdadero sistema educativo aparece en estas conversaciones porque emerge la importancia de lo que técnicamente llamamos dimensión “no formal” o “informal” de la educación. Al contrastar el aventurero espíritu campamental de estos días con el grisáceo y confortable espíritu colegial del invierno, salen a la luz las limitaciones de todas las selvas legislativas.

El nuevo gobierno se ha empeñado en implantar para todos los escolares la asignatura de “Valores cívicos” sin percatarse de que la educación cívica auténtica se aprende en los campamentos. Primero porque nuestros hijos descubren que en el campo son uno más entre los mortales, es decir, viven en sus propias carnes que deben controlar sus deseos, gestionar sus emociones con más detalle y deben tener en mayor estima los hábitos de orden, disciplina e higiene. Segundo porque el contacto directo con la naturaleza no sólo nos permite valorar en grado superlativo una poza en un riachuelo, las estrellas, un pino o un rincón secreto donde perderse de la manada, la tropa o el grupo; sino descubrir el valor de la camaradería, la empatía o la abnegación. Y tercero porque un campamento es una escuela de liderazgo cívico y político. Otro gallo le cantaría a nuestra democracia si además de seleccionar políticos por másteres o primarias los seleccionáramos por campamentos." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 22 de julio de 2018.

domingo, 15 de julio de 2018

Agitación y propaganda


Los asesores del presidente Sánchez controlan los tiempos y preparan la agenda para las tertulias veraniegas. La lucha de clases, la nacionalización de la banca o la liberación de los pueblos oprimidos no ocupan un lugar prioritario en el último verano pre-electoral. Saben que con la final del mundial y las primarias del PP se termina la tregua de los 100 días. Teniendo en cuenta este dato, la ministra de educación y portavoz del gobierno ha realizado unas declaraciones sobre la supresión de la religión y la guerra contra la enseñanza concertada que muestran cierta frivolidad política.

Digo frivolidad porque cualquier estudiante de filosofía política con cierta memoria sabe con 87 diputados y con dificultades para establecer negociaciones parlamentarias con grupos que no sean afines, lo único que se puede hacer es una política de agitación y propaganda donde lo importante no es la responsabilidad institucional, el reformismo legislativo y la política de estado. Por mucha solemnidad que haya tenido la comparecencia y mucha apelación al diálogo, las propuestas tienen como finalidad agitar, movilizar, enfrentar y calentar a una ciudadanía cuya polarización y crispación gubernamentalmente alimentada para que, ante la hobbesiana guerra de todos contra todos, Sánchez practique las virtudes del paternalismo pacificador.

Primero, porque el actual gobierno no tiene ninguna autoridad moral para reclamar un pacto educativo. Hace unos meses se levantaron de la comisión parlamentaria para el pacto “social” y político por la educación mostrando que les interesa más el cortoplacista uso del poder que la consolidación de la educación como ascensor social. Cualquiera que tenga un mínimo de memoria educativa recordará que fue Zapatero quien derogó por decreto la única reforma que tímidamente se atrevió a realizar un gobierno del PP y que la LOMCE o ley Wert está prácticamente inoperante.

Segundo, porque tampoco tiene legitimidad parlamentaria para revocar los acuerdos con la Santa Sede. A pesar de que este social-populismo sanchista se empeña en utilizar el término “concordato”, la regulación de la enseñanza de la religión es más compleja de lo que los asesores de Moncloa se creen. Además, afecta al conjunto de confesiones religiosas y el problema no está en el hipócrita anticlericalismo de este social-populismo de señoritos, sino en la práctica de unos derechos fundamentales regulados internacionalmente. En este ataque contra la concertada deberían preguntarle a la “coalición POM” (Puig-Oltra-Marzá) que ya han sufrido varias movilizaciones y no verían con buenos ojos una nueva movilización en la primavera del 2019. Los votos nacionales que en Madrid se ganan a goteo por la izquierda, en Valencia se pierden a chorros por el centro-izquierda. Al elegir la frivolidad hemos perdido otra ocasión para la responsabilidad.  Podéis ver el artículo completo en Las provincias, 15 julio 2018.


