domingo, 31 de enero de 2016

Talento para el cambio

"Hace unos días la revista Forbes presentó una lista con los jóvenes menores de 30 años más influyentes del mundo. No todos eran cerebritos de la economía, el comercio o las finanzas, también había talentos emergentes en el arte o la salud. Entre todos ellos hay nueve de nacionalidad española y uno de ellos en el ámbito de la salud. El Doctor César Velasco Muñoz, que en la actualidad ejerce como subdirector médico del Hospital Clínico Universitario de Zaragoza, ha sido uno de los seleccionados.

Este doctor forma parte de una generación de médicos que lideran el cambio en la asistencia sanitaria. Especializado en Medicina Preventiva y Salud Pública, ha trabajado en numerosas organizaciones internacionales, entre ellas el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades o la Organización Mundial de la Salud. Hace un tiempo, esta organización creó una división para contener el ébola en Sierra Leona. Allí se fue a trabajar porque quiso hacer una epidemiología de campo. No tuvo miedo y fue a la zona caliente “para estar lo más cerca posible de la población, intentando así controlar la enfermedad de la manera más humana posible.”

Estas palabras proceden de una entrevista que le ha hecho Carlos Herrera y los rectores deberían utilizarla en los procesos de admisión. En la entrevista no presume del valor que tuvo cuando decidió enfrentarse al ébola desde los niveles más próximos de atención sanitaria. En los cuatro minutos de conversación afirma que tuvo la ocasión de aprender no sólo de los profesionales sanitarios, sino de todo el mundo.

Esta voluntad de aprender de todo el mundo y no solo de los especialistas sanitarios se completó cuando recordó que su trabajo de innovación se ha realizado gracias a equipos interdisciplinares e intergeneracionales. Reconoció que la generación del cambio y la práctica del talento dependen siempre de múltiples factores y no todos están relacionados con la fuerza de voluntad o sacrificio individual. También señaló algo de lo que deberían tomar buena nota quienes distribuyen los recursos para la investigación, las becas o las ayudas: estoy dispuesto a dar lo mejor de mí y a estar allí donde se me necesite.


Es poco habitual escuchar estas palabras en una generación de investigadores y jóvenes educados como señoritos satisfechos que se relacionan con la sociedad en términos de derecho y no en términos de generosidad, donación y responsabilidad. La verdadera clave del cambio y la innovación está más relacionada con investigadores arriesgadamente agradecidos que con agitadores activistas. César lo deja muy claro cuando recuerda la meta que se ha marcado en su vida: “cambiar un poquito el mundo, dar lo mejor de mi y mejorar la salud de las personas para que vivan más felices. Me gusta mucho aceptar nuevos retos, salir de mi círculo de confianza.”  Podéis ver el artículo completo en Las provincias, 31 de enero de 2016.

Microgolpes de estado

"Este curso se cumple el XXV aniversario de la Fundación Etnor. Para celebrarlo y con ocasión del cambio político, ha puesto en marcha la iniciativa “Sociedad valenciana año 0”, con ella se pretende invitar a las instituciones para plantar cara a la corrupción y promover los principios de la ética pública. A la iniciativa se han sumado varias instituciones para impulsar la ética mínima que requiere una sociedad pluralista y democrática.

Junto a este impulso hay otros nueve puntos que componen el documento. Se habla de incentivar la cooperación, la responsabilidad por las personas más vulnerables, la promoción del respeto por lo valioso, la universalización de la excelencia, la superación de una economía cortoplacista, la promoción de unas leyes claras que sean aplicadas con equidad, el estudio de nuevas formas de representación política, el impulso de la participación activa y el recuerdo de que los seres humanos no deben ser instrumentalizados. No se trata de una carta a los Reyes Magos. Sus redactores quieren que nos tomemos en serio la ética pública y la programación de este curso va en esa dirección.

El pasado miércoles tuvimos la primera conferencia del año que corrió a cargo de Manuel Alcaraz, ahora Conseller de Transparencia, Responsabilidad, Participación y Cooperación. Su intervención llevó por título “Ética pública, transparencia y democracia” y utilizó la expresión “micro-golpes de estado” para describir la corrupción. A su juicio, la corrupción se sitúa en un punto relativamente indeterminado a medio camino entre la realidad económica y la cultura política.

La planteó como un problema que se sitúa en el nivel de la toma de decisiones de las instituciones públicas que altera el funcionamiento del sistema democrático. Lo describió como una alteración de los bienes públicos en beneficio privado. Las prácticas de corrupción eran realizadas por personas que sabían que cometían un delito pero veían la posibilidad de un enriquecimiento rápido, favorecido por una amenaza penal raquítica. A su juicio, la transparencia es la respuesta a estas situaciones para que las instituciones recuperen su legitimidad democrática.

