"Hace unos días la revista Forbes presentó una
lista con los jóvenes menores de 30 años más influyentes del mundo. No todos
eran cerebritos de la economía, el comercio o las finanzas, también había talentos
emergentes en el arte o la salud. Entre todos ellos hay nueve de nacionalidad
española y uno de ellos en el ámbito de la salud. El Doctor César Velasco
Muñoz, que en la actualidad ejerce como subdirector médico del Hospital Clínico
Universitario de Zaragoza, ha sido uno de los seleccionados.
Este doctor forma parte de una generación de
médicos que lideran el cambio en la asistencia sanitaria. Especializado en
Medicina Preventiva y Salud Pública, ha trabajado en numerosas organizaciones
internacionales, entre ellas el Centro Europeo para la Prevención y Control de
Enfermedades o la Organización Mundial de la Salud. Hace un tiempo, esta
organización creó una división para contener el ébola en Sierra Leona. Allí se
fue a trabajar porque quiso hacer una epidemiología de campo. No tuvo miedo y
fue a la zona caliente “para estar lo más cerca posible de la población,
intentando así controlar la enfermedad de la manera más humana posible.”
Estas palabras proceden de una entrevista que
le ha hecho Carlos Herrera y los rectores deberían utilizarla en los procesos
de admisión. En la entrevista no presume del valor que tuvo cuando decidió
enfrentarse al ébola desde los niveles más próximos de atención sanitaria. En
los cuatro minutos de conversación afirma que tuvo la ocasión de aprender no
sólo de los profesionales sanitarios, sino de todo el mundo.
Esta voluntad de aprender de todo el mundo y
no solo de los especialistas sanitarios se completó cuando recordó que su
trabajo de innovación se ha realizado gracias a equipos interdisciplinares e
intergeneracionales. Reconoció que la generación del cambio y la práctica del
talento dependen siempre de múltiples factores y no todos están relacionados
con la fuerza de voluntad o sacrificio individual. También señaló algo de lo
que deberían tomar buena nota quienes distribuyen los recursos para la
investigación, las becas o las ayudas: estoy dispuesto a dar lo mejor de mí y a
estar allí donde se me necesite.
Es poco habitual escuchar estas palabras en
una generación de investigadores y jóvenes educados como señoritos satisfechos
que se relacionan con la sociedad en términos de derecho y no en términos de
generosidad, donación y responsabilidad. La verdadera clave del cambio y la
innovación está más relacionada con investigadores arriesgadamente agradecidos
que con agitadores activistas. César lo deja muy claro cuando recuerda la meta
que se ha marcado en su vida: “cambiar un poquito el mundo, dar lo mejor de mi
y mejorar la salud de las personas para que vivan más felices. Me gusta mucho
aceptar nuevos retos, salir de mi círculo de confianza.” Podéis ver el artículo completo en Las provincias, 31 de enero de 2016.