Talento para el cuidado narrativo


Hace unas horas tuve la grata visita de una alumna que está terminando su tesis sobre el cuidado narrativo en enfermos crónicos que están en tratamiento de hemodiálisis. Estuvimos revisando el trabajo que había realizado durante los últimos meses con el que pretende mostrar las posibilidades que tiene el concepto de “cuidado narrativo” para analizar desde una perspectiva ética las relaciones que hay entre los distintos tipos perfiles de cuidadores que tienen estos enfermos. Las posibilidades para mejorar la calidad de vida de estos pacientes no dependen sólo de cuidadores “formales” (con mayor o menos grado de profesionalidad) o “informales” (familiares, vecinos o voluntarios) sino del “autocuidado” o “cuidado de sí”. La tesis analiza los diferentes tipos de cuidado y muestra la fecundidad de lo que hemos llamado “cuidado narrativo”, por eso se trata de un ejercicio de talento para al cuidado narrativo.
 
Hasta ahora, en la revisión de la literatura científica sobre el tema nos encontrábamos con un uso indeterminado e impreciso del concepto de cuidado. Recordemos la simplificación con la que hasta no hace mucho tiempo se trabajaba en el mundo socio-sanitario: la medicina cura (to cure) y la enfermería cuida (to care). Esta distinción establecía con claridad dos tipos o perfiles profesionales diferentes, por un lado los profesionales de la medicina y cirugía cuya meta era buscar la curación; por otro los profesionales de la enfermería y la atención sanitaria más continuada cuya meta era gestionar el cuidado. Con esta simplificación, la reflexión teórica sobre la enfermería y las profesiones sociosanitarias se ha centrado en el campo semántico del “cuidar”.

Si a ello añadimos el impacto de la publicación del libro de Carol Gilligan que llevaba por título “Una voz diferente” (1982), descubrimos que los diferentes feminismos no han cuestionado la simplificación sino que la han acentuado. Y lo han hecho poniendo el foco de atención en el cuidado de una forma muy genérica e imprecisa, mostrando que el universo del cuidado había sido marginado, olvidado y privatizado en la construcción de un corpus teórico sobre la salud. Además del enriquecimiento teórico de la reflexión sobre los profesionales de la enfermería y la atención sociosanitaria, esta reflexión sobre el cuidado ha ido más allá de darle la palabra a las mujeres con pleno derecho (la voz de la “diferencia”, frente a las voces masculinas de la “identidad”). Se trata de una reflexión que se ha enfrentado radicalmente al individualismo liberal y que ha reformado las teorías tradicionales de la democracia obligándonos a plantear una “democracia sensible” o incluso una democracia de los sentimientos, la pasiones y los afectos.

Partiendo de esta centralidad del cuidado, también se ha llegado a plantear un cambio de paradigma en la ética contemporánea. Incidiendo en la simplificación, la ciencia política moderna vincula la democracia liberal con las Teorías de la Justicia (tradición de John Rawls) y la nueva ciencia de la política propone una transformación de la democracia desde las Teorías del Cuidado (tradición de Carol Gilligan). Los resultados de esta simplificación resultan cada día más visibles porque se está construyendo un universo simbólico hemipléjico donde la sensibilidad humana, la compasión y el cuidado parecen categorías que nunca habían preocupado a la democracia liberal, como si la Teoría de los Sentimientos morales de Adam Smith, la Ciudad de Dios de San Agustín o La Política de Aristóteles no hicieran ninguna mención a la sensibilidad humana, las pasiones, los sentimientos o los afectos. Por otro lado, los teóricos del cuidado se amparan en la neurociencia y la neuropolítica para conceder protagonismo institucional y político a las emociones, los sentimientos y las pasiones.

De esta forma, nos encontramos que las deliberaciones públicas se simplifican, radicalizan y polarizan. No resulta difícil calificar como dogmáticos o fundamentalistas a quienes cuestionan que los caprichos emocionales, las arbitrariedades en el carácter y las ocurrencias culturales tienen que ser analizadas para tener carta de legitimidad en los espacios públicos de deliberación democrática. El capricho, la arbitrariedad, la ocurrencia y, sobre todo, la falta de sensibilidad o el mal gusto no forman parte del feminismo más inteligente o de las éticas del cuidado más importantes.

Ha llegado el momento de analizar el cuidado de una forma más seria y empezar a distinguir entre cuidado ingenuo y cuidado reflexivo. El primero es epidérmico y emotivista, es decir, se construye de espaldas a la dimensión reflexiva, argumentativa y deliberativa de la vida pública. El segundo no se deja llevar por caprichos, ocurrencias, arbitrariedades y falsas campañas de sensibilización que terminan siendo campañas de manipulación. Tanto uno como otro presentan modulaciones y variantes interesantes. De momento, apunto que el cuidado narrativo de una de las variantes más potentes del cuidado reflexivo.