Afirmó que la prevención de la corrupción no puede centrarse en la prevención individualizada sino en la emergencia de herramientas colectivas que reequilibren los aparatos del estado “facilitando mayor transparencia y participación social, evitando la concentración de poder en pocas manos”. Su servicio tiene más trabajo del que se imagina porque durante estos primeros meses sus compañeros de sindicato, de partido y de gobierno están “partidizando” lo público, contratando sin publicidad ni necesidad, gestionando sin transparencia y confundiendo la discrecionalidad con la arbitrariedad. ¡Y solo llevamos cuatro meses! Nunca estuvo tan claro: dime de qué presumes y te diré de qué careces.  " Podéis encontrar el artículo completo en Las provincias, 24 de enero de 2016.

domingo, 17 de enero de 2016

Política de chirigota

"Durante las últimas semanas la opinión pública ha comprobado que la diferencia fundamental entre la nueva y la vieja política está en la naturaleza chirigotera de la primera. La nueva política se ha instalado en el espectáculo, en la teatralidad, en la necesidad de reclamar audiencias a toda costa. De la misma forma que una chirigota es un conjunto coral callejero que durante el carnaval realiza coplillas humorísticas, la nueva política parece un conjunto coral callejero que con voluntad de espectáculo teatral reclama adánicamente la atención.

Al carácter chirigotero que ya tuvo la exaltación en el balcón municipal de Valencia con las tres reinas magas, se une la escenificación que algunos grupos políticos han realizado en la constitución de las Cortes. Los diputados valencianos de Podemos no se ha conformado con la participación en el espectáculo montado por el grupo en el interior, además ha llevado una comparsa mora. Sacadas de contexto, las imágenes cuadrarían bien en la semana de carnavales, conjunto coral que al ritmo de marcha mora pretende llamar la atención pública con sus coplillas o ritmos humorísticos.

Resulta que no todos los políticos de izquierda aceptan ser catalogados como chirigoteros y los socialistas más serios no están dispuestos a solidarizarse con la política de chirigoteros que están haciendo los compañeros del pacto del Botánico. Los ejercicios espirituales de Morella no han proporcionado la cohesión y coherencia que sus promotores querían por la sencilla razón de que entre las filas socialistas y socialdemócratas no están dispuestos a darles un cheque en blanco a los chirigoteros.

Resulta que el Pacto del botánico forzó estructuras de gobierno mixtas cuya fórmula de cremallera impide la coherencia y cohesión. El principio de gobierno que preside la actuación de todos los órganos administrativos es la sospecha. Entre los altos cargos del nuevo Consell nadie se fía de nadie. Cuando uno habla con los cuadros políticos más inteligentes del socialismo valenciano siempre te dicen lo mismo: se nos van las energías construyendo por las tardes lo que el populismo y adanismo de los otros grupos destruyen por la mañana.

Consciente de esta situación y teniendo delante la sangría de votos que se está produciendo en las agrupaciones socialistas, a Joan Calabuig le ha faltado tiempo para desmarcarse de la política chirigotera practicada en la cabalgata de Reyes. Se equivocan quienes piensan que se trata de un juicio personal. Lo comparten los socialdemócratas más serios y menos nacionalistas, los menos chirigoteros. Consciente de que muchos socialistas ya están hartos de tanta payasada, la portavoz del PP ha ofrecido un pacto al Presidente Puig para evitar que lo mejor del socialismo valenciano no siga persiguiendo el porvenir en la pendiente resbaladiza de esta política de chirigotas." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 17 de enero de 2016.


domingo, 10 de enero de 2016

El abrazo

"La misma semana en la que el simbólico cuadro de Genovés se traslada del Reina Sofía al Congreso asistimos a declaraciones políticas que recuperan la distinción partisana con la que Carl Schmidt explica la actividad política, la distinción amigo/enemigo. Cuando creíamos que El abrazo de Genovés marcaría una etapa de reconciliación y sustituiría la categoría amigo/enemigo por la de adversario/compañero, nos despertamos con declaraciones que anuncian un horizonte donde la cultura política pactista sea sustituida por una cultura del odio, la vendetta y el resentimiento.


En lugar de iniciar trayectorias de hombres de Estado al reconocer la razonabilidad de los pactos y evitar que el bipartidismo se transforme en bipolarización, algunos políticos ya han dejado claro que esa cultura pactista es pura “ensoñación” (Antonio Hernando), que lo importante es crear una gran coalición “contra” el PP (Pedro Sánchez). Declaraciones que van en la misma línea de los líderes de Podemos y Compromis donde no hay cultura de pactos o acuerdos con altura de miras sino con voluntad de “echar a la gentuza del PP” (Pablo Iglesias). Una cultura que también parece desaparecer del valenciano Pacto del Botánico cuando el líder de Podemos en Las Cortes valencianas exige al PSOE “sacudirse la caspa”.