No sólo cuenta con las posibilidades que ofrece el autoexamen, el autoanálisis y la deliberación moral sino con las posibilidades que ofrece el valor de la palabra sentida, vivida y compartida. A diferencia del cuidado incondicional o del cuidado paternalista, el cuidado narrativo no sólo aprovecha el potencial filosófico del concepto de “identidad narrativa” de Ricoeur sino que recupera un modelo de racionalidad que Kierkegaard llamaba “interioridad apasionada”. Elementos básicos para entender que con la Bioética del cuidado no buscamos la ingenua legitimidad del capricho emotivo, sino la cara amable de la responsabilidad.http://entreparentesis.org/talento-narrativo/



Las primarias y el fin del vasallaje


Bienvenidas las primarias en el PP. Este partido ha iniciado un proceso de primarias anterior al congreso que elegirá no sólo al próximo presidente sino a su equipo. Las primarias suponen un ejercicio de deliberación política por el que el partido puede salir del sueño dogmático de una estructura organizativa caracterizada por ancestrales relaciones vasallaje. Un momento importante para revisar el tipo de liderazgo y el perfil ideológico de las élites con las que competir en la arena política. Los partidos en España no están entrenados para este ejercicio y es un buen momento para que empiecen a debatir sin miedo sobre ideas y personas, líderes y equipos, valores y relatos.

La organización de este debate ha resultado compleja y lo que empezó siendo una clarificación del censo y los compromisarios se ha convertido en un duelo a muerte entre gladiadores. Estos días previos al congreso, la deliberación ha sido sustituida por las candidaturas, y en lugar de encontrarnos en un debate de ideas nos encontramos ante un ajuste de cuentas. Esto no es bueno ni para el partido, ni para los simpatizantes, ni para los votantes del PP. Y menos aún para el tipo de liderazgo que se necesita.

Los actuales líderes no están a la altura moral de sus votantes, sus simpatizantes y sus militantes. Durante las últimas etapas calificadas por algunos como pot-aznarismo y marianismo-sorayismo, el PP como organización le ha dado la espalda a las creencias, los valores y convicciones de muchos españoles que habían depositado su confianza. El votante medio del PP se ha encontrado en el partido con líderes y representantes orgánicos acomplejados no sólo para hablar de principios, creencias y valores sino para defenderlos. ¿Qué modelo de sociedad diferente al resto de partidos nos han ofrecido? Se han amparado en la tecnocracia, el hiper-individualiso y las tablas de excell para refugiarse en una eficiencia administrativa, un cálculo sin valores y un utilitario desprecio a las fuentes de vigor cultural, moral y religioso. El militante, el simpatizante y el votante del PP ha comprobado cómo, desde los congresos de 2004 y 2008, los lídercillos del partido no han estado a la altura de sus ilusiones y expectativas. La creación, consolidación y estabilización de Ciudadanos como partido de la “nueva política” no se explica sólo como reacción a la corrupción sino por este clamoroso desamparo moral de las bases.

Aunque el partido está reclamando a gritos una renovación ideológica, esta no se va a producir durante las actuales primarias. Son semanas en las que están empezando a desaparecer los complejos y, en las diferentes agrupaciones locales, la gente, casi por primera vez, está empezando a decir lo que de verdad piensa. Han descubierto, como en el cuento de Andersen, que el rey está desnudo. Han comprobado que no están solos a la derecha de la izquierda y que, a medio y largo plazo otros partidos como VOX, Avanza y Ciudadanos pueden disputarles el espacio ideológico. En la plaza pública hay partido. Gane quien gane, será necesario asumir responsabilidades y algunos tendrán que volver a sus antiguos oficios.

Ahora no se elige solo un presidente para el PP sino un equipo que desmonte las estructuras de vasallaje creadas con mano de hierro en el grupo parlamentario, en las ejecutivas regionales y en los centros de poder orgánico. Ya dije hace unos días que eran “las primarias del miedo” (Las Provincias, 1 de julio) porque alguno de los candidatos utilizó el recurso del miedo para orientar el voto de los inscritos. Estas estructuras de vasallaje se han unido al olvido de los principios y las convicciones para generar una organización de funcionarios de partido que parecen culturalmente acomplejados. Desde 2004 y, sobre todo desde 2008, los populares han estado más pendientes de las consigna organizativa que de la conciencia moral. Si no se espabilan por sí mismos, no tardarán las urnas en despertarlos. Podéis ver el artículo en:http://www.paginasdigital.es/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=8657&te=15&idage=16328&vap=0&npag=1