Para quienes piensen que estamos ante simples excesos verbales propios del género literario de la clase política, convendría recordar que detrás de estas expresiones no sólo hay palabras, sino hechos; no sólo hay discursos sino prácticas. Los escraches, el acoso a determinados partidos y sedes parlamentarias, la promoción de los cordones sanitarios, la protesta camisetera y la cultura de ajuste de cuentas que se está practicando en algunas instituciones municipales o autonómicas, son prácticas que tienen poco que ver con lo que simboliza el cuadro de Genovés. 

Junto al cuadro deberían colocar el discurso que Vaclav Havel pronunció en Oslo el 29 de agosto de 1990. Aunque también habría textos de Julián Besteiro, Manuel Azaña,  Pedro Laín o Julián Marías que podrían acompañarlo, quizá Havel situaría el abrazo en un contexto global y cosmopolita. Havel planteó unas Reflexiones sobre el origen del odio que son valiosas para la política española.

Para Havel, los que odian se consideran los auténticos portadores de la verdad absoluta, sienten que merecen el total reconocimiento del mundo, se sienten permanentemente frustrados e irritados, se comportan como niños mimados y mal educados que creen que su madre está en el mundo solo para adorarlos. Quienes odian carecen de sentimiento de la proporcionalidad, del buen gusto, del pudor y la capacidad de verse desde la distancia. Patrimonializan la justicia porque la conciben a su servicio. No miran a la cara. Desconocen el valor de la sonrisa, solo conocen la mueca." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 10 de Enero de 2016.

domingo, 3 de enero de 2016

Inicio de año incierto


"En pocos días la sociedad española ha dejado de vivir un tiempo “histórico” para vivir un tiempo “incierto”. Los nuevos gobiernos autonómicos y municipales que emergieron con las elecciones de mayo tenían sus expectativas puestas en las elecciones de diciembre para ejecutar las modificaciones institucionales y los programas de ingeniería social prevista para cerrar la carpeta de la transición y promover una nueva constitución. Los resultados de diciembre están retrasando la realización de estas expectativas y dificultando la gobernabilidad institucional en todos los niveles administrativos.


Para comprobar cómo se gestionan estas expectativas fue importante observar los discursos con los que nos despidieron el año y, sobre todo, los cambios de estética que se han producido en los portavoces de los diferentes gobiernos. No me refiero únicamente al curioso uso del término “estética” que hace unos días hizo la vicepresidenta Oltra cuando mostró sus discrepancias con un nombramiento de la diputación de Valencia, sino al conjunto de formas visibles con las que se ejerce, se expresa y muestra el poder. El presidente Puig cambió radicalmente la “estética” anterior. Por un lado, encargó a una empresa privada la producción, realización y edición de su discurso de fin de año. Por otro, eligió tres palabras de capacidad expresiva: reparación, reconstrucción y renacimiento.

Ahora debemos prestar atención a cinco adjetivos que completan esta preciosa carta a los Reyes Magos en la que se nos promete un año “reparativo”, “reconstructivo” y “renacentista”. Estamos empezando un año “táctico” porque los líderes políticos tienen que administrar con cautela su voluntad de poder para no dar ningún paso en falso que dificulte futuros escenarios de gobernabilidad.

También se trata de un año “estratégico” porque tienen que demostrar a la ciudadanía que las decisiones emprendidas estos meses no están animadas por la venganza cortoplacista totalitaria, es decir, que tienen cierta mentalidad democrática largoplacista con la que organizar las administraciones públicas. Tarea contradictoria en un año “maquiavélico” porque no se puede construir la cesta de la vida comunitaria, la cohesión territorial, la justicia social y el estado de derecho, con los mimbres del resentimiento del nacional populismo de los antisistema.

Estamos ante un año “dilemático” para los líderes del socialismo porque, tanto si se pacta como si no se pacta con Podemos, el fracaso de una socialdemocracia moderada que frene a los antisistema parece estar servido. Tal vez sea un año “problemático” para todos los partidos; para los nuevos porque tendrán que definirse histórica e ideológicamente, para los viejos porque tendrán que despertar de su impopular, amnésica y paquidérmica tecnocracia. Año incierto donde tendrán mucho trabajo los Reyes… y los Magos." Podéis ver el artículo completo en Las Provincias, 3 de Enero de 2016